Es vertiginoso observar desde la lejanía de los siglos, como la música pervivió durante tantísimo tiempo solo con la invocación de motivaciones religiosas o el uso para todo tipo de eventos fervorosos y doctrinales. Ahora, el porcentaje de creación e interpretación en estas aplicaciones se alejan en una media proporcional al crecimiento de las consideradas manifestaciones musicales profanas. Es por lo que en estos términos se puede asimilar un lugar de oposición entre ambas, pero promovidas desde la carencia e ideología de corte religioso, ya que todo lo profano es aquello que no es temática o tiene cierta relación con las expresiones de creencias religiosas.
No puedo considerarme un experto de estas cuestiones, pero es prácticamente imposible hacer un estudio musicológico de cualquier aspecto, técnica o dato histórico sin beber de estas músicas realizadas exclusivamente para la alabanza a Dios, acciones de gracias o eventos espirituales de gran pragmatismo social. Está claro que hablamos de música occidental y de su sistema de organización y expresión musical. Enfrascarnos o acercarnos a otros sistemas sería una autentica locura en todos sus aspectos.
La influencia de tantos y tantos progresos y desarrollos musicales a todos los niveles beben inexorablemente de lo que podemos comentar como tradición musical religiosa. Y aunque el debate de la existencia o no de que otras estéticas musicales cohabitaran en la misma época de total primacía, es algo más que aventurarse y correr el riesgo de equivocarse ante algo sin la mínima seguridad de saberlo. Lo que es indiscutible es que hasta hoy día lo que ha llegado hasta nosotros es aquella música que se cuidó con mimo para ser traspasada a otras generaciones sin la necesidad exclusiva de la tradición oral. Los sistemas de notación musical fueron perfeccionándose, salvaguardando unos pocos tratados y obras durante casi toda la edad media.
Instigados, quizás, por San Gregorio Magno, se puso fin a numerosas tradiciones musicales religiosas por casi toda Europa, aunándose todas bajo un criterio único que se estableció con la idea de uniformar toda la liturgia sacramental. Lo poco que se nos ha legado de los cantos galicano, mozárabe o ambrosiano, ha quedado como algo anecdótico e incompleto, incluso sin la certeza de su autenticidad por lo difícil de identificar algo agravado por el paso del tiempo.
A partir del siglo XI y con las primeras experiencias polifónicas, el organum y el discantus comienzan a ganar en fundamentación gracias a los maestros de la escuela de Notre Dame de Paris, Leonin y Perotin. Las formas más usadas van a ser la misa, motetes y responsorios. El posterior desarrollo de la polifonía en todos sus estamos, sin embargo, va a ser protagonizada por los maestros de la escuela flamenca de Cambray. Es desde este momento en el que podemos hablar de una música religiosa hecha con la categoría que se merece. Josquin Des Prez y Ockengen van a representar la culminación de estas obras.
Llegados a este punto de la historia, la contrarreforma ordenada por el Vaticano ante la sublevación de Lutero en Alemania, va a suponer un espaldarazo definitivo a la música religiosa. Durante el Concilio de Trento (1545 – 1563), fue designado al ilustre músico italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina, que junto con los españoles Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales y el sevillano Francisco Guerrero representaron el cenit de aquel momento histórico. Del otro lado, encontramos a toda una rama de compositores alemanes que culmina con el grandísimo Juan Sebastián Bach. A partir de estos instantes, la mayoría de los compositores van a mantener una dualidad en su repertorio creativo, entre la música profana y la religiosa. De este modo, Händel y Vivaldi en época barroca, Mozart y Beethoven durante el clasicismo, Mendelssohn, Bruckner y también Faure en el siglo XIX, compaginaron con maestría ambas tradiciones: religiosa y profana.
En la actualidad el concepto de música religiosa ha quedado totalmente relegado a la posición modesta y de composición eventual a la que se ha visto pospuesta. Incluso podemos comprobar cómo en el intento de una nueva apertura en la búsqueda de una regeneración del material sonoro, de color y tímbrico, ha evolucionado desde el plano más cercano a técnicas y formas de la música denominada profana.
De este modo, solo podemos encontrar nuevas creaciones musicales de origen religioso, en aquellos eventos específicos donde la costumbre y el hábito social lo han hecho parte inherente de la manifestación. Incluso existe cierta concomitancia con cuestiones paganas o del orden humano, dejando de lado su componente místico y estricto.
domingo, 28 de marzo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
La necesidad de cultura
Hace unos días, encontraba una interesante fuente de inspiración en las palabras sabias de los que luchan día a día por el mundo de la cultura. No es de recibo bajar nunca los brazos en este asunto, ya que como versa el dicho “el conocimiento os hará libres”. No hay verdad sin saber, no hay realidad si sólo nos basamos en cuestiones materiales y egoístas, no hay mañana sin saber que pasó ayer, y por supuesto, no hay vida sin tener juicio ni valoración crítica. Y para todo esto hay que tener los instrumentos necesarios para ello.
Partiendo de la base de que la cultura se encuentra en uno de los últimos estadios de la famosa pirámide de Maslow, en cuanto a necesidades humanas, las sociedades en las que las cuestiones primarias están cubiertas pasan a sufragar otra serie de condiciones, deben ejercer una serie de actividades para lograr satisfacer a estas. Pero en el caso de nuestra sociedad, el problema reside en el uso correcto de dicho entendimiento. La preparación y la educación que a los individuos del grupo se les oferta, en una colectividad de consumo como en la que hemos llegado a caer, en muchos casos es rechazada por poco efectiva a nivel económico.
Esto es un error de grandes magnitudes, donde lo que se llena es el bolsillo y la panza pero nada más lejano a eso. Leía hace poco a Pérez Reverte achacando esta situación al analfabetismo que sufrimos en España como mal endémico desde hace generaciones. Comentaba de manera acertada que “no duele España, sino su incultura, esa que propaga la falta de un espíritu crítico”, asegurando que “un país inculto es un país sin mecanismos de defensa”.
Es el colmo del necio el que escucha o lee estas palabras y hace oídos sordos; es la ignorancia del arrogante el que cree que sin cultura se puede existir; es el atrevimiento del que no sabe el que hace que las cuestiones realmente interesantes queden relegadas por otras de menor orden en importancia; es de estúpidos satirizar a quien da cobertura a la educación y a la cultura; es de locos creer en un mundo basado en asuntos materiales y razones económicas; y por supuesto, es de tener poca identidad el seguir la dictadura de aquellos que se identifican como líderes de la nada.
La lucha persistirá durante siglos, porque siempre existirá quien, por intereses personales, quieran hacernos ver que sus alicientes serán más productivos que los que otorga el saber, la educación y el arte. En cuantas ocasiones, diría que miles, los comentarios de una conversación agradable se han tornado en hipocresía y demagogia cuando se habla de estos parámetros. Es una osadía verdadera hacerles ver a estos tiburones de las financias y de lo tangible, como la creencia de una vida desde otro punto de vista nos podría otorgar algo más que prestigio.
Porque esta es la parte simpática del asunto: luego todos aseveramos con la cabeza cuando tratamos del tema de manera afirmativa. Pero, ¿qué es lo que hacemos al respecto? ¿Es suficiente con decir que estamos de acuerdo? Si la realidad es que nuestra vida es un cumulo de despropósitos donde la primera demanda es nuestro ombligo, y a partir de ahí, poco más. Cuando alguien abandera esta contienda por la libertad en el aprendizaje y en el acceso a la cultura de todas las almas sociales, ¿se les apoya con fuerza e real interés? La respuesta es no… rotundamente no.
El vacio y la soledad constante por parte de las comunidades profesionales que se dedican a este asunto son tremendos en estructuras y formas. No existe un apoyo sincero y no justificado. Siempre acaecen otros alicientes en segundo plano que hacen dudar de la veracidad de quien apoya estos debates. Y si hablamos de políticas en este sentido y de sus gestores puestos en esas disposiciones por sus partidos, pues apaga y vámonos.
Lo más curioso es que encima, se preguntan de la rentabilidad de la cultura como negocio. Es el acabose. Llegados a este punto todo se derrumba como un castillo de naipes. La tristeza de toda una vida de dedicación por parte de tantos y tantos luchadores de la creencia de que la cultura es la base de la socialización humana, cae de manera estrepitosa.
Pues no debemos flaquear en este asunto. La cultura es del pueblo y para el pueblo; no hay bien más rico, ni posibilidad más atractiva y útil para el ser humano que ser rico en conocimientos. Es algo sin precio, pero con un valor incalculable. Algún sabio popular me refería esto hace poco, que las cosas que no tienen precio no significa que no tengan valor, sino al contrario: son muchas las fortunas que se asientan en las riquezas que no todo el mundo puede ver, o incluso no tener.
Partiendo de la base de que la cultura se encuentra en uno de los últimos estadios de la famosa pirámide de Maslow, en cuanto a necesidades humanas, las sociedades en las que las cuestiones primarias están cubiertas pasan a sufragar otra serie de condiciones, deben ejercer una serie de actividades para lograr satisfacer a estas. Pero en el caso de nuestra sociedad, el problema reside en el uso correcto de dicho entendimiento. La preparación y la educación que a los individuos del grupo se les oferta, en una colectividad de consumo como en la que hemos llegado a caer, en muchos casos es rechazada por poco efectiva a nivel económico.
Esto es un error de grandes magnitudes, donde lo que se llena es el bolsillo y la panza pero nada más lejano a eso. Leía hace poco a Pérez Reverte achacando esta situación al analfabetismo que sufrimos en España como mal endémico desde hace generaciones. Comentaba de manera acertada que “no duele España, sino su incultura, esa que propaga la falta de un espíritu crítico”, asegurando que “un país inculto es un país sin mecanismos de defensa”.
Es el colmo del necio el que escucha o lee estas palabras y hace oídos sordos; es la ignorancia del arrogante el que cree que sin cultura se puede existir; es el atrevimiento del que no sabe el que hace que las cuestiones realmente interesantes queden relegadas por otras de menor orden en importancia; es de estúpidos satirizar a quien da cobertura a la educación y a la cultura; es de locos creer en un mundo basado en asuntos materiales y razones económicas; y por supuesto, es de tener poca identidad el seguir la dictadura de aquellos que se identifican como líderes de la nada.
La lucha persistirá durante siglos, porque siempre existirá quien, por intereses personales, quieran hacernos ver que sus alicientes serán más productivos que los que otorga el saber, la educación y el arte. En cuantas ocasiones, diría que miles, los comentarios de una conversación agradable se han tornado en hipocresía y demagogia cuando se habla de estos parámetros. Es una osadía verdadera hacerles ver a estos tiburones de las financias y de lo tangible, como la creencia de una vida desde otro punto de vista nos podría otorgar algo más que prestigio.
Porque esta es la parte simpática del asunto: luego todos aseveramos con la cabeza cuando tratamos del tema de manera afirmativa. Pero, ¿qué es lo que hacemos al respecto? ¿Es suficiente con decir que estamos de acuerdo? Si la realidad es que nuestra vida es un cumulo de despropósitos donde la primera demanda es nuestro ombligo, y a partir de ahí, poco más. Cuando alguien abandera esta contienda por la libertad en el aprendizaje y en el acceso a la cultura de todas las almas sociales, ¿se les apoya con fuerza e real interés? La respuesta es no… rotundamente no.
El vacio y la soledad constante por parte de las comunidades profesionales que se dedican a este asunto son tremendos en estructuras y formas. No existe un apoyo sincero y no justificado. Siempre acaecen otros alicientes en segundo plano que hacen dudar de la veracidad de quien apoya estos debates. Y si hablamos de políticas en este sentido y de sus gestores puestos en esas disposiciones por sus partidos, pues apaga y vámonos.
Lo más curioso es que encima, se preguntan de la rentabilidad de la cultura como negocio. Es el acabose. Llegados a este punto todo se derrumba como un castillo de naipes. La tristeza de toda una vida de dedicación por parte de tantos y tantos luchadores de la creencia de que la cultura es la base de la socialización humana, cae de manera estrepitosa.
Pues no debemos flaquear en este asunto. La cultura es del pueblo y para el pueblo; no hay bien más rico, ni posibilidad más atractiva y útil para el ser humano que ser rico en conocimientos. Es algo sin precio, pero con un valor incalculable. Algún sabio popular me refería esto hace poco, que las cosas que no tienen precio no significa que no tengan valor, sino al contrario: son muchas las fortunas que se asientan en las riquezas que no todo el mundo puede ver, o incluso no tener.
domingo, 14 de marzo de 2010
La música no es un juego
“Hoy me he levantado con ganas de guerrear”... Esto lo podrían pensar todos aquellos que viven el arte desde la barrera del espectador y no me conocen. Aviso a navegantes antes de seguir leyendo: no voy a callarme ninguno de los sentimientos que están floreciendo en mí mientras escucho uno de los tantos conciertos que se dan por nuestra extensa geografía. Pueden especular con riesgo a equivocarse, de que coloco por delante de mi razón a mis emociones. A su favor decir que intentaré por todos los medios estar cercano a la objetividad que me permiten mis años de estudio y las experiencias musicales que he tenido la suerte de ir ganando en los escenarios de medio mundo que he tenido el privilegio de pisar.
Soy de los que asume el papel inherente de la música en la actividad cotidiana; de que se pueden y se deben usar todos los recursos que el arte nos facilita como cuestión cercana al propio ejercicio de disfrute personal, a través del ocio, la propia afición o el hecho de complacerse de la música como algo cercano. Es más, defiendo desde el sentido educativo y personal, que todos debemos, si nos apetece, poder explotar tan magnífica posibilidad para expresarnos con un lenguaje único.
Pero llegados a este punto, quisiera trazar una línea lo suficientemente gruesa entre las manifestaciones a nivel popular hechas por simples aficionados y esa misma dirección pero realizada desde el conocimiento. Me reitero que no hay nadie que pueda otorgar o juzgar el poder usar la música como vehículo para alcanzar la expresión; cada palo que aguante su vela.
Y aunque hay buenas tentativas en acercarse, es realmente patético el tanteo de algunos por hacer y desarrollar ciertos tipos de espectáculos. Con la ilusión por bandera, incuestionables buenos contactos y la ignorancia del que escucha por amistad, si buscamos bien, obtenemos los resultados deseados. Algunos incluso podrían fletar un avión con sus fans más osados, los que le siguen por cariño y por su afecto. Sí, esos que siguen manteniendo la dicha de la utopía de que es posible llegar a ser número uno en los cuarenta sin la necesidad de pagar o venderse.
Pido perdón públicamente, por mi política de no permitir – lógicamente a título personal – gente que no hace las cosas como deben, y de ser intransigente. En el mundo creativo e interpretativo en materia musical, parece que todo es válido. Pues con sinceridad y cariño, rotundamente no. Me niego a escuchar a quien hace música porque así le sale de dentro. Si a alguien le sale de dentro, que por favor se formen bien antes, para que de esta manera, lo que salga tenga un sentido real, no un simple devenir de ideas a nivel personal.
Podrán enfocar, y están es su relativo derecho, toda esta disertación desde algún tipo de sensación propia e imaginativa. Pero les aseguro que no estoy personificando ni argumentándome en nada en particular. Estoy intentando referirme a un concepto general muy propenso en Huelva. Es triste tener esta impresión, pero existe en mi constante reflexión cuando veo a gente aficionada intentando estar en el lugar de los verdaderos profesionales.
El problema no existe cuando estos intentan usurpar el lugar que no les corresponde, sino de todos aquellos que luego sin la más mínima intención por hacer triunfar a la coherencia, apoyan falsas teorías lanzadas por los medios, los programas de turno o simplemente los amigos. Y no digamos de los que se colocan luego las medallas y abanderan el “yo soy la música en Huelva”.
Toda una vida dedicada a la música no puede tener la poca estima y tan corta percepción de seriedad que algunos se empeñan en desmoronar. La lucha por colocar en su merecida posición a la música como arte y como lenguaje expresivo, es frívolamente tratada por todo aquel que juega con ritmo y melodías de manera impasible. Es una falta de respeto de tremendas magnitudes la que estos señores del “hágalo usted mismo” plantean como novio de modas y suculentos billetajes.
Se entiende que todo aquel que hace música busca el beneplácito de los demás. Pero en la mayoría de las ocasiones, el sentido de lo bien hecho que se posee es proporcional al atrevimiento. Huyendo de la arrogancia que pueden dar a entender estas palabras, les aseguro que cada vez que un músico se pone a tocar delante de cualquier público, debe haber mantenido una estrecha relación con horas de trabajo y gran esfuerzo. Es por todo esto, por lo que a veces tengo la sensación de que algunos utilizan dicha teoría para reírse aun más si cabe de quien se cultiva, funciona y se entrega para conseguir algo que realmente merezca la pena.
Soy de los que asume el papel inherente de la música en la actividad cotidiana; de que se pueden y se deben usar todos los recursos que el arte nos facilita como cuestión cercana al propio ejercicio de disfrute personal, a través del ocio, la propia afición o el hecho de complacerse de la música como algo cercano. Es más, defiendo desde el sentido educativo y personal, que todos debemos, si nos apetece, poder explotar tan magnífica posibilidad para expresarnos con un lenguaje único.
Pero llegados a este punto, quisiera trazar una línea lo suficientemente gruesa entre las manifestaciones a nivel popular hechas por simples aficionados y esa misma dirección pero realizada desde el conocimiento. Me reitero que no hay nadie que pueda otorgar o juzgar el poder usar la música como vehículo para alcanzar la expresión; cada palo que aguante su vela.
Y aunque hay buenas tentativas en acercarse, es realmente patético el tanteo de algunos por hacer y desarrollar ciertos tipos de espectáculos. Con la ilusión por bandera, incuestionables buenos contactos y la ignorancia del que escucha por amistad, si buscamos bien, obtenemos los resultados deseados. Algunos incluso podrían fletar un avión con sus fans más osados, los que le siguen por cariño y por su afecto. Sí, esos que siguen manteniendo la dicha de la utopía de que es posible llegar a ser número uno en los cuarenta sin la necesidad de pagar o venderse.
Pido perdón públicamente, por mi política de no permitir – lógicamente a título personal – gente que no hace las cosas como deben, y de ser intransigente. En el mundo creativo e interpretativo en materia musical, parece que todo es válido. Pues con sinceridad y cariño, rotundamente no. Me niego a escuchar a quien hace música porque así le sale de dentro. Si a alguien le sale de dentro, que por favor se formen bien antes, para que de esta manera, lo que salga tenga un sentido real, no un simple devenir de ideas a nivel personal.
Podrán enfocar, y están es su relativo derecho, toda esta disertación desde algún tipo de sensación propia e imaginativa. Pero les aseguro que no estoy personificando ni argumentándome en nada en particular. Estoy intentando referirme a un concepto general muy propenso en Huelva. Es triste tener esta impresión, pero existe en mi constante reflexión cuando veo a gente aficionada intentando estar en el lugar de los verdaderos profesionales.
El problema no existe cuando estos intentan usurpar el lugar que no les corresponde, sino de todos aquellos que luego sin la más mínima intención por hacer triunfar a la coherencia, apoyan falsas teorías lanzadas por los medios, los programas de turno o simplemente los amigos. Y no digamos de los que se colocan luego las medallas y abanderan el “yo soy la música en Huelva”.
Toda una vida dedicada a la música no puede tener la poca estima y tan corta percepción de seriedad que algunos se empeñan en desmoronar. La lucha por colocar en su merecida posición a la música como arte y como lenguaje expresivo, es frívolamente tratada por todo aquel que juega con ritmo y melodías de manera impasible. Es una falta de respeto de tremendas magnitudes la que estos señores del “hágalo usted mismo” plantean como novio de modas y suculentos billetajes.
Se entiende que todo aquel que hace música busca el beneplácito de los demás. Pero en la mayoría de las ocasiones, el sentido de lo bien hecho que se posee es proporcional al atrevimiento. Huyendo de la arrogancia que pueden dar a entender estas palabras, les aseguro que cada vez que un músico se pone a tocar delante de cualquier público, debe haber mantenido una estrecha relación con horas de trabajo y gran esfuerzo. Es por todo esto, por lo que a veces tengo la sensación de que algunos utilizan dicha teoría para reírse aun más si cabe de quien se cultiva, funciona y se entrega para conseguir algo que realmente merezca la pena.
domingo, 7 de marzo de 2010
Inconmensurable Mayte Martín
Cuantos grandes momentos se sucedieron el pasado viernes en las tablas de nuestro querido Gran Teatro. Qué suerte es volver a sentir como su voz entra de manera desgarrada por todos los sentidos del alma. Como de fácil hace trasladarnos a épocas de reminiscencias pasadas, a otras motivaciones temporales, removiendo sensaciones y tradiciones musicales tan profundas que arrancan desde nuestra propia cultura. No se ha escuchado ni percibido en toda la historia del flamenco tanta armonía en la expresión musical más presente en todo el pueblo andaluz.
Es curioso cómo se puede beber desde la propia raíz, aunque tus vivencias estén en otro lugar. Mayte Martín nace en Barcelona en 1965. Su afán, casi obsesivo, por el flamenco, arranca desde muy joven participando en multitud de actividades en peñas y centros flamencos de Cataluña. Su carrera ha sido un difícil camino, siendo parte de la importante apertura del flamenco para artistas de su misma región, la mayoría de ellos con una herencia andaluza familiar. Como por ejemplo, el últimamente galardonado con varios premios nacionales de la música Miguel Poveda.
Llegamos un poco tarde al concierto, unos cinco minutos. Pero, sinceramente, la sorpresa que nos otorgó el público de Huelva fue de lo más gratificante. Al intentar acceder al patio de butacas, observamos cómo no quedaba ningún asiento libre. Solamente localizamos un par de butacas en la platea principal, donde encontramos un pequeño hueco para poder disfrutar de la audición. La respuesta de los espectadores onubenses a la convocatoria fue espectacular. El teatro estaba lleno. Y la mayor de las satisfacciones fue encontrar a todo tipo de personas en el evento, dejando estereotipos e idiosincrasias al margen, llegando a un acercamiento general de disfrute y disponibilidad.
Y aunque en la actualidad, el concepto sobre el flamenco es diferente – quizás más artístico – no debemos renegar del verdadero sentido que origino tan magnífica y genuina forma de comunicación. El nacimiento, origen y posterior desarrollo se perpetua en el tiempo gracias a varias cualidades especificas que se mezclan entre lo social y lo musical, pero dejando este segundo apartado como un simple vehículo para poder expresarse, omitiendo en muchos casos el cuidado que hay que prestar para hacer música. Es decir, que se valora mucho más el gesto y la acción que la capacidad musical del hecho en sí.
El flamenco es un modelo de expresión musical con unas características muy concretas, siendo participe de un concepto de música popular en todas sus particularidades. Las formas de manifestación son muy concretas y especificas, fácilmente reconocible por su uso de armonía modal y esos giros tonales tan ricos, en grandes distancias rítmicas entre intervalos de diversa altura. Estamos acostumbrados, sobre todo en nuestra zona, a clasificar la escucha de estas entonaciones flamencas desde un punto de vista más humano y menos artístico. El flamenco es más una cuestión social, como una posibilidad de lenguaje práctico entre gente de un mismo grupo común.
Pues bien, Mayte Martín es capaz de recorrer toda esa gama de sonidos y alturas con un dominio musical impresionante. Pone al servicio de esta demostración, un gusto y una estética de considerables magnitudes. Su voz pasea por un mundo de sensaciones, usando dinámicas y matices con una maestría y saber que jamás se había presentado en la extensa vida del flamenco. Incluso en sus experiencias musicales cuenta con el coqueteo que mantuvo con otras formas estilísticas como el bolero y el jazz. Es de una apreciación digna su disco con el gran pianista Tete Montoliu, obteniendo multitud de premios y otorgando un nuevo movimiento a su trayectoria.
No es un artista muy prodigada en trabajos discográficos, sino que más bien su trabajo consiste en producir espectáculos de directo. Aun así es muy recomendable, a parte del disco “Free Boleros” (1996) con Montoliu, la grabación “Querencia” (2000), donde podemos encontrar temas desde el más puro, y otros a medio camino entre el flamenco y la balada. Nos referimos al corte “Ten cuidao”, donde se pone de manifiesto una literatura digna de un enorme tema, llegando a tener en su momento, una repercusión mediática muy interesante.
Huelva volvió a vibrar con Mayte Martín, y espero que no sea la última. Es una cantaora muy apreciada por estos lares, tal y como ha quedado demostrado en sus visitas a nuestra provincia. Y aunque de vez en cuando, pongo alguno de sus discos para mi regocijo personal, lo que más me satisface es poder sentirla en sus conciertos. Menos mal que en estos tiempos de mediocridad musical, alguien es capaz de hacer remover en mi, toda afectividad y emoción.
Es curioso cómo se puede beber desde la propia raíz, aunque tus vivencias estén en otro lugar. Mayte Martín nace en Barcelona en 1965. Su afán, casi obsesivo, por el flamenco, arranca desde muy joven participando en multitud de actividades en peñas y centros flamencos de Cataluña. Su carrera ha sido un difícil camino, siendo parte de la importante apertura del flamenco para artistas de su misma región, la mayoría de ellos con una herencia andaluza familiar. Como por ejemplo, el últimamente galardonado con varios premios nacionales de la música Miguel Poveda.
Llegamos un poco tarde al concierto, unos cinco minutos. Pero, sinceramente, la sorpresa que nos otorgó el público de Huelva fue de lo más gratificante. Al intentar acceder al patio de butacas, observamos cómo no quedaba ningún asiento libre. Solamente localizamos un par de butacas en la platea principal, donde encontramos un pequeño hueco para poder disfrutar de la audición. La respuesta de los espectadores onubenses a la convocatoria fue espectacular. El teatro estaba lleno. Y la mayor de las satisfacciones fue encontrar a todo tipo de personas en el evento, dejando estereotipos e idiosincrasias al margen, llegando a un acercamiento general de disfrute y disponibilidad.
Y aunque en la actualidad, el concepto sobre el flamenco es diferente – quizás más artístico – no debemos renegar del verdadero sentido que origino tan magnífica y genuina forma de comunicación. El nacimiento, origen y posterior desarrollo se perpetua en el tiempo gracias a varias cualidades especificas que se mezclan entre lo social y lo musical, pero dejando este segundo apartado como un simple vehículo para poder expresarse, omitiendo en muchos casos el cuidado que hay que prestar para hacer música. Es decir, que se valora mucho más el gesto y la acción que la capacidad musical del hecho en sí.
El flamenco es un modelo de expresión musical con unas características muy concretas, siendo participe de un concepto de música popular en todas sus particularidades. Las formas de manifestación son muy concretas y especificas, fácilmente reconocible por su uso de armonía modal y esos giros tonales tan ricos, en grandes distancias rítmicas entre intervalos de diversa altura. Estamos acostumbrados, sobre todo en nuestra zona, a clasificar la escucha de estas entonaciones flamencas desde un punto de vista más humano y menos artístico. El flamenco es más una cuestión social, como una posibilidad de lenguaje práctico entre gente de un mismo grupo común.
Pues bien, Mayte Martín es capaz de recorrer toda esa gama de sonidos y alturas con un dominio musical impresionante. Pone al servicio de esta demostración, un gusto y una estética de considerables magnitudes. Su voz pasea por un mundo de sensaciones, usando dinámicas y matices con una maestría y saber que jamás se había presentado en la extensa vida del flamenco. Incluso en sus experiencias musicales cuenta con el coqueteo que mantuvo con otras formas estilísticas como el bolero y el jazz. Es de una apreciación digna su disco con el gran pianista Tete Montoliu, obteniendo multitud de premios y otorgando un nuevo movimiento a su trayectoria.
No es un artista muy prodigada en trabajos discográficos, sino que más bien su trabajo consiste en producir espectáculos de directo. Aun así es muy recomendable, a parte del disco “Free Boleros” (1996) con Montoliu, la grabación “Querencia” (2000), donde podemos encontrar temas desde el más puro, y otros a medio camino entre el flamenco y la balada. Nos referimos al corte “Ten cuidao”, donde se pone de manifiesto una literatura digna de un enorme tema, llegando a tener en su momento, una repercusión mediática muy interesante.
Huelva volvió a vibrar con Mayte Martín, y espero que no sea la última. Es una cantaora muy apreciada por estos lares, tal y como ha quedado demostrado en sus visitas a nuestra provincia. Y aunque de vez en cuando, pongo alguno de sus discos para mi regocijo personal, lo que más me satisface es poder sentirla en sus conciertos. Menos mal que en estos tiempos de mediocridad musical, alguien es capaz de hacer remover en mi, toda afectividad y emoción.
domingo, 28 de febrero de 2010
Un domingo cualquiera
La noche del jueves pasado era ciertamente desapacible. No estamos, por estos lares, acostumbrados a tanta agua y a tanta lluvia. Y es que llevamos una época un poco extraña y cíclica, donde pasamos los días con cierta decadencia moral y emocional debida a lo gris de las nubes. Pero con ganas de salir de la monotonía de las mismas paredes, y sabiendo que desde el área de extensión cultural de nuestra Universidad y con el apoyo de la concejalía de Cultura, las programaciones deparan más satisfacciones que disgustos, me arme de valor y tome, como se dice “carretera y manta”.
Allí me planté, en el coliseo de nuestra ciudad: el Gran Teatro de Huelva. Y aunque algunos lo ven como un lugar de inútil interés – ya hablaremos de eso en breve – si se pudiera, debería tener algún acto programado todos los días de la semana, menos uno para descansar sí acaso. Como bien digo, afortunadamente, como sucede en multitud de casos, me predispuse a escuchar una propuesta novedosa para mí y para muchos de los que nos acercamos allí.
Tengo conciencia que Radio 3 está apoyando de gran manera a este nuevo artista y a la banda que presenta en sus conciertos. Así es que, con el entusiasmo y algo de cierto escepticismo, esperé a percibir los primeros temas de Alex Ferreira en las tablas de nuestro teatro para tener una opinión lo más certera y correcta. Por dicha, desde hace bastante tiempo, procuro asistir a este tipo de eventos con la mente abierta y sin prejuicios de valor, con la única idea de intentar acercarme lo máximo posible a la realidad sonora del momento.
Lo hemos comentado en otras ocasiones, pero ya la única idea que me acompañaba y que quizás me atormentaba era la encontrarme el patio de butacas medio vacío, como así ocurrió. Si este artistazo copara los números uno de las listas de los programas de radio fórmula de este curioso país, o fuera tan mediático por sus canciones como por sus amores, estaríamos hablando de que no quedaban entradas desde hace meses.
Pero Alex Ferreira, nacido hace veintiséis años en Santo Domingo, no es un tipo guapo, alto, ni es capaz de hacer gritar a ninguna quinceañera. Eso sí, a lo que se dedica es a hacer música, y les puedo asegurar que quien compre sus trabajos discográficos o lo pueda disfrutar en un escenario, saldrán del concierto o de la sesión de escucha con la idea de haber saboreado música de verdad. Es la historia de siempre: tanto das – económicamente –, tanto vales. Un artista debe ser empresa, y si no, pues al underground. A buscarse las habichuelas…
Llegados a esta altura de la vida, después de tantísimas cosas experimentadas – y las que nos quedan –, ya cada vez nos sorprenden menos cosas. Imagino que es por el hecho de que lo aprendido tiene un valor realmente determinante, aunque no lo demos sitio dentro de nuestra propia conciencia. El hecho es que comente a varios amigos que iba a asistir al concierto de este, por ahora, desconocido para muchos fervientes admiradores del “no sale en los medios, no es bueno”, y la mayoría, con sus prejuicios a cuestas como una losa de cien kilos, llegaron a bromear.
Pues bien, como es difícil demostrarles lo que se perdieron – no así las cercas de cien personas que acudimos –, comentar que Alex Ferreira estreno su reciente trabajo discográfico para todos los presentes con un gusto exageradamente pleno. Realmente este es su primer disco de larga duración, y no creo que sea el último. Lleva por título “Un domingo cualquiera” y antecede a un par de EPs con los que se presento en su momento ante un nuevo público.
Comenzó su trayectoria musical en el centro cultural dominicano “La Casa del Teatro” de Santo Domingo, ganando algunos concursos y compaginando sus escarceos musicales con su carrera universitaria. Pero no hace muchos años, dejó sus estudios para desarrollar una de las ilusiones de su vida, que era la de viajar a España con la única idea de desarrollar su trabajo en un lugar con muchos más horizontes que en la isla caribeña en la nació y creció. Y como el que no arriesga no gana, estamos antes alguien con tantas ganas y fuerza que pronto su nombre tendrá el hueco que, desde el trabajo, consiga.
Voy a parafrasear algo que leí hace poco de él con un acierto exacto y diligente: “Sencillo, pero salpicado de detalles cuidados con esmero. Cotidiano, pero cuajado de guiños profundos y trascendentes. Manteniendo los pies en la tierra, pero de puntillas y rozando el cielo con las manos.” Y ciertamente, este seguidor de artistas tan variopintos como Dylan o Radiohead, se acerca mucho a ser uno de los nuevos referentes en la canción de autor en el exigente mercado discográfico español.
Allí me planté, en el coliseo de nuestra ciudad: el Gran Teatro de Huelva. Y aunque algunos lo ven como un lugar de inútil interés – ya hablaremos de eso en breve – si se pudiera, debería tener algún acto programado todos los días de la semana, menos uno para descansar sí acaso. Como bien digo, afortunadamente, como sucede en multitud de casos, me predispuse a escuchar una propuesta novedosa para mí y para muchos de los que nos acercamos allí.
Tengo conciencia que Radio 3 está apoyando de gran manera a este nuevo artista y a la banda que presenta en sus conciertos. Así es que, con el entusiasmo y algo de cierto escepticismo, esperé a percibir los primeros temas de Alex Ferreira en las tablas de nuestro teatro para tener una opinión lo más certera y correcta. Por dicha, desde hace bastante tiempo, procuro asistir a este tipo de eventos con la mente abierta y sin prejuicios de valor, con la única idea de intentar acercarme lo máximo posible a la realidad sonora del momento.
Lo hemos comentado en otras ocasiones, pero ya la única idea que me acompañaba y que quizás me atormentaba era la encontrarme el patio de butacas medio vacío, como así ocurrió. Si este artistazo copara los números uno de las listas de los programas de radio fórmula de este curioso país, o fuera tan mediático por sus canciones como por sus amores, estaríamos hablando de que no quedaban entradas desde hace meses.
Pero Alex Ferreira, nacido hace veintiséis años en Santo Domingo, no es un tipo guapo, alto, ni es capaz de hacer gritar a ninguna quinceañera. Eso sí, a lo que se dedica es a hacer música, y les puedo asegurar que quien compre sus trabajos discográficos o lo pueda disfrutar en un escenario, saldrán del concierto o de la sesión de escucha con la idea de haber saboreado música de verdad. Es la historia de siempre: tanto das – económicamente –, tanto vales. Un artista debe ser empresa, y si no, pues al underground. A buscarse las habichuelas…
Llegados a esta altura de la vida, después de tantísimas cosas experimentadas – y las que nos quedan –, ya cada vez nos sorprenden menos cosas. Imagino que es por el hecho de que lo aprendido tiene un valor realmente determinante, aunque no lo demos sitio dentro de nuestra propia conciencia. El hecho es que comente a varios amigos que iba a asistir al concierto de este, por ahora, desconocido para muchos fervientes admiradores del “no sale en los medios, no es bueno”, y la mayoría, con sus prejuicios a cuestas como una losa de cien kilos, llegaron a bromear.
Pues bien, como es difícil demostrarles lo que se perdieron – no así las cercas de cien personas que acudimos –, comentar que Alex Ferreira estreno su reciente trabajo discográfico para todos los presentes con un gusto exageradamente pleno. Realmente este es su primer disco de larga duración, y no creo que sea el último. Lleva por título “Un domingo cualquiera” y antecede a un par de EPs con los que se presento en su momento ante un nuevo público.
Comenzó su trayectoria musical en el centro cultural dominicano “La Casa del Teatro” de Santo Domingo, ganando algunos concursos y compaginando sus escarceos musicales con su carrera universitaria. Pero no hace muchos años, dejó sus estudios para desarrollar una de las ilusiones de su vida, que era la de viajar a España con la única idea de desarrollar su trabajo en un lugar con muchos más horizontes que en la isla caribeña en la nació y creció. Y como el que no arriesga no gana, estamos antes alguien con tantas ganas y fuerza que pronto su nombre tendrá el hueco que, desde el trabajo, consiga.
Voy a parafrasear algo que leí hace poco de él con un acierto exacto y diligente: “Sencillo, pero salpicado de detalles cuidados con esmero. Cotidiano, pero cuajado de guiños profundos y trascendentes. Manteniendo los pies en la tierra, pero de puntillas y rozando el cielo con las manos.” Y ciertamente, este seguidor de artistas tan variopintos como Dylan o Radiohead, se acerca mucho a ser uno de los nuevos referentes en la canción de autor en el exigente mercado discográfico español.
domingo, 21 de febrero de 2010
A la Coral Sta. María de la Rábida
Hace tiempo que no recordaba, cuánto tiempo dedique en mi corta trayectoria como músico, la que creo que fue mi aportación a unos de los proyectos musicales más importantes no sólo de Huelva, sino de todo el sur de España. La Coral Santa María de la Rábida no es únicamente una mera agrupación musical, yendo mucho más lejos en sus contribuciones y colaboraciones. Es un orgullo para mí, y estoy seguro que para mucho de los onubenses que pasamos por sus ensayos, haber tenido la dicha de participar de muchas inquietudes musicales compartidas.
Mi querido amigo Moncho Casado, al cual me une ciertas aficiones y otros menesteres, promovía la idea en mí de crear un texto en el que se le diera su sitio a este grupo de personas que dieron mucho por la tradición musical de Huelva, y a la andaluza por extensión. El listado de los lugares y escenarios por donde han paseado el nombre de nuestra provincia es impresionante. No me atrevo de hacer un enumerado concreto, porque son tantas las ciudades del mundo donde han cantado que seguro que aquellas más importantes las omito sin quererlo. Pero sé que Barcelona, Buenos Aires, Paris, Santo Domingo, por decir algunas al azar, han podido vibrar con sus conciertos.
Su repertorio se ha basado en multitud de factores temporales, pero quizás la sección que con mayor arraigo se interpretaba y demandada, es esa especie de fusión entre la música sinfónica y el flamenco que con muy buen acierto siempre se llevó a cabo. Grandes músicos de Huelva han pasado por sus filas, y no digamos ya a los instrumentistas que acompañaron en su momento a dicha empresa. Seguro que me dejo a alguien en el tintero a alguno, pero nombrare, por ejemplo, a José Luis Rodriguez, Jesús Cayuela, Antonio Coronel, Paco Cruzado, Arcángel, José María de Lepe, Eduardo Hernández Garrocho, etc.
Supieron desde sus comienzos aglutinar las tres formas de expresión musical, la expresión vocal, la expresión instrumental y la danza, como expresión corporal. Y grandes bailaores han puesto sus pies y sus tacones a la bella música que desde siempre interpretaron. Como solistas al baile mencionar a mí querida amiga Paqui y a mí dulce Olivia Martín, con las que compartí multitud de momentos de complicidad. Y en el grupo de danzantes, María José, David, Cinta, José Manuel, Fran, Manolo Torroba, entre otros – ya que son muchos los que bailado sus piezas.
De lo que estoy seguro del todo, es del importante e insustituible factor humano que siempre presentan este tipo de manifestaciones culturales. Las relaciones sociales entre los diferentes componentes del grupo hicieron que durante estos más de 30 largos años de música, la Coral se mantuviera viva de verdad. Grandes amigos unidos por un mismo bien común, multitud de historias personales que rodearon los ensayos, los viajes y las audiciones. Cuanto cariño y cuanta amistad se ha movido a nivel personal en mi caso, incluso me enamoré allí de una joven (y creo que ella de mí) llamada Tamara Barros, la cual ha continuado ligada al mundo de la música.
Cuantas personas han dedicado sus ratos libres en participar de la música, en disfrutar de ella y contribuir en su gran apoyo a la noble razón de continuar con la tradición musical del lugar de donde somos. Pues de esto es lo que ha vivido la Coral Santa María de la Rábida durante su larga existencia. De su gente, de su verdadera alma que son todos esos entusiastas del buen cantar y de todo lo relacionado con la música.
Me voy a atrever a dar nombres de aquellos que estuvieron siempre al lado del proyecto, durante un tiempo determinado o bien en un espacio concreto. Ya he citado a varios de sus componentes más notorios para mí, a lo que voy a incluir otros sin orden de trascendencia, como lógicamente supondrán, ya que es algo que no reviste importancia. A Eduardo Castillo, Rosa, Isabel, Nati, Joaquín, Inma, Ana, Ana María Fuentes, Carolina, Sole, Irene, Carmen, Begoña, Mari Carmen, Nicolás, etcétera, y a algunos buenos amigos de Hinojos que siempre colaboraron con su ayuda. Cuantos gratos recuerdos guardo.
Todavía recuerdo la primera vez que los vi, y después cuando José Luis Rodríguez me sugirió la posibilidad, y más tarde Soledad Téllez me comento de empezar a trabajar con ellos, no lo dude lo más mínimo. Creo que llegados a este punto, y como de bien nacidos es ser agradecidos, tengo que solicitarles permiso para corresponder con todos los apoyos y el afecto que desde el primer día me otorgaron. Y a quien me concedió tan magnífica oportunidad, le respondí con creces en seriedad, trabajo y dedicación, tal y como la Coral Santa María de la Rábida como estamento se merecía.
Mi querido amigo Moncho Casado, al cual me une ciertas aficiones y otros menesteres, promovía la idea en mí de crear un texto en el que se le diera su sitio a este grupo de personas que dieron mucho por la tradición musical de Huelva, y a la andaluza por extensión. El listado de los lugares y escenarios por donde han paseado el nombre de nuestra provincia es impresionante. No me atrevo de hacer un enumerado concreto, porque son tantas las ciudades del mundo donde han cantado que seguro que aquellas más importantes las omito sin quererlo. Pero sé que Barcelona, Buenos Aires, Paris, Santo Domingo, por decir algunas al azar, han podido vibrar con sus conciertos.
Su repertorio se ha basado en multitud de factores temporales, pero quizás la sección que con mayor arraigo se interpretaba y demandada, es esa especie de fusión entre la música sinfónica y el flamenco que con muy buen acierto siempre se llevó a cabo. Grandes músicos de Huelva han pasado por sus filas, y no digamos ya a los instrumentistas que acompañaron en su momento a dicha empresa. Seguro que me dejo a alguien en el tintero a alguno, pero nombrare, por ejemplo, a José Luis Rodriguez, Jesús Cayuela, Antonio Coronel, Paco Cruzado, Arcángel, José María de Lepe, Eduardo Hernández Garrocho, etc.
Supieron desde sus comienzos aglutinar las tres formas de expresión musical, la expresión vocal, la expresión instrumental y la danza, como expresión corporal. Y grandes bailaores han puesto sus pies y sus tacones a la bella música que desde siempre interpretaron. Como solistas al baile mencionar a mí querida amiga Paqui y a mí dulce Olivia Martín, con las que compartí multitud de momentos de complicidad. Y en el grupo de danzantes, María José, David, Cinta, José Manuel, Fran, Manolo Torroba, entre otros – ya que son muchos los que bailado sus piezas.
De lo que estoy seguro del todo, es del importante e insustituible factor humano que siempre presentan este tipo de manifestaciones culturales. Las relaciones sociales entre los diferentes componentes del grupo hicieron que durante estos más de 30 largos años de música, la Coral se mantuviera viva de verdad. Grandes amigos unidos por un mismo bien común, multitud de historias personales que rodearon los ensayos, los viajes y las audiciones. Cuanto cariño y cuanta amistad se ha movido a nivel personal en mi caso, incluso me enamoré allí de una joven (y creo que ella de mí) llamada Tamara Barros, la cual ha continuado ligada al mundo de la música.
Cuantas personas han dedicado sus ratos libres en participar de la música, en disfrutar de ella y contribuir en su gran apoyo a la noble razón de continuar con la tradición musical del lugar de donde somos. Pues de esto es lo que ha vivido la Coral Santa María de la Rábida durante su larga existencia. De su gente, de su verdadera alma que son todos esos entusiastas del buen cantar y de todo lo relacionado con la música.
Me voy a atrever a dar nombres de aquellos que estuvieron siempre al lado del proyecto, durante un tiempo determinado o bien en un espacio concreto. Ya he citado a varios de sus componentes más notorios para mí, a lo que voy a incluir otros sin orden de trascendencia, como lógicamente supondrán, ya que es algo que no reviste importancia. A Eduardo Castillo, Rosa, Isabel, Nati, Joaquín, Inma, Ana, Ana María Fuentes, Carolina, Sole, Irene, Carmen, Begoña, Mari Carmen, Nicolás, etcétera, y a algunos buenos amigos de Hinojos que siempre colaboraron con su ayuda. Cuantos gratos recuerdos guardo.
Todavía recuerdo la primera vez que los vi, y después cuando José Luis Rodríguez me sugirió la posibilidad, y más tarde Soledad Téllez me comento de empezar a trabajar con ellos, no lo dude lo más mínimo. Creo que llegados a este punto, y como de bien nacidos es ser agradecidos, tengo que solicitarles permiso para corresponder con todos los apoyos y el afecto que desde el primer día me otorgaron. Y a quien me concedió tan magnífica oportunidad, le respondí con creces en seriedad, trabajo y dedicación, tal y como la Coral Santa María de la Rábida como estamento se merecía.
sábado, 13 de febrero de 2010
Carnaval, carnaval…
Es la fiesta del color, de la algarabía y el disfraz, de dejar las penas en un cajón, de sentir la vida con la ilusión de un adolescente, de volar los papelillos y las serpentinas al aire, de las risas y las sonrisas, de la mascarada y los coloretes, y por supuesto de la libertad. Quizás todos estos elementos no son más que accesorios actuales y decorativos de una celebración anual que tiene mucha más historia de la que podamos conocer. Pero para numerosos de nosotros escuchar la palabra Carnaval es una imagen descrita, es algo cotidiano durante el mes de febrero y hasta ciertamente normal como parte del inicio de la época de la eximia cuaresma.
Las primeras manifestaciones paganas relacionadas con el Carnaval, pueden remontarse a las antiguas civilizaciones griega y romana, celebrando solemnidades en honor al Dios del vino, Baco. Incluso se puede llegar a relacionar con las fiestas egipcias en torno al buey Apis unos cientos de años antes. Lo que no se puede asegurar es que estas muestras y festividades ya se denominaran etimológicamente como Carnaval, aunque se revelen una serie de coincidencias y similitudes en sus exposiciones, o por lo menos en las que conocemos y han llegado hasta nosotros.
Pero su definición posterior siempre se ha relacionado con la cristiandad y con la etapa anterior en el inicio de la cuaresma, haciéndola parte inherente temporal anterior a los cuarenta días de la pascua. Su significado parte del adiós a la carne para toda una cuarentena, dando pie a que los días anteriores al miércoles de ceniza todos vivieran las fiestas con desenfreno y frivolidad. Por lo tanto, aunque se considera una tradición profana, es muy posible que su relación con la continuidad religiosa sea más que patente.
Los primeros datos históricos versan durante los siglos X y XI, aunque en diferentes períodos y algunas fechas se denotaron estas fiestas en cierta medida, es a partir del siglo XVIII cuando alcanzan su apogeo en el norte de Italia, en Venecia concretamente. En esta etapa, los aristócratas y la nobleza se disfrazaban con capas y máscaras, mezclándose con el pueblo en los diversos bailes y veladas de la ciudad. La relación entre las diversas expresiones carnavalescas y la música ya se daba entonces.
Y esto sí que es dificultoso: relacionar como se inició esa relación de la música con las carnestolendas del mes de los 28 días. Es lógico entender que en estas manifestaciones culturales la creación artística musical tendría un lugar de prominencia. Pero encontrar una razón en esos principios es algo que desconocemos o no está del todo claro. Además, imaginamos que tratándose de una fiesta popular, las composiciones musicales tendrían las características del corte de dicha música vulgar. Y por supuesto, dependiendo del lugar presentaría unas cualidades y particularidades concretas.
En nuestra región, Don Carnal presenta una serie de propiedades distintivas en torno a la música tal que circunscrito, en su debido momento a comienzos del siglo XX, se instauró un concurso de agrupaciones carnavalescas que hasta hoy en día se mantiene. Incluso en muchos lugares, como ocurre en Huelva capital, y algunos pueblos, es este certamen a través del que gira toda la fiesta. El conocido como Carnaval de calle tiene perdida la partida ante el estimulo sonoro de comparsas, chirigotas y murgas del teatro. Es sólo una hipótesis, pero se puede observar claramente como los aficionados a estas festividades tienen mayor tendencia hacia la motivación musical que a la de la simple fiesta.
Alrededor del carnaval se han establecido y cimentado una serie de autores y creadores de este tipo de música, casi sin conocimientos previos musicales, que han dado al Carnaval una calidad humana y social de grandes dimensiones. Sin ellos y sin tantos y tantos entusiastas que les han puesto voz y música a sus composiciones, el Carnaval de la actualidad no lo entenderíamos como lo que es hoy en día. A estos ejecutores hay que darles su sitio y agradecerles tanto y tanto lo hecho por esta funcionalidad.
Sin perderle el sentido, y sabiendo la aportación tan importante que prestan a nivel de una manifestación más de música popular, el carnaval debería apelar también por su faceta más callejera, y que volviera a renacer con un espíritu casi idéntico con el que se fundó. Son las fiestas de la alegría, de la fina ironía y de la libertad, pero pensamos que desde hace unas décadas están presentes otros intereses que se salen de algo que es tan puro y espontaneo que han relegado a estos fenómenos sociales a ser algo demasiado manejado, perdiendo su carácter social y público.
Las primeras manifestaciones paganas relacionadas con el Carnaval, pueden remontarse a las antiguas civilizaciones griega y romana, celebrando solemnidades en honor al Dios del vino, Baco. Incluso se puede llegar a relacionar con las fiestas egipcias en torno al buey Apis unos cientos de años antes. Lo que no se puede asegurar es que estas muestras y festividades ya se denominaran etimológicamente como Carnaval, aunque se revelen una serie de coincidencias y similitudes en sus exposiciones, o por lo menos en las que conocemos y han llegado hasta nosotros.
Pero su definición posterior siempre se ha relacionado con la cristiandad y con la etapa anterior en el inicio de la cuaresma, haciéndola parte inherente temporal anterior a los cuarenta días de la pascua. Su significado parte del adiós a la carne para toda una cuarentena, dando pie a que los días anteriores al miércoles de ceniza todos vivieran las fiestas con desenfreno y frivolidad. Por lo tanto, aunque se considera una tradición profana, es muy posible que su relación con la continuidad religiosa sea más que patente.
Los primeros datos históricos versan durante los siglos X y XI, aunque en diferentes períodos y algunas fechas se denotaron estas fiestas en cierta medida, es a partir del siglo XVIII cuando alcanzan su apogeo en el norte de Italia, en Venecia concretamente. En esta etapa, los aristócratas y la nobleza se disfrazaban con capas y máscaras, mezclándose con el pueblo en los diversos bailes y veladas de la ciudad. La relación entre las diversas expresiones carnavalescas y la música ya se daba entonces.
Y esto sí que es dificultoso: relacionar como se inició esa relación de la música con las carnestolendas del mes de los 28 días. Es lógico entender que en estas manifestaciones culturales la creación artística musical tendría un lugar de prominencia. Pero encontrar una razón en esos principios es algo que desconocemos o no está del todo claro. Además, imaginamos que tratándose de una fiesta popular, las composiciones musicales tendrían las características del corte de dicha música vulgar. Y por supuesto, dependiendo del lugar presentaría unas cualidades y particularidades concretas.
En nuestra región, Don Carnal presenta una serie de propiedades distintivas en torno a la música tal que circunscrito, en su debido momento a comienzos del siglo XX, se instauró un concurso de agrupaciones carnavalescas que hasta hoy en día se mantiene. Incluso en muchos lugares, como ocurre en Huelva capital, y algunos pueblos, es este certamen a través del que gira toda la fiesta. El conocido como Carnaval de calle tiene perdida la partida ante el estimulo sonoro de comparsas, chirigotas y murgas del teatro. Es sólo una hipótesis, pero se puede observar claramente como los aficionados a estas festividades tienen mayor tendencia hacia la motivación musical que a la de la simple fiesta.
Alrededor del carnaval se han establecido y cimentado una serie de autores y creadores de este tipo de música, casi sin conocimientos previos musicales, que han dado al Carnaval una calidad humana y social de grandes dimensiones. Sin ellos y sin tantos y tantos entusiastas que les han puesto voz y música a sus composiciones, el Carnaval de la actualidad no lo entenderíamos como lo que es hoy en día. A estos ejecutores hay que darles su sitio y agradecerles tanto y tanto lo hecho por esta funcionalidad.
Sin perderle el sentido, y sabiendo la aportación tan importante que prestan a nivel de una manifestación más de música popular, el carnaval debería apelar también por su faceta más callejera, y que volviera a renacer con un espíritu casi idéntico con el que se fundó. Son las fiestas de la alegría, de la fina ironía y de la libertad, pero pensamos que desde hace unas décadas están presentes otros intereses que se salen de algo que es tan puro y espontaneo que han relegado a estos fenómenos sociales a ser algo demasiado manejado, perdiendo su carácter social y público.
domingo, 7 de febrero de 2010
Masterizando
Continuando con las numerosas experiencias que estamos viviendo con la grabación del segundo álbum de la banda onubense “Och8 Vientos”, ya estamos casi llegando al final dentro de la fase fonográfica y de estudio en sí mismo. Y el procedimiento nos ha conducido hasta este paso en el que todo el audio de la grabación pasa por dejarlo lo mejor posible. A este punto del desarrollo conclusivo se le denomina Mastering, y nos permitirá crear el máster o disco inicial del que saldrán los discos que se reproducirán materialmente.
Es un término muy usado, al igual que su reelaboración: la remasterización. Dejar claro que cuando se usa alguno de estos dos términos, la referencia es exclusivamente al audio, y no al tratamiento de imágenes como algunos pueden llegar a pensar cuando se dice que un film se ha remasterizado digitalmente. En este caso, en el del cine, cuando se remasteriza, sólo se ha tratado el audio, nada más. Es decir, se ha manejado la banda sonora de la cinta.
El Mastering se puede considerar como un proceso de post producción en el que se finaliza en su totalidad la grabación sonora en un medio físico cerrado. Este será el disco maestro del que se realizarás las copias terminales para su postrera distribución y venta. El estudio de Mastering es muy diferente al estudio normal de grabación de audio. De hecho, todos los equipos en la mayoría de los estudios de grabación y mezcla, puede realmente obstaculizar la acústica de una sala para monitorear con exactitud el sonido. Así, la acústica de la sala y la disposición correcta de los equipos dentro de un estudio de Mastering es un factor importante, ya que el ingeniero de masterización necesita escuchar en detalle cada mezcla.
Cuando estábamos casi concluyendo la mezcla en los Estudios Rimshot de Madrid allá por octubre del pasado año, abordamos el tema de quien trabajaría en nuestra post producción. Barajamos varias opciones entre las que estaban diversos estudios de mastering de interesante prestigio internacional, como por ejemplo Finnvox en Helsinki, Finlandia, donde Mika Jussila es su máximo exponente; o en Chicago Mastering con Jason Ward y Bob Weston, el cual tiene unos precios realmente interesantes para hacerse en Estados Unidos. Pero después de sopesar seriamente todas las opciones, nos decantamos por el producto nacional y por uno de los estudios de mastering por donde pasan multitud de discos del panorama musical español.
Nos estamos refiriendo a Kadifornia Studio Mastering, situado en la bellísima localidad gaditana de El Puerto de Santa María, y regentado por nuestro querido amigo Mario G. Alberdi. Tan sólo el larguísimo currículo de Mario impresiona por la calidad y cantidad de discos grabados, producidos y masterizados que han salido de sus manos. Estamos seguros de que cualquiera de nuestros lectores han escuchado alguna vez en su vida algún tema que haya salido de la trayectoria de este estudio. En él han trabajado artistas de la talla de Enrique Morente, Pasión Vega, Enrique Bunbury, José Mercé, El Barrio, Paco Loco, María Jiménez, Carlos Jean, David de María, Javier Ruibal, Los Delincuentes, Tito Alcedo,… y de esta manera, hasta un largo y dilatado etcétera.
El control, como se puede observar en la fotografía, está equipado con una consola diseñada para el propio estudio y específicamente para los proyectos de Mastering, y como hemos explicado, no tienen nada que ver con los estudios de audio convencionales. Compresores, ecualizadores, conversores, y grabadores tanto analógicos como digitales, así como numerosos procesadores, son parte de la cacharrería que prestan servicios para finalizar el producto discográfico con la máxima calidad posible. Algo que es imprescindible y a lo que Mario presta el máximo cuidado es el equipo de audición, teniendo un sistema de monitorización de una condición sobresaliente.
El estudio cuenta con un excelente diseño acústico y de espacio, tratado acústicamente a base de piedra y madera, de superficie irregular, que garantiza un sonido vivo y brillante, así como una respuesta plana y fiable. Todo el recinto lo encontramos iluminado por luz natural, que hace más agradables las horas de trabajo, y situado en un chalet por donde apenas hay tráfico, ni ruidos, rodeado de un parque natural de pinares y junto a la playa. En un lugar privilegiado, tuvimos la suerte de almorzar junto con nuestro anfitrión entre Rota y El Puerto, en un día soleado donde mientras degustábamos unas excelentes tortillitas de camarones, veíamos desde lo alto, toda la bahía de Cádiz. Pensamos que será difícil de repetir la perspectiva de la que gozamos aquel mediodía de enero.
domingo, 31 de enero de 2010
Componer música si crees que puedes amar
A veces, cuando me siento a explicarle a alguien o incluso a mí mismo, que siento cuando la música fluye desde dentro, me cuesta horrores usar el lenguaje verbal para sacar con exactitud las palabras o términos adecuados para hacerme entender. Siempre he considerado tener buena retórica, arte sin duda del buen hablar. Pero como digo, en la mayoría de las ocasiones, cuando me tengo que enfrentar a una aclaración sobre algún aspecto referente a de donde salen tantas frases musicales, me cuesta mucho tocar con conocimiento el porqué de esas obras.
Creo, en primer lugar, que la música no puede salir de cualquier alma, sino de aquella que muestra y demuestra cierta sensibilidad por parte del ser humano. La música, como elemento único de expresión de hombre, posee en su totalidad numerosos aspectos sobre el individuo terrenal y mortal. Es decir, que algo que está ordenado y hecho por el hombre, no tiene más remedio que tener las mismas virtudes y carencias, manifestaciones y características de quien la produce.
Partiendo de esto, se le puede atribuir a la música la condición de ser un arte hecho desde y para la humanidad. No creo que nadie para bien o para mal, no pueda hacer un uso por derecho de tal creatividad. Desde el más fiero y egoísta, hasta el más fiel a sus principios y con condiciones bondadosas.
Desde el egoísmo y la falsedad se han construido multitud de castillos y poderes a lo largo de la historia, por lo que cualquier composición musical puede estar manchada y designada por los mismos condicionantes que tantos y tantos intereses de manga ancha. Quiero decir con esto que la música es tan solo eso, música: una forma de expresión que al ser abstracta no tiene el mayor beneficio para nadie, siendo algo minoritariamente poco importante. Y aunque es muy triste, la realidad es así.
Durante multitud de décadas se ha hecho un juego sucio alrededor de la música. Las empresas han negociado con ella como si de una vaca se sacara toda su leche, sin mirar nada más que la rentabilidad y el beneficio que se puede obtener de ella.
Para los que creemos en el verdadero poder de la música, para los que buscamos en ella la calma, para quienes luchamos por su verdadero sentido y por un tratamiento digno entre el resto de las personas, vivimos todo esto con gran sentimiento de soledad y cierto castigo. Por eso, usamos la música para mucho más que vivir físicamente. Hay tantas y tantas cosas que conmueven por dentro al ser humano, que deberíamos de pararnos a reflexionar de vez en cuando que es lo que nos impulsa, y que es lo que nos debería de estimular. Son tantos y tantos los problemas banales por seguir equivocadamente criterios y señales que normalmente peleamos por nada.
Tengo muy claro que uno de esas particularidades que nos llevarían a que todo funcionara mejor es el amor. Es curioso, pero quien conoce mi repertorio de canciones y obras sabe que es una palabra que no he usado nunca, ni en los textos ni en mi vocabulario. Pero que no hable de ella explícitamente, no significa que no exista. Es más, creo que es lo que debería de mover el mundo. Quizás el único aspecto negativo que conlleva este más que preciado sentimiento es su contrario: el desamor. Pero como todo tiene su parte contraria, también los músicos han sabido desde tiempos inmemorables sacar partido de la situación inversa.
Me encanta escuchar, y recomiendo encarecidamente a mis queridos lectores, el villancico renacentista de Juan del Encina llamado “Más vale trocar”. Es un poema musicado compuesto a principios del siglo XVI por el músico castellano que nos hace entender como el amor, ya desde entonces, es la piedra angular sobre la que giran muchos de nuestros sentimientos y además es temática constante de obras musicales y piezas de todo tipo. Escuchen con el corazón toda la prosa de este bellísimo tema, y podrán observar la sublimidad de algo tan cercano.
Quizás sea de gran facilidad componer música sin estar realmente enamorado, pero existe un interesante nexo de unión entre la música y el amor. Como bien expresaba antes, para mi es imposible que esas musas de la inspiración cuando se han acercado hasta mis entrañas, no hayan traído esas sensaciones de estar realmente enamorado. Y como reitero, ante la actuación contrapuesta. No es preciso, pero si precioso, hablar de amor en nuestras canciones. Creo que es hasta fundamental: mi guía, mi salvación y mis penas más grandes han llegado hasta mí por ese camino de rosas y espinas que es estar cautivado por el amor. Y mi lucha entre notas y armonías es acercarme hasta ti, sabiendo que tú me amas, y que yo, muero por ti.
Creo, en primer lugar, que la música no puede salir de cualquier alma, sino de aquella que muestra y demuestra cierta sensibilidad por parte del ser humano. La música, como elemento único de expresión de hombre, posee en su totalidad numerosos aspectos sobre el individuo terrenal y mortal. Es decir, que algo que está ordenado y hecho por el hombre, no tiene más remedio que tener las mismas virtudes y carencias, manifestaciones y características de quien la produce.
Partiendo de esto, se le puede atribuir a la música la condición de ser un arte hecho desde y para la humanidad. No creo que nadie para bien o para mal, no pueda hacer un uso por derecho de tal creatividad. Desde el más fiero y egoísta, hasta el más fiel a sus principios y con condiciones bondadosas.
Desde el egoísmo y la falsedad se han construido multitud de castillos y poderes a lo largo de la historia, por lo que cualquier composición musical puede estar manchada y designada por los mismos condicionantes que tantos y tantos intereses de manga ancha. Quiero decir con esto que la música es tan solo eso, música: una forma de expresión que al ser abstracta no tiene el mayor beneficio para nadie, siendo algo minoritariamente poco importante. Y aunque es muy triste, la realidad es así.
Durante multitud de décadas se ha hecho un juego sucio alrededor de la música. Las empresas han negociado con ella como si de una vaca se sacara toda su leche, sin mirar nada más que la rentabilidad y el beneficio que se puede obtener de ella.
Para los que creemos en el verdadero poder de la música, para los que buscamos en ella la calma, para quienes luchamos por su verdadero sentido y por un tratamiento digno entre el resto de las personas, vivimos todo esto con gran sentimiento de soledad y cierto castigo. Por eso, usamos la música para mucho más que vivir físicamente. Hay tantas y tantas cosas que conmueven por dentro al ser humano, que deberíamos de pararnos a reflexionar de vez en cuando que es lo que nos impulsa, y que es lo que nos debería de estimular. Son tantos y tantos los problemas banales por seguir equivocadamente criterios y señales que normalmente peleamos por nada.
Tengo muy claro que uno de esas particularidades que nos llevarían a que todo funcionara mejor es el amor. Es curioso, pero quien conoce mi repertorio de canciones y obras sabe que es una palabra que no he usado nunca, ni en los textos ni en mi vocabulario. Pero que no hable de ella explícitamente, no significa que no exista. Es más, creo que es lo que debería de mover el mundo. Quizás el único aspecto negativo que conlleva este más que preciado sentimiento es su contrario: el desamor. Pero como todo tiene su parte contraria, también los músicos han sabido desde tiempos inmemorables sacar partido de la situación inversa.
Me encanta escuchar, y recomiendo encarecidamente a mis queridos lectores, el villancico renacentista de Juan del Encina llamado “Más vale trocar”. Es un poema musicado compuesto a principios del siglo XVI por el músico castellano que nos hace entender como el amor, ya desde entonces, es la piedra angular sobre la que giran muchos de nuestros sentimientos y además es temática constante de obras musicales y piezas de todo tipo. Escuchen con el corazón toda la prosa de este bellísimo tema, y podrán observar la sublimidad de algo tan cercano.
Quizás sea de gran facilidad componer música sin estar realmente enamorado, pero existe un interesante nexo de unión entre la música y el amor. Como bien expresaba antes, para mi es imposible que esas musas de la inspiración cuando se han acercado hasta mis entrañas, no hayan traído esas sensaciones de estar realmente enamorado. Y como reitero, ante la actuación contrapuesta. No es preciso, pero si precioso, hablar de amor en nuestras canciones. Creo que es hasta fundamental: mi guía, mi salvación y mis penas más grandes han llegado hasta mí por ese camino de rosas y espinas que es estar cautivado por el amor. Y mi lucha entre notas y armonías es acercarme hasta ti, sabiendo que tú me amas, y que yo, muero por ti.
lunes, 25 de enero de 2010
Revolver o una historia que nunca acabe
Carlos Goñi, alma y factor individual de uno de los grandes proyectos musicales españoles de las últimas décadas, tuvo como buena acción, sacar su enorme listado de canciones para todos los onubenses el pasado viernes en el parque Alonso Sánchez. Todo un acierto para quienes inquietamente lo hemos seguido desde hace casi 20 años de carrera, agradecemos a la Concejalía de Cultura dejarnos disfrutar después de un largo tiempo sin escucharlo ni verlo por estos lares traerlo para animar las veladas musicales de las Fiestas del Patrón de Huelva, San Sebastián.
Revolver nace de la disolución de otro proyecto de Carlos Goñi que se hacían llamar “Comité Cisne” a finales de los ochenta. En 1990 y en 1992 graban sus primeros discos sin mucho éxito de público. Pero no es hasta sus discos en acústico, hasta cuando no consigue ser escuchado y promocionado en la medida de sus trabajos. Con el álbum “Básico” consigue que con la colaboración de cantantes de la talla de Soledad Jiménez o Rafa Sánchez, y temas como "Si es tan sólo amor" o "El roce de tu piel", un triunfo sin precedentes en este tipo de discos en directo y con instrumentos de corte acústico.
Después se enfrentaron a un nuevo reto fonográfico en el que los sonidos influenciados por Bruce Springsteen, llevaría por título “El dorado”, en el que al contrario que sus anteriores canciones se desarrollaban mas en un ambiente de cuestiones amorosas. Estas giraban alrededor de cuestiones más sociales y cotidianas. Y en 1996 grabarían “Calle Mayor”, que se considera como una segunda parte del predecesor, para volver a grabar otro de sus enormes conciertos básicos para la cadena radiofónica “Cuarenta Principales”. Este se denominaría “Básico 2”, ya que con el éxito del otro que se grabo en el formato similar, se buscaba el mismo éxito de ventas.
Después de toda esta vorágine, y una buena parada de avituallamiento, comienza a sacar sus trabajos con su propia discográfica. Lógicamente, el tirón de ventas disminuye debido a la escasa promoción de la que pueden hacer uso los pequeños sellos. Aun así, son de gran estima y recepción los discos “Sur” y “8:30 AM”, para después embarcarse en dos discos de recopilación: “Grandes éxitos” y “Rarezas”, este último con caras B y temas que nunca vieron la luz en los medios del momento. Desde el 2005 ha llevado a cabo una labor más que interesante con la salida de su “Mestizo”, con gran carga social, que estuvo nominado a los grammys latinos.
En 2006 se publica “Básico 3”, con nuevas versiones de canciones de sus tres anteriores discos de estudio y dos canciones nuevas. El concierto se graba en dos sesiones, de las que se escoge la mejor, y no se le añade ningún arreglo instrumental posterior. En él colaboran Enrique Bunbury, Mikel Erentxun, Álvaro Urquijo y Sasha Sokol. Y por fin en el 2008 sale a la luz su penúltimo trabajo discográfico “21 gramos”, en el que rinde culto a la creencia de que el alma del ser humano tiene exactamente ese peso.
En noviembre de 2009, y con motivo de sus veinte años de trayectoria, se presentó una caja de canciones donde se incluían todas las canciones indispensables para entender la propuesta de este músico valenciano. Encontraremos temas como "Fuera de lugar", "Si es tan solo amor", "El roce de tu piel", "Dos por dos", "Tu noche y la mía", "No va más", "El dorado", "Ten fe en mí", "Sara", o "Duro de llevar".
Realmente, la carrera musical de Carlos Goñi y Revolver, es una serie de intenciones con una temática clara y concisa. Todo gira en torno al amor y a las relaciones sociales. Escuchar sus composiciones es estar más cerca de la realidad humana, de los sentimientos más puros entre dos personas que se aman y quieren, de la vida.
Poder disfrutar de este tipo de sensaciones hechas música, es para tener muy en cuenta. Si con sus letras estamos más cercanos a estas realidades, es de recibo darle la importancia que tienen. Y aunque el rock abandere su estética, musicalmente ha viajado por estilos muy diversos, pero siempre desde el gusto y la búsqueda respetuosa de la compañera ideal para sus prosas.
Gran noche la que vivimos el pasado viernes; por poner algún punto negativo, solo un par de cuestiones: una verdadera pena el sonido, que no nos hizo disfrutar en condiciones del concierto hasta la quinta canción; del mismo modo, la lástima de no ver en estos conciertos a un público más joven… seguro que tendrían mucho que aprender y por supuesto de disfrutar. Pero ya sabemos, a los adolescentes los educa la televisión, y pocos son los padres que ponen música hecha con conciencia para que sus hijos sepan realmente las músicas tan excelentes que existen.
Revolver nace de la disolución de otro proyecto de Carlos Goñi que se hacían llamar “Comité Cisne” a finales de los ochenta. En 1990 y en 1992 graban sus primeros discos sin mucho éxito de público. Pero no es hasta sus discos en acústico, hasta cuando no consigue ser escuchado y promocionado en la medida de sus trabajos. Con el álbum “Básico” consigue que con la colaboración de cantantes de la talla de Soledad Jiménez o Rafa Sánchez, y temas como "Si es tan sólo amor" o "El roce de tu piel", un triunfo sin precedentes en este tipo de discos en directo y con instrumentos de corte acústico.
Después se enfrentaron a un nuevo reto fonográfico en el que los sonidos influenciados por Bruce Springsteen, llevaría por título “El dorado”, en el que al contrario que sus anteriores canciones se desarrollaban mas en un ambiente de cuestiones amorosas. Estas giraban alrededor de cuestiones más sociales y cotidianas. Y en 1996 grabarían “Calle Mayor”, que se considera como una segunda parte del predecesor, para volver a grabar otro de sus enormes conciertos básicos para la cadena radiofónica “Cuarenta Principales”. Este se denominaría “Básico 2”, ya que con el éxito del otro que se grabo en el formato similar, se buscaba el mismo éxito de ventas.
Después de toda esta vorágine, y una buena parada de avituallamiento, comienza a sacar sus trabajos con su propia discográfica. Lógicamente, el tirón de ventas disminuye debido a la escasa promoción de la que pueden hacer uso los pequeños sellos. Aun así, son de gran estima y recepción los discos “Sur” y “8:30 AM”, para después embarcarse en dos discos de recopilación: “Grandes éxitos” y “Rarezas”, este último con caras B y temas que nunca vieron la luz en los medios del momento. Desde el 2005 ha llevado a cabo una labor más que interesante con la salida de su “Mestizo”, con gran carga social, que estuvo nominado a los grammys latinos.
En 2006 se publica “Básico 3”, con nuevas versiones de canciones de sus tres anteriores discos de estudio y dos canciones nuevas. El concierto se graba en dos sesiones, de las que se escoge la mejor, y no se le añade ningún arreglo instrumental posterior. En él colaboran Enrique Bunbury, Mikel Erentxun, Álvaro Urquijo y Sasha Sokol. Y por fin en el 2008 sale a la luz su penúltimo trabajo discográfico “21 gramos”, en el que rinde culto a la creencia de que el alma del ser humano tiene exactamente ese peso.
En noviembre de 2009, y con motivo de sus veinte años de trayectoria, se presentó una caja de canciones donde se incluían todas las canciones indispensables para entender la propuesta de este músico valenciano. Encontraremos temas como "Fuera de lugar", "Si es tan solo amor", "El roce de tu piel", "Dos por dos", "Tu noche y la mía", "No va más", "El dorado", "Ten fe en mí", "Sara", o "Duro de llevar".
Realmente, la carrera musical de Carlos Goñi y Revolver, es una serie de intenciones con una temática clara y concisa. Todo gira en torno al amor y a las relaciones sociales. Escuchar sus composiciones es estar más cerca de la realidad humana, de los sentimientos más puros entre dos personas que se aman y quieren, de la vida.
Poder disfrutar de este tipo de sensaciones hechas música, es para tener muy en cuenta. Si con sus letras estamos más cercanos a estas realidades, es de recibo darle la importancia que tienen. Y aunque el rock abandere su estética, musicalmente ha viajado por estilos muy diversos, pero siempre desde el gusto y la búsqueda respetuosa de la compañera ideal para sus prosas.
Gran noche la que vivimos el pasado viernes; por poner algún punto negativo, solo un par de cuestiones: una verdadera pena el sonido, que no nos hizo disfrutar en condiciones del concierto hasta la quinta canción; del mismo modo, la lástima de no ver en estos conciertos a un público más joven… seguro que tendrían mucho que aprender y por supuesto de disfrutar. Pero ya sabemos, a los adolescentes los educa la televisión, y pocos son los padres que ponen música hecha con conciencia para que sus hijos sepan realmente las músicas tan excelentes que existen.
domingo, 17 de enero de 2010
Súbete a “El Camarote”
Todos los domingos a eso de las once de la mañana en Antena Huelva Radio, en el 105.5 de la frecuencia modulada, podemos escuchar uno de los mejores programas de radio de todo el dial que nos permiten recepcionar en Huelva. Se trata de un interesante viaje radiofónico en el que su anfitriona tiene la capacidad de hacernos trasladar hasta la atmosfera perfecta para disfrutar de tres excelentes horas de buena música. Me estoy refiriendo a mi buena amiga Laura Cárdenas, artista gráfica, amante del buen cine, la música independiente y por supuesto del presentar conciertos y galas.
Laura, y lo sé de buena tinta, prepara concienzudamente durante toda la semana una selección de grandes temas de esos que no suenan en los multicanales de radio formulas, con lo que las promociones son escasas y no el punto de partida. Parte de la idea de que existen tantas músicas buenas y grandes películas que no tienen espacio en la radiodifusión que su programa puede llegar a ser un referente en este sentido. Lo que sería una autentica lástima es que la cobertura de su excelente y único programa fuera sólo hasta donde llegan las ondas de frecuencia de su emisora. De este modo, las posibilidades tecnológicas permiten a través del mundo mágico de internet, escucharla en cualquier parte del mundo. Y así me consta, ya que desde Chile a Italia “El Camarote” es cita obligada para muchos internautas que esperan hasta la mañana del domingo para poder disfrutarla.
Laura Cárdenas lleva muchos años enrolada en cuestiones de comunicación. Desde sus comienzos, a tan solo 16 años de edad en Onda 3, ha demostrado una excelente labor y actividad desde el propio compromiso. Profesional integra, siempre compagino su vocación con sus estudios y profesión. Sus grandes pasiones son la fotografía y la música, tiendo gran dominio en materia de reproducción de instantáneas y representaciones, y por supuesto en su búsqueda constante de nuevas y antiguas sonoridades. Es una amante de la música hecha con sentido y dedicación. Otra de sus grandes pasiones es el cine, teniendo una cita obligada todas las semanas con las salas de proyecciones de nuestra ciudad.
Trabajó durante varias temporadas en el programa “Protagonistas” de Onda Cero, desarrollando una impronta y personalidad que aun hoy en día mantiene. También han podido escucharla en numerosos anuncios publicitarios, promociones y ha sido la voz de muchas de las campañas del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Pero en lo que mi conocimiento alcanza, sé a ciencia cierta que en lo que más disfruta está onubense de pro, es de la presentación de galas y grandes conciertos. La hemos visto en los escenarios de numerosos actos y festivales musicales de nuestra provincia, destacando de sobremanera sus presentaciones en el Festival, extinto ya – a ver si se recupera por el bien de los onubenses –, “Huelva, Puerta de Culturas”, presentando por ejemplo a músicos de la talla de Paul Carrack o The Chieftains.
Durante un tiempo, me subía a su camarote para tener una entretenida conversación en la que el debate se podría hacer casi eterno. Laura me invitaba a su programa tan solo para disertar sobre conceptualizaciones y sociología pura y dura, donde argumentábamos sobre las situaciones y circunstancias que rodean al mundo de la música. Y así sigue siendo. Cada vez que nos acercamos con la banda u otro proyecto, no sé cómo lo hacemos pero acabos disertando sobre cuestiones que, aun siendo transcendentales, no tienen nada que ver con lo que hemos ido a hacer allí. Ciertamente, eso sólo ocurre cuando uno está a gusto y en una situación casi familiar.
Aunque quizás su madurez como locutora y presentadora ha llegado ahora, es un diamante en bruto que ha tenido la mala suerte de nacer por estos andurriales. Ella creo que es muy consciente de que para que su labor como comunicadora tuviera absoluta vigencia, tendría que emigrar para poder continuar con una trayectoria en absoluto ascenso. Eso sí, luego cuando no la tengamos cerca trabajando en Sevilla o Madrid, quizás la echemos de menos… ya saben, la historia onubense de siempre.
En lo que a mí concierne, todos los domingos procuro hacer un crucero a bordo de su camarote, que al contrario que el de los hermanos Marx en “Una noche en la ópera”, es amplio y muy acogedor. Además, actualmente estamos colaborando en el diseño grafico del nuevo trabajo discográfico de la banda onubense “Och8 Vientos”, en la que con gran maestría ha llevado a cabo las sesiones fotográficas del grupo musical. Es algo increíble, pero ha conseguido retratarnos más guapos de lo que realmente somos.
domingo, 10 de enero de 2010
¿Te atreves a cantar?
Se han puesto de moda toda una gama de simuladores musicales virtuales a través de videojuegos y consolas que ofrecen la posibilidad de hacer música sin el más mínimo de conocimiento; “ni falta que nos hace”, nos dirán muchos de estos aguerridos usuarios. Han sido recibidos con la misma mezcla entre escepticismo y algarabía que aquellas largas sesiones de karaoke japonés durante la década de los noventa, donde todos esos artistas frustrados del bel canto se ponían literalmente el mundo por montera, haciendo demostraciones palpables de que “el que canta, su mal espanta”.
Juegos como “rock band”, “guitar hero”, etc., han reclamado un nuevo espacio para la diversión en el que la música es punto de partida y base de la actividad, valorándose la interpretación instrumental lúdica. De estos videojuegos hay hasta competiciones internacionales con grandes e importantes premios. Aun así, el autentico juego triunfador de entre todos estos, es el denominado “Singstar”, que consiste en cantar canciones conocidas dentro del mercado musical internacional, valorándose su entonación y como seguimos rítmicamente las frases melódicas. Además, la gama de diferentes ediciones que han salido superan con creces a sus competidores. Con un micrófono conectado a la consola y los oídos bien receptivos, podemos ir canturreando los grandes éxitos comerciales de los últimos años.
Podemos definir el hecho de cantar como la capacidad que tenemos todos de entonar notas musicales de manera ordenada y melodiosa. Y aunque es una operación que todos podemos llegar a realizar con cierta facilidad, durante la segunda mitad del siglo XX se ha puesto en tela de juicio que este hecho en sí está sólo permitido para voces privilegiadas. Esto es algo que bajo ningún concepto hay que tomarse en serio. Cantar es algo maravilloso y la forma de expresión musical más bella que existe. Incluso existe una teoría ancestral en la que se afirma que la mayoría de los instrumentos se crearon para imitar la voz humana en todas sus tesituras.
Lo único que ha ocurrido es que se ha puesto una barrera inexpugnable entre los cantantes profesionales y lo que significa la posibilidad de cantar como cuestión humana, siendo algo que está en nuestra mano y que parece que es algo inapropiado en determinadas circunstancias. Pues debe ser al contrario: cantar nos permite obtener un grado de autosatisfacción bastante interesante; incluso debemos saber, que es la forma que más cercana que tiene el ser humano para hacer música. Acaece una hipótesis sobre la formación del lenguaje hablado del hombre en la que prevaleció la acción de modular la fonética antes que la propia declamación en una sola silaba, tal y como se produce la voz disertada. Es decir, que coexisten teorías evolutivas que aseguran que el hombre cantó antes de hablar. De hecho, se conocen aun algunas tribus que todavía en su día a día recitan melódicamente, diferenciando así los mismos fonemas dependiendo de la declamación.
Se han recreado de tal forma los prejuicios en torno a la función de cantar, que nos da autentica vergüenza que nos escuchen cantar, sobre todo a determinadas edades. Y eso es algo que va contra la propia naturaleza del individuo, ya que cantar es una de las formas de locución y manifestación específicas que podemos utilizar. No necesariamente tenemos que estar constantemente cantando, pero debemos asumir que cantar es algo apropiado y lógico en las actitudes del hombre.
Cantar es algo tan usual y natural, que permanecen multitud de frases en la historia que animan el hecho de tararear melodías de cualquier índole: “Buenas palabras, cantar de cigarras”, “Cien gallina en un corral, y cada una tiene un cantar”, “El que canta, ora dos veces”, son algunos ejemplos de cómo este ejercicio melódico ha estado presente constantemente en la actividad propia cotidiana. Está bien claro que esta ocupación ha estado siempre presente en cualquier época y situación.
Cuando cantamos nos transformamos en generadores de armonía, produciendo cambios positivos en los niveles físico, mental, emocional y espiritual. Cantar nos permite, no tan solo comunicarnos con los demás, sino con nosotros mismos, encontrando una realidad placentera y aprovechando un recurso innato. Es por esto por lo que deberíamos tener siempre en nuestro ánimo la posibilidad de cantar, y aunque no lo hagamos para el disfrute de los demás, debemos ser conscientes de que anímicamente nos puede resultar de gran complacencia. La terapia del canto es un remedio casero dirigido a todos, siendo un regalo que está presente en todas las etapas de nuestra vida.
Juegos como “rock band”, “guitar hero”, etc., han reclamado un nuevo espacio para la diversión en el que la música es punto de partida y base de la actividad, valorándose la interpretación instrumental lúdica. De estos videojuegos hay hasta competiciones internacionales con grandes e importantes premios. Aun así, el autentico juego triunfador de entre todos estos, es el denominado “Singstar”, que consiste en cantar canciones conocidas dentro del mercado musical internacional, valorándose su entonación y como seguimos rítmicamente las frases melódicas. Además, la gama de diferentes ediciones que han salido superan con creces a sus competidores. Con un micrófono conectado a la consola y los oídos bien receptivos, podemos ir canturreando los grandes éxitos comerciales de los últimos años.
Podemos definir el hecho de cantar como la capacidad que tenemos todos de entonar notas musicales de manera ordenada y melodiosa. Y aunque es una operación que todos podemos llegar a realizar con cierta facilidad, durante la segunda mitad del siglo XX se ha puesto en tela de juicio que este hecho en sí está sólo permitido para voces privilegiadas. Esto es algo que bajo ningún concepto hay que tomarse en serio. Cantar es algo maravilloso y la forma de expresión musical más bella que existe. Incluso existe una teoría ancestral en la que se afirma que la mayoría de los instrumentos se crearon para imitar la voz humana en todas sus tesituras.
Lo único que ha ocurrido es que se ha puesto una barrera inexpugnable entre los cantantes profesionales y lo que significa la posibilidad de cantar como cuestión humana, siendo algo que está en nuestra mano y que parece que es algo inapropiado en determinadas circunstancias. Pues debe ser al contrario: cantar nos permite obtener un grado de autosatisfacción bastante interesante; incluso debemos saber, que es la forma que más cercana que tiene el ser humano para hacer música. Acaece una hipótesis sobre la formación del lenguaje hablado del hombre en la que prevaleció la acción de modular la fonética antes que la propia declamación en una sola silaba, tal y como se produce la voz disertada. Es decir, que coexisten teorías evolutivas que aseguran que el hombre cantó antes de hablar. De hecho, se conocen aun algunas tribus que todavía en su día a día recitan melódicamente, diferenciando así los mismos fonemas dependiendo de la declamación.
Se han recreado de tal forma los prejuicios en torno a la función de cantar, que nos da autentica vergüenza que nos escuchen cantar, sobre todo a determinadas edades. Y eso es algo que va contra la propia naturaleza del individuo, ya que cantar es una de las formas de locución y manifestación específicas que podemos utilizar. No necesariamente tenemos que estar constantemente cantando, pero debemos asumir que cantar es algo apropiado y lógico en las actitudes del hombre.
Cantar es algo tan usual y natural, que permanecen multitud de frases en la historia que animan el hecho de tararear melodías de cualquier índole: “Buenas palabras, cantar de cigarras”, “Cien gallina en un corral, y cada una tiene un cantar”, “El que canta, ora dos veces”, son algunos ejemplos de cómo este ejercicio melódico ha estado presente constantemente en la actividad propia cotidiana. Está bien claro que esta ocupación ha estado siempre presente en cualquier época y situación.
Cuando cantamos nos transformamos en generadores de armonía, produciendo cambios positivos en los niveles físico, mental, emocional y espiritual. Cantar nos permite, no tan solo comunicarnos con los demás, sino con nosotros mismos, encontrando una realidad placentera y aprovechando un recurso innato. Es por esto por lo que deberíamos tener siempre en nuestro ánimo la posibilidad de cantar, y aunque no lo hagamos para el disfrute de los demás, debemos ser conscientes de que anímicamente nos puede resultar de gran complacencia. La terapia del canto es un remedio casero dirigido a todos, siendo un regalo que está presente en todas las etapas de nuestra vida.
domingo, 3 de enero de 2010
Queridos Reyes Magos…
Como este año me he portado bien – o por lo menos, eso creo – voy a solicitarte, con todo mi cariño y humildad, que tengáis a bien aportarme una serie de beneplácitos para este 2010 que comenzó hace tan solo unos pocos días. Ya sabéis que lo mío tiene que ver con el terreno musical, peor como bien dice un buen amigo, y permitiéndome parafrasearlo, “De otra cosa no sabré, pero de música no tengo ni idea”. Así es que, desde mi aplaudida ignorancia, voy a recrear una lista con lo que mi extravagante criterio interpela e invoca si ustedes lo tienen a bien.
En primer lugar, el consabido juicio y gusto que tenemos los onubenses en eso que al arte y la cultura se refiere. Estoy cansado de que todo el mundo siga atormentándome con la manida frase de que “el libro de los gustos está en blanco”. A ver si ustedes con su poder mágico les hacen estar al corriente de que ese documento se escribió hace muchos años, y que esa estúpida frase solo es la defensa excusable de quien coloca su opinión por delante de los verdaderos estudiosos de la materia. Pues a todos esos que manifiestan su principio sabio y se basan en las listas de ventas, los circuitos comerciales o independientes, y en los medios de masas, les pido que de una vez por todas despierten.
En segunda instancia, la constante huida hacia el underground de los que queremos disfrutar en los grandes escenarios de músicas hechas con sentido, no tan solo con fines comerciales. No pido que a todos nos apetezca escuchar lo mismo, pero un poco de fiabilidad a la hora de programar por parte de los organismos competentes en cada caso. Partiendo de que la cultura educa y la televisión maleduca, ofertar los conciertos en un punto intermedio entre entretenimiento y cultura, dando la posibilidad a todos de satisfacer sus necesidades musicales.
Como tercer punto, la anhelada comprensión por parte de los ciudadanos medios de la profesionalidad tan digna que es ser músico. Es un aburrimiento ya, que te presenten como el primo que toca el violín, y el amigo se te queda mirando esperando que te pongas la nariz de payaso y comience el espectáculo. Porque el intrusismo laboral está instaurado como algo lógico y normal en la música, y teniendo que aguantar constantemente el “pero si lo hace muy bien… ¿qué necesidad tiene de estudiar?”, amparándose en que el arte no se aprende, se siente. Es de verdadero atrevimiento sugerirles a estas personas la posibilidad de que aprendan a coger el lápiz antes de escribir.
En cuarta posición, que se acaben los estereotipos dentro del mundo musical. Con lo difícil de por sí que es hacer música medio en condiciones, encima tener que luchar con las etiquetas impuestas desde el desconocimiento y la imprudencia. Por eso también ruego que se aporte a todos los aficionados a escuchar música un criterio más calificador y personal, olvidando las ideas que vuelan hasta nosotros desde negocios e imperios mediáticos.
La quinta petición va dirigida en su totalidad al público de Huelva, que sujetos al compromiso de ser mejor que nadie, buscan y apoyan antes a grupos de Despeñaperros para arriba. Ya está bien de echarle la culpa a terceras personas: la gente de Huelva es la que debe apoyar a sus artistas y no esperar que sean los demás los que nos encumbren. Es de envidia sana, y esto es algo aprobado por todos, que en otros lugares muy cercanos, como se les da todo el sustento que se necesita para poder hacer las cosas bien hechas.
Para cerrar este simposio de peticiones, por último imploro el apoyo incondicional hacia todos aquellos establecimientos públicos o privados en el que su actividad gira en torno a la cultura. Son muchos los lugares en los que se aboga por música en directo, recitales de poesía, exposiciones, etc. Vale con asistir, pero no estaría mal que nos manifestáramos más por la compresión y dedicación de estos sitios, hasta peleando por que se apoyen desde las administraciones, fomentando a los que ya existen y favoreciendo a que nazcan nuevos.
Pues nada, hasta aquí mi escueta petitoria para Sus Majestades, Magos de Oriente. Entendería que algunas peticiones fueran derogadas. Aun así, es lo que tenemos y por lo que nos queda por luchar. Mientras exista un hueco en las almas de los hombres destinadas al placer de la escucha de hermosas melodías y grandes armonías, estaremos en el puesto. Por cierto, si puedo encargar carbón, no me importaría que dejarais un poco en cada casa de aquellos que van por la vida pensando que la música es algo innecesario y de poca importancia, servidos por criterios materialistas y económicos. Y que para el año que viene, se porten mejor y dejen de pensar de manera tan soez.
En primer lugar, el consabido juicio y gusto que tenemos los onubenses en eso que al arte y la cultura se refiere. Estoy cansado de que todo el mundo siga atormentándome con la manida frase de que “el libro de los gustos está en blanco”. A ver si ustedes con su poder mágico les hacen estar al corriente de que ese documento se escribió hace muchos años, y que esa estúpida frase solo es la defensa excusable de quien coloca su opinión por delante de los verdaderos estudiosos de la materia. Pues a todos esos que manifiestan su principio sabio y se basan en las listas de ventas, los circuitos comerciales o independientes, y en los medios de masas, les pido que de una vez por todas despierten.
En segunda instancia, la constante huida hacia el underground de los que queremos disfrutar en los grandes escenarios de músicas hechas con sentido, no tan solo con fines comerciales. No pido que a todos nos apetezca escuchar lo mismo, pero un poco de fiabilidad a la hora de programar por parte de los organismos competentes en cada caso. Partiendo de que la cultura educa y la televisión maleduca, ofertar los conciertos en un punto intermedio entre entretenimiento y cultura, dando la posibilidad a todos de satisfacer sus necesidades musicales.
Como tercer punto, la anhelada comprensión por parte de los ciudadanos medios de la profesionalidad tan digna que es ser músico. Es un aburrimiento ya, que te presenten como el primo que toca el violín, y el amigo se te queda mirando esperando que te pongas la nariz de payaso y comience el espectáculo. Porque el intrusismo laboral está instaurado como algo lógico y normal en la música, y teniendo que aguantar constantemente el “pero si lo hace muy bien… ¿qué necesidad tiene de estudiar?”, amparándose en que el arte no se aprende, se siente. Es de verdadero atrevimiento sugerirles a estas personas la posibilidad de que aprendan a coger el lápiz antes de escribir.
En cuarta posición, que se acaben los estereotipos dentro del mundo musical. Con lo difícil de por sí que es hacer música medio en condiciones, encima tener que luchar con las etiquetas impuestas desde el desconocimiento y la imprudencia. Por eso también ruego que se aporte a todos los aficionados a escuchar música un criterio más calificador y personal, olvidando las ideas que vuelan hasta nosotros desde negocios e imperios mediáticos.
La quinta petición va dirigida en su totalidad al público de Huelva, que sujetos al compromiso de ser mejor que nadie, buscan y apoyan antes a grupos de Despeñaperros para arriba. Ya está bien de echarle la culpa a terceras personas: la gente de Huelva es la que debe apoyar a sus artistas y no esperar que sean los demás los que nos encumbren. Es de envidia sana, y esto es algo aprobado por todos, que en otros lugares muy cercanos, como se les da todo el sustento que se necesita para poder hacer las cosas bien hechas.
Para cerrar este simposio de peticiones, por último imploro el apoyo incondicional hacia todos aquellos establecimientos públicos o privados en el que su actividad gira en torno a la cultura. Son muchos los lugares en los que se aboga por música en directo, recitales de poesía, exposiciones, etc. Vale con asistir, pero no estaría mal que nos manifestáramos más por la compresión y dedicación de estos sitios, hasta peleando por que se apoyen desde las administraciones, fomentando a los que ya existen y favoreciendo a que nazcan nuevos.
Pues nada, hasta aquí mi escueta petitoria para Sus Majestades, Magos de Oriente. Entendería que algunas peticiones fueran derogadas. Aun así, es lo que tenemos y por lo que nos queda por luchar. Mientras exista un hueco en las almas de los hombres destinadas al placer de la escucha de hermosas melodías y grandes armonías, estaremos en el puesto. Por cierto, si puedo encargar carbón, no me importaría que dejarais un poco en cada casa de aquellos que van por la vida pensando que la música es algo innecesario y de poca importancia, servidos por criterios materialistas y económicos. Y que para el año que viene, se porten mejor y dejen de pensar de manera tan soez.
domingo, 27 de diciembre de 2009
El día de los inocentes… musicales
Pues nada, como bien dice el dicho castellano “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”, voy a usar el tópico para mi provecho y satisfacción de esta jornada que nos conduce a risas, bromas y fina ironía. Podríamos extrapolar lo que vamos a comentar en este documento a todas las fechas del calendario; nos beneficiamos y usamos de parapeto el día de los inocentes, aunque de algunos de los que hablaremos de infantes y cándidos cada vez tienen menos. De camino, haremos lectura del año que acaba y otorgaremos, como se merece, ilusión al año que comienza en breve.
Empezamos por los locales y salas que en Huelva se dedican a llevar música hasta sus estrechos escenarios… porque he tocado en lugares ahogados, pero como en las tablas que colocan en determinados sitios, es difícil no meterle con el mástil de la guitarra en la cabeza a algún camarero o a alguien que con tanta pasión que se coloca en las primeras filas de un concierto. Y la verdad, con la voluntad solamente no hacemos nada.
La mayoría de los empresarios de estos lugares apuestan claramente por la música en directo, algo que es de agradecer, pero la verdad es que deberían de ponerse de vez en cuando en la piel de algunos de los músicos que contratan. Decir a su favor que el trato es inmejorable: las mejores tapas y los licores más exquisitos se los ofrecen a sus músicos.
Otro problema que plantean son los equipos de sonido de los locales; algunos no saben ni lo que tienen; ¿tan difícil es hacer un recuento de los cables y donde se colocan? Sacarían mayor rendimiento a sus inversiones y serian señalados como locales donde la música suena como debe de sonar. Que ese es otro problema: las músicas que nos hacen escuchar a veces son tremendamente inapropiadas e insípidas. Hay mucho dj distraído por nuestra querida Huelva que cobran más por su belleza externa y sus horas de sesión en el gimnasio que por la música que ponen.
Vamos a hacer un repaso ahora por los músicos o aprendices a serlo. Partiendo de la idea que la música es un bien universal y todos tenemos derecho a recrearnos en ella, tanto escuchándola como produciéndola, no estaría mal que algunos de ellos pasaran de vez en cuando por alguna academia o escuela. La idea de aprender música a algunos les riza la piel. Ellos con tocar y que suene, ya se contentan. Y lo curioso es que sin saberlo, hacen una música de gran calidad. No quiero ni imaginar qué pasaría si encima supieran lo que están haciendo, o haciendo música todavía con mayor sentido de la que hacen.
Hay bandas en Huelva con cantidad de estos músicos, y suenan de manera exagerada. Es de verdaderos aplausos llegar a tan altos niveles de manera autodidacta. Aprender música, en el fondo, debe ser una asignatura pendiente porque alcanzan grandes niveles con tan sólo voluntad. Además, se fomentaría el conocimiento general de todos. Sería algo muy positivo.
Le ha llegado el turno a las administraciones y a nuestros queridos políticos. ¿Quizás pensaban que se iban a librar? Pues no. Al ayuntamiento de nuestra capital y de algunos pueblos de la provincia le vendría bien que los gestores se dejaran llevar más por sus conocimientos que por los beneficios que les reporta el ser populares y aceptados. La cultura sirve sobre todo para educar, no tan solo para divertirse y entretenerse. Traer al famoso mediático de turno a parte de costar hasta cuatro veces más que otras opciones con mayor fundamento, solo satisface a aquellos que se llevan todo el día pegados al televisor, y eso ni somos todos, ni se acerca. No se hace cultura para contentar a la gente; la cultura vive en sí misma, partiendo un mínimo para ser punto de inicio de la manifestación artística. Los festivales y conciertos organizados que han sido suprimidos o aplazados, fomentarlos con la gente de Huelva. Ese es otro tema: como maltratamos las cosas de nuestra tierra.
Desde la diputación y la junta la misma historia pero con formas diversas: no miden a todas las artes con el mismo rasero. Mucho teatro, mucho cine, mucha poesía, mucha pintura, pero poca música. Lógicamente todo tiene que tener su sitio, pero el agravio y la mortificación al que se tiene tratada la música siendo la expresión artística que más mueve en todos los sentidos, es constante. Y volvemos a que el apoyo a la gente de nuestra tierra es mínimo; creo que el dicho ese de “nadie es profeta en su tierra” lo inventaron por aquí.
Seguro que algo se queda en el tintero. Desearos desde esta tribuna un nuevo año lleno de música y todo lo demás que se necesita para poder disfrutar de ella. Desde aquí, un abrazo sincero a todos los amantes de la música, en todos sus estamentos.
Empezamos por los locales y salas que en Huelva se dedican a llevar música hasta sus estrechos escenarios… porque he tocado en lugares ahogados, pero como en las tablas que colocan en determinados sitios, es difícil no meterle con el mástil de la guitarra en la cabeza a algún camarero o a alguien que con tanta pasión que se coloca en las primeras filas de un concierto. Y la verdad, con la voluntad solamente no hacemos nada.
La mayoría de los empresarios de estos lugares apuestan claramente por la música en directo, algo que es de agradecer, pero la verdad es que deberían de ponerse de vez en cuando en la piel de algunos de los músicos que contratan. Decir a su favor que el trato es inmejorable: las mejores tapas y los licores más exquisitos se los ofrecen a sus músicos.
Otro problema que plantean son los equipos de sonido de los locales; algunos no saben ni lo que tienen; ¿tan difícil es hacer un recuento de los cables y donde se colocan? Sacarían mayor rendimiento a sus inversiones y serian señalados como locales donde la música suena como debe de sonar. Que ese es otro problema: las músicas que nos hacen escuchar a veces son tremendamente inapropiadas e insípidas. Hay mucho dj distraído por nuestra querida Huelva que cobran más por su belleza externa y sus horas de sesión en el gimnasio que por la música que ponen.
Vamos a hacer un repaso ahora por los músicos o aprendices a serlo. Partiendo de la idea que la música es un bien universal y todos tenemos derecho a recrearnos en ella, tanto escuchándola como produciéndola, no estaría mal que algunos de ellos pasaran de vez en cuando por alguna academia o escuela. La idea de aprender música a algunos les riza la piel. Ellos con tocar y que suene, ya se contentan. Y lo curioso es que sin saberlo, hacen una música de gran calidad. No quiero ni imaginar qué pasaría si encima supieran lo que están haciendo, o haciendo música todavía con mayor sentido de la que hacen.
Hay bandas en Huelva con cantidad de estos músicos, y suenan de manera exagerada. Es de verdaderos aplausos llegar a tan altos niveles de manera autodidacta. Aprender música, en el fondo, debe ser una asignatura pendiente porque alcanzan grandes niveles con tan sólo voluntad. Además, se fomentaría el conocimiento general de todos. Sería algo muy positivo.
Le ha llegado el turno a las administraciones y a nuestros queridos políticos. ¿Quizás pensaban que se iban a librar? Pues no. Al ayuntamiento de nuestra capital y de algunos pueblos de la provincia le vendría bien que los gestores se dejaran llevar más por sus conocimientos que por los beneficios que les reporta el ser populares y aceptados. La cultura sirve sobre todo para educar, no tan solo para divertirse y entretenerse. Traer al famoso mediático de turno a parte de costar hasta cuatro veces más que otras opciones con mayor fundamento, solo satisface a aquellos que se llevan todo el día pegados al televisor, y eso ni somos todos, ni se acerca. No se hace cultura para contentar a la gente; la cultura vive en sí misma, partiendo un mínimo para ser punto de inicio de la manifestación artística. Los festivales y conciertos organizados que han sido suprimidos o aplazados, fomentarlos con la gente de Huelva. Ese es otro tema: como maltratamos las cosas de nuestra tierra.
Desde la diputación y la junta la misma historia pero con formas diversas: no miden a todas las artes con el mismo rasero. Mucho teatro, mucho cine, mucha poesía, mucha pintura, pero poca música. Lógicamente todo tiene que tener su sitio, pero el agravio y la mortificación al que se tiene tratada la música siendo la expresión artística que más mueve en todos los sentidos, es constante. Y volvemos a que el apoyo a la gente de nuestra tierra es mínimo; creo que el dicho ese de “nadie es profeta en su tierra” lo inventaron por aquí.
Seguro que algo se queda en el tintero. Desearos desde esta tribuna un nuevo año lleno de música y todo lo demás que se necesita para poder disfrutar de ella. Desde aquí, un abrazo sincero a todos los amantes de la música, en todos sus estamentos.
viernes, 18 de diciembre de 2009
Serrat eres único… enhorabuena
Imagino que después de este articulo ya seré vetado para el resto de la historia popular, me tomaran por loco y dirán que no tengo ni idea. Y como lo más probable es que mi pasión por las cosas relativas a mi obnubilación por la música no me permita expresarme en términos políticamente correctos, destruya mi credibilidad y mi opinión en vez de ser compartida, será repudiada y me tildaran de envidioso.
Quizás me problema sea que toda la música que han escuchado mis oídos en mucho tiempo principalmente la escuche como lo que es: Música. Como decía Stravinski “la música es música por ella misma”. Durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, se ha adornado todo las expresiones musicales de cuestiones superficiales que, sinceramente, no hacen falta, solo por ayudar a que la música sea un negocio rentable.
Quiero abrir este debate ante la consecución por parte de unos de los cantautores más afamados españoles de un premio que nuestro querido ministerio de cultura, si ese que dependiendo del signo político o de los amigos te coloca en un sitio u otro, ha otorgado a Serrat. Un premio que no existía, pero con el que el catalán se va a embolsar nada más y nada menos que 30.000 euros, sólo por ser quien es. Alguien que socialmente estuvo en el momento oportuno en el lugar adecuado, mientras multitud de músicos malviven buscándose, no solo las habichuelas, sino el respeto por su arte.
Lo han denominado “Premio nacional de las música actuales”… hasta el título me parece de tomadura absoluta de pelo. Para ser justos, también deberían promover un premio para las músicas del pasado o del futuro, ¿no creen? Pienso que sería más de recibo que el galardón tuviera que ver con la causa social que promovió siempre Serrat, por su política nacionalista en contra de España o bien por sus poemas musicados sobre versos de otros poetas.
Pero un premio nacional de música es algo a lo que todos los músicos aspiran alguna vez en su vida. Es un reconocimiento sobre todo de orden profesional; incluso estoy seguro de que muchos de los premios nacionales convocados no tienen como estímulo una obtención en metálico lo suficientemente importante.
Para redondear la historia, es la primera vez que se concede… y, ¿será la última? Serrat ha comentado que “la noticia me ha pillado de sorpresa”. Además, “ni siquiera sabía de la existencia de tal honor”. Eso sí, se sintió orgulloso de que el ministerio de cultura de su país le dé la posibilidad de tener un nuevo reporte en su cuenta corriente, que quizás tenga los mismos números que la del resto de los españoles. Desde aquí felicitarlo por tener tan buenos admiradores y amigos. También lo felicito por tener a casi todo España y parte de América de su parte, y que todos los demás músicos seamos parte del ostracismo más cruel en detrimento de la popularidad de gente como él. Al fin y al cabo, él es músico… y los demás solo la hemos estudiado. Ni la sentimos ni somos capaces de demostrar nada a nivel emocional.
En el 2005, grabando en un estudio de Barcelona, el ingeniero, del cual no voy a dar el nombre por cuestiones lógicas, me comento la actitud de este señor en algunas de sus producciones discográficas. Su ego y su alta autoestima fueron mostrados por encima de cualquier cuestión musical. En las sesiones del proyecto “Serrat sinfónico”, peleó con todas sus formas para quedar por encima de la orquesta. Como uno de los detalles significativos, decir que todos los arreglos fueron realizados por uno de los músicos catalanes contemporáneos de mayor renombre, Joan Albert Amargós, quedando estos en un volumen tan bajo que casi no se aprecian en la música.
No defiendo que Serrat no sea un personaje con una trayectoria profesional intachable y una aceptación popular fuera de toda duda. Pero su música queda para los oídos de lo popular, haciéndose grande a costa de los músicos que se han encontrado a su alrededor en casi todos sus proyectos, aprovechando cuestiones políticas o emocionales.
Es de recibo que consideremos a este señor como parte de la música popular española; es lo que tiene este tipo de músicas, que si son aceptadas por el pueblo, son casi inamovibles y por su cercanía, estén presentes en nuestras vidas. Por eso, en un alarde de valentía creo conveniente hacer un homenaje no solo a los músicos de Serrat, sino a todos aquellos músicos que por cuestiones laborales han dejado su talento atrás por tener que comer todos los días, acompañando al cantante mediático de turno o al que en esos momentos determinaran las modas.
Señores, sin músicos no hay música… háganse ese planteamiento constantemente. A ver si Serrat reparte los atractivos 30.000 euros entre sus músicos o se los queda para hacerse otro chalet en la costa dorada, que no es mala cosa.
Quizás me problema sea que toda la música que han escuchado mis oídos en mucho tiempo principalmente la escuche como lo que es: Música. Como decía Stravinski “la música es música por ella misma”. Durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, se ha adornado todo las expresiones musicales de cuestiones superficiales que, sinceramente, no hacen falta, solo por ayudar a que la música sea un negocio rentable.
Quiero abrir este debate ante la consecución por parte de unos de los cantautores más afamados españoles de un premio que nuestro querido ministerio de cultura, si ese que dependiendo del signo político o de los amigos te coloca en un sitio u otro, ha otorgado a Serrat. Un premio que no existía, pero con el que el catalán se va a embolsar nada más y nada menos que 30.000 euros, sólo por ser quien es. Alguien que socialmente estuvo en el momento oportuno en el lugar adecuado, mientras multitud de músicos malviven buscándose, no solo las habichuelas, sino el respeto por su arte.
Lo han denominado “Premio nacional de las música actuales”… hasta el título me parece de tomadura absoluta de pelo. Para ser justos, también deberían promover un premio para las músicas del pasado o del futuro, ¿no creen? Pienso que sería más de recibo que el galardón tuviera que ver con la causa social que promovió siempre Serrat, por su política nacionalista en contra de España o bien por sus poemas musicados sobre versos de otros poetas.
Pero un premio nacional de música es algo a lo que todos los músicos aspiran alguna vez en su vida. Es un reconocimiento sobre todo de orden profesional; incluso estoy seguro de que muchos de los premios nacionales convocados no tienen como estímulo una obtención en metálico lo suficientemente importante.
Para redondear la historia, es la primera vez que se concede… y, ¿será la última? Serrat ha comentado que “la noticia me ha pillado de sorpresa”. Además, “ni siquiera sabía de la existencia de tal honor”. Eso sí, se sintió orgulloso de que el ministerio de cultura de su país le dé la posibilidad de tener un nuevo reporte en su cuenta corriente, que quizás tenga los mismos números que la del resto de los españoles. Desde aquí felicitarlo por tener tan buenos admiradores y amigos. También lo felicito por tener a casi todo España y parte de América de su parte, y que todos los demás músicos seamos parte del ostracismo más cruel en detrimento de la popularidad de gente como él. Al fin y al cabo, él es músico… y los demás solo la hemos estudiado. Ni la sentimos ni somos capaces de demostrar nada a nivel emocional.
En el 2005, grabando en un estudio de Barcelona, el ingeniero, del cual no voy a dar el nombre por cuestiones lógicas, me comento la actitud de este señor en algunas de sus producciones discográficas. Su ego y su alta autoestima fueron mostrados por encima de cualquier cuestión musical. En las sesiones del proyecto “Serrat sinfónico”, peleó con todas sus formas para quedar por encima de la orquesta. Como uno de los detalles significativos, decir que todos los arreglos fueron realizados por uno de los músicos catalanes contemporáneos de mayor renombre, Joan Albert Amargós, quedando estos en un volumen tan bajo que casi no se aprecian en la música.
No defiendo que Serrat no sea un personaje con una trayectoria profesional intachable y una aceptación popular fuera de toda duda. Pero su música queda para los oídos de lo popular, haciéndose grande a costa de los músicos que se han encontrado a su alrededor en casi todos sus proyectos, aprovechando cuestiones políticas o emocionales.
Es de recibo que consideremos a este señor como parte de la música popular española; es lo que tiene este tipo de músicas, que si son aceptadas por el pueblo, son casi inamovibles y por su cercanía, estén presentes en nuestras vidas. Por eso, en un alarde de valentía creo conveniente hacer un homenaje no solo a los músicos de Serrat, sino a todos aquellos músicos que por cuestiones laborales han dejado su talento atrás por tener que comer todos los días, acompañando al cantante mediático de turno o al que en esos momentos determinaran las modas.
Señores, sin músicos no hay música… háganse ese planteamiento constantemente. A ver si Serrat reparte los atractivos 30.000 euros entre sus músicos o se los queda para hacerse otro chalet en la costa dorada, que no es mala cosa.
domingo, 6 de diciembre de 2009
Música en la Grecia clásica
La cultura griega es cuna de nuestra civilización, y como tal, su influencia llega hasta nuestra época. Aunque en el terreno musical si existe una amplia diferenciación entre su concepto y el que tenemos actualmente. El problema que presenta son las pocas fuentes fiables, ya que existen multitud de documentos apócrifos, sobre los legados musicales, las escasas fuentes y la inexistencia de pruebas físicas, ya que nada del material instrumental se ha podido conservar.
Queda clara la influencia mesopotámica, de Egipto y de civilizaciones como la persa en sus estamentos fundamentales, pero los griegos dieron un paso adelante en las diferentes posibilidades humanas de la música. Los únicos datos medianamente fiables son algunos tratados, como el de Plutarco, y unos vestigios que han quedado grabados en esculturas, vasos y bajo relieves.
La civilización greco latina es quizás el primer momento donde la música es tratada no como tan sólo como arte, sino también como disciplina y parte fundamental de la doctrina pedagógica en todas las enseñanzas. La concepción que tenían los griegos, integraban no sólo la música propiamente dicha, partiendo de un conjunto donde también cabida la poesía, la danza y otras doctrinas relacionadas en proporción sonora o de movimiento, como por ejemplo el deporte.
Su razón estaba en el poder de dicho arte en la psicología humana, partiendo entonces del efecto que originaba dentro del mundo sensorial, incluso llegándole a otorgar poderes sobrenaturales y ciertamente peligrosos. Aristóteles, Platón, Euclides, Aristoxeno, y muchos más, describieron en sus tratados de música un perfecto sistema musical en el que el desarrollo integro de la persona pasaba por una educación donde todos los aspectos formativos se encontraban al mismo nivel de importancia.
La notación musical estaba organizada a través de dos procedimientos, uno para la música vocal y otro para la instrumental, y toda su disposición giraba en torno, fundamentalmente, a una serie de tres modos principales – dórico, frigio y lidio –, y seis modos secundarios que se originaban a partir de los básicos. En cuanto a la estructura instrumental, también existía una dualidad entre los instrumentos de aire, representado por el aulos – de tubo doble y doble embocadura –, y los de cuerda, como las cítaras o la lira, que se consideraba creación de Apolo. Otros instrumentos fueron importados de Asia menor y Siria, como en el caso de los elementos de percusión.
De hecho, el término “Música” está referenciado en el mundo de las musas, concediéndole los orígenes musicales a cuestiones no terrenales. Toda una serie de mitos engendran las relaciones que las musas tenían contraídas con la música. Existían numerosas leyendas para explicar orígenes y desarrollo sobre la creación de los sistemas musicales y de la aparición de los instrumentos musicales. Por ejemplo, como Hermes diseño la lira a partir del corazón de una tortuga, o Minerva entregó la flauta a Marsias.
Aunque la relación con la mitología tiene una parte real, en la que rapsodas y poetas épicos entonaban sus largos poemas usando como único acompañamiento una lira. En este punto, cabe comentar que la música se encontraba en casi todos los momentos de la vida social de Grecia. Existían certámenes musicales en todos los festivales y en los juegos deportivos, en las fiestas y en las panateneas, teniendo una participación de gran importancia.
Otra de las grandes aportaciones de la música en la Grecia clásica se va a dar en el extenso mundo de la tragedia. Desde los orígenes de la tragedia, el coro aportaba la razón como pueblo, mientras el ditirambo era narrado en sus inicios por el sacerdote, y más tarde por los actores en la escena. El coro se situaba delante del escenario, en la orchestra, que era un espacio semicircular de tierra plana al aire libre. Eurípides, que revolucionó el mundo de la tragedia, también se ocupó de su música, haciendo que el coro pasará del foso al escenario, haciéndole perder importancia.
La poesía lirica también se va a apoyar en la música para sus recitales, siendo indispensable en las narraciones de los bardos, que eran poetas profesionales que vivían en las casas de los aristócratas y mecenas griegos. Cantaban principalmente alabanzas a sus dioses e intentaban honrar a sus héroes. Pero pronto vieron la posibilidad de también tratar temas de corte amoroso, políticos, bélicos y sociales, ampliando todas las posibilidades de expansión en todos los terrenos. Lo contradictorio y negativo es que de estos poemas, no se ha podido conservar ninguna anotación musical, quedando huérfana de sonoridad y de realidad musical.
Queda clara la influencia mesopotámica, de Egipto y de civilizaciones como la persa en sus estamentos fundamentales, pero los griegos dieron un paso adelante en las diferentes posibilidades humanas de la música. Los únicos datos medianamente fiables son algunos tratados, como el de Plutarco, y unos vestigios que han quedado grabados en esculturas, vasos y bajo relieves.
La civilización greco latina es quizás el primer momento donde la música es tratada no como tan sólo como arte, sino también como disciplina y parte fundamental de la doctrina pedagógica en todas las enseñanzas. La concepción que tenían los griegos, integraban no sólo la música propiamente dicha, partiendo de un conjunto donde también cabida la poesía, la danza y otras doctrinas relacionadas en proporción sonora o de movimiento, como por ejemplo el deporte.
Su razón estaba en el poder de dicho arte en la psicología humana, partiendo entonces del efecto que originaba dentro del mundo sensorial, incluso llegándole a otorgar poderes sobrenaturales y ciertamente peligrosos. Aristóteles, Platón, Euclides, Aristoxeno, y muchos más, describieron en sus tratados de música un perfecto sistema musical en el que el desarrollo integro de la persona pasaba por una educación donde todos los aspectos formativos se encontraban al mismo nivel de importancia.
La notación musical estaba organizada a través de dos procedimientos, uno para la música vocal y otro para la instrumental, y toda su disposición giraba en torno, fundamentalmente, a una serie de tres modos principales – dórico, frigio y lidio –, y seis modos secundarios que se originaban a partir de los básicos. En cuanto a la estructura instrumental, también existía una dualidad entre los instrumentos de aire, representado por el aulos – de tubo doble y doble embocadura –, y los de cuerda, como las cítaras o la lira, que se consideraba creación de Apolo. Otros instrumentos fueron importados de Asia menor y Siria, como en el caso de los elementos de percusión.
De hecho, el término “Música” está referenciado en el mundo de las musas, concediéndole los orígenes musicales a cuestiones no terrenales. Toda una serie de mitos engendran las relaciones que las musas tenían contraídas con la música. Existían numerosas leyendas para explicar orígenes y desarrollo sobre la creación de los sistemas musicales y de la aparición de los instrumentos musicales. Por ejemplo, como Hermes diseño la lira a partir del corazón de una tortuga, o Minerva entregó la flauta a Marsias.
Aunque la relación con la mitología tiene una parte real, en la que rapsodas y poetas épicos entonaban sus largos poemas usando como único acompañamiento una lira. En este punto, cabe comentar que la música se encontraba en casi todos los momentos de la vida social de Grecia. Existían certámenes musicales en todos los festivales y en los juegos deportivos, en las fiestas y en las panateneas, teniendo una participación de gran importancia.
Otra de las grandes aportaciones de la música en la Grecia clásica se va a dar en el extenso mundo de la tragedia. Desde los orígenes de la tragedia, el coro aportaba la razón como pueblo, mientras el ditirambo era narrado en sus inicios por el sacerdote, y más tarde por los actores en la escena. El coro se situaba delante del escenario, en la orchestra, que era un espacio semicircular de tierra plana al aire libre. Eurípides, que revolucionó el mundo de la tragedia, también se ocupó de su música, haciendo que el coro pasará del foso al escenario, haciéndole perder importancia.
La poesía lirica también se va a apoyar en la música para sus recitales, siendo indispensable en las narraciones de los bardos, que eran poetas profesionales que vivían en las casas de los aristócratas y mecenas griegos. Cantaban principalmente alabanzas a sus dioses e intentaban honrar a sus héroes. Pero pronto vieron la posibilidad de también tratar temas de corte amoroso, políticos, bélicos y sociales, ampliando todas las posibilidades de expansión en todos los terrenos. Lo contradictorio y negativo es que de estos poemas, no se ha podido conservar ninguna anotación musical, quedando huérfana de sonoridad y de realidad musical.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Cumpleaños feliz
Pues sí, estamos de aniversario… o por lo menos yo. A principios del mes de noviembre he cumplido mi primer año escribiendo e intentando aportar mis ideas y punto de vista a los maltrechos lunes onubenses en el ámbito musical en este medio de comunicación. Después de varios años dándole, literalmente la vuelta al mundo, al regresar a Huelva mi querido amigo Bernardo Romero, me invitó y brindó la posibilidad de escribir una pequeña crónica de un gran concierto que aconteció una apetecible noche del otoño del 2008. Y así nació El Templete: con objetivos y objeto concretados.
Todo comenzó con la finalidad de llevar a los lectores una impresión lo más cercana posible de las sonoridades y armonías que, por otro lado, mi gran maestro José Luis Rodríguez hizo arrancar de “sus manos” en el Gran Teatro capitalino. Fue mi primer artículo en El Mundo Huelva Noticias y mi primera tentativa en la defensa de músicos y música, sobre todo si son hijos de nuestra tierra.
Imagino que como cocer habas se cuecen en todos los lados, también en el mundo de la música nos sentimos pocos apoyados, nada fomentados y la mayoría de las veces maltratados. Yo como soy aun más afligido e idealista pienso en el poco respeto que existe hacía lo que no es tan sólo una profesión, sino una pasión, volviéndose todo mayoritariamente de color gris.
Es por esto por lo que cada vez que denoto que alguien quiere participar de mis semejantes objetivos, me vuelvo hacia él con ánimo y candidez. Lógicamente, a menudo te acercas equivocadamente a quien no debes, pero en la generalidad de las ocasiones encuentras en cruces de caminos gente con la misma lucha, o con la aplicación de proteger frentes comunes. Creo que mi postura puede ser tomada como intransigente, pero mi educación y conciencia es lo que me pide.
En estos más de doce meses, son muchos los amables lectores que me han ayudado con un simple “te leo todos los lunes en El Mundo”, dispensando un nuevo afán para continuar con la organización delicada de las letras, algo que como Licenciado que soy en Humanidades, la antigua Filosofía y Letras, debería dárseme bien. Sinceramente, soy más de las filosofías que de las letras: gana el alma por goleada a lo terrenal.
Aunque también me he cruzado con aquel que me atormenta por no escribir unas dedicadas líneas en su favor, este no merece por mal tratar y usar la música en pro de cuestiones alejadas a la realidad y a la construcción existencial de tan magnífico arte. Del mismo modo que me siento cercano de quien ama todo lo musical, también detesto, y con enorme fuerza, a aquel que por asentar beneficios propios y asuntos distanciados, usan a propósito la música para sacar tajada desproporcionadamente.
Es hondamente satisfactorio estar cerca de todos los proyectos que fomentan y procuran respeto por los músicos y la música hecha de verdad. Son infinidad las opciones y ensayos por parte de los patrocinios privados de mantener en Huelva un circuito de música en directo. El problema, que además lo hemos tratado en bastantes artículos, es no sólo no contar con el auxilio institucional, si no que son un cúmulo de trabas las que se les presenta, cuando esta actividad debería incluso estar subvencionada, tal y como se hace en otras ciudades españolas.
En cada uno de mis palabras he procurado que se entendiera no sólo un propósito, si no que se pudiera buscar una segunda línea, algo más meditado y subterráneo. Sé que es muy complicado llegarle a todo el mundo, pero mis esfuerzos siempre han estado y estarán encaminados a un mismo objetivo: no sucumbir en lo material, en lo efímero… mejor llenar el espíritu de sensaciones a través de cualquier manifestación artística que estar pendiente de lo superfluo de las vidas ajenas, por ejemplo.
Debemos estar dispuestos a meditar y a valorar sobre las cosas que nos rodean, siendo la música parte inherente e inseparable del ser humano. Pero sin categorías ni disyuntivas, sabiendo disfrutar en cada momento de lo humano y terreno, aglutinando en ello también la parte emocional y sensitiva más pura y quizás única.
No desperdiciar el tiempo en la desidia y en la pereza, romper con las modas y los oportunismos sectarios que azotan a los grupos sociales del siglo XXI con designios poco claros.
Gracias por vuestros mensajes constantes en el blog de El Templete, a los comentarios que me hacéis llegar personalmente, y por supuesto al medio que me deja escribirles, por la libertad de la que gozo para poder expresarme semana tras semana. Va por ustedes y por otro año más de referencias musicales, vivencias en su alrededor y conmociones armónicas y sonoras.
Todo comenzó con la finalidad de llevar a los lectores una impresión lo más cercana posible de las sonoridades y armonías que, por otro lado, mi gran maestro José Luis Rodríguez hizo arrancar de “sus manos” en el Gran Teatro capitalino. Fue mi primer artículo en El Mundo Huelva Noticias y mi primera tentativa en la defensa de músicos y música, sobre todo si son hijos de nuestra tierra.
Imagino que como cocer habas se cuecen en todos los lados, también en el mundo de la música nos sentimos pocos apoyados, nada fomentados y la mayoría de las veces maltratados. Yo como soy aun más afligido e idealista pienso en el poco respeto que existe hacía lo que no es tan sólo una profesión, sino una pasión, volviéndose todo mayoritariamente de color gris.
Es por esto por lo que cada vez que denoto que alguien quiere participar de mis semejantes objetivos, me vuelvo hacia él con ánimo y candidez. Lógicamente, a menudo te acercas equivocadamente a quien no debes, pero en la generalidad de las ocasiones encuentras en cruces de caminos gente con la misma lucha, o con la aplicación de proteger frentes comunes. Creo que mi postura puede ser tomada como intransigente, pero mi educación y conciencia es lo que me pide.
En estos más de doce meses, son muchos los amables lectores que me han ayudado con un simple “te leo todos los lunes en El Mundo”, dispensando un nuevo afán para continuar con la organización delicada de las letras, algo que como Licenciado que soy en Humanidades, la antigua Filosofía y Letras, debería dárseme bien. Sinceramente, soy más de las filosofías que de las letras: gana el alma por goleada a lo terrenal.
Aunque también me he cruzado con aquel que me atormenta por no escribir unas dedicadas líneas en su favor, este no merece por mal tratar y usar la música en pro de cuestiones alejadas a la realidad y a la construcción existencial de tan magnífico arte. Del mismo modo que me siento cercano de quien ama todo lo musical, también detesto, y con enorme fuerza, a aquel que por asentar beneficios propios y asuntos distanciados, usan a propósito la música para sacar tajada desproporcionadamente.
Es hondamente satisfactorio estar cerca de todos los proyectos que fomentan y procuran respeto por los músicos y la música hecha de verdad. Son infinidad las opciones y ensayos por parte de los patrocinios privados de mantener en Huelva un circuito de música en directo. El problema, que además lo hemos tratado en bastantes artículos, es no sólo no contar con el auxilio institucional, si no que son un cúmulo de trabas las que se les presenta, cuando esta actividad debería incluso estar subvencionada, tal y como se hace en otras ciudades españolas.
En cada uno de mis palabras he procurado que se entendiera no sólo un propósito, si no que se pudiera buscar una segunda línea, algo más meditado y subterráneo. Sé que es muy complicado llegarle a todo el mundo, pero mis esfuerzos siempre han estado y estarán encaminados a un mismo objetivo: no sucumbir en lo material, en lo efímero… mejor llenar el espíritu de sensaciones a través de cualquier manifestación artística que estar pendiente de lo superfluo de las vidas ajenas, por ejemplo.
Debemos estar dispuestos a meditar y a valorar sobre las cosas que nos rodean, siendo la música parte inherente e inseparable del ser humano. Pero sin categorías ni disyuntivas, sabiendo disfrutar en cada momento de lo humano y terreno, aglutinando en ello también la parte emocional y sensitiva más pura y quizás única.
No desperdiciar el tiempo en la desidia y en la pereza, romper con las modas y los oportunismos sectarios que azotan a los grupos sociales del siglo XXI con designios poco claros.
Gracias por vuestros mensajes constantes en el blog de El Templete, a los comentarios que me hacéis llegar personalmente, y por supuesto al medio que me deja escribirles, por la libertad de la que gozo para poder expresarme semana tras semana. Va por ustedes y por otro año más de referencias musicales, vivencias en su alrededor y conmociones armónicas y sonoras.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Oportunismo e intrusismo musical
Estos dos conceptos, los cuales yo siempre he emparentado a la estafa y al engaño, son parte del contenido de un discurso constante en la vida artística occidental desde hace unas décadas. Quizás por omisión, o bien por confusión, este planteamiento básico se ha plasmado en multitud de producciones y se han vendido con imágenes que han ayudado a la tomadura de pelo constantemente. Quizás se puede pensar en el reproche como actitud personal, pero lejos de esa postura, y con la tranquilidad de ser lo más objetivo posible en mis ideas, me siento con la responsabilidad de llevarlo hasta donde se puede llegar.
Consideramos que para todas las disciplinas humanas se debe y requiere tener una formación minuciosa, tanto teórica como mayoritariamente experimental. Nadie en su sano juicio, se pondría en las manos de un señor que nos dice que es médico para que nos opere de apendicitis, y no ha estudiado y puesto en práctica los estudios universitarios de medicina. Desde luego sobra decir que ninguno de nuestros queridos lectores se fiaría lo más mínimo de dejarse intervenir quirúrgicamente por alguien que dice saberlo hacer aunque lo haya aprendido a través de un curso por correspondencia. Pues este ejemplo extrapolado a otras realidades puede resultar efectivo.
Las atribuciones que cada cual posee se deben a una extensa formación, tanto en el terreno técnico como en el empírico, que como hemos comentado antes es en multitud de ocasiones, es inclusive más importante. Aun así, en el terreno artístico sufrimos las continuas intromisiones de individuos y grupos de personas que ni tienen formación como para participar de estos lenguajes, ni siquiera, que es aún peor, hacen por tenerla. Y por supuesto, la música no es la única disciplina junto con las otras artes que sufre de esta pandemia. Un ejemplo manifiesto es el de los periodistas. ¿Cuántos personajes mediáticos quitan literalmente el puesto de trabajo a muchos y grandes profesionales de la información?
Este es un debate extenso y pesado. Pero, ¿por qué se les da tanta cancha a estos inventos pseudo músicos? ¿Dónde tienen lugar todos aquellos grandes artistas y virtuosos que dejan su vida por formarse como músicos? Una de las cuestiones que a menudo hemos tanteado es la de si merece la pena tanto esfuerzo, dedicación, trabajo y sacrificio, si luego llega algún producto, normalmente manejado entre campañas de marketing o bien por encantamientos propios, y la última argumentación es la importancia de la música en todo esto.
No concebimos la vida sin música; pero tampoco sin músicos en cuanto a producción artística. Otra cuestión es el concepto humano de la música en sí, sin necesidad de la aprobación general de un público establecido, si no del concepto popular y participativo que representan este tipo de lenguajes musicales. Es decir, que la música como interpretación y expresión del pueblo en términos generales existe y existirá por siempre, posibilitando el hecho de que todos podemos usarla como parte indisoluble del ser humano.
Pero perceptiblemente existe una amplia línea que separa la música popular de la música hecha con conciencia. El siglo XX ha visto como esta música de corte habitual se ha impuesto por sus características de sencillez y simplicidad para acercarse de manera más próxima hasta los oídos de los consumidores. Lo interesante de todo esto es que incluso los músicos que han trabajado en estos ámbitos se han preocupado en formarse. El caso más extraordinario es el de The Beatles, que a pesar de todo lo conseguido casi de forma innata y sin conciencia, durante toda su carrera artística asistieron y procuraron atender sus necesidades musicales con la búsqueda constante del saber musical.
En la actualidad hay mucho cantante o similares productos que con sacar la voz de su cuerpo ya están exigiendo un lugar dentro del panorama musical. Sin ningún tipo de interés por hacerlo siempre lo mejor posible, se contentan con reclamar y demandar su posición de “estrellita” sólo por tener conciencia de que con una bonita voz ya se abren las puertas del éxito, en todos los sentidos.
Es de vergüenza ver cómo actúan estos enormes artistas de las grandes producciones discográficas en las que su rostro por si mismo vende todo lo vendible. Pero eso sí, eso de cantar bien se queda para otros: para los que luchan cada día con sus estudios. De todas maneras, la conclusión a la que llegamos no es para culparles a ellos, si no a todos los que los escuchamos e incluso los apoyamos. Estos viven exclusivamente de nosotros y de nuestras opiniones, y desafortunadamente, estas están demasiado condicionadas por agentes externos.
Consideramos que para todas las disciplinas humanas se debe y requiere tener una formación minuciosa, tanto teórica como mayoritariamente experimental. Nadie en su sano juicio, se pondría en las manos de un señor que nos dice que es médico para que nos opere de apendicitis, y no ha estudiado y puesto en práctica los estudios universitarios de medicina. Desde luego sobra decir que ninguno de nuestros queridos lectores se fiaría lo más mínimo de dejarse intervenir quirúrgicamente por alguien que dice saberlo hacer aunque lo haya aprendido a través de un curso por correspondencia. Pues este ejemplo extrapolado a otras realidades puede resultar efectivo.
Las atribuciones que cada cual posee se deben a una extensa formación, tanto en el terreno técnico como en el empírico, que como hemos comentado antes es en multitud de ocasiones, es inclusive más importante. Aun así, en el terreno artístico sufrimos las continuas intromisiones de individuos y grupos de personas que ni tienen formación como para participar de estos lenguajes, ni siquiera, que es aún peor, hacen por tenerla. Y por supuesto, la música no es la única disciplina junto con las otras artes que sufre de esta pandemia. Un ejemplo manifiesto es el de los periodistas. ¿Cuántos personajes mediáticos quitan literalmente el puesto de trabajo a muchos y grandes profesionales de la información?
Este es un debate extenso y pesado. Pero, ¿por qué se les da tanta cancha a estos inventos pseudo músicos? ¿Dónde tienen lugar todos aquellos grandes artistas y virtuosos que dejan su vida por formarse como músicos? Una de las cuestiones que a menudo hemos tanteado es la de si merece la pena tanto esfuerzo, dedicación, trabajo y sacrificio, si luego llega algún producto, normalmente manejado entre campañas de marketing o bien por encantamientos propios, y la última argumentación es la importancia de la música en todo esto.
No concebimos la vida sin música; pero tampoco sin músicos en cuanto a producción artística. Otra cuestión es el concepto humano de la música en sí, sin necesidad de la aprobación general de un público establecido, si no del concepto popular y participativo que representan este tipo de lenguajes musicales. Es decir, que la música como interpretación y expresión del pueblo en términos generales existe y existirá por siempre, posibilitando el hecho de que todos podemos usarla como parte indisoluble del ser humano.
Pero perceptiblemente existe una amplia línea que separa la música popular de la música hecha con conciencia. El siglo XX ha visto como esta música de corte habitual se ha impuesto por sus características de sencillez y simplicidad para acercarse de manera más próxima hasta los oídos de los consumidores. Lo interesante de todo esto es que incluso los músicos que han trabajado en estos ámbitos se han preocupado en formarse. El caso más extraordinario es el de The Beatles, que a pesar de todo lo conseguido casi de forma innata y sin conciencia, durante toda su carrera artística asistieron y procuraron atender sus necesidades musicales con la búsqueda constante del saber musical.
En la actualidad hay mucho cantante o similares productos que con sacar la voz de su cuerpo ya están exigiendo un lugar dentro del panorama musical. Sin ningún tipo de interés por hacerlo siempre lo mejor posible, se contentan con reclamar y demandar su posición de “estrellita” sólo por tener conciencia de que con una bonita voz ya se abren las puertas del éxito, en todos los sentidos.
Es de vergüenza ver cómo actúan estos enormes artistas de las grandes producciones discográficas en las que su rostro por si mismo vende todo lo vendible. Pero eso sí, eso de cantar bien se queda para otros: para los que luchan cada día con sus estudios. De todas maneras, la conclusión a la que llegamos no es para culparles a ellos, si no a todos los que los escuchamos e incluso los apoyamos. Estos viven exclusivamente de nosotros y de nuestras opiniones, y desafortunadamente, estas están demasiado condicionadas por agentes externos.
sábado, 7 de noviembre de 2009
Apostando por la música en directo
Hace un par de semanas, llegaba hasta mis oídos una curiosa y a la vez pienso que acertada propuesta desde un lugar cercano al mar. Los que me conocen saben cómo me tira eso de tener sensaciones pegado al Atlántico, colmado de olas y complacido por toda la arena. Como bien dice un buen amigo “cada uno es cada uno”, y a mí me satisface en gran manera pasar buenos ratos lo más próximo a la playa, da igual la época de año que sea. Afortunadamente, gozamos de uno de los mejores climas de Europa y de más horas de sol que nadie en el territorio español.
Si a todo esto encima le añadimos la música, entonces a mi no hay quien me mueva del sitio. Ante mi curiosidad, me acerque hace un par de sábados a conocer aquel lugar donde supuestamente la música se hace más humana si cabe. Y sinceramente, ha sido una sorpresa de mayúsculas proporciones. Después de charlar con sus gerentes un buen rato, pude observar como en sus palabras brotaba sobre todo la ilusión por recrear en un espacio de dimensiones casi únicas, un proyecto a medio o largo plazo donde la música no sólo tiene cabida como algo más, sino que se le da la importancia que se merece.
Y yo como soy de los que piensan que la música en estos sentidos está tan maltratada, admiro con gran entusiasmo a todo aquel que apoya sin condiciones cualquier ayuda y esfuerzo por hacer que los conciertos en directo sean parte importante de sus actividades. Es más, programar este tipo de eventos conlleva una serie de sacrificios y trabajo que estoy seguro alguno sería incapaz de llevarlo a cabo; no por no poder, si no por no atreverse. Esto lo digo con todo convencimiento porque recapacito desde mi tesitura y disposición.
La Sala Atlántida, a la salida de El Portil, en dirección hacia El Rompido, está programando todos los domingos al mediodía una serie de audiciones y conciertos que me da a mí la sensación de que va a dar mucho que hablar. Y lo mejor es que esto no es el único ofrecimiento que nos dan. Desde media mañana ya se puede disfrutar de su terraza interior tomando unas cervezas y aprovechando del espacio para tener la sensación marítima sin estar propiamente en la playa. Además tienen cercano un parque infantil, con lo que el problema niños está solucionado.
Posteriormente, a la hora del almuerzo, nuestro amigo Antonio y sus colaboradores nos invitan, literalmente, domingo tras domingo a una sorpresa gastronómica. Una degustación que puede variar desde una gran paella, pasando por unos garbanzos, o una excelente barbacoa con chacinas de la sierra de Huelva. Y totalmente gratis, a cuenta de la Sala y como ofrecimiento a todos aquellos que se acerquen hasta allí para escuchar música en vivo.
Ciertamente es una oferta difícil de rechazar. Y si encima la sobremesa, a eso de las cuatro de la tarde, es amenizada por un concierto en directo de algunos de los músicos y de las bandas más sobresalientes de Huelva, pues ya ni les cuento. Es decir, que pasamos un domingo con todas las letras: de relax absoluto, con buena comida, inmejorable ambiente, trato exquisito, agradable música y en un marco incomparable. Les aseguro que quien se acerca y conoce la Sala Atlántida vuelve en cuanto tiene un rato.
Estos últimos domingos, hemos podido disfrutar de gran manera de todo esto que les cuento. La idea es institucionalizarlo, y poder contar en la costa de Huelva con un lugar que nos oferta una agenda de conciertos incluidos en una operación tan laboriosa y completa. La idea es más que atractiva, con lo que pienso que este tipo de iniciativas tendrían que estar muy apoyadas. Y aunque no se subvencionen, sería ideal no ponerles muchas trabas.
Siempre es la misma historia: son muchos de los empresarios hosteleros de Huelva los que más apoyan a los músicos onubenses. Es de agradecer todos los esfuerzos de contar con actuaciones de música en directo en sus locales, y la mayoría de las ocasiones no sólo es que no se colabore, sino que encima desde muchos estamentos sociales y políticos se impide sistemáticamente este tipo de empresas.
Si viviéramos en otro lugar, se fomentaría mucho más, proporcionando una autentica cultura de interpretaciones musicales en directo. Queremos parecernos a nuestros hermanos europeos en todo lo que podamos. Pero en ese sentido estamos realmente alejados, en las antípodas. A ver si de una vez por todas si no quieren hacer nada por los músicos onubenses, que no lo hagan. Pero por lo menos que permitan que de otras manos emerja de una vez por todos los condicionantes y las grandes motivaciones artísticas de las que adolece nuestra tierra.
Si a todo esto encima le añadimos la música, entonces a mi no hay quien me mueva del sitio. Ante mi curiosidad, me acerque hace un par de sábados a conocer aquel lugar donde supuestamente la música se hace más humana si cabe. Y sinceramente, ha sido una sorpresa de mayúsculas proporciones. Después de charlar con sus gerentes un buen rato, pude observar como en sus palabras brotaba sobre todo la ilusión por recrear en un espacio de dimensiones casi únicas, un proyecto a medio o largo plazo donde la música no sólo tiene cabida como algo más, sino que se le da la importancia que se merece.
Y yo como soy de los que piensan que la música en estos sentidos está tan maltratada, admiro con gran entusiasmo a todo aquel que apoya sin condiciones cualquier ayuda y esfuerzo por hacer que los conciertos en directo sean parte importante de sus actividades. Es más, programar este tipo de eventos conlleva una serie de sacrificios y trabajo que estoy seguro alguno sería incapaz de llevarlo a cabo; no por no poder, si no por no atreverse. Esto lo digo con todo convencimiento porque recapacito desde mi tesitura y disposición.
La Sala Atlántida, a la salida de El Portil, en dirección hacia El Rompido, está programando todos los domingos al mediodía una serie de audiciones y conciertos que me da a mí la sensación de que va a dar mucho que hablar. Y lo mejor es que esto no es el único ofrecimiento que nos dan. Desde media mañana ya se puede disfrutar de su terraza interior tomando unas cervezas y aprovechando del espacio para tener la sensación marítima sin estar propiamente en la playa. Además tienen cercano un parque infantil, con lo que el problema niños está solucionado.
Posteriormente, a la hora del almuerzo, nuestro amigo Antonio y sus colaboradores nos invitan, literalmente, domingo tras domingo a una sorpresa gastronómica. Una degustación que puede variar desde una gran paella, pasando por unos garbanzos, o una excelente barbacoa con chacinas de la sierra de Huelva. Y totalmente gratis, a cuenta de la Sala y como ofrecimiento a todos aquellos que se acerquen hasta allí para escuchar música en vivo.
Ciertamente es una oferta difícil de rechazar. Y si encima la sobremesa, a eso de las cuatro de la tarde, es amenizada por un concierto en directo de algunos de los músicos y de las bandas más sobresalientes de Huelva, pues ya ni les cuento. Es decir, que pasamos un domingo con todas las letras: de relax absoluto, con buena comida, inmejorable ambiente, trato exquisito, agradable música y en un marco incomparable. Les aseguro que quien se acerca y conoce la Sala Atlántida vuelve en cuanto tiene un rato.
Estos últimos domingos, hemos podido disfrutar de gran manera de todo esto que les cuento. La idea es institucionalizarlo, y poder contar en la costa de Huelva con un lugar que nos oferta una agenda de conciertos incluidos en una operación tan laboriosa y completa. La idea es más que atractiva, con lo que pienso que este tipo de iniciativas tendrían que estar muy apoyadas. Y aunque no se subvencionen, sería ideal no ponerles muchas trabas.
Siempre es la misma historia: son muchos de los empresarios hosteleros de Huelva los que más apoyan a los músicos onubenses. Es de agradecer todos los esfuerzos de contar con actuaciones de música en directo en sus locales, y la mayoría de las ocasiones no sólo es que no se colabore, sino que encima desde muchos estamentos sociales y políticos se impide sistemáticamente este tipo de empresas.
Si viviéramos en otro lugar, se fomentaría mucho más, proporcionando una autentica cultura de interpretaciones musicales en directo. Queremos parecernos a nuestros hermanos europeos en todo lo que podamos. Pero en ese sentido estamos realmente alejados, en las antípodas. A ver si de una vez por todas si no quieren hacer nada por los músicos onubenses, que no lo hagan. Pero por lo menos que permitan que de otras manos emerja de una vez por todos los condicionantes y las grandes motivaciones artísticas de las que adolece nuestra tierra.
domingo, 1 de noviembre de 2009
La música en lata
Como las buenas conservas, el concepto de la música grabada se ha hecho útil para guardar como memoria y elemento musicológico todos o gran parte de los archivos sonoros que se ha producido durante el siglo XX y en los venideros. En ese sentido, ha sido toda una revolución en cuanto a las posibilidades de conservación y difusión de infinidad de composiciones, sobre todo a nivel popular, que se hubieran perdido o no hubieran encontrado respuesta de los oyentes. De hecho, las iniciales pruebas fonográficas de Edison, el fonoautógrafo de Leon Scott y otros intentos de realizar experimentaciones con el sonido, sólo tenían una intención: poder almacenar lo que escuchaban.
Todo el desarrollo y la evolución posterior, son un entramado de tecnologías y avances uno sobre otro. Thomas Edison recreó un sistema de grabación analógica capaz también de reproducir una serie de ondas que se transforman en vibraciones mecánicas escritas en surcos dentro de un cilindro recubierto de cera u otro material similar. Lo llamó fonógrafo. Para reproducir lo grabado se procedía a realizar la acción a la inversa sugestionando una fina aguja que recogería esa vibración, pudiéndose amplificar a través de un cono o bocina.
La aparición del gramófono y del disco de vinilo casi a finales del siglo XIX va a posibilitar el primer uso comercial de las grabaciones acústicas. Este tipo de disco también va a presentar una serie de cambios, evolucionando en tamaño, materiales, calidad sonora y el hecho de poder usar las dos caras, representando un nuevo avance. Emile Berliner va a patentar el gramófono como aparato capacitado para únicamente para reproducir. Para grabar se siguió usando en gran medida un tipo de fonógrafo mejorado. Pero el disco de vinilo se impuso por su capacidad de fabricación en masa.
En 1925 se comienza a extender el uso del tocadiscos, que ajusta la reproducción gracias a que se produce de manera eléctrica, y no electroacústica. Consiste en una cabeza móvil que consta de una aguja que recibe las vibraciones de los surcos de los discos y está preparado para recogerlas y a través de un amplificador poder emitir. De este modo, teníamos control de volumen del sonido. También el hecho de constar de un motor que hacia girar el disco de manera automática, facilito su expansión y utilidad.
Paralelamente a todas estas prosperidades tecnológicas, se estuvo trabajando en la grabación y reproducción en cinta magnética, dando origen finalmente a un uso constante de este sistema para los estudios de grabación. Es decir, desde casi principios de siglo la mayoría de las producciones fonográficas se decantaron por la grabación en cinta con multitud de formas y métodos, dejando para comercializar exclusivamente el disco de vinilo. Pero a partir de los años 60 se va a crear un modelo más económico y con ciertas ventajas de producción en cinta magnética: el casete compacto.
En todo esto, la aparición de numerosas propuestas para mejorar la calidad del sonido analógico nos llevo, por ejemplo, a la creación del sistema estéreo o a la eliminación del ruido incidental con el Dolby tipo B, además de otras mejoras en cuanto a materiales, como la cinta de cromo. Y por supuesto, la era de la Alta Fidelidad.
Pero a la postre, todas estas intenciones se van a quedar obsoletas en cuanto aparecen las nuevas fórmulas digitales. Las mejoras en todos los sentidos fueron claves: costes, calidad del sonido, manipulación instrumental, comercialización,… y así hasta un largo etcétera. La difusión del disco compacto como soporte de audio digital causo una autentica revolución a todos los niveles. Un negocio que mantenía unos dividendos de progreso desde su creación se tornaron en una industria de enorme repercusión mediática y social.
Muy poca gente que hace uso de la música como consumo propio, nunca se ha detenido a plantearse lo fácil que tenemos el poder escuchar y disfrutar de los estímulos sonoros con tan sólo apretar un botón. El hecho de complacerse en tiempo real con una buena composición u obra musical en el preciso instante en el que se nos antoja recibir esa información audible, es algo que alcanzaríamos, si pudiéramos, a remitir a muchas de las generaciones de nuestros antepasados.
No somos conscientes de muchas de las facilidades que nos otorgan las tecnologías más novedosas,… pero en concreto en cuanto a la escucha musical diaria, deberíamos de tener presente como todo un proceso de perfeccionamiento nos ha otorgado esta posición, con todos sus valores. Y aunque durante todo este tiempo de gestación hay quien ha hecho negocio de este progreso, hay que darle su valía y reconocer su pureza. De estos otros mercaderes y tenderos musicales hablaremos en breve.
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