domingo, 25 de octubre de 2009

Un trozo de la historia del rock español: Manolo Arias


Lo que es la vida: después de andar todos estos años entre músicos, recientemente he tenido la oportunidad de coincidir con un gran profesional y mejor persona en el mismo proyecto. Como algunos de ustedes saben, Och8 Vientos ha estado todo el verano encerrado grabando su nuevo álbum en los Estudios Rimshot de Pozuelo de Alarcón, en Madrid. Pues bien, un gran amigo del estudio y de Carlos Lillo, su gerente e ingeniero, nos propuso la magnífica idea de grabar algunas guitarras en nuestro disco.

Como contamos con los recursos más escasos de la historia de la música, sin apoyos y sin ayudas ninguna por parte absolutamente de nadie – creo que es de merito – lo primero que le comentamos a Carlos fue que si quería participar tendría que ser de manera altruista y colaborando con la noble causa de un grupo de muchachos onubenses a los que sólo apoyan la gente de su entorno y por supuesto, aquellas personas que les satisface la música en directo bien hecha, que son muchos por nuestra tierra.

Manolo Arias, nacido en Madrid hace ya un puñado de años, nos ha ilusionado enormemente con su participación en nuestro nuevo trabajo de estudio, haciendo aun más si cabe interesante este disco. Precisamente cuando supimos que él colaboraría quisimos dejarle el tema que da nombre al álbum “Camino por andar”, canción con ideas rockeras y nueva propuesta dentro de nuestro ecléctico estilo. Del mismo modo ha tocado en otros dos cortes.

Comienza sus estudios en guitarra clásica a los once años de edad. Sin embargo, las tendencias musicales que llegaban de Europa y EE.UU le llevan a experimentar en el campo del rock formado su primer grupo, JERUSALÉN, a la temprana edad de 13 años, le seguirán en los años siguientes otras formaciones de carácter amateur como ARCEVAL o YERBA. Con 21 años de edad comienza a tocar con BELLABESTIA, formación que le dará las claves para su futuro desarrollo como músico.

Tras esta experiencia se alista en PANZER. En esos momentos, decide cambiar de rumbo y crear su propio proyecto musical: NIAGARA. Grupo emblemático del rock de los 80 con el que consigue cosas tan impensables en aquel momento para un grupo español como dos giras por Inglaterra, una gira por Suiza y un alto nivel de ventas en Japón. La banda publicará tres discos: “Now or Never”, “Backstage Grils” y “Niagara III”, sin embargo, la poca aceptación en España y la no decisión de dar definitivamente el salto internacional provocan la disolución de la banda.

Paralelamente a su etapa en Niagara es profesor de la entonces prestigiosa escuela Rockservatorio. Tras la disolución de la banda comienza a dar vueltas en el mundo de la música compaginando orquestas como Malicia o Tráfico, grupos como LAZY y CORAZONES NEGROS y colaboraciones con otras bandas. Al mismo tiempo decide ampliar sus conocimientos musicales recibiendo clases de armonía con Félix Santos, consiguiendo una evolución extraordinaria que se plasma en el disco “Un Día Perfecto” grabado tras ingresar en MOTORES y trasladar su residencia a Vigo.

Finalizada la etapa de Motores, vuelve a Madrid y se ve inmerso en una auténtica vorágine de trabajo que va a dar como fruto uno de los momentos más prolíficos de su carrera y que continúa en la actualidad. Trabaja como productor para Pies Records y como productor independiente, igualmente es músico de estudio y sesión trabajando para gente como Esther Lago, Inma Serrano, Toronto, Maltes, etc.

Paralelamente en 1999 entra en MURO, grabando uno de los mejores Cd’s de la banda “Corazón de Metal” y el directo “Este Muro no se cae”. En el 2003 entra a formar parte de la mítica banda ÑU. En el 2007 se incorpora a la reunión de SOBREDOSIS, para realizar un único concierto en el Leyendas del rock del 2007; sin embargo, la acogida y expectación creada es tal, que la banda, en agradecimiento a su público, realiza otra serie de conciertos. Hoy en día, compagina ÑU, su trabajo como productor, la desconocida faceta como músico de estudio y sesión y su bandas actual: ATLAS, formado junto a otros grandes músicos del panorama nacional: Ignacio Prieto, José Martos y Ángel Arias.

Por todo esto, es un orgullo profesional que alguien de la trayectoria de Manolo Arias haya querido tocar con nosotros en nuestra nueva intención musical. Será difícil poder agradecerte todo lo que has y estás haciendo por nosotros. El rato que pudimos compartir hace un par de semanas en las sesiones de mezcla fue de gran pureza, donde pudimos departir contigo tanto cuestiones profesionales como personales, denotando la magnífica persona que por supuesto eres. Gracias por todo y espero vernos pronto. Un fuerte abrazo desde Huelva.

viernes, 16 de octubre de 2009

Buena música en El Postero de Corrales

Och8 Vientos en Colombinas 2009 from Och8Vientos on Vimeo.

Existe un pequeño lugar, que para mi fortuna conocí hace ya un tiempo, donde me encanta departir un buen café si es por la tarde, unas excelentes tapas a la hora de almorzar o cenar, y un ambiente cultural selecto en las noches de copas. Y ese rincón está a dos minutos de Huelva; sólo tendremos que cruzar cualquiera de los dos puentes que nos llevan hasta Aljaraque o Punta Umbría.

Nos estamos refiriendo a “El Postero”, un recinto lleno de alternativas, acentuado por un admirable contexto y con multitud de opciones a todos los niveles. Todo ello adaptado con una magnífica decoración y un gusto estético digno de admiración. Situado en la parte primera de Corrales según se llega por el puente, se accede por detrás de la Gasolinera situada en el parque comercial, justamente detrás de La Oca. Algunos de ustedes quizás lo conozcan porque en el hall tienen un sofá enorme de una sola plaza pero del tamaño de Gulliver en Liliput.

A parte del interior intimista y agradable, tienen un porche muy confortable al estilo terraza con plantas y una terraza en la parte exterior de gran tamaño donde los sábados y los domingos al mediodía es un verdadero placer disfrutar de sus novedosas y excelentes tapas y del mejor sol que nos brinda nuestro clima. Eso regado con unas cervezas o un buen vino, tenemos resuelto el pasar un apacible momento en cualquier coyuntura.

Pero si encima tenemos todos estos elementos, por si fuera poco, nos invitan a un programa de conciertos y música en vivo, performers, espectáculos variados, etc., de grandísima calidad y teniendo presente el mismo gusto y criterio de excelencia que con “El Postero” abre todos los días sus puertas. Sus principios nos aseguran una exposición con distinción y fuera del lado más desconsiderado con nuestros oídos, algo que apoyamos y por otra parte, agradecemos. Poder contar en Huelva con un sitio de estas características hace de la oferta tanto musical como gastronómica un punto más a favor de nuestra propuesta turística.

El pasado jueves quince de octubre, tuvimos la suerte de llevar nuestra música hasta su coqueto escenario: nos apetecía mucho reunir en un sitio tan particular y significativo a nuestros amigos más cercanos y paladear una excelente cena y mostrar algunos de los temas de nuestro próximo disco, que está a punto de concluirse en los “Estudios RIMSHOT” de Madrid en formato acústico, o como bien se puso de moda hace algún tiempo en la cadena musical MTV, unplugged o desenchufado.

Y lo mejor es que Och8 Vientos repetirá, esta segunda vez su concierto pero en conformación eléctrica, el próximo cinco de noviembre a eso de las diez de la noche, y dentro de la programación propuesta por los amigos de “El Postero” para todo el próximo curso. Durante todos los jueves se llevarán a cabo conciertos a la hora de la cena en un ambiente agradable y con una cocina de sublime sabor.

Según hemos sabido, habrá numerosas sorpresas a lo largo de estos fines de semana culturales que propondrán los amigos de “El Postero” y que empiezan los jueves. Así, uno de sus gestores, Raúl, nos aseguraba que numerosas bandas llenarán de sonidos las noches culturales del local. Y no tan sólo de la provincia de Huelva, si no alguna de Málaga y también de Sevilla, como por ejemplo la formación que lideran Carlos Asensio y Javi Fernández que llevan por nombre “El Grito”. Esta banda, de la vecina localidad de Alcalá de Guadaira, está terminando de maquetar las canciones del que será su primer disco en el mercado. Una fuerte apuesta por la música pop y rock de calidad hecha en nuestra tierra. Vendrán a Huelva el diecinueve de noviembre para estar en “El Postero” y demostrar el por qué es una de las bandas con mayor proyección a nivel estatal.

Por otro lado, nos contaban los amigos de “El Postero” toda una serie de mejoras que se van a llevar de inmediato en el establecimiento, como ejemplo la renovación por completo del mobiliario interior. Particularmente, el que tienen en la actualidad está bastante cercano a la estética a la que han intentado acercarse, pero no deja de ser menos cierto que con toda seguridad van a dar mucho que hablar con estas nuevas mejoras, volviendo a girar la tuerca del buen gusto.

Yo, personalmente, ya he solicitado un hueco para todas esas actuaciones y conciertos: no pienso perderme ni una. Espero que las obligaciones familiares y laborales me permitan asistir con asiduidad a su magnífica oferta cultural y gastronómica. Aun así, me acercaré en otros momentos, aunque no haya música en directo, ya que el lugar me brinda y proporciona una serie de beneplácitos que pocos sitios pueden ofrendar por la zona.

sábado, 3 de octubre de 2009

¿Es tan bueno lo qué nos gusta?

Arrastramos, a veces, una soberbia denotada por nuestra propia seguridad y autoconfianza. Y sí, yo la tengo, soy el primero en declararlo abiertamente. Es más, creo que el haberme enfrentado a ella y superarla en cuanto a su propia concepción, me permite juguetear con esa firme realidad y buscarle sus consecuencias y posibles soluciones.

Debemos partir de un concepto claro y contundente: la objetividad al cien por cien, en su totalidad, no existe. Incluso puede variar por cuestiones múltiples al mostrarse de forma semejante en casi todas las ocasiones. En muchos de estos momentos la realidad es tan relativa como que cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre. Con lo que basar esa verdad verdadera en como yo lo ve uno mismo es el primer error.

La capacidad de reflexión, de pensamiento y de la valoración crítica tienen que actuar como una auténtica guadaña. Y la situación es que es algo que en la vida cotidiana hacemos con total naturalidad y eficacia. Pero si esta misma respuesta es buscada en cosas más triviales o personales, nos encontramos con la esa verdad demostrable se muestra con variantes muy características de las circunstancias propias de cada uno de los mortales: fidedigna subjetividad.

En el caso particular de la música, nuestro taxativo criterio se debe imponer con superioridad manifiesta, ya que lo que escuchamos, y no cabe la menor duda, es sin duda la música de mayor rango que jamás se haya compuesto… las preguntas son: ¿de dónde sale ese planteamiento? ¿Cuál es la base teórica desde donde lanzo tal razón?

Normalmente lo que ocurre es que desconocemos esos motivos para lanzar afirmaciones tan particulares y privadas como las de ser de un equipo de futbol o de otro.
Es más que habitual el tener que soportar los gustos musicales de conductores desaforados en automóviles que por un rato se convierten en improvisados salones de baile, discotecas o centros de concierto. Y yo, sinceramente, no tendría ningún problema en que cada cual cuide sus orejas como quiera, y que les dieran el tratamiento que cada uno quiere para sí, mientras tanto el volumen no superara los famosos sesenta y cinco decibelios permitidos por ley y aprobados por la Organización Mundial de la Salud para cuestiones de contaminación acústica.

Pero aun no siendo así, yo ni me enorgullezco de escuchar la música que escucho, ni mucho menos me molesta lo que escuchan los demás. Y para rizar el rizo, algunos se defienden atacando: siempre es mucho mejor lo que yo escucho que la música que pones tu…

Yo estoy dispuesto a sodomizar mi estética musical siempre y cuando alguien me diera razones de peso para pensar en lo contrario que en los pequeños conocimientos musicales me permiten cimentar mis ideas. No son válidas las excusas personales sin fundamentación como por ejemplo “es aburrido”, “es muy antiguo” o “poco moderno”, etcétera. Esas afirmaciones sin establecer criterios serios y básicos, no sirven para nadie ni para nada. Eso sí, nos hacen fuerte en nuestro propio mundo. Algo que solo nos vale a cada uno de nosotros para autojustificarnos las cosas, y que a menudo es intrascendente, ya que con uno mismo no se tiene que demostrar casi nada.

Dispuestos a girar aun más la dichosa tuerca, esas opiniones dogmaticas tan personales, lo único que hacen es cerrar aun más si cabe nuestras intenciones. Me parece muy interesante el hecho de no poner etiquetas a nada… trabajar a nivel auditivo cualquier música desde la perspectiva de lo que nos puede aportar y si lo que tengo o lo que me queda por escuchar podría aportarme cosas nuevas, sensaciones inesperadas, conceptos por descubrir, pensamientos por tener, etc.

De este modo, muchos de los que leerán este pequeño ensayo podrán remitirse a abundantes situaciones vividas como las comentadas. Todo lo nuevo atrae, pero en cuanto a lo musical, existen multitud de casos en los que de pleno rechazamos una obra musical por prejuicios exiguamente desplegados, sin darle oportunidad a algo que posiblemente llene nuestra apreciación y satisfacción. Creo que esta es una cuestión de madurez sensitiva: el logro personal de tener un firme criterio sobre una materia concreta cede ante la posibilidad real de la música que escuchamos.

Lo ideal sería fijar unos parámetros lo más objetivos y efectivos posibles. Y partir de ahí… porque todo lo demás es luchar contra conceptos personales, algo que debemos respetar pero que seriamente no nos lleva a ningún punto de veracidad, ni de provecho. Las opiniones bien fundamentadas son a aquellas que debemos prestar atención. Todas las restantes son tan individuales y exclusivas que serían imposibles de seguir aunque tuviéramos intención de ello.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Guitarras, tan sólo guitarras.

Como algunos de los amables lectores ya saben, y quien no, me satisface comunicárselo, soy un gran enamorado de estos instrumentos con forma de ocho. No sólo por ser el instrumento que durante multitud de años ha sido mi más fiel compañera de viajes musicales, si no por haberme permitido ser el vehículo comunicativo físico con el cual crear y expresar todas mis inquietudes artísticas sonoras.

La guitarra es un medio de cuerda pulsada de orígenes dispersos y variados, ya que desde la antigüedad se han usado multitud de instrumentos similares pero con formas y sistemas diferentes. Hay bajo relieves de mil años antes de Cristo donde se pueden observar diversos cordófonos, demostrando que los inicios se remontan casi a los comienzos de la historia de la música. Después llegaran salterios, cítaras, sitares y monocordios. Pero a quien podemos considerar ascendiente directo es al laúd o ud.

Este instrumento de origen árabe ostenta por derecho propio ser el pariente más cercano de la guitarra. También encontramos una disección con la aparición de la mandola o mandolina en Europa a principios del segundo milenio.
Pero la trasformación final va a llegar de mano de la vihuela, semejante al laúd pero de caja plana y estrecha. Y aunque en sus principios, tanto la vihuela como la guitarra renacentistas se usaban para el acompañamiento y para exclusivamente el rasgueo, durante el siglo XVI se llevan a cabo los primeros libros y colecciones de tablaturas y cifrados para tañer vihuela del sevillano Alonso de Mudarra entre otros. Ya en el siglo XVII, aceptada por evolución la guitarra, el insigne teórico y guitarrista Gaspar Sanz creo multitud de tratados que hoy en día siguen en vigor y se continúan estudiando. Como anécdota contarles que este aprendiz de guitarrista eterno estudió en sus años de conservatorio más de un estudio del caballero Gaspar Sanz, con dificultades y más de un dolor de cabeza.

El siglo XIX consolida la guitarra moderna como elemento indiscutible del discurso musical español, con la presencia del maestro Francisco Tárrega, que revolucionó la técnica del uso de pulsar las cuerdas, evolucionando hasta los conceptos más modernos, la mayoría en su totalidad usados en la actualidad. Confirmarles de la misma manera que a Gaspar Sanz, a Tárrega se le sigue estudiando e interpretando en multitud de conciertos y audiciones. Incluso en los últimos tiempos he podido observar como algunas pequeñas obras como Lágrima o Adelita han sido usadas como soporte sonoro para anuncios televisivos.

De gran importancia es también el desarrollo en base a su construcción. Almería se convierte en el lugar donde Antonio Torres junto con la colaboración de Julián Arcas se reestructura físicamente la guitarra actual que se expande por todo el siglo XX. Podemos destacar a Andrés Segovia o al murciano Narciso Yepes como exponentes de la guitarra a nivel mundial durante esta centuria.

Este trayecto largo y variante va a ofrecer una serie de variaciones de suma importancia para diversos conceptos a nivel estético musical, pudiendo encontrar disparidades de la guitarra. En Estados Unidos, Orville Gibson readaptó la guitarra clásica con cuerdas de acero, dando origen a la guitarra acústica. Este modelo era usado para entonar canciones del western americano a finales del diecinueve, y va a ser la propulsora de la guitarra eléctrica a principios del veinte.

El uso de la guitarra en el fantástico mundo del jazz hizo que a las guitarras de caja huecas se les pusieran unos micrófonos para poder amplificar el sonido y competir en volumen con sus hermanos de concierto. De este modo, se le fueron incorporando unos fonocaptores electromagnéticos que recogían las vibraciones y eran codificadas en pulsos eléctricos que se mandaban a un amplificador de sonido. De este modo nace la guitarra eléctrica, en la que Leo Fender y la empresa Gibson, con la colaboración del guitarrista Les Paul, tuvieron un papel de importancia en su diseño. Estas guitarras pasaron de ser guitarras de cuerpo de caja hueca a ser de material solido, aprovechando las características de la vibración del cuerpo de una pieza o de dos ensambladas.

Otra de las variaciones o diferentes utilidades a las que se le ha dado en España ha sido para el acompañamiento del cante flamenco. Así mismo se logra, en un giro de tuerca más a las posibilidades de este instrumento tan rico, que la guitarra flamenca llegue al concepto de solista, equiparándose a la guitarra de tradición clásica, y situándose gracias sobre todo al grandísimo Paco de Lucía, en la misma posición que otros formatos musicales donde se presenta con un papel principal.

domingo, 20 de septiembre de 2009

La música y el mar

Siempre he sido muy atrevido, y ahora que mi vida pasa por un estado algo extraño, quizás haya llegado el momento de escribir este pequeño ensayo sobre lo que a un músico, nacido cerca del mar, le produce el binomio entre esta y sus composiciones. Reitero lo de osado porque en multitud de veces la incomprensión ronda con fuerza mis sensaciones y pensamientos, así como la percepción que de mis ideas puedan tener los demás. Es una lucha, una revuelta entre lo que creo que debo reflejar y el absurdo “que dirán” de los que me escuchan. Sinceramente, a veces ha sido algo a lo que poca cuenta le he echado, vertiendo mi indiferencia en los estímulos que pudiera originar. Pero la realidad es otra bien distinta; vivimos, como artistas, para y por la apreciación de los que reciben nuestra información, debiéndonos en gran medida a ellos.

Eso no quita que no piense en mis propios incentivos para llevar a cabo una obra musical. El egoísmo propio es también parte de artista. Es más, existen demostraciones palpables de que eso ocurre en todos los niveles de nuestra supervivencia, con lo que si lo extrapolamos al mundo creativo, no debe ser distinto. Aquí, por lo menos en mi caso, es donde entran en juego la totalidad de mis vivencias personales, sirviendo no tan solo como apoyo de ideas, si no como parte dura de mi personalidad y carácter.

Como es lógico, para quien nace, vive y crece cerca del mar, las influencias pueden ser dispares, otorgando una proyección subordinada a diferentes parámetros personales. Pero como bien digo, en mi trayectoria como músico, el mar siempre ha estado muy presente. Me he sentado en la orilla en infinidad de ocasiones para hacerme preguntas sobre cómo sería una composición musical escrita desde la descripción sensitiva que provocan las olas rompiendo sobre la arena. Y las respuestas han sido siempre muy contradictorias y confusas. Eso sí, he aprovechado para captar y memorizar las sensaciones que confieren este tipo de relaciones.

Luego no ha sido difícil trasladarse; al contrario, las sensaciones nemotécnicas han fluido como ríos de lava de un volcán en plena efervescencia. He tenido la posibilidad de contemplar un atardecer en Punta Umbría cada vez que lo querido con fuerza, solo he tenido que proponérmelo. Esas imágenes me han acompañado desde pequeño, y cuando he estado lejos de mi tierra, sólo con un pequeño esfuerzo me he autoproporcionado una emisión de estímulos. Estos me han permitido jugar con la evocación, presentando en seguida un apunte imaginario que me trasladaba.

Del mismo modo, tengo clasificados los días, los meses, las estaciones, los diferentes climas, el sol, la lluvia, la noche, etc., pero todas en el mismo lugar y en el mismo espacio. Puede ser gran dificultad entender todo esto para alguien de interior, pero para nosotros, los que vivimos por aquí, si rebuscamos en nuestro recuerdo, también podemos sustraer de él colores, olores e incluso sabores. Tan solamente hay que poner en pie nuestra propia sensibilidad y llegará sin obstáculo alguno. Pues si esos que ustedes sienten podemos llevarlo al mundo de la expresión, todo tiene otro matiz: más cercano, más real, más posible…

La música es uno de esos formatos que por su condición de ser un lenguaje de facultad abstracta, el ser humano ha utilizado siempre con mayor naturalidad para enunciar lo más hondo de nuestro espíritu. Grandes poetas y literatos, pintores y artistas, han llevado a cabo con gran acierto su visión y declaración sobre el mar. Monet, Sorolla, Alberti, y tantos y tantos autores han conseguido que estemos delante del inmenso mar sin necesidad de estar presentes en el litoral. Incluso, con verdadero acierto, acercarnos a las sensaciones e impresiones que marcaron nuestra particular relación con el inmenso mar.

Lógicamente, para mí la música nos permite un giro de tuerca más. Un viaje astral que facilita y adecua las percepciones y sus emociones hasta un punto enrevesado de entender. El mar lo es todo para quien ha vivido pegado a él. Pero sobre todo es musa, fuente de inspiración, el sitio donde se respira la calma, donde el sonido se hace más profundo, y las olas marcan un ritmo sencillo pero constante, inagotable… y la armonía subyace entre el cielo y el horizonte lejano, en una gama de azules y verdes inagotables.

Si tienen la oportunidad, vean la película “La leyenda del pianista en el océano” de Giuseppe Tornatore, con la increíble música de Ennio Morricone, basada en la novela “Novecento” de Alessandro Baricco, y podrán comprobar cómo la música y el mar tienen mucho más que ver entre ellas de lo que nos planteamos.

¡Qué difícil es hacer música…!

Y más en Huelva… y ya no digamos en tiempo de crisis. Un gran músico onubense, pero que obviamente está fuera de su tierra, me decía hace poco que “cuando la economía cae, la cultura se estrangula”. Cuánta razón en esas palabras para identificar la situación actual del arte. Aun así, la música se mantiene viva, e indagará caminos por los que expresarse. Es como la vida, no hay quien pueda con ella.

Los recursos que en otros momentos se ofrecieron, ahora escasean, y todos aquellos antes se aprovecharon bien de la bonanza, se limitaron a despilfarrar en gastos culturales en vez de dirigirlos en bien educar. Se dedicaron a sacar tajada y hacer negocio de algo que, por la naturaleza humana, pertenece al hombre por propio derecho. El generoso mundo de las discográficas, las agencias de contratación y muchos de los propios músicos, no se percataron de lo que estaban haciendo mientras llenaban sus bolsillos. La divulgación de un sistema basado en la indulgencia del que parece que hace música, ha cultivado a multitud de personajes y estrellitas parcos en capacidades artísticas y con la única búsqueda de dinero y fama.

Eso de grabar un disco, dar un concierto o codearse con adjetivos rimbombantes sin aparente esfuerzo se puso tan de moda que a cualquiera al que se le pasase por la cabeza hacer música a niveles profesionales y encima adornado con un bonito programa de televisión, podía hacerlo casi sin problema. Me refiero a la gran partida de intrusos que han merodeado y que incluso todavía alguno con espíritu ciertamente romántico se plantea actualmente. La música no es un simple juego: es una profesión tan digna y trabajosa como la que más. Incluso me atrevería a afirmar que no hay ninguno de los estudios reglados en este país que sean tantos años como los que se cursan en un conservatorio de música.

Mientras la ingenuidad de la mayoría de las sociedades occidentales han servido de apoyo a cuestiones puramente consumistas, los verdaderos artistas se han apagado en sus propios talentos y en sus capacidades, siendo la mayoría de ellos proscritos o perseguidos por tener un lenguaje musical propio, entre otras características. Se les ha tratado como prófugos, como si hubieran cogido el camino incorrecto. La segunda mitad del siglo XX en ese sentido ha sido un verdadero caos; sólo se ha partido desde el punto de vista del arte como producto de compra venta, sin valorar los beneficios que realmente hay que tener en cuenta. Una tomadura de pelo al puro estilo empresarial.

A todo esto le agregamos el convencimiento generalizado de lo que el saber popular entiende por música. Hasta hace poco esta sabiduría del pueblo era pura, sin ningún tipo de condicionante. En la actualidad, los medios de masas tienen acaparada la educación a todos los niveles. Eso sí, ¿de qué tipo de educación estamos hablando? Pues de la que más se adecue a sus intereses. Es habitual observar de manera objetiva como las cadenas televisivas y radiofónicas basan sus programaciones en suculentos negocios publicitarios: eso lo vemos todos. Pero para poder exigir que las empresas fijen sus objetivos en promocionarse en sus emisoras tienen que tener una audiencia potente, entrando aquí en juego todas las intenciones manipuladoras que puedan utilizar. Y la música, por añadidura, vive una situación similar: ¿Qué música se vende? ¿La qué se quiere escuchar? ¿O la qué por narices escuchamos y nos someten en el sistema?

El concepto que se tiene de la facilidad para llegar a realizar una obra de arte es algo desacertado. Pienso que todos tenemos la capacidad para lograr expresarnos a través del arte en una medida personal y propia, incluso única me atrevería a decir. Pero lograr cierto nivel a la hora de interpretar o componer música necesita algo más que querer, y no me refiero a lo que todo el mundo conoce como talento, si no al trabajo y al esfuerzo que hay que dedicar para alcanzar cierto grado de merecimiento.

Beethoven decía que al 98% de la expresión artística se accedía a través del trabajo, pero hay quien cree que puede acceder sin el más mínimo esfuerzo. Aunque lo peor es quien se lo permite, sin valoraciones criticas y sin juicios de valor, exclusivamente porque nos atormentan diariamente con una canción, con un anuncio televisivo o con una película. La crítica no es mala si se hace con conciencia y nuestra propia razón; no dejemos que otros piensen por nosotros y nos digan quienes son músicos y quiénes no. Detrás de todo esto se mueven tantos intereses que no les permiten valorar si algo tiene o no calidad; les priman solo las sugestiones económicas.

Amados Beatles

Por enésima vez se vuelve a estirar la mediática vida musical de los cuatro muchachos más famosos de Liverpool. Toda su discografía se ha mejorado digitalmente a través de un nuevo sistema sonoro denominado “Cedar Audio Cambridge” que consiste en la restauración del audio original de todo tipo de imperfecciones, ruidos y la sensación del sonido analógico. Un milagro total de la era digital.

Escuchar “Love me do” o “Let it be” con la sonoridad actual a mí, personalmente, me resulta extraño. No deja de ser interesante como la aplicación de las nuevas tecnologías hacen un autentico prodigio con grabaciones analógicas básicas. Pero para los que nacimos y crecimos con el vinilo, las sensaciones son insólitas. Si bien hemos progresado con este desarrollo tecnológico, también hemos escuchado siempre diferentes sonoridades dependiendo de cuando se realizaron las grabaciones.

Desde que mi querido Pepe Barros me enseñara a amar a la banda más influyente de la música de los últimos cincuenta años, tenía asimilado de escuchar a The Beatles con la sensación del estéreo grabado en los simples “cuatro pistas”. Existe un traslado emocional auditivo muy concreto, nada que ver con lo que habitualmente nos da hoy las plataformas informáticas de audio. Para el melómano es tan diferente, que el simple hecho de escuchar un Cd de las primeras remasterizaciones de mediados de los noventa ya resultó raro.

Ciertamente, que se escuchen en una plataforma u otra a los que adoramos su música nos da igual. The Beatles está por encima de todo eso. Se reanuda otra nueva campaña comercial encaminada a la temporada de otoño – invierno que culmina con el período navideño para hacer que la empresa sea rentable. Incluso se ha desarrollado un videojuego, algo que para los verdaderos seguidores ya les puede quedar hasta un poco lejos. La repercusión de la banda en infinidad de músicos de todo el mundo hace que todo sea demasiado atractivo, pero se echa de menos otro tipo de proposiciones que las constantemente económicas.

Desde que a principio de los sesenta se unieran Lennon, McCartney y Harrison, sus canciones han sido la banda sonora de muchas vidas. Ringo Starr llegaría después, como casi todos ustedes saben. Publicaron veintiocho discos entre álbumes y sencillos, logrando infinidad de números uno en las listas de venta de todo el mundo, sacando ediciones en una cantidad increíble de idiomas y propagando un fenómeno jamás vivido. Su música estaba influenciada por el rock and roll americano de los cincuenta, el skiffle, el Tin Pan Alley e incluso el rock psicodélico. Pero todo convergió en una manifestación popular y musical de alto nivel. Y The Beatles ha sido reconocidos como icono fundamental del Pop y del Rock en su máximo exponente.

Sus influencias, no sólo en el terreno musical, si no también en el cultural y social movilizaron a varias generaciones. Sus aportaciones marcaron el camino de músicos, oyentes y hasta políticos. Hay quien los reconoce por su atribución, pero desconoce mucho de ellos y de su música. Con esto quiero decir que una de las cosas que vemos positiva de este nuevo giro de tuerca a su obra musical podría ser aprovechada para que todo aquel que siempre ha querido saber el por qué del hecho Beatles se acerque de manera moderada a ellos. Yo lo hice hace años y los sigo disfrutando desde entonces.

La gran variedad de canciones y de sus mensajes correspondientes, hace de sus más de doscientas composiciones un compendio de multitud de posibilidades sonoras y sensitivas. Su producción incluso se aletarga después, en sus carreras en solitario. Incluso la pronta perdida de Lennon no nos privo de su excelente creación musical durante diez largos años. Y los posteriores intentos de unir a los cuatro componentes inclusive sin la participación física de Lennon, fue un hito en la esperanza de volverles a ver haciendo música juntos. Algo grande, no cabe duda, aunque sea digitalizado.

Pero aunque todo se remueve, cincuenta años después, me quedo con pensar que cada vez que los escucho vivo una época que por edad no me toco vivir. Tengo la sensación de haber disfrutado con cada llegada del último lanzamiento de sus discos, de cómo aquí en España pasábamos de puntillas por un periodo de libertad demorada, del crecimiento de una Europa destrozada por la sinrazón, y del abatimiento de los lugares pobres por las grandes naciones, que de grandes solo tienen en el sentido económico. Es un puro regocijo escucharlos y sentir que viajo en el tiempo, un tiempo que nunca viví, pero al que puedo viajar cada vez que acerco a mis oídos la música de The Beatles.