domingo, 16 de mayo de 2010

La economía estrangula a la música

No deja de ser incierto, que el futuro de las artes en una sociedad capitalista como es en la que vivimos, está en una posición de autentico peligro, e incluso de confusión. Solo se acepta su funcionalidad si es rentable, y de este modo, se hace mucho daño en los objetivos primitivos de las manifestaciones culturales más reconocidas. Todo esto creo un sistema de compra venta donde la expresión artística se enfoca en términos equivocados y sustentados por criterios inservibles para el arte en sí.

Son muchos los compositores que desde hace siglos, se han visto obligados a mantener una doble identidad: la de músico y la de empresario. De esta manera, han existido y existen numerosas formas para organizar el procedimiento de contratación y su posterior remuneración. Se ha confiado incluso, naciendo así otras actividades, en personas gestoras del propio negocio. En la actualidad son muchos los profesionales que poseen esta dedicación, siendo en la mayoría de las ocasiones, muy necesarios para crear y organizar eventos culturales.

Esto ha conllevado a la instauración y aplicación de unas estrategias de trabajo donde se ha pasado de unos objetivos más humanistas a otros puramente económicos. Algo que el individuo de a pie no tiene ni porque siquiera conocer. Ellos se dedican a disfrutar de la música en cualquiera de los estamentos y listos. No se tiene un pensamiento que vaya más allá del propio hecho de escuchar o contemplar un espectáculo.

De esto se han sacado buenos provechos y rendimientos, usando métodos diversos donde la realidad artística ha quedado ahogada por el simple hecho de conseguir suculentos dividendos. Las empresas se han apropiado del criterio de la sociedad, manejándola a su antojo y con diligencias donde la manipulación de los gustos y pensamientos de la mayoría de los ciudadanos ha sido de primer orden, con el único designio de conseguir unos números que les den ganancia. Su vía, los medios de comunicación de masa, han servido en bandeja a sus propuestas comerciales.

Lo interesante es que nuestro criterio no debería ser tan permisible con todo lo que se nos venden. Y es curioso, porque aunque es así, nos hacemos los duros conjeturando con otros planos. Pero la realidad es esta: la música como negocio está muy alejada del criterio artístico, y su intención es alienarnos ante unas pautas que posibiliten unos suculentos réditos.

Existen teorías desde los sectores más críticos de nuestra sociedad, en la que se aboga porque la realidad es, que el poder que ha adquirido la televisión es usado de manera consciente por aquellos que saben de su fuerza e influencia en la creación de ideales de todo tipo, pero en lo que a nosotros nos concierne, artísticos y musicales. Parece ser que se distingue casi como una forma sugestiva de condicionamiento clásico, actuando sobre la voluntad defendible de todo aquel que no rebate nada, permaneciendo impasible ante la tormenta de sugerencias que les acosa.

Pues bien, la tan manida crisis que nos azota en la actualidad, comenzó a llegar antes hasta los músicos que a otras comunidades. Cuando comienzan desavenencias en la actividad cultural, es porque se van agotando los recursos en primer lugar para las cuestiones menos necesarias, y desgraciadamente tenemos que llenar antes la barriga que el alma. De esta manera, en estos momentos, si la crisis general es dura y difícil de llevar, imaginen ustedes en las áreas más prescindibles.

Hace poco nos comentaba, con gran acierto, nuestro querido amigo y enorme guitarrista onubense José Luis Rodriguez, una frase con un sentido muy lógico y al mismo tiempo, doloroso. La frase, original o no, rezaba con la siguiente contundencia: “Cuando la economía empeora, la cultura se estrangula”. Y es así de real…

Debemos aceptar, como miembros de una sociedad concreta, las consecuencias y responsabilidades que nos conciernen a cada uno. Otra historia son los resultados de nuestras filosofías y reflexiones. No podemos estar de acuerdo en cómo el capital se hace tan participe de las expresiones artísticas y culturales, siendo condicionante y característica indispensable. Es más, la música y otras manifestaciones de la misma índole, no deberían ser tan dependientes de estas razones. ¿En qué hemos fallado? ¿Qué es lo que se precipitado para crear tal confusión? ¿Puede haber cultura sin dinero?

Las respuestas pueden ser muy variadas, y las hipótesis realmente interesantes; lo que está muy claro es que ese sería otro debate, y ahora mismo, para lo único que estamos es para sacar la cabeza y coger algo de aire; o ¿no creen?

domingo, 9 de mayo de 2010

Buscando una explicación coherente

No tengo la costumbre de abrir o entrar en debates en aspectos artísticos, ya que se imponen como norma habitual los gustos personales basados en criterios subjetivos y propios. Si la persona tiene un espíritu abierto y conciliador, puede llegar a ser hasta ciertamente agradable departir y compartir intereses e ideas. Pero como suele ser al contrario, cierto día decidí no volver a escuchar opiniones personales porque sean las que sean, son únicas y particulares, y claro, deben ser respetadas. Lo más curioso de la historia es que luego nadie respeta las tuyas, pero bueno…

Pues bien, por enésima vez me encuentro en la tesitura variable de la opinión que los demás mortales tienen de la música. Es irremediable sufrir en propia persona, los vástagos designios de aquellos que simplemente por tener orejas, ya buscan prevalecer con sus ideas por encima de cualquiera. Y no les culpo de su actitud, porque es de recibo entender esa especie de ambición que todos debemos tener como culmen de nuestra indispensable personalidad.

Lo extraño de todo esto es la base del correcto uso de la educación, entendida desde la formación y desde la disciplina que durante años he trabajado y han afanado en mí mis profesores. Una labor de años en las que se imponen las estructuras y formas de cómo construir una estética, entendida como parte de ese gusto por lo bien hecho, ante la reciprocidad que debemos manifestar ante una obra de arte, y de nuestra respuesta como necesarios espectadores.

Mi grado de complejidad y mi confundido planteamiento nace en como constantemente se rechazan las músicas hechas desde la complejidad y que por supuesto, las que muestran un grado de competencia fuera de toda duda. Del otro lado, se seleccionan para escuchar e incluso morir por ellas – si hiciera falta –, manifestaciones musicales donde los elementos lógicos de lo correctamente expresivo y armónico, ni siquiera se roza. No entiendo cómo es posible que aficionados o simplemente gente atrevida que son incapaces de afinar sus voces o instrumentos, que estén capacitados para continuar un patrón rítmico o bien se vean en la imposibilidad de conjuntar unas simples armonías, sean más seguidos que el mismísimo Beethoven.

Tampoco hace falta extrapolarse a la antigüedad – entendiendo doscientos años como tal –, ya que algunos comentarán que es inadecuado. Esto de lo que hablamos es algo que vemos entre coetáneos. ¿Cómo es posible que se le preste más atención a determinados seres mediáticos o no, que a genios que quedan en el más absurdo de los ostracismos? ¿Cómo es posible que algunos mortales tengan más aprecio por obras musicales que suenan realmente fuera de toda estética y se desprecia a quien hace de la música un lenguaje propio del alma?

Y no, no se acepta el tópico típico de “es que expresa como nadie”, ¿es qué los que han estudiado música a nivel reglado o no, no expresan nada? Se les acusa de que su expresividad queda ahogada por su técnica; esto es algo inadmisible y doloroso a la vez. No deberíamos consentir si quiera que estos sonidos llegaran hasta nosotros. Pero al contrario, parecemos unos retrógrados o unos arrogantes si defendemos una postura crítica y valorativa ante determinadas obras musicales. Ya está bien de que se admita la capacidad musical de unos u otros artistas por todas las características que les rodean menos por las que realmente importan: su capacidad para hacer música.

Espero que este tema abra un interesante debate sin paliativos ni acusaciones personales – porque no hacen falta – y además, se movilicen las conciencias en este sentido, tanto en nuestro blog como en nuestro grupo de facebook, siendo siempre respetuoso con las ideas contrarias. Entiendo que existen muchas personas que se sientan identificas con esto; llega a ser, honestamente, un verdadero punto de reflexión en nuestras filosofías. Estoy seguro que más de uno de los amables lectores se ha llegado a plantear si el que va mal encaminado es él, o si al ser único en ese pensamiento quizás esté equivocado. Pues no debe ser así.

Estaría muy bien que llegados a este punto, los que promueven y se involucran de música en todo su ser, llegaran a la deducción de que todo lo que suena debe ser categorizado desde un prisma lo más objetivo posible, y no valorando otras cuestiones que poco tienen que ver con la música. Sobre todo porque no nos estamos haciendo ningún favor, y a los grandes músicos olvidados por diferentes argumentos, menos aun. Y por favor, que quede bien claro que todos los músicos se expresan a través del lenguaje musical y de la técnica que han adquirido a base de esfuerzo y trabajo, da igual de manera autodidacta o en un conservatorio.

domingo, 2 de mayo de 2010

Pepe Roca en la Sala Atlántida

Hay momentos, lugares y circunstancias en los que parece, o por lo menos tenemos esa percepción, que la música adquiere en sí misma, algo difícilmente explicable. Nos proporciona un plus, un carácter o un elemento de disparidad que hace sentir como esa música fluye de manera similar pero diferente a la misma vez. Esto solo se puede dar, lógicamente, si has asistido al mismo concierto o has escuchado en varias ocasiones al mismo grupo de músicos.

Pues bien, el pasado sábado, en un marco de belleza litoral inconmensurable y de complicada repetición, uno de los orgullos musicales de nuestra Huelva, autor de enormes obras musicales y marca y señal del rock andaluz, nos facilitó todas las sensaciones posibles de un concierto con ese componente de particularidad que a veces se suceden. Pepe Roca como factor de abastecer emociones, y la Sala Atlántida de El Portil como perfectos anfitriones, sumaron entre ambos las ganas, las satisfacciones y otros condicionantes para otorgarnos uno de esos momentos que difícilmente se podrán perder en nuestra memoria.

De nuestro querido amigo Antonio y de su generoso grupo de colaboradores, ya hemos hablado en otras ocasiones. Entre todos ellos hacen posible que un recinto como la Sala Atlántida, en un sitio privilegiado, muy cercano y con el olor a mar impregnándolo todo, han promocionado todos los fines de semana un concierto de muy buenas disposiciones. Hace falta en Huelva mucha gente con las ganas de proporcionar lugares donde se pueda disfrutar de la buena música, y la Sala Atlántida, casi saliendo de El Portil en dirección a El Rompido, en la rotonda de El Caño de la Culata, está funcionando de muy buenas maneras. Nuestro más sincero agradecimiento público a todos aquellos que fomentan la música en directo.

Pepe Roca hizo reunir, imaginamos que casi sin querer, a numeroso grupo de oyentes y amantes de su buen hacer, de sus melodías y de sus letras. Acompañado de su Toñi García a los coros y a la pequeña percusión, de su hijo José Carlos Roca al violonchelo, y conducido por su inseparable guitarra los temas propios y versiones fueron cayendo uno tras otro. No faltaron las obras cúlmenes de una época dorada de la música andaluza, haciendo un recorrido entre los grandes éxitos de Alameda, los notables temas de Jesús de la Rosa y Triana, algunas versiones sobre temas de Pedro Guerra, y algunas canciones relativamente nuevas.

Ante un numeroso y nutrido grupo de amigos y seguidores, la incomparable voz de Pepe Roca fue acrecentando aun más su propia leyenda viva, si cabe. Los grandes artistas son con el paso del tiempo aun más enormes, en cuanto a sabiduría y pozo de sonoridad. Es un autentico privilegio y una satisfacción increíble poderlo escuchar tan cercano y sincero. Cuando comienzan las primeras notas a sonar, es tremendo poder observar las caras de los asistentes. Es constante la sensación de tener la música a flor de la piel, y observar como a más de uno le resbalan lágrimas por las mejillas. Hay pocas músicas que hagan recrear un cumulo de sensaciones con tanta facilidad, por lo menos por este lugar en el que nos movemos.

Hablar de Pepe Roca es hablar de Alameda; y para ser justos, Alameda no sólo fue Pepe Roca. La inestimable aportación de grandes músicos en toda su trayectoria musical, que fue quizás demasiado corta a nivel discográfico, pero muy intensa en cuanto a producción, reunió en torno a Alameda a los hermanos Marinelli, Manuel y Rafael a los teclados – con impresionantes arreglos impregnados de esa autentica sonoridad andaluza –, a Manuel Rosa al bajo, y a Luis Moreno a la batería. Del mismo modo, tengo conciencia de varias colaboraciones de grandes músicos que en ese momento se encontraban en su entorno y que participaron de estas producciones discográficas de finales de los setenta y durante toda la década de los ochenta.

Es el caso de Luis Cobos “Manglis”, que grabó algunas guitarras. O Enrique de Melchor, guitarrista flamenco de la tradicional escuela Sevillana de Marchena. Asimismo, nuestro querido paisano y amigo Pepe Barros hizo coros en varios temas significativos, como ejemplo de estas participaciones. Y vamos a hacer un aporte que quizás muchos de ustedes desconozcan; y es que en un tema de Alameda llegó a grabar guitarras solistas el inconmensurable Paco de Lucía, que apareció con un seudónimo en los créditos por cuestión de pertenecer a otra discográfica.

La CBS se encargo de editar los álbumes de Alameda durante la época, haciendo una apuesta por está estética musical, muy de moda durante ese tiempo, pero con una calidad de irrepetible sensibilidad.

domingo, 25 de abril de 2010

Teatro Cardenio, Ayamonte

Todavía andamos recolocando ideas y posibles satisfacciones de lo que antes de anoche tuvimos la suerte de percibir. Och8 Vientos realizó uno de los primeros conciertos de la pequeña gira de teatros que se va a prolongar durante todo el año por la geografía nacional y que tendrá su cenit con la presentación de su segundo disco de estudio “Camino por andar” ante su propio público el 28 de mayo en el Gran Teatro de Huelva. Ya hablaremos de ese día un poco más adelante, pero que sepan todos ustedes que están más que invitados a este acontecimiento que se nos antoja de lo más interesante de nuestro año musical.

Como decía, este pasado viernes 23 de abril, el Teatro Cardenio de la localidad onubense de Ayamonte tuvo la pronosticada aventura de acoger, junto con su increíble gente, un pasito más de lo que podemos dar como músicos de directo, que como bien saben todos los que conocen nuestro proyecto, es una característica que defendemos y de la que nos sentimos realmente orgullosos. Los conciertos están saliendo con una fuerza y una coherencia con la que siempre hemos querido sentirnos identificados; y lo mejor es que estamos acercándonos al público con una sensibilidad y comunicación relevante, con lo que la complacencia es más que interesante.

Es un autentico privilegio que el Ayuntamiento de Ayamonte confiara en nuestra música para su programación cultural de este trimestre. Volver a tocar en las tablas de uno de los teatros con mayor solera e historia de toda la provincia de Huelva fue, fuera de toda duda, una de las grandes experiencias vividas en los últimos doce meses. Quizás sea un poco ilógico, pero al alzar la mirada hacia su cielo estrellado, era capaz de viajar en el tiempo, a otros momentos musicales, a otros conciertos, a otras estancias en este querido teatro. Imagino que para algunos, bien por planteamiento o bien por insensibilidad, le supone esta afirmación ciertamente ocurrente o fuera de lugar; pero, personalmente, los sentimientos propios no tienen la necesidad de ser aceptados por los demás, se tienen y ya está.

La más de la veintena de temas de los que consta nuestro repertorio, fueron desgranándose uno detrás de otro, fluyendo desde el primer instante la comunicación entre las personas que se hallaban entre el patio de butacas y los palcos. Ayamonte se volcó con Och8 Vientos desde el primer instante, haciéndose todo más hacedero y realizable. Sinceramente, la gran cantidad de sensaciones que vivimos serán difícilmente borradas de nuestra memoria. La música fluía con una facilidad increíble, y lo mejor es que iba saliendo desde lo más profundo de nuestras intenciones. Nunca se asegura que el motivo de crear música sea la satisfacción de los posibles receptores, pero no podemos engañar a nadie si manifestamos que es algo que te hace ser más grande como persona y por supuesto, como músico.

El trabajo, la dedicación constante, los grandes sacrificios y el esfuerzo sin pausa para conseguir que la propia música crezca como para ser mostrada a los demás, es parte inexorable e inherente a nuestra vida diaria. Exponer a nivel musical tus creaciones musicales en un concierto no es algo que sólo se queda ahí, en el momento de la audición, si no que existe una labor que roza con las sensaciones de extenuación y a la vez de agitación personal.

Si a esto se le une cierta expectación por parte de los presentes en la sala, un espíritu sin prejuicios y las ganas de disfrutar y saborear nuevas sensaciones musicales, entre ambos se presentan credenciales para hacer algo con buenas maneras. Es por esto que cuando existen de las dos partes una correcta ejecución de roles, se crea un nexo de unión, algo que nos conectará ya para siempre.
Después de tanto luchar y pelear en este difícil mundo que es la música, este tipo de acontecimientos sirven para mucho, como una motivación exagerada y que te llena de manera provocadora para continuar. Y esto es algo con un valor incalculable, además de ser complejamente pagado a quien te lo presta, sobre todo por no saber cómo corresponder tanto lo dado.

Desde estas líneas mostrar nuestro más sincero agradecimiento a todos los que posibilitaron que Och8 Vientos estuviera en Ayamonte; y esperamos y creemos que no va a ser la última. Quizás sea arriesgado afirmar esto con rotundidad, pero las sensaciones que nos llevamos, que además fueron muchas, es de que todo aquel que asistió al concierto se fue para casa con muy buen sabor de boca. Muchas gracias por regalarnos vuestra presencia, vuestra colaboración y por estar en pie durante el bis, disfrutando al pie del escenario como si fuera un concierto al aire libre.

domingo, 18 de abril de 2010

Vanesa Martín en cuarto creciente

Las noches del pasado fin de semana, viernes y sábado, se han llenado de una nueva luna que va haciendo cada vez más madura e interesante. Una nueva apuesta de los técnicos del área de Cultura del Ayuntamiento de Huelva nos ha hecho poder disfrutar de los comienzos de una nueva meteórica carrera musical en nuestro querido Gran Teatro capitalino; además, para mejoría, ella es andaluza. Y el sábado, estuvo en el Teatro Sierra de Aracena, de la localidad serrana. Así es que un perfecto doblete para quien tiene por decencia una sensibilidad provista de colores e imágenes propias.

Esta cantautora malagueña está inmersa en la gira de presentación de su segundo disco, titulado homónimamente como una de sus canciones “Trampas”. Sus argumentaciones y tramas se basan casi en su totalidad en el amor y el desamor, como parte fundamental de la propia vida. Y ciertamente, se agradece que desde su concepto y terminología acapare de tan sencilla forma unas de las cuestiones más puras que se presentan en el ser humano.

Su cálida voz se antoja propicia para sus propias composiciones. Es una autentica gozada escucharla cantar. Tuve la suerte de tocar con ella un par de veces hace algunos años en Málaga, cuando comenzaba a rodar su primer disco “Agua”, el cual no fue correctamente promocionado por la que entonces era su compañía. Y con sinceridad, ha crecido enormemente en todos los sentidos, pero sobre todo en la profesionalidad y el saber estar. Ha ganado en experiencia y sabiduría, presentándose con desparpajo y calidad humana. Creo que poco a poco está sumiéndose en un proceso de responsabilidad realmente interesante.

También es de recibo hablar en esta ocasión de la gente de Huelva, que respondieron de una manera extraordinaria. Vanesa está siendo una artista cada vez más mediática, y eso se nota en este tipo de circunstancias. No había localidades disponibles desde hacia catorce o quince días. Un rotundo éxito de taquilla y un llenazo espectacular en el centro de la cultura onubense. Francamente, fue una agradable sorpresa para todos, incluso para Vanesa, con la que luego departimos unas simpáticas palabras. Se la veía exultante de alegría y satisfacción. Todo le va sobre ruedas, y eso es algo de lo que se siente agradecida y a la vez complacida porque el trabajo de tanto tiempo va dando los resultados que han ido buscando desde hace años.

Para nuestra complacencia y honor comentar que en su equipo se encuentran varios onubenses. Manolo Hernández es el encargado de hacer sonar sus conciertos. Técnico de sonido natural de Huelva con una trayectoria realmente importante que inició en su tierra con las empresas de la zona, y que en la actualidad es motivo de pelea por parte de muchas agencias de conciertos, para poder contar con él. Es un gran profesional y como bien digo, en alta estimación por parte de los conocedores del circuito musical.

Y a la batería, José Mena. Algún día dedicaremos un artículo a su persona. Buen amigo de muchos de los grandes músicos de Huelva. Profesional incansable en su mejora técnica y trabajador innato en su extenso recorrido como músico, tocando y prestando su sentido rítmico a infinidad de artistas, entre grabaciones y conciertos. En el ámbito musical, hablar de Mena es enseguida asociarlo al bien hacer y a una personalidad reconocida a pesar de sus cortos 37 años. En la actualidad, nos comentaba en camerinos, se encuentra disfrutando de lo que hace, a caballo entre su residencia actual en Madrid y Sevilla.

Una de las mejores conclusiones que un espectador de un concierto puede llevarse y sentir para su propio goce, es la del disfrute generalizado de todos en ese espacio de tiempo. Hay ocasiones en las que se puede observar esa falta de realidad, donde se provee de poca naturalidad y de rasgos artificiales. Pues bien, hacia algún tiempo que no veía con la claridad con la que Vanesa Martin nos lo demostró el pasado viernes. Con esa desenvoltura por bandera, el público tuvo la fortuna de poder observar como cuando la música mana en pureza, desde quien parte, haciéndola con conciencia y coherencia, siendo honesto con quien los han ido a escuchar.

El valor de esto es lo que quizás debemos estimar en alta medida. Que la música fluya como una sencilla expresión de lo que es. Y Vanesa Martin tiene tantas ganas de hacer bien las cosas, que eso se transmite. Se agradece enormemente que no haya intención en el engaño, como ocurre por naturaleza en algunos personajes que bien se aprovechan de la música como vehículo para sus propios intereses. Por eso llegará lejísimos, por merecimientos propios, sin trampas, como muy bien dice ella misma.

domingo, 11 de abril de 2010

La música verdadera

Es duro a menudo, ser sinceros. Quien elije la verdad como el camino en el que dar sus pasos, se suele hacer más empedrado que cuando no es así. Da la sensación de que la mentira, el engaño y las formas simples de embaucamiento, allanan el camino y lo hacen más sencillo. Y es cierto, mintiendo y adulterando la verdad es mucho más sencillo llegar a donde te propongas. Lo difícil de esto, y lo que caracteriza a estas cuestiones, es que la traición y lo desnaturalizado se apodera del ser humano. Amén de la falta de respeto y la poca consideración con los demás, aquellos a los que les decimos cuanto los queremos pero que en el fondo es una falsa.

Pues bien, afortunadamente, el camino de la música es tan inmensamente transparente que cuando alguien tan falso y con tan poca honestidad intenta acercarse de manera oculta hasta ella, a largo plazo, siempre sale perdiendo y descubriéndose toda la verdad. Es triste ir por la vida de esta forma, pero quien selecciona esas actitudes suele mostrar a la vez falta de madurez y una cobardía increíble.

Nadie se puede abanderar con la verdad absoluta, pero la intención debe ser acercarse lo máximo a la mayor sinceridad posible, por lo menos a título personal. Conozco a muchos que logran hacer de la mentira su razón, y triunfan para todos aquellos que no saben de su historia a nivel personal, de cómo se comportan, de que realidades les mueven y del porque de sus actitudes, en las que pisan todo lo pisable, y se aprovechan de todo lo aprovechable.

¿Quién no ha hospedado en sí como experiencia propia esto que estoy contando? ¿Quién no ha reconocido en sus mismas vivencias a algunos de estos personajes en el qué la mentira y la falsedad son parte indisoluble de sus procedimientos? Es parte de la propia vida hallarse con estos seres – por llamarlos de alguna manera – en alguna ocasión, y aunque son difíciles de detectar de primeras, con el paso del tiempo terminar por caerse como un castillo de naipes. No hay vacunas ni insecticidas para este tipo de parásitos, debiendo las personas honestas, tener que optar por dos posibles opciones: pensar en positivo y no dar sabido que todas las personas son así para luego decepcionarte profundamente, o bien actuar a la defensiva y darles demasiada importancia a estos personajes de la apariencia y la farsa.

Pues bien, en el mundo del arte se suceden por cuestiones similares a las humanas, este tipo de acciones. Y por mucho que pienses que aprendes la lección, te la dan una y otra vez. Es imposible detectarlos, pero en el mundo musical hay quien saca semejante provecho y beneficio en todos los sentidos. Sus argucias son en contra de aquellos que luchamos porque las cosas sean lo más honorables posibles, con vergüenza y valentía. Estos individuos demuestran la falta coherente de estos valores, apoderándose de una cobardía y una condición que cuanto más lejos este de uno mismo, muchísimo mejor.

Es imposible o realmente trabajoso luchar contra estos maestros de la mentira. Realizan una red de araña en la que convencen con sus falsas ideas y sus cualidades zalameras a todo aquel que le presta su sana intención. Para verlos y desenmascararlos hay que trazar una estrategia fuera de nuestra práctica, ya que lo dificultoso de todo esto es estar a la baja naturaleza que estos demuestran. Dar con la realidad de sus mentiras y falacias no está al alcance de todos, porque ni a veces nos interesa, o porque sencillamente no desarrollamos ideas intelectuales que giren en torno a sus propósitos.

Sembrar vientos no puede dar otro resultado que el de recoger tempestades. La manera más frívola de atajar a esta panda de calumniadores es adjuntando conceptos y situaciones en las que nos veamos afectados de manera más seria. Y aun así, la mayoría de las veces es muy complicado poder sacar conclusiones a corto o medio plazo. Pero finalmente, todo se desvanece y con ello salen a la luz los inverosímiles engaños y todas las patrañas que han sido capaces de acumular durante tanto tiempo.

No es cuestión de desear el mal a nadie, eso de poca clase y de mala condición. Y aunque a veces se constituyan posibles actitudes negativas, hay que ser coherente con uno mismo y partir de la idea de otorgar la mínima importancia a quien hace de su vida una gran mentira. Incluso deberíamos de dar las gracias a todos los que sois de esta forma de actuar, porque es a partir del conocimiento que nos otorga nuestro intelecto, el correcto aprender de que estas no son las maneras de actuar ni con los que nos rodean, ni para con nadie. Corta vida al mentiroso, tanto en la música como en la vida real, y que el poco aire que respiras se ahogue en tus hipócrita falsedad.

domingo, 4 de abril de 2010

Reflexiones en voz alta

A veces, cuando me dispongo a madurar sobre que escribir para cada lunes en nuestro Templete, delibero si merece la pena desarrollar una idea, de índole musical, en una sociedad y cultura como la nuestra. Y si ya pienso en mis paisanos y congéneres onubenses, es cuando la desmotivación acapara las mayorías de mis posibilidades. Sé a ciencia cierta, que las capacidades a nivel psicológico de unos y de otros varían en gran medida dependiendo de multitud de factores. Pero a veces intentamos hacernos más fuertes de lo que realmente somos, pretendiendo dar una imagen bastante diferente a lo que somos.

Ciertamente, este documento que ahora mismo me dispongo a rellenar con mis pensamientos y creencias, como cada lunes, recibe el apoyo incondicional de la mayoría de los amables lectores. Algo que es de agradecer desde la parte que nos toca; incluso me atrevo a afirmar, a riesgo de ser pedante en otra ocasión más, que es algo que me ilusiona de gran manera. Escribo para ustedes, intentando aportar una visión particular desde una cuidada formación musical y por supuesto un intento de ser objetivo siempre desde el respeto.

Pero de vez en cuando, se cruzan ante nosotros, posibles discrepantes a los que suelo prestarle la atención justa. Pero llegados a este punto, una encrucijada de caminos de los más sana posible – ya que no lo miro de otra forma – creo que colocarse en una perspectiva concreta es lo mejor que se puede hacer.
Nuestra disposición siempre es, desde lo más profundo, vacía de maldad e incluso sin intereses personales. Debemos mantener un espíritu colaborador y conciliador como lugar de partida. Pues bien, cuanto más se aplican estas consignas, mayor es el convencimiento ajeno de que no es así. Aquí podríamos emplear ese bien sabido refrán de que todo ladrón cree que los demás son de su misma condición. Es terrible como debemos de soportar, sólo por dar nuestra opinión profesional, constantes ataques que se utilizan para que algunos luego se coloquen en sus ideas.

Si tengo alguna queja, un sentir por algo que se puede considerar injusto, algo que creemos es mejorable o si vemos algo que se puede discernir como algo abusivo y afrentoso, no debemos tener la más mínima duda de que se puede denunciar. Es más, creo que es obligación para todo aquel que quiere estar en paz consigo mismo. Por supuesto desde el respeto, la coherencia y la valentía, pero con decisión y honestidad. El camino sólo se hace a base de verdades, no de calumnias ni de opiniones basadas en criterios particulares repletas de subjetividad o intereses personales.

Hay que saber cuando estamos en una tesitura concreta, si es fija o si tiene varias posibilidades: nadie es dueño de la realidad objetiva. Incluso podríamos afirmar que toda evidencia es relativa, haciendo de la verdad algo que puede poseer varias legitimidades. Lo que no debe ser admisible son teorías basadas en ponencias propias asentadas en conceptos patrimoniales individuales y particulares de cada uno. Sobre todo porque puedes estar esgrimidas desde el interés único y privado. Bueno, hay una opción para estas situaciones concretas, y es aquella en la que sí nos interesa la posición de alguien por tener importancia para nosotros a título personal.

Nadie es dueño de la verdad, y menos en materias artísticas, donde las teorías de la recepción son sobre todo dependientes de nuestros conocimientos. Incluso son muy influyentes los factores que unos u otros planteamos y originamos con respecto a todas esas sensaciones que tenemos cuando nos colocamos al frente de una obra de arte. Aarón Copland, compositor estadounidense del siglo XX, afirma con contundencia que a mayor conocimiento, mayor disfrute. En su libro “Como escuchar la Música”, hace una interesante síntesis sobre el proceso íntimo de escuchar, presentando una serie de propuestas para que entendamos que percibir auditivamente no se quede en algo insípido e insulso.

Debemos darle la importancia que tiene, si no es así, ¿para qué se han realizado y construyen tantas y tantas exposiciones musicales a lo largo y ancho de su existencia? ¿Qué sentido tiene hacer música desde la coherencia del propio alma? Mientras la mayoría de los viandantes de nuestra colectividad solamente contempla la música como un adorno o bien como aderezo a otras actividades. ¿Dónde ha caído el auténtico sentido de esta práctica? Seguimos entendiendo el hecho musical como una forma de expresión, un tipo de lenguaje que goza de tener las ricas propiedades que otras formas de comunicación ni por asomo se acercan. Mientras muchos de mis queridos semejantes únicamente la siguen usando a en un porcentaje ínfimo, nosotros la disfrutaremos lo máximo posible.

domingo, 28 de marzo de 2010

Música religiosa

Es vertiginoso observar desde la lejanía de los siglos, como la música pervivió durante tantísimo tiempo solo con la invocación de motivaciones religiosas o el uso para todo tipo de eventos fervorosos y doctrinales. Ahora, el porcentaje de creación e interpretación en estas aplicaciones se alejan en una media proporcional al crecimiento de las consideradas manifestaciones musicales profanas. Es por lo que en estos términos se puede asimilar un lugar de oposición entre ambas, pero promovidas desde la carencia e ideología de corte religioso, ya que todo lo profano es aquello que no es temática o tiene cierta relación con las expresiones de creencias religiosas.

No puedo considerarme un experto de estas cuestiones, pero es prácticamente imposible hacer un estudio musicológico de cualquier aspecto, técnica o dato histórico sin beber de estas músicas realizadas exclusivamente para la alabanza a Dios, acciones de gracias o eventos espirituales de gran pragmatismo social. Está claro que hablamos de música occidental y de su sistema de organización y expresión musical. Enfrascarnos o acercarnos a otros sistemas sería una autentica locura en todos sus aspectos.

La influencia de tantos y tantos progresos y desarrollos musicales a todos los niveles beben inexorablemente de lo que podemos comentar como tradición musical religiosa. Y aunque el debate de la existencia o no de que otras estéticas musicales cohabitaran en la misma época de total primacía, es algo más que aventurarse y correr el riesgo de equivocarse ante algo sin la mínima seguridad de saberlo. Lo que es indiscutible es que hasta hoy día lo que ha llegado hasta nosotros es aquella música que se cuidó con mimo para ser traspasada a otras generaciones sin la necesidad exclusiva de la tradición oral. Los sistemas de notación musical fueron perfeccionándose, salvaguardando unos pocos tratados y obras durante casi toda la edad media.

Instigados, quizás, por San Gregorio Magno, se puso fin a numerosas tradiciones musicales religiosas por casi toda Europa, aunándose todas bajo un criterio único que se estableció con la idea de uniformar toda la liturgia sacramental. Lo poco que se nos ha legado de los cantos galicano, mozárabe o ambrosiano, ha quedado como algo anecdótico e incompleto, incluso sin la certeza de su autenticidad por lo difícil de identificar algo agravado por el paso del tiempo.

A partir del siglo XI y con las primeras experiencias polifónicas, el organum y el discantus comienzan a ganar en fundamentación gracias a los maestros de la escuela de Notre Dame de Paris, Leonin y Perotin. Las formas más usadas van a ser la misa, motetes y responsorios. El posterior desarrollo de la polifonía en todos sus estamos, sin embargo, va a ser protagonizada por los maestros de la escuela flamenca de Cambray. Es desde este momento en el que podemos hablar de una música religiosa hecha con la categoría que se merece. Josquin Des Prez y Ockengen van a representar la culminación de estas obras.

Llegados a este punto de la historia, la contrarreforma ordenada por el Vaticano ante la sublevación de Lutero en Alemania, va a suponer un espaldarazo definitivo a la música religiosa. Durante el Concilio de Trento (1545 – 1563), fue designado al ilustre músico italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina, que junto con los españoles Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales y el sevillano Francisco Guerrero representaron el cenit de aquel momento histórico. Del otro lado, encontramos a toda una rama de compositores alemanes que culmina con el grandísimo Juan Sebastián Bach. A partir de estos instantes, la mayoría de los compositores van a mantener una dualidad en su repertorio creativo, entre la música profana y la religiosa. De este modo, Händel y Vivaldi en época barroca, Mozart y Beethoven durante el clasicismo, Mendelssohn, Bruckner y también Faure en el siglo XIX, compaginaron con maestría ambas tradiciones: religiosa y profana.

En la actualidad el concepto de música religiosa ha quedado totalmente relegado a la posición modesta y de composición eventual a la que se ha visto pospuesta. Incluso podemos comprobar cómo en el intento de una nueva apertura en la búsqueda de una regeneración del material sonoro, de color y tímbrico, ha evolucionado desde el plano más cercano a técnicas y formas de la música denominada profana.

De este modo, solo podemos encontrar nuevas creaciones musicales de origen religioso, en aquellos eventos específicos donde la costumbre y el hábito social lo han hecho parte inherente de la manifestación. Incluso existe cierta concomitancia con cuestiones paganas o del orden humano, dejando de lado su componente místico y estricto.

domingo, 21 de marzo de 2010

La necesidad de cultura

Hace unos días, encontraba una interesante fuente de inspiración en las palabras sabias de los que luchan día a día por el mundo de la cultura. No es de recibo bajar nunca los brazos en este asunto, ya que como versa el dicho “el conocimiento os hará libres”. No hay verdad sin saber, no hay realidad si sólo nos basamos en cuestiones materiales y egoístas, no hay mañana sin saber que pasó ayer, y por supuesto, no hay vida sin tener juicio ni valoración crítica. Y para todo esto hay que tener los instrumentos necesarios para ello.

Partiendo de la base de que la cultura se encuentra en uno de los últimos estadios de la famosa pirámide de Maslow, en cuanto a necesidades humanas, las sociedades en las que las cuestiones primarias están cubiertas pasan a sufragar otra serie de condiciones, deben ejercer una serie de actividades para lograr satisfacer a estas. Pero en el caso de nuestra sociedad, el problema reside en el uso correcto de dicho entendimiento. La preparación y la educación que a los individuos del grupo se les oferta, en una colectividad de consumo como en la que hemos llegado a caer, en muchos casos es rechazada por poco efectiva a nivel económico.

Esto es un error de grandes magnitudes, donde lo que se llena es el bolsillo y la panza pero nada más lejano a eso. Leía hace poco a Pérez Reverte achacando esta situación al analfabetismo que sufrimos en España como mal endémico desde hace generaciones. Comentaba de manera acertada que “no duele España, sino su incultura, esa que propaga la falta de un espíritu crítico”, asegurando que “un país inculto es un país sin mecanismos de defensa”.

Es el colmo del necio el que escucha o lee estas palabras y hace oídos sordos; es la ignorancia del arrogante el que cree que sin cultura se puede existir; es el atrevimiento del que no sabe el que hace que las cuestiones realmente interesantes queden relegadas por otras de menor orden en importancia; es de estúpidos satirizar a quien da cobertura a la educación y a la cultura; es de locos creer en un mundo basado en asuntos materiales y razones económicas; y por supuesto, es de tener poca identidad el seguir la dictadura de aquellos que se identifican como líderes de la nada.

La lucha persistirá durante siglos, porque siempre existirá quien, por intereses personales, quieran hacernos ver que sus alicientes serán más productivos que los que otorga el saber, la educación y el arte. En cuantas ocasiones, diría que miles, los comentarios de una conversación agradable se han tornado en hipocresía y demagogia cuando se habla de estos parámetros. Es una osadía verdadera hacerles ver a estos tiburones de las financias y de lo tangible, como la creencia de una vida desde otro punto de vista nos podría otorgar algo más que prestigio.

Porque esta es la parte simpática del asunto: luego todos aseveramos con la cabeza cuando tratamos del tema de manera afirmativa. Pero, ¿qué es lo que hacemos al respecto? ¿Es suficiente con decir que estamos de acuerdo? Si la realidad es que nuestra vida es un cumulo de despropósitos donde la primera demanda es nuestro ombligo, y a partir de ahí, poco más. Cuando alguien abandera esta contienda por la libertad en el aprendizaje y en el acceso a la cultura de todas las almas sociales, ¿se les apoya con fuerza e real interés? La respuesta es no… rotundamente no.

El vacio y la soledad constante por parte de las comunidades profesionales que se dedican a este asunto son tremendos en estructuras y formas. No existe un apoyo sincero y no justificado. Siempre acaecen otros alicientes en segundo plano que hacen dudar de la veracidad de quien apoya estos debates. Y si hablamos de políticas en este sentido y de sus gestores puestos en esas disposiciones por sus partidos, pues apaga y vámonos.

Lo más curioso es que encima, se preguntan de la rentabilidad de la cultura como negocio. Es el acabose. Llegados a este punto todo se derrumba como un castillo de naipes. La tristeza de toda una vida de dedicación por parte de tantos y tantos luchadores de la creencia de que la cultura es la base de la socialización humana, cae de manera estrepitosa.

Pues no debemos flaquear en este asunto. La cultura es del pueblo y para el pueblo; no hay bien más rico, ni posibilidad más atractiva y útil para el ser humano que ser rico en conocimientos. Es algo sin precio, pero con un valor incalculable. Algún sabio popular me refería esto hace poco, que las cosas que no tienen precio no significa que no tengan valor, sino al contrario: son muchas las fortunas que se asientan en las riquezas que no todo el mundo puede ver, o incluso no tener.

domingo, 14 de marzo de 2010

La música no es un juego

“Hoy me he levantado con ganas de guerrear”... Esto lo podrían pensar todos aquellos que viven el arte desde la barrera del espectador y no me conocen. Aviso a navegantes antes de seguir leyendo: no voy a callarme ninguno de los sentimientos que están floreciendo en mí mientras escucho uno de los tantos conciertos que se dan por nuestra extensa geografía. Pueden especular con riesgo a equivocarse, de que coloco por delante de mi razón a mis emociones. A su favor decir que intentaré por todos los medios estar cercano a la objetividad que me permiten mis años de estudio y las experiencias musicales que he tenido la suerte de ir ganando en los escenarios de medio mundo que he tenido el privilegio de pisar.

Soy de los que asume el papel inherente de la música en la actividad cotidiana; de que se pueden y se deben usar todos los recursos que el arte nos facilita como cuestión cercana al propio ejercicio de disfrute personal, a través del ocio, la propia afición o el hecho de complacerse de la música como algo cercano. Es más, defiendo desde el sentido educativo y personal, que todos debemos, si nos apetece, poder explotar tan magnífica posibilidad para expresarnos con un lenguaje único.

Pero llegados a este punto, quisiera trazar una línea lo suficientemente gruesa entre las manifestaciones a nivel popular hechas por simples aficionados y esa misma dirección pero realizada desde el conocimiento. Me reitero que no hay nadie que pueda otorgar o juzgar el poder usar la música como vehículo para alcanzar la expresión; cada palo que aguante su vela.

Y aunque hay buenas tentativas en acercarse, es realmente patético el tanteo de algunos por hacer y desarrollar ciertos tipos de espectáculos. Con la ilusión por bandera, incuestionables buenos contactos y la ignorancia del que escucha por amistad, si buscamos bien, obtenemos los resultados deseados. Algunos incluso podrían fletar un avión con sus fans más osados, los que le siguen por cariño y por su afecto. Sí, esos que siguen manteniendo la dicha de la utopía de que es posible llegar a ser número uno en los cuarenta sin la necesidad de pagar o venderse.

Pido perdón públicamente, por mi política de no permitir – lógicamente a título personal – gente que no hace las cosas como deben, y de ser intransigente. En el mundo creativo e interpretativo en materia musical, parece que todo es válido. Pues con sinceridad y cariño, rotundamente no. Me niego a escuchar a quien hace música porque así le sale de dentro. Si a alguien le sale de dentro, que por favor se formen bien antes, para que de esta manera, lo que salga tenga un sentido real, no un simple devenir de ideas a nivel personal.

Podrán enfocar, y están es su relativo derecho, toda esta disertación desde algún tipo de sensación propia e imaginativa. Pero les aseguro que no estoy personificando ni argumentándome en nada en particular. Estoy intentando referirme a un concepto general muy propenso en Huelva. Es triste tener esta impresión, pero existe en mi constante reflexión cuando veo a gente aficionada intentando estar en el lugar de los verdaderos profesionales.

El problema no existe cuando estos intentan usurpar el lugar que no les corresponde, sino de todos aquellos que luego sin la más mínima intención por hacer triunfar a la coherencia, apoyan falsas teorías lanzadas por los medios, los programas de turno o simplemente los amigos. Y no digamos de los que se colocan luego las medallas y abanderan el “yo soy la música en Huelva”.

Toda una vida dedicada a la música no puede tener la poca estima y tan corta percepción de seriedad que algunos se empeñan en desmoronar. La lucha por colocar en su merecida posición a la música como arte y como lenguaje expresivo, es frívolamente tratada por todo aquel que juega con ritmo y melodías de manera impasible. Es una falta de respeto de tremendas magnitudes la que estos señores del “hágalo usted mismo” plantean como novio de modas y suculentos billetajes.

Se entiende que todo aquel que hace música busca el beneplácito de los demás. Pero en la mayoría de las ocasiones, el sentido de lo bien hecho que se posee es proporcional al atrevimiento. Huyendo de la arrogancia que pueden dar a entender estas palabras, les aseguro que cada vez que un músico se pone a tocar delante de cualquier público, debe haber mantenido una estrecha relación con horas de trabajo y gran esfuerzo. Es por todo esto, por lo que a veces tengo la sensación de que algunos utilizan dicha teoría para reírse aun más si cabe de quien se cultiva, funciona y se entrega para conseguir algo que realmente merezca la pena.

domingo, 7 de marzo de 2010

Inconmensurable Mayte Martín

Cuantos grandes momentos se sucedieron el pasado viernes en las tablas de nuestro querido Gran Teatro. Qué suerte es volver a sentir como su voz entra de manera desgarrada por todos los sentidos del alma. Como de fácil hace trasladarnos a épocas de reminiscencias pasadas, a otras motivaciones temporales, removiendo sensaciones y tradiciones musicales tan profundas que arrancan desde nuestra propia cultura. No se ha escuchado ni percibido en toda la historia del flamenco tanta armonía en la expresión musical más presente en todo el pueblo andaluz.

Es curioso cómo se puede beber desde la propia raíz, aunque tus vivencias estén en otro lugar. Mayte Martín nace en Barcelona en 1965. Su afán, casi obsesivo, por el flamenco, arranca desde muy joven participando en multitud de actividades en peñas y centros flamencos de Cataluña. Su carrera ha sido un difícil camino, siendo parte de la importante apertura del flamenco para artistas de su misma región, la mayoría de ellos con una herencia andaluza familiar. Como por ejemplo, el últimamente galardonado con varios premios nacionales de la música Miguel Poveda.

Llegamos un poco tarde al concierto, unos cinco minutos. Pero, sinceramente, la sorpresa que nos otorgó el público de Huelva fue de lo más gratificante. Al intentar acceder al patio de butacas, observamos cómo no quedaba ningún asiento libre. Solamente localizamos un par de butacas en la platea principal, donde encontramos un pequeño hueco para poder disfrutar de la audición. La respuesta de los espectadores onubenses a la convocatoria fue espectacular. El teatro estaba lleno. Y la mayor de las satisfacciones fue encontrar a todo tipo de personas en el evento, dejando estereotipos e idiosincrasias al margen, llegando a un acercamiento general de disfrute y disponibilidad.

Y aunque en la actualidad, el concepto sobre el flamenco es diferente – quizás más artístico – no debemos renegar del verdadero sentido que origino tan magnífica y genuina forma de comunicación. El nacimiento, origen y posterior desarrollo se perpetua en el tiempo gracias a varias cualidades especificas que se mezclan entre lo social y lo musical, pero dejando este segundo apartado como un simple vehículo para poder expresarse, omitiendo en muchos casos el cuidado que hay que prestar para hacer música. Es decir, que se valora mucho más el gesto y la acción que la capacidad musical del hecho en sí.

El flamenco es un modelo de expresión musical con unas características muy concretas, siendo participe de un concepto de música popular en todas sus particularidades. Las formas de manifestación son muy concretas y especificas, fácilmente reconocible por su uso de armonía modal y esos giros tonales tan ricos, en grandes distancias rítmicas entre intervalos de diversa altura. Estamos acostumbrados, sobre todo en nuestra zona, a clasificar la escucha de estas entonaciones flamencas desde un punto de vista más humano y menos artístico. El flamenco es más una cuestión social, como una posibilidad de lenguaje práctico entre gente de un mismo grupo común.

Pues bien, Mayte Martín es capaz de recorrer toda esa gama de sonidos y alturas con un dominio musical impresionante. Pone al servicio de esta demostración, un gusto y una estética de considerables magnitudes. Su voz pasea por un mundo de sensaciones, usando dinámicas y matices con una maestría y saber que jamás se había presentado en la extensa vida del flamenco. Incluso en sus experiencias musicales cuenta con el coqueteo que mantuvo con otras formas estilísticas como el bolero y el jazz. Es de una apreciación digna su disco con el gran pianista Tete Montoliu, obteniendo multitud de premios y otorgando un nuevo movimiento a su trayectoria.

No es un artista muy prodigada en trabajos discográficos, sino que más bien su trabajo consiste en producir espectáculos de directo. Aun así es muy recomendable, a parte del disco “Free Boleros” (1996) con Montoliu, la grabación “Querencia” (2000), donde podemos encontrar temas desde el más puro, y otros a medio camino entre el flamenco y la balada. Nos referimos al corte “Ten cuidao”, donde se pone de manifiesto una literatura digna de un enorme tema, llegando a tener en su momento, una repercusión mediática muy interesante.

Huelva volvió a vibrar con Mayte Martín, y espero que no sea la última. Es una cantaora muy apreciada por estos lares, tal y como ha quedado demostrado en sus visitas a nuestra provincia. Y aunque de vez en cuando, pongo alguno de sus discos para mi regocijo personal, lo que más me satisface es poder sentirla en sus conciertos. Menos mal que en estos tiempos de mediocridad musical, alguien es capaz de hacer remover en mi, toda afectividad y emoción.

domingo, 28 de febrero de 2010

Un domingo cualquiera

La noche del jueves pasado era ciertamente desapacible. No estamos, por estos lares, acostumbrados a tanta agua y a tanta lluvia. Y es que llevamos una época un poco extraña y cíclica, donde pasamos los días con cierta decadencia moral y emocional debida a lo gris de las nubes. Pero con ganas de salir de la monotonía de las mismas paredes, y sabiendo que desde el área de extensión cultural de nuestra Universidad y con el apoyo de la concejalía de Cultura, las programaciones deparan más satisfacciones que disgustos, me arme de valor y tome, como se dice “carretera y manta”.

Allí me planté, en el coliseo de nuestra ciudad: el Gran Teatro de Huelva. Y aunque algunos lo ven como un lugar de inútil interés – ya hablaremos de eso en breve – si se pudiera, debería tener algún acto programado todos los días de la semana, menos uno para descansar sí acaso. Como bien digo, afortunadamente, como sucede en multitud de casos, me predispuse a escuchar una propuesta novedosa para mí y para muchos de los que nos acercamos allí.

Tengo conciencia que Radio 3 está apoyando de gran manera a este nuevo artista y a la banda que presenta en sus conciertos. Así es que, con el entusiasmo y algo de cierto escepticismo, esperé a percibir los primeros temas de Alex Ferreira en las tablas de nuestro teatro para tener una opinión lo más certera y correcta. Por dicha, desde hace bastante tiempo, procuro asistir a este tipo de eventos con la mente abierta y sin prejuicios de valor, con la única idea de intentar acercarme lo máximo posible a la realidad sonora del momento.

Lo hemos comentado en otras ocasiones, pero ya la única idea que me acompañaba y que quizás me atormentaba era la encontrarme el patio de butacas medio vacío, como así ocurrió. Si este artistazo copara los números uno de las listas de los programas de radio fórmula de este curioso país, o fuera tan mediático por sus canciones como por sus amores, estaríamos hablando de que no quedaban entradas desde hace meses.

Pero Alex Ferreira, nacido hace veintiséis años en Santo Domingo, no es un tipo guapo, alto, ni es capaz de hacer gritar a ninguna quinceañera. Eso sí, a lo que se dedica es a hacer música, y les puedo asegurar que quien compre sus trabajos discográficos o lo pueda disfrutar en un escenario, saldrán del concierto o de la sesión de escucha con la idea de haber saboreado música de verdad. Es la historia de siempre: tanto das – económicamente –, tanto vales. Un artista debe ser empresa, y si no, pues al underground. A buscarse las habichuelas…

Llegados a esta altura de la vida, después de tantísimas cosas experimentadas – y las que nos quedan –, ya cada vez nos sorprenden menos cosas. Imagino que es por el hecho de que lo aprendido tiene un valor realmente determinante, aunque no lo demos sitio dentro de nuestra propia conciencia. El hecho es que comente a varios amigos que iba a asistir al concierto de este, por ahora, desconocido para muchos fervientes admiradores del “no sale en los medios, no es bueno”, y la mayoría, con sus prejuicios a cuestas como una losa de cien kilos, llegaron a bromear.

Pues bien, como es difícil demostrarles lo que se perdieron – no así las cercas de cien personas que acudimos –, comentar que Alex Ferreira estreno su reciente trabajo discográfico para todos los presentes con un gusto exageradamente pleno. Realmente este es su primer disco de larga duración, y no creo que sea el último. Lleva por título “Un domingo cualquiera” y antecede a un par de EPs con los que se presento en su momento ante un nuevo público.

Comenzó su trayectoria musical en el centro cultural dominicano “La Casa del Teatro” de Santo Domingo, ganando algunos concursos y compaginando sus escarceos musicales con su carrera universitaria. Pero no hace muchos años, dejó sus estudios para desarrollar una de las ilusiones de su vida, que era la de viajar a España con la única idea de desarrollar su trabajo en un lugar con muchos más horizontes que en la isla caribeña en la nació y creció. Y como el que no arriesga no gana, estamos antes alguien con tantas ganas y fuerza que pronto su nombre tendrá el hueco que, desde el trabajo, consiga.

Voy a parafrasear algo que leí hace poco de él con un acierto exacto y diligente: “Sencillo, pero salpicado de detalles cuidados con esmero. Cotidiano, pero cuajado de guiños profundos y trascendentes. Manteniendo los pies en la tierra, pero de puntillas y rozando el cielo con las manos.” Y ciertamente, este seguidor de artistas tan variopintos como Dylan o Radiohead, se acerca mucho a ser uno de los nuevos referentes en la canción de autor en el exigente mercado discográfico español.

domingo, 21 de febrero de 2010

A la Coral Sta. María de la Rábida

Hace tiempo que no recordaba, cuánto tiempo dedique en mi corta trayectoria como músico, la que creo que fue mi aportación a unos de los proyectos musicales más importantes no sólo de Huelva, sino de todo el sur de España. La Coral Santa María de la Rábida no es únicamente una mera agrupación musical, yendo mucho más lejos en sus contribuciones y colaboraciones. Es un orgullo para mí, y estoy seguro que para mucho de los onubenses que pasamos por sus ensayos, haber tenido la dicha de participar de muchas inquietudes musicales compartidas.

Mi querido amigo Moncho Casado, al cual me une ciertas aficiones y otros menesteres, promovía la idea en mí de crear un texto en el que se le diera su sitio a este grupo de personas que dieron mucho por la tradición musical de Huelva, y a la andaluza por extensión. El listado de los lugares y escenarios por donde han paseado el nombre de nuestra provincia es impresionante. No me atrevo de hacer un enumerado concreto, porque son tantas las ciudades del mundo donde han cantado que seguro que aquellas más importantes las omito sin quererlo. Pero sé que Barcelona, Buenos Aires, Paris, Santo Domingo, por decir algunas al azar, han podido vibrar con sus conciertos.

Su repertorio se ha basado en multitud de factores temporales, pero quizás la sección que con mayor arraigo se interpretaba y demandada, es esa especie de fusión entre la música sinfónica y el flamenco que con muy buen acierto siempre se llevó a cabo. Grandes músicos de Huelva han pasado por sus filas, y no digamos ya a los instrumentistas que acompañaron en su momento a dicha empresa. Seguro que me dejo a alguien en el tintero a alguno, pero nombrare, por ejemplo, a José Luis Rodriguez, Jesús Cayuela, Antonio Coronel, Paco Cruzado, Arcángel, José María de Lepe, Eduardo Hernández Garrocho, etc.

Supieron desde sus comienzos aglutinar las tres formas de expresión musical, la expresión vocal, la expresión instrumental y la danza, como expresión corporal. Y grandes bailaores han puesto sus pies y sus tacones a la bella música que desde siempre interpretaron. Como solistas al baile mencionar a mí querida amiga Paqui y a mí dulce Olivia Martín, con las que compartí multitud de momentos de complicidad. Y en el grupo de danzantes, María José, David, Cinta, José Manuel, Fran, Manolo Torroba, entre otros – ya que son muchos los que bailado sus piezas.

De lo que estoy seguro del todo, es del importante e insustituible factor humano que siempre presentan este tipo de manifestaciones culturales. Las relaciones sociales entre los diferentes componentes del grupo hicieron que durante estos más de 30 largos años de música, la Coral se mantuviera viva de verdad. Grandes amigos unidos por un mismo bien común, multitud de historias personales que rodearon los ensayos, los viajes y las audiciones. Cuanto cariño y cuanta amistad se ha movido a nivel personal en mi caso, incluso me enamoré allí de una joven (y creo que ella de mí) llamada Tamara Barros, la cual ha continuado ligada al mundo de la música.

Cuantas personas han dedicado sus ratos libres en participar de la música, en disfrutar de ella y contribuir en su gran apoyo a la noble razón de continuar con la tradición musical del lugar de donde somos. Pues de esto es lo que ha vivido la Coral Santa María de la Rábida durante su larga existencia. De su gente, de su verdadera alma que son todos esos entusiastas del buen cantar y de todo lo relacionado con la música.

Me voy a atrever a dar nombres de aquellos que estuvieron siempre al lado del proyecto, durante un tiempo determinado o bien en un espacio concreto. Ya he citado a varios de sus componentes más notorios para mí, a lo que voy a incluir otros sin orden de trascendencia, como lógicamente supondrán, ya que es algo que no reviste importancia. A Eduardo Castillo, Rosa, Isabel, Nati, Joaquín, Inma, Ana, Ana María Fuentes, Carolina, Sole, Irene, Carmen, Begoña, Mari Carmen, Nicolás, etcétera, y a algunos buenos amigos de Hinojos que siempre colaboraron con su ayuda. Cuantos gratos recuerdos guardo.

Todavía recuerdo la primera vez que los vi, y después cuando José Luis Rodríguez me sugirió la posibilidad, y más tarde Soledad Téllez me comento de empezar a trabajar con ellos, no lo dude lo más mínimo. Creo que llegados a este punto, y como de bien nacidos es ser agradecidos, tengo que solicitarles permiso para corresponder con todos los apoyos y el afecto que desde el primer día me otorgaron. Y a quien me concedió tan magnífica oportunidad, le respondí con creces en seriedad, trabajo y dedicación, tal y como la Coral Santa María de la Rábida como estamento se merecía.

sábado, 13 de febrero de 2010

Carnaval, carnaval…

Es la fiesta del color, de la algarabía y el disfraz, de dejar las penas en un cajón, de sentir la vida con la ilusión de un adolescente, de volar los papelillos y las serpentinas al aire, de las risas y las sonrisas, de la mascarada y los coloretes, y por supuesto de la libertad. Quizás todos estos elementos no son más que accesorios actuales y decorativos de una celebración anual que tiene mucha más historia de la que podamos conocer. Pero para numerosos de nosotros escuchar la palabra Carnaval es una imagen descrita, es algo cotidiano durante el mes de febrero y hasta ciertamente normal como parte del inicio de la época de la eximia cuaresma.

Las primeras manifestaciones paganas relacionadas con el Carnaval, pueden remontarse a las antiguas civilizaciones griega y romana, celebrando solemnidades en honor al Dios del vino, Baco. Incluso se puede llegar a relacionar con las fiestas egipcias en torno al buey Apis unos cientos de años antes. Lo que no se puede asegurar es que estas muestras y festividades ya se denominaran etimológicamente como Carnaval, aunque se revelen una serie de coincidencias y similitudes en sus exposiciones, o por lo menos en las que conocemos y han llegado hasta nosotros.

Pero su definición posterior siempre se ha relacionado con la cristiandad y con la etapa anterior en el inicio de la cuaresma, haciéndola parte inherente temporal anterior a los cuarenta días de la pascua. Su significado parte del adiós a la carne para toda una cuarentena, dando pie a que los días anteriores al miércoles de ceniza todos vivieran las fiestas con desenfreno y frivolidad. Por lo tanto, aunque se considera una tradición profana, es muy posible que su relación con la continuidad religiosa sea más que patente.

Los primeros datos históricos versan durante los siglos X y XI, aunque en diferentes períodos y algunas fechas se denotaron estas fiestas en cierta medida, es a partir del siglo XVIII cuando alcanzan su apogeo en el norte de Italia, en Venecia concretamente. En esta etapa, los aristócratas y la nobleza se disfrazaban con capas y máscaras, mezclándose con el pueblo en los diversos bailes y veladas de la ciudad. La relación entre las diversas expresiones carnavalescas y la música ya se daba entonces.

Y esto sí que es dificultoso: relacionar como se inició esa relación de la música con las carnestolendas del mes de los 28 días. Es lógico entender que en estas manifestaciones culturales la creación artística musical tendría un lugar de prominencia. Pero encontrar una razón en esos principios es algo que desconocemos o no está del todo claro. Además, imaginamos que tratándose de una fiesta popular, las composiciones musicales tendrían las características del corte de dicha música vulgar. Y por supuesto, dependiendo del lugar presentaría unas cualidades y particularidades concretas.

En nuestra región, Don Carnal presenta una serie de propiedades distintivas en torno a la música tal que circunscrito, en su debido momento a comienzos del siglo XX, se instauró un concurso de agrupaciones carnavalescas que hasta hoy en día se mantiene. Incluso en muchos lugares, como ocurre en Huelva capital, y algunos pueblos, es este certamen a través del que gira toda la fiesta. El conocido como Carnaval de calle tiene perdida la partida ante el estimulo sonoro de comparsas, chirigotas y murgas del teatro. Es sólo una hipótesis, pero se puede observar claramente como los aficionados a estas festividades tienen mayor tendencia hacia la motivación musical que a la de la simple fiesta.

Alrededor del carnaval se han establecido y cimentado una serie de autores y creadores de este tipo de música, casi sin conocimientos previos musicales, que han dado al Carnaval una calidad humana y social de grandes dimensiones. Sin ellos y sin tantos y tantos entusiastas que les han puesto voz y música a sus composiciones, el Carnaval de la actualidad no lo entenderíamos como lo que es hoy en día. A estos ejecutores hay que darles su sitio y agradecerles tanto y tanto lo hecho por esta funcionalidad.

Sin perderle el sentido, y sabiendo la aportación tan importante que prestan a nivel de una manifestación más de música popular, el carnaval debería apelar también por su faceta más callejera, y que volviera a renacer con un espíritu casi idéntico con el que se fundó. Son las fiestas de la alegría, de la fina ironía y de la libertad, pero pensamos que desde hace unas décadas están presentes otros intereses que se salen de algo que es tan puro y espontaneo que han relegado a estos fenómenos sociales a ser algo demasiado manejado, perdiendo su carácter social y público.

domingo, 7 de febrero de 2010

Masterizando


Continuando con las numerosas experiencias que estamos viviendo con la grabación del segundo álbum de la banda onubense “Och8 Vientos”, ya estamos casi llegando al final dentro de la fase fonográfica y de estudio en sí mismo. Y el procedimiento nos ha conducido hasta este paso en el que todo el audio de la grabación pasa por dejarlo lo mejor posible. A este punto del desarrollo conclusivo se le denomina Mastering, y nos permitirá crear el máster o disco inicial del que saldrán los discos que se reproducirán materialmente.

Es un término muy usado, al igual que su reelaboración: la remasterización. Dejar claro que cuando se usa alguno de estos dos términos, la referencia es exclusivamente al audio, y no al tratamiento de imágenes como algunos pueden llegar a pensar cuando se dice que un film se ha remasterizado digitalmente. En este caso, en el del cine, cuando se remasteriza, sólo se ha tratado el audio, nada más. Es decir, se ha manejado la banda sonora de la cinta.

El Mastering se puede considerar como un proceso de post producción en el que se finaliza en su totalidad la grabación sonora en un medio físico cerrado. Este será el disco maestro del que se realizarás las copias terminales para su postrera distribución y venta. El estudio de Mastering es muy diferente al estudio normal de grabación de audio. De hecho, todos los equipos en la mayoría de los estudios de grabación y mezcla, puede realmente obstaculizar la acústica de una sala para monitorear con exactitud el sonido. Así, la acústica de la sala y la disposición correcta de los equipos dentro de un estudio de Mastering es un factor importante, ya que el ingeniero de masterización necesita escuchar en detalle cada mezcla.

Cuando estábamos casi concluyendo la mezcla en los Estudios Rimshot de Madrid allá por octubre del pasado año, abordamos el tema de quien trabajaría en nuestra post producción. Barajamos varias opciones entre las que estaban diversos estudios de mastering de interesante prestigio internacional, como por ejemplo Finnvox en Helsinki, Finlandia, donde Mika Jussila es su máximo exponente; o en Chicago Mastering con Jason Ward y Bob Weston, el cual tiene unos precios realmente interesantes para hacerse en Estados Unidos. Pero después de sopesar seriamente todas las opciones, nos decantamos por el producto nacional y por uno de los estudios de mastering por donde pasan multitud de discos del panorama musical español.

Nos estamos refiriendo a Kadifornia Studio Mastering, situado en la bellísima localidad gaditana de El Puerto de Santa María, y regentado por nuestro querido amigo Mario G. Alberdi. Tan sólo el larguísimo currículo de Mario impresiona por la calidad y cantidad de discos grabados, producidos y masterizados que han salido de sus manos. Estamos seguros de que cualquiera de nuestros lectores han escuchado alguna vez en su vida algún tema que haya salido de la trayectoria de este estudio. En él han trabajado artistas de la talla de Enrique Morente, Pasión Vega, Enrique Bunbury, José Mercé, El Barrio, Paco Loco, María Jiménez, Carlos Jean, David de María, Javier Ruibal, Los Delincuentes, Tito Alcedo,… y de esta manera, hasta un largo y dilatado etcétera.

El control, como se puede observar en la fotografía, está equipado con una consola diseñada para el propio estudio y específicamente para los proyectos de Mastering, y como hemos explicado, no tienen nada que ver con los estudios de audio convencionales. Compresores, ecualizadores, conversores, y grabadores tanto analógicos como digitales, así como numerosos procesadores, son parte de la cacharrería que prestan servicios para finalizar el producto discográfico con la máxima calidad posible. Algo que es imprescindible y a lo que Mario presta el máximo cuidado es el equipo de audición, teniendo un sistema de monitorización de una condición sobresaliente.

El estudio cuenta con un excelente diseño acústico y de espacio, tratado acústicamente a base de piedra y madera, de superficie irregular, que garantiza un sonido vivo y brillante, así como una respuesta plana y fiable. Todo el recinto lo encontramos iluminado por luz natural, que hace más agradables las horas de trabajo, y situado en un chalet por donde apenas hay tráfico, ni ruidos, rodeado de un parque natural de pinares y junto a la playa. En un lugar privilegiado, tuvimos la suerte de almorzar junto con nuestro anfitrión entre Rota y El Puerto, en un día soleado donde mientras degustábamos unas excelentes tortillitas de camarones, veíamos desde lo alto, toda la bahía de Cádiz. Pensamos que será difícil de repetir la perspectiva de la que gozamos aquel mediodía de enero.

domingo, 31 de enero de 2010

Componer música si crees que puedes amar

A veces, cuando me siento a explicarle a alguien o incluso a mí mismo, que siento cuando la música fluye desde dentro, me cuesta horrores usar el lenguaje verbal para sacar con exactitud las palabras o términos adecuados para hacerme entender. Siempre he considerado tener buena retórica, arte sin duda del buen hablar. Pero como digo, en la mayoría de las ocasiones, cuando me tengo que enfrentar a una aclaración sobre algún aspecto referente a de donde salen tantas frases musicales, me cuesta mucho tocar con conocimiento el porqué de esas obras.

Creo, en primer lugar, que la música no puede salir de cualquier alma, sino de aquella que muestra y demuestra cierta sensibilidad por parte del ser humano. La música, como elemento único de expresión de hombre, posee en su totalidad numerosos aspectos sobre el individuo terrenal y mortal. Es decir, que algo que está ordenado y hecho por el hombre, no tiene más remedio que tener las mismas virtudes y carencias, manifestaciones y características de quien la produce.

Partiendo de esto, se le puede atribuir a la música la condición de ser un arte hecho desde y para la humanidad. No creo que nadie para bien o para mal, no pueda hacer un uso por derecho de tal creatividad. Desde el más fiero y egoísta, hasta el más fiel a sus principios y con condiciones bondadosas.

Desde el egoísmo y la falsedad se han construido multitud de castillos y poderes a lo largo de la historia, por lo que cualquier composición musical puede estar manchada y designada por los mismos condicionantes que tantos y tantos intereses de manga ancha. Quiero decir con esto que la música es tan solo eso, música: una forma de expresión que al ser abstracta no tiene el mayor beneficio para nadie, siendo algo minoritariamente poco importante. Y aunque es muy triste, la realidad es así.

Durante multitud de décadas se ha hecho un juego sucio alrededor de la música. Las empresas han negociado con ella como si de una vaca se sacara toda su leche, sin mirar nada más que la rentabilidad y el beneficio que se puede obtener de ella.
Para los que creemos en el verdadero poder de la música, para los que buscamos en ella la calma, para quienes luchamos por su verdadero sentido y por un tratamiento digno entre el resto de las personas, vivimos todo esto con gran sentimiento de soledad y cierto castigo. Por eso, usamos la música para mucho más que vivir físicamente. Hay tantas y tantas cosas que conmueven por dentro al ser humano, que deberíamos de pararnos a reflexionar de vez en cuando que es lo que nos impulsa, y que es lo que nos debería de estimular. Son tantos y tantos los problemas banales por seguir equivocadamente criterios y señales que normalmente peleamos por nada.

Tengo muy claro que uno de esas particularidades que nos llevarían a que todo funcionara mejor es el amor. Es curioso, pero quien conoce mi repertorio de canciones y obras sabe que es una palabra que no he usado nunca, ni en los textos ni en mi vocabulario. Pero que no hable de ella explícitamente, no significa que no exista. Es más, creo que es lo que debería de mover el mundo. Quizás el único aspecto negativo que conlleva este más que preciado sentimiento es su contrario: el desamor. Pero como todo tiene su parte contraria, también los músicos han sabido desde tiempos inmemorables sacar partido de la situación inversa.

Me encanta escuchar, y recomiendo encarecidamente a mis queridos lectores, el villancico renacentista de Juan del Encina llamado “Más vale trocar”. Es un poema musicado compuesto a principios del siglo XVI por el músico castellano que nos hace entender como el amor, ya desde entonces, es la piedra angular sobre la que giran muchos de nuestros sentimientos y además es temática constante de obras musicales y piezas de todo tipo. Escuchen con el corazón toda la prosa de este bellísimo tema, y podrán observar la sublimidad de algo tan cercano.

Quizás sea de gran facilidad componer música sin estar realmente enamorado, pero existe un interesante nexo de unión entre la música y el amor. Como bien expresaba antes, para mi es imposible que esas musas de la inspiración cuando se han acercado hasta mis entrañas, no hayan traído esas sensaciones de estar realmente enamorado. Y como reitero, ante la actuación contrapuesta. No es preciso, pero si precioso, hablar de amor en nuestras canciones. Creo que es hasta fundamental: mi guía, mi salvación y mis penas más grandes han llegado hasta mí por ese camino de rosas y espinas que es estar cautivado por el amor. Y mi lucha entre notas y armonías es acercarme hasta ti, sabiendo que tú me amas, y que yo, muero por ti.

lunes, 25 de enero de 2010

Revolver o una historia que nunca acabe

Carlos Goñi, alma y factor individual de uno de los grandes proyectos musicales españoles de las últimas décadas, tuvo como buena acción, sacar su enorme listado de canciones para todos los onubenses el pasado viernes en el parque Alonso Sánchez. Todo un acierto para quienes inquietamente lo hemos seguido desde hace casi 20 años de carrera, agradecemos a la Concejalía de Cultura dejarnos disfrutar después de un largo tiempo sin escucharlo ni verlo por estos lares traerlo para animar las veladas musicales de las Fiestas del Patrón de Huelva, San Sebastián.

Revolver nace de la disolución de otro proyecto de Carlos Goñi que se hacían llamar “Comité Cisne” a finales de los ochenta. En 1990 y en 1992 graban sus primeros discos sin mucho éxito de público. Pero no es hasta sus discos en acústico, hasta cuando no consigue ser escuchado y promocionado en la medida de sus trabajos. Con el álbum “Básico” consigue que con la colaboración de cantantes de la talla de Soledad Jiménez o Rafa Sánchez, y temas como "Si es tan sólo amor" o "El roce de tu piel", un triunfo sin precedentes en este tipo de discos en directo y con instrumentos de corte acústico.

Después se enfrentaron a un nuevo reto fonográfico en el que los sonidos influenciados por Bruce Springsteen, llevaría por título “El dorado”, en el que al contrario que sus anteriores canciones se desarrollaban mas en un ambiente de cuestiones amorosas. Estas giraban alrededor de cuestiones más sociales y cotidianas. Y en 1996 grabarían “Calle Mayor”, que se considera como una segunda parte del predecesor, para volver a grabar otro de sus enormes conciertos básicos para la cadena radiofónica “Cuarenta Principales”. Este se denominaría “Básico 2”, ya que con el éxito del otro que se grabo en el formato similar, se buscaba el mismo éxito de ventas.

Después de toda esta vorágine, y una buena parada de avituallamiento, comienza a sacar sus trabajos con su propia discográfica. Lógicamente, el tirón de ventas disminuye debido a la escasa promoción de la que pueden hacer uso los pequeños sellos. Aun así, son de gran estima y recepción los discos “Sur” y “8:30 AM”, para después embarcarse en dos discos de recopilación: “Grandes éxitos” y “Rarezas”, este último con caras B y temas que nunca vieron la luz en los medios del momento. Desde el 2005 ha llevado a cabo una labor más que interesante con la salida de su “Mestizo”, con gran carga social, que estuvo nominado a los grammys latinos.

En 2006 se publica “Básico 3”, con nuevas versiones de canciones de sus tres anteriores discos de estudio y dos canciones nuevas. El concierto se graba en dos sesiones, de las que se escoge la mejor, y no se le añade ningún arreglo instrumental posterior. En él colaboran Enrique Bunbury, Mikel Erentxun, Álvaro Urquijo y Sasha Sokol. Y por fin en el 2008 sale a la luz su penúltimo trabajo discográfico “21 gramos”, en el que rinde culto a la creencia de que el alma del ser humano tiene exactamente ese peso.

En noviembre de 2009, y con motivo de sus veinte años de trayectoria, se presentó una caja de canciones donde se incluían todas las canciones indispensables para entender la propuesta de este músico valenciano. Encontraremos temas como "Fuera de lugar", "Si es tan solo amor", "El roce de tu piel", "Dos por dos", "Tu noche y la mía", "No va más", "El dorado", "Ten fe en mí", "Sara", o "Duro de llevar".

Realmente, la carrera musical de Carlos Goñi y Revolver, es una serie de intenciones con una temática clara y concisa. Todo gira en torno al amor y a las relaciones sociales. Escuchar sus composiciones es estar más cerca de la realidad humana, de los sentimientos más puros entre dos personas que se aman y quieren, de la vida.

Poder disfrutar de este tipo de sensaciones hechas música, es para tener muy en cuenta. Si con sus letras estamos más cercanos a estas realidades, es de recibo darle la importancia que tienen. Y aunque el rock abandere su estética, musicalmente ha viajado por estilos muy diversos, pero siempre desde el gusto y la búsqueda respetuosa de la compañera ideal para sus prosas.

Gran noche la que vivimos el pasado viernes; por poner algún punto negativo, solo un par de cuestiones: una verdadera pena el sonido, que no nos hizo disfrutar en condiciones del concierto hasta la quinta canción; del mismo modo, la lástima de no ver en estos conciertos a un público más joven… seguro que tendrían mucho que aprender y por supuesto de disfrutar. Pero ya sabemos, a los adolescentes los educa la televisión, y pocos son los padres que ponen música hecha con conciencia para que sus hijos sepan realmente las músicas tan excelentes que existen.

domingo, 17 de enero de 2010

Súbete a “El Camarote”


Todos los domingos a eso de las once de la mañana en Antena Huelva Radio, en el 105.5 de la frecuencia modulada, podemos escuchar uno de los mejores programas de radio de todo el dial que nos permiten recepcionar en Huelva. Se trata de un interesante viaje radiofónico en el que su anfitriona tiene la capacidad de hacernos trasladar hasta la atmosfera perfecta para disfrutar de tres excelentes horas de buena música. Me estoy refiriendo a mi buena amiga Laura Cárdenas, artista gráfica, amante del buen cine, la música independiente y por supuesto del presentar conciertos y galas.

Laura, y lo sé de buena tinta, prepara concienzudamente durante toda la semana una selección de grandes temas de esos que no suenan en los multicanales de radio formulas, con lo que las promociones son escasas y no el punto de partida. Parte de la idea de que existen tantas músicas buenas y grandes películas que no tienen espacio en la radiodifusión que su programa puede llegar a ser un referente en este sentido. Lo que sería una autentica lástima es que la cobertura de su excelente y único programa fuera sólo hasta donde llegan las ondas de frecuencia de su emisora. De este modo, las posibilidades tecnológicas permiten a través del mundo mágico de internet, escucharla en cualquier parte del mundo. Y así me consta, ya que desde Chile a Italia “El Camarote” es cita obligada para muchos internautas que esperan hasta la mañana del domingo para poder disfrutarla.

Laura Cárdenas lleva muchos años enrolada en cuestiones de comunicación. Desde sus comienzos, a tan solo 16 años de edad en Onda 3, ha demostrado una excelente labor y actividad desde el propio compromiso. Profesional integra, siempre compagino su vocación con sus estudios y profesión. Sus grandes pasiones son la fotografía y la música, tiendo gran dominio en materia de reproducción de instantáneas y representaciones, y por supuesto en su búsqueda constante de nuevas y antiguas sonoridades. Es una amante de la música hecha con sentido y dedicación. Otra de sus grandes pasiones es el cine, teniendo una cita obligada todas las semanas con las salas de proyecciones de nuestra ciudad.

Trabajó durante varias temporadas en el programa “Protagonistas” de Onda Cero, desarrollando una impronta y personalidad que aun hoy en día mantiene. También han podido escucharla en numerosos anuncios publicitarios, promociones y ha sido la voz de muchas de las campañas del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Pero en lo que mi conocimiento alcanza, sé a ciencia cierta que en lo que más disfruta está onubense de pro, es de la presentación de galas y grandes conciertos. La hemos visto en los escenarios de numerosos actos y festivales musicales de nuestra provincia, destacando de sobremanera sus presentaciones en el Festival, extinto ya – a ver si se recupera por el bien de los onubenses –, “Huelva, Puerta de Culturas”, presentando por ejemplo a músicos de la talla de Paul Carrack o The Chieftains.

Durante un tiempo, me subía a su camarote para tener una entretenida conversación en la que el debate se podría hacer casi eterno. Laura me invitaba a su programa tan solo para disertar sobre conceptualizaciones y sociología pura y dura, donde argumentábamos sobre las situaciones y circunstancias que rodean al mundo de la música. Y así sigue siendo. Cada vez que nos acercamos con la banda u otro proyecto, no sé cómo lo hacemos pero acabos disertando sobre cuestiones que, aun siendo transcendentales, no tienen nada que ver con lo que hemos ido a hacer allí. Ciertamente, eso sólo ocurre cuando uno está a gusto y en una situación casi familiar.

Aunque quizás su madurez como locutora y presentadora ha llegado ahora, es un diamante en bruto que ha tenido la mala suerte de nacer por estos andurriales. Ella creo que es muy consciente de que para que su labor como comunicadora tuviera absoluta vigencia, tendría que emigrar para poder continuar con una trayectoria en absoluto ascenso. Eso sí, luego cuando no la tengamos cerca trabajando en Sevilla o Madrid, quizás la echemos de menos… ya saben, la historia onubense de siempre.

En lo que a mí concierne, todos los domingos procuro hacer un crucero a bordo de su camarote, que al contrario que el de los hermanos Marx en “Una noche en la ópera”, es amplio y muy acogedor. Además, actualmente estamos colaborando en el diseño grafico del nuevo trabajo discográfico de la banda onubense “Och8 Vientos”, en la que con gran maestría ha llevado a cabo las sesiones fotográficas del grupo musical. Es algo increíble, pero ha conseguido retratarnos más guapos de lo que realmente somos.

domingo, 10 de enero de 2010

¿Te atreves a cantar?

Se han puesto de moda toda una gama de simuladores musicales virtuales a través de videojuegos y consolas que ofrecen la posibilidad de hacer música sin el más mínimo de conocimiento; “ni falta que nos hace”, nos dirán muchos de estos aguerridos usuarios. Han sido recibidos con la misma mezcla entre escepticismo y algarabía que aquellas largas sesiones de karaoke japonés durante la década de los noventa, donde todos esos artistas frustrados del bel canto se ponían literalmente el mundo por montera, haciendo demostraciones palpables de que “el que canta, su mal espanta”.

Juegos como “rock band”, “guitar hero”, etc., han reclamado un nuevo espacio para la diversión en el que la música es punto de partida y base de la actividad, valorándose la interpretación instrumental lúdica. De estos videojuegos hay hasta competiciones internacionales con grandes e importantes premios. Aun así, el autentico juego triunfador de entre todos estos, es el denominado “Singstar”, que consiste en cantar canciones conocidas dentro del mercado musical internacional, valorándose su entonación y como seguimos rítmicamente las frases melódicas. Además, la gama de diferentes ediciones que han salido superan con creces a sus competidores. Con un micrófono conectado a la consola y los oídos bien receptivos, podemos ir canturreando los grandes éxitos comerciales de los últimos años.

Podemos definir el hecho de cantar como la capacidad que tenemos todos de entonar notas musicales de manera ordenada y melodiosa. Y aunque es una operación que todos podemos llegar a realizar con cierta facilidad, durante la segunda mitad del siglo XX se ha puesto en tela de juicio que este hecho en sí está sólo permitido para voces privilegiadas. Esto es algo que bajo ningún concepto hay que tomarse en serio. Cantar es algo maravilloso y la forma de expresión musical más bella que existe. Incluso existe una teoría ancestral en la que se afirma que la mayoría de los instrumentos se crearon para imitar la voz humana en todas sus tesituras.

Lo único que ha ocurrido es que se ha puesto una barrera inexpugnable entre los cantantes profesionales y lo que significa la posibilidad de cantar como cuestión humana, siendo algo que está en nuestra mano y que parece que es algo inapropiado en determinadas circunstancias. Pues debe ser al contrario: cantar nos permite obtener un grado de autosatisfacción bastante interesante; incluso debemos saber, que es la forma que más cercana que tiene el ser humano para hacer música. Acaece una hipótesis sobre la formación del lenguaje hablado del hombre en la que prevaleció la acción de modular la fonética antes que la propia declamación en una sola silaba, tal y como se produce la voz disertada. Es decir, que coexisten teorías evolutivas que aseguran que el hombre cantó antes de hablar. De hecho, se conocen aun algunas tribus que todavía en su día a día recitan melódicamente, diferenciando así los mismos fonemas dependiendo de la declamación.

Se han recreado de tal forma los prejuicios en torno a la función de cantar, que nos da autentica vergüenza que nos escuchen cantar, sobre todo a determinadas edades. Y eso es algo que va contra la propia naturaleza del individuo, ya que cantar es una de las formas de locución y manifestación específicas que podemos utilizar. No necesariamente tenemos que estar constantemente cantando, pero debemos asumir que cantar es algo apropiado y lógico en las actitudes del hombre.

Cantar es algo tan usual y natural, que permanecen multitud de frases en la historia que animan el hecho de tararear melodías de cualquier índole: “Buenas palabras, cantar de cigarras”, “Cien gallina en un corral, y cada una tiene un cantar”, “El que canta, ora dos veces”, son algunos ejemplos de cómo este ejercicio melódico ha estado presente constantemente en la actividad propia cotidiana. Está bien claro que esta ocupación ha estado siempre presente en cualquier época y situación.

Cuando cantamos nos transformamos en generadores de armonía, produciendo cambios positivos en los niveles físico, mental, emocional y espiritual. Cantar nos permite, no tan solo comunicarnos con los demás, sino con nosotros mismos, encontrando una realidad placentera y aprovechando un recurso innato. Es por esto por lo que deberíamos tener siempre en nuestro ánimo la posibilidad de cantar, y aunque no lo hagamos para el disfrute de los demás, debemos ser conscientes de que anímicamente nos puede resultar de gran complacencia. La terapia del canto es un remedio casero dirigido a todos, siendo un regalo que está presente en todas las etapas de nuestra vida.

domingo, 3 de enero de 2010

Queridos Reyes Magos…

Como este año me he portado bien – o por lo menos, eso creo – voy a solicitarte, con todo mi cariño y humildad, que tengáis a bien aportarme una serie de beneplácitos para este 2010 que comenzó hace tan solo unos pocos días. Ya sabéis que lo mío tiene que ver con el terreno musical, peor como bien dice un buen amigo, y permitiéndome parafrasearlo, “De otra cosa no sabré, pero de música no tengo ni idea”. Así es que, desde mi aplaudida ignorancia, voy a recrear una lista con lo que mi extravagante criterio interpela e invoca si ustedes lo tienen a bien.

En primer lugar, el consabido juicio y gusto que tenemos los onubenses en eso que al arte y la cultura se refiere. Estoy cansado de que todo el mundo siga atormentándome con la manida frase de que “el libro de los gustos está en blanco”. A ver si ustedes con su poder mágico les hacen estar al corriente de que ese documento se escribió hace muchos años, y que esa estúpida frase solo es la defensa excusable de quien coloca su opinión por delante de los verdaderos estudiosos de la materia. Pues a todos esos que manifiestan su principio sabio y se basan en las listas de ventas, los circuitos comerciales o independientes, y en los medios de masas, les pido que de una vez por todas despierten.

En segunda instancia, la constante huida hacia el underground de los que queremos disfrutar en los grandes escenarios de músicas hechas con sentido, no tan solo con fines comerciales. No pido que a todos nos apetezca escuchar lo mismo, pero un poco de fiabilidad a la hora de programar por parte de los organismos competentes en cada caso. Partiendo de que la cultura educa y la televisión maleduca, ofertar los conciertos en un punto intermedio entre entretenimiento y cultura, dando la posibilidad a todos de satisfacer sus necesidades musicales.

Como tercer punto, la anhelada comprensión por parte de los ciudadanos medios de la profesionalidad tan digna que es ser músico. Es un aburrimiento ya, que te presenten como el primo que toca el violín, y el amigo se te queda mirando esperando que te pongas la nariz de payaso y comience el espectáculo. Porque el intrusismo laboral está instaurado como algo lógico y normal en la música, y teniendo que aguantar constantemente el “pero si lo hace muy bien… ¿qué necesidad tiene de estudiar?”, amparándose en que el arte no se aprende, se siente. Es de verdadero atrevimiento sugerirles a estas personas la posibilidad de que aprendan a coger el lápiz antes de escribir.

En cuarta posición, que se acaben los estereotipos dentro del mundo musical. Con lo difícil de por sí que es hacer música medio en condiciones, encima tener que luchar con las etiquetas impuestas desde el desconocimiento y la imprudencia. Por eso también ruego que se aporte a todos los aficionados a escuchar música un criterio más calificador y personal, olvidando las ideas que vuelan hasta nosotros desde negocios e imperios mediáticos.

La quinta petición va dirigida en su totalidad al público de Huelva, que sujetos al compromiso de ser mejor que nadie, buscan y apoyan antes a grupos de Despeñaperros para arriba. Ya está bien de echarle la culpa a terceras personas: la gente de Huelva es la que debe apoyar a sus artistas y no esperar que sean los demás los que nos encumbren. Es de envidia sana, y esto es algo aprobado por todos, que en otros lugares muy cercanos, como se les da todo el sustento que se necesita para poder hacer las cosas bien hechas.

Para cerrar este simposio de peticiones, por último imploro el apoyo incondicional hacia todos aquellos establecimientos públicos o privados en el que su actividad gira en torno a la cultura. Son muchos los lugares en los que se aboga por música en directo, recitales de poesía, exposiciones, etc. Vale con asistir, pero no estaría mal que nos manifestáramos más por la compresión y dedicación de estos sitios, hasta peleando por que se apoyen desde las administraciones, fomentando a los que ya existen y favoreciendo a que nazcan nuevos.

Pues nada, hasta aquí mi escueta petitoria para Sus Majestades, Magos de Oriente. Entendería que algunas peticiones fueran derogadas. Aun así, es lo que tenemos y por lo que nos queda por luchar. Mientras exista un hueco en las almas de los hombres destinadas al placer de la escucha de hermosas melodías y grandes armonías, estaremos en el puesto. Por cierto, si puedo encargar carbón, no me importaría que dejarais un poco en cada casa de aquellos que van por la vida pensando que la música es algo innecesario y de poca importancia, servidos por criterios materialistas y económicos. Y que para el año que viene, se porten mejor y dejen de pensar de manera tan soez.