El pasado viernes 25 de junio, y desde la intención de que un privilegiado escenario como el de nuestro Foro Iberoamericano en La Rábida sea disfrutado y sirva como muestra para numerosos proyectos musicales, tuvimos la suerte de complacernos con una muestra de bandas onubenses sin apoyo de circuitos comerciales. Tuvimos la fortuna de poder sentir la cesión de todas las inquietudes de aquellos que hacen de la música su misma vida. Fue un precioso regalo que la mayoría de los grupos allí representados sintieron como tal.
Todo acompañó: la magnífica temperatura, un equipo profesional y humano excelente, los medios audiovisuales de enorme calidad, grandes amigos compartiendo el escenario y con los mismos objetivos, un marco incomparable para hacer cualquiera actividad artística, un público entregado y deseoso de escuchar las propuestas sonoras, y la entrega de todos para que fuera de cine. La sensación constante fue la positividad del acto en sí, y por supuesto, de la emotividad de estar viviendo un hecho histórico para los músicos de Huelva.
Quizás, como nota discordante la escasa cercana cifra de asistentes que un número aproximado de trescientos se dieron cita en la noche musical. Es la historia de siempre: toda Huelva, sus habitantes y nuestros paisanos se quejan constantemente de las ofertas culturales y artísticas que se proporcionan en las agendas tanto públicas como privadas de los estamentos culturales. Pero cuando se facilitan, a veces de manera casi irrechazable, como de por medio no esté la estrella mediática de turno, el artista de vida pública y televisiva, no hay nada que hacer. No es para darle muchas vueltas a esto; que cada uno actué en conciencia propia.
Rock in Huelva no pudo empezar de mejor manera. Se habilitó una gran pantalla pegada al bar del Foro, a las afueras de las instalaciones, junto a un graderío de sillas para que todos los que se acercaran, pudieran seguir las vicisitudes de nuestra selección de futbol nacional. Se vibró con cada jugada, con cada gol y con cada ocasión. Todos allí, los músicos y los espectadores unidos en una misma comunidad. Todo un acierto para hacer una piña alrededor del deporte y de la música. Fue un momento hermoso.
Llegando la noche, pudimos contemplar el bello atardecer de los lugares colombinos. Y con el crepúsculo, llegaron los músicos y la música. “Descarga Directa” fueron los encargados de abrir el concierto. La banda de Punta Umbría es la más joven de todas, y dejaron patente sus ganas y su futura proyección. Como todos los músicos hacen, el trabajo y la dedicación constante auxilian y condicionan toda la música que hagas. Deben seguir trabajando duro para conseguir todo lo que se propongan.
A continuación, la siguiente propuesta en participar fue “Och8 Vientos”. ¿Qué les puedo decir de nuestra banda? Pues que afortunadamente siguen Increscendo. En breve terminaremos de grabar su segundo disco de estudio en Madrid, y se prevé, si todo va bien y sus promotores quieren, que esté en otoño en todas las tiendas de España. Alba Casado, su cantante sigue en una excelente dinámica, y el dominio del concepto musical del proyecto es ya casi perfecto.
La gran sorpresa de la noche, por lo menos para nosotros, se hace llamar “Ingrama” y también llegaron de la costera población de Punta Umbría. Hacen un rock acústico progresivo como mucha fuerza y vitalidad. Temas y argumentos muy versátiles y una excelente puesta en escena. La agrupación, según sabemos, no lleva mucho tiempo junta. Aun así, han sido proclamados como vencedores en la edición actual de la campaña musical de Diputación “Al calor de tu música”. Hablaremos pronto largo y tendido sobre ellos.
Seguidamente, la más diversa de todas las propuestas. Dentro de la cultura de las músicas urbanas, “Cien kill-ates” arrasaron con un hip hop de lo más peculiar y adaptable. De la misma forma, y fieles a su estilo, el grupo de los hermanos Gustavo y Emilio contribuyeron con su cariño y fiabilidad de lo bien hecho a la magnífica cita. Del mismo modo tanto “Visión sonora” como “Jaramago Joe” con nuestro querido amigo Manu Castilla pusieron de manifiesto el alto nivel musical que se desgrana en la provincia de Huelva a estos niveles.
Insisto en que el hecho en sí de recrearse en un tipo de eventos como este, es como para sentirse orgulloso. Y como preludio de la impresionante programación de verano de “Las Noches del Foro” es todo un honor que se fijen estos conciertos como parte inherente del comienzo estival onubense. Eso sí, el apoyo del público es indispensable para todo esto: no vale decir luego “que pena, me lo perdí”, porque ya será tarde.
domingo, 27 de junio de 2010
domingo, 20 de junio de 2010
Música “made in” Huelva

Huelva está de moda. Los últimos años de nuestra amada ciudad y su querida provincia están siendo el ejemplo perfecto de evolución, lucha constante y trabajo desmedido. Incluso inmersos en multitud de dificultades, las señales del desarrollo constante en casi todas las facetas sociales han sido productivas en numerosas materias. Es algo lógico dentro de un marco global de actuación, y aunque nuestros representantes políticos siguen peleándose entre ellos, el propósito objetivo de todos es al fin y al cabo el del bien común, e imaginamos que es lo que más importa.
En los tiempos que corren, no dejar de ser menos cierto que se ha quedado todo un poco al margen. La situación que estamos viviendo no es ni mucho menos de zozobra. Aun así, debemos entender que hay componentes dentro de la misma existencia que subsisten por encima de intereses y provechos tangibles. Estos son todos aquellos que se establecen desde el prisma de la educación y el crecimiento personal. Nos estamos refiriendo a la necesidad de la cultura como parte inherente de nuestra propia vida y de las de nuestros semejantes.
Pues bien – como nos gusta comenzar una frase de esta forma –, en lo referido a la música como lenguaje artístico y sección indisoluble de la actividad cultural, Huelva se viste desde hace tiempo de ofertas tanto privadas como públicas que apuestan por las iniciativas y proyectos de la tierra. Y aunque estamos en buena disponibilidad, por pedir que no quede y solicitamos muchos más impulsos como los que estamos experimentando recientemente.
Metidos en todo esto, la Diputación de Huelva en toda su extensión, y su área de cultura en asuntos propios de su ámbito, están promoviendo la marca de Huelva en una apropiada campaña para captar más adeptos a nuestra preciosa comarca. Como era de esperar y para bien de los amantes de la cultura onubense, se han convocado con gran acierto varios espectáculos con razones de peso en sus convocatorias. Todo esto actuará como prefacio de la excelente propuesta que cada año se resuelve en el escenario en abierto más imponente de toda Huelva.
Si hace un par de semanas se reunieron en torno al inmenso escenario del Foro Iberoamericano de La Rábida algunos de los artistas más mediáticos que han deparado estos lares, comandados por cierto por el magnífico músico onubense residente en la aldea de El Rocío, Jesús Cayuela, en esta ocasión tienen la oportunidad de demostrar sus valores algunos artistas menos conocidos a niveles de medios de comunicación, pero que también desarrollan una importante labor musical en nuestra provincia.
Son varias las administraciones que también aportan su granito de arena en proteger y respaldar a las bandas musicales que pertenecen por uno u otro motivo a las movidas que están al margen de los grandes circuitos comerciales, por eso es de agradecer el amparo y fomento de estas instituciones por permitir y otorgar el sitio que muchos de estos amantes de la música se merecen, por dedicación, esfuerzo y sacrificio. Y aunque no van a estar todos los que deberían, ya que sería prácticamente imposible, sabemos que la intención es institucionalizar estos conciertos para que sean un punto de encuentro cada año, con la misma argumentación y los mismos objetivos, algo que desde aquí aplaudimos. De esta manera, todos tendrán cabida tarde o temprano, y será cuestión de motivación.
Y aunque no solemos llevar a cabo este tipo de artículos antes de los eventos, ya que nos gusta más escribir sobre lo ocurrido – como cronista de la actividad musical –, creemos en la necesidad de fomentar este tipo de actividades y conciertos para que el apoyo sea incondicional por parte de toda la ciudadanía, convirtiéndose de nuevo en un público atento y generador de aliento para todos los que hacemos de nuestra vida un formato de la expresión musical.
De esta manera, el próximo viernes 25 de junio se llevara a cabo “Rock in Huelva”, como hemos reflejado anteriormente en el hermoso coliseo que es nuestro foro colombino, a partir de las 10 de la noche, actuaran en el siguiente orden las bandas onubenses: Descarga Directa, Och8 Vientos, Ingrama, 100 Kill-Ates, La Clave, Visión Sonora y Jaramago Joe. El precio de la entrada será de 5 euros, y se pondrán autobuses para el desplazamiento desde las 20:45 a las 21:15 para ir, y cuando finalice el concierto para volver.
Es la oportunidad perfecta para conocer estos proyectos musicales que nacen desde y para Huelva, y en los que se ponen los máximos esfuerzos. Debemos apostar de una vez por todas por nuestras producciones y así poder establecer este evento como un festival a consolidar año tras año.
domingo, 13 de junio de 2010
El espíritu de un sueño
Estamos en pleno comienzo del Campeonato Mundial de futbol de Sudáfrica, y aunque algunos se empeñan en ponerle música a las sensaciones que propone un espectáculo de tan grandes magnitudes como es el futbol, nosotros, como casi siempre, elegimos y nos decidimos por alguien no impuesto, y por supuesto, de nuestra entera satisfacción. Llegando las grandes citas deportivas, todo es un cúmulo de aditivos que suman a la emoción que de por sí condicionan estas exhibiciones competitivas. No es tan sólo futbol, si no que hay un maravilloso mundo que rodea y adereza a tal magnifico evento.
En cuanto a la música, también hay una interesante participación. Podemos remontarnos a las fiestas panateneas de la Grecia clásica para poder contar con la intervención de músicos venidos de todos los territorios cercanos para contribuir con sus cánticos en el acontecimiento. En todas las manifestaciones deportivas de aquella época, grandes músicos concurrían en las competiciones y aportaban su sentido artístico a lo que fue en sus inicios las reuniones deportivas antecesoras a los juegos olímpicos. Realmente eran torneos dedicados a las musas y que se hacían de manera paralela a otros certámenes donde las contiendas atléticas también se originaban. Se denominaban Juegos Píticos y se celebran fundamentalmente en honor a Apolo.
Pues bien, regresando al presente, y sirviéndonos de ejemplos historicistas para poder observar esa preponderancia que posee la música en casi todo lo que conlleve el concepto espectáculo, el Mundial de futbol en el que estamos sumergidos también se caracteriza por lo que ancestralmente llamaba la atención al pueblo: el divertimento y la festividad. Pero como decíamos más arriba, no estamos dispuestos a tener que asumir todo lo que en bandeja nos colocan.
Por eso, en cuanto a la canción del Mundial, hemos seleccionado para ustedes la que creemos que está más acorde con el verdadero espíritu del deporte que mayor número de sensaciones nos aporta, nos enloquece y nos apasiona. No nos conformamos con que la cante el artista mediático de turno, o con que nos obliguen por pesadez en los medios a tener que recordar una cita de tales calibres en relación con esa música.
Hace unos días, llegó hasta nuestros oídos la entusiasmada propuesta que la banda de Alcalá de Guadaira “El Grito” ha producido para tal concurrencia. La han titulado “El espíritu de un sueño”, y sinceramente, han conseguido remover por dentro todo un mundo de impresiones que te conducen y transportan a ese arrojo y energía de la que la Selección Española de Futbol nos está brindando en los últimos campeonatos.
Son muchos los medios de comunicación que se han hecho eco de tan brillante iniciativa, y nos consta que están teniendo un rotundo éxito, que esperemos que vayan de la mano con los triunfos futboleros de nuestro equipo nacional. Es un autentico alegato a la ilusión, al sentimiento por unos colores, a la esperanza y el anhelo por conseguir lo que durante décadas ha sido un sueño para todos los españoles, y es el ver en lo más alto de un Mundial de futbol a nuestros representantes. Por eso, como se han elegido los mejores jugadores para representarnos, no estaría de más que también fueran en nuestra personificación músicos de talla y gran carácter.
“El Grito”, o también podemos decir Javi Fernández y Carlos Asensio, voz y guitarras respectivamente, llevan un buen puñado de años entusiasmando con esto de la Música, participando activamente de conciertos y actuaciones por toda la geografía andaluza. Aquí en Huelva tuvimos hace algunos meses la suerte de poder contar con sus diabluras y un directo cargado de sorpresas. La inigualable iniciativa musical de El Postero de Corrales, nos otorgo la posibilidad de acceder a su mundo, cargado de saber estar y dándonos la oportunidad de disfrutar de sus activos artísticos. Se lo aconsejamos, es para no perdérselos.
A ver como andan con sus galas de verano y volvemos a tener la suerte de escucharlos por estos lares. Están en un excelente momento, ya que en la actualidad, y a parte de toda la promoción en la que están con la canción del mundial, se encuentran enfrascados en la grabación de su primer EP, con la totalidad de temas de propia autoría, y con la producción del enorme pianista Álvaro Gandul.
Cuando crees en tus propias ideas, tienes fe en ellas y habitas el día a día de duro trabajo, terminas consiguiendo todo lo que te planteas. Ese es el trazado que poco a poco van cumpliendo. Con sus intenciones musicales están cargadas de optimismo y entusiasmo, desde estas líneas queremos hacer un alegato por todos los que profesan y viven desde este empeño.
En cuanto a la música, también hay una interesante participación. Podemos remontarnos a las fiestas panateneas de la Grecia clásica para poder contar con la intervención de músicos venidos de todos los territorios cercanos para contribuir con sus cánticos en el acontecimiento. En todas las manifestaciones deportivas de aquella época, grandes músicos concurrían en las competiciones y aportaban su sentido artístico a lo que fue en sus inicios las reuniones deportivas antecesoras a los juegos olímpicos. Realmente eran torneos dedicados a las musas y que se hacían de manera paralela a otros certámenes donde las contiendas atléticas también se originaban. Se denominaban Juegos Píticos y se celebran fundamentalmente en honor a Apolo.
Pues bien, regresando al presente, y sirviéndonos de ejemplos historicistas para poder observar esa preponderancia que posee la música en casi todo lo que conlleve el concepto espectáculo, el Mundial de futbol en el que estamos sumergidos también se caracteriza por lo que ancestralmente llamaba la atención al pueblo: el divertimento y la festividad. Pero como decíamos más arriba, no estamos dispuestos a tener que asumir todo lo que en bandeja nos colocan.
Por eso, en cuanto a la canción del Mundial, hemos seleccionado para ustedes la que creemos que está más acorde con el verdadero espíritu del deporte que mayor número de sensaciones nos aporta, nos enloquece y nos apasiona. No nos conformamos con que la cante el artista mediático de turno, o con que nos obliguen por pesadez en los medios a tener que recordar una cita de tales calibres en relación con esa música.
Hace unos días, llegó hasta nuestros oídos la entusiasmada propuesta que la banda de Alcalá de Guadaira “El Grito” ha producido para tal concurrencia. La han titulado “El espíritu de un sueño”, y sinceramente, han conseguido remover por dentro todo un mundo de impresiones que te conducen y transportan a ese arrojo y energía de la que la Selección Española de Futbol nos está brindando en los últimos campeonatos.
Son muchos los medios de comunicación que se han hecho eco de tan brillante iniciativa, y nos consta que están teniendo un rotundo éxito, que esperemos que vayan de la mano con los triunfos futboleros de nuestro equipo nacional. Es un autentico alegato a la ilusión, al sentimiento por unos colores, a la esperanza y el anhelo por conseguir lo que durante décadas ha sido un sueño para todos los españoles, y es el ver en lo más alto de un Mundial de futbol a nuestros representantes. Por eso, como se han elegido los mejores jugadores para representarnos, no estaría de más que también fueran en nuestra personificación músicos de talla y gran carácter.
“El Grito”, o también podemos decir Javi Fernández y Carlos Asensio, voz y guitarras respectivamente, llevan un buen puñado de años entusiasmando con esto de la Música, participando activamente de conciertos y actuaciones por toda la geografía andaluza. Aquí en Huelva tuvimos hace algunos meses la suerte de poder contar con sus diabluras y un directo cargado de sorpresas. La inigualable iniciativa musical de El Postero de Corrales, nos otorgo la posibilidad de acceder a su mundo, cargado de saber estar y dándonos la oportunidad de disfrutar de sus activos artísticos. Se lo aconsejamos, es para no perdérselos.
A ver como andan con sus galas de verano y volvemos a tener la suerte de escucharlos por estos lares. Están en un excelente momento, ya que en la actualidad, y a parte de toda la promoción en la que están con la canción del mundial, se encuentran enfrascados en la grabación de su primer EP, con la totalidad de temas de propia autoría, y con la producción del enorme pianista Álvaro Gandul.
Cuando crees en tus propias ideas, tienes fe en ellas y habitas el día a día de duro trabajo, terminas consiguiendo todo lo que te planteas. Ese es el trazado que poco a poco van cumpliendo. Con sus intenciones musicales están cargadas de optimismo y entusiasmo, desde estas líneas queremos hacer un alegato por todos los que profesan y viven desde este empeño.
domingo, 6 de junio de 2010
Cuanto nos aporta la música
Haciendo tiempo para que la temporada de conciertos de verano nos invada, y aun a sabiendas que el año no va a ser de los más prolíferos, podemos volver a compartir algunas de las reflexiones en voz alta sobre cuestiones y argumentos musicales. No son pensamientos gratuitos, sino que son conclusiones a las que llegamos después de tanta preocupación e introspección en base a la situación circunstancial. Aturdidos y cansados ante la constante misma respuesta, nos gustaría disertar sobre si el problema económico conlleva la caída del sistema en totalidad. ¿Todo depende del beneficio tangible? O por el contrario, ¿hay funciones con otros objetivos?
En épocas en la que la cultura vive del underground y la desidia de los grupos de poder, políticos y empresariales, cuando no reporta deliciosos beneficios ni intereses afines, subyacen las verdaderas realidades y las amargas horas de soledad y búsqueda poco fructíferas. Todo ese halo de misticismo e importancia que tiempo atrás ha envuelto a todas las actividades musicales, ahora son tan sólo un cúmulo de estadísticas dinerarias. Y su facción más dura, la rentabilidad.
Ahora ya nadie echa sus redes en los mares del negocio cultural. Los que nos estamos quedando en estos difíciles trances, somos los que siempre hemos creído en un concepto de vida alejado del materialismo absurdo y hemos buscado siempre respuestas en la inagotable fuente de los libros, el arte y todas las demás manifestaciones ilustrativas. Y aunque un porcentaje de los que quedamos, todavía siguen creyendo en poder sacar tajada de alguna u otra cosa, es el momento de largarlos para siempre de nuestra forma de vida.
Es repugnante seguir escuchando a unos pocos decir “voy a montar tal o cual historia” por intentar sacar partido económico: sólo con el fin de llenar un poco más sus bolsillos. Además, te lo dicen con toda la tranquilidad del mundo, y con más cara que un rostro pálido. La música y todo lo que nos aporta a los músicos está por encima de todo eso, y no podemos consentir que sigan estando entre nosotros este tipo de usurpadores e indignos: la música debe ser en su esencia pura y cristalina en sus exposiciones como el agua.
Imagino que pocos o ninguno de estos especuladores leerán estas líneas. Pero no estaría nada mal que los demás, todos aquellos que somos conscientes de sus tejemanejes les dejáramos clara la situación para que no sigan con esa actitud tan poco sincera. Durante los años de experiencia, hemos tenido la infortuna de coincidir con algunos de estos tipejos. En ellos, además, se cumplen una serie de estereotipos a nivel psicológico y actitudinales. Son fácilmente reconocibles, con cierto escaso talento, pero con la lección bien aprendida de cómo utilizar sus cortos recursos con la mayor de las eficacias.
La música conlleva una serie de parámetros que algunos ni por asomo conocen. No somos quienes para hacer alegatos de pureza, ni defensas de nada, pero si me veo en la obligación moral de declarar y testimoniar sobre las propias sensaciones, emociones y sentimientos en los que nos envolvemos. Quizás por fortuna, quizás por casualidad, quizás por lo experimentado, hemos desarrollado una serie de ideas y fundamentaciones que nos estimulan para creer que la música es algo diferente en finalidades y propósitos.
También cabe la posibilidad de conjeturar sobre la opción de que somos nosotros los equivocados. De que la música en la actualidad, en pleno siglo XXI, es exclusivamente un negocio, que son publicaciones con intereses y beneficios bien descritos y organizados. Que todo aquello que pensamos esta fuera de lugar y tiempo, que vivimos en otra época, alejados de la realidad. Aunque sea duro, difícil de digerir e incomprensible desde nuestro concepto, debemos otorgar el beneficio de la duda a otras hipótesis y teorías.
Aun así, creemos que vamos a seguir opinando que la legitimidad de la música como concepción artística está en otro lugar que en el que por honestidad le corresponde en nuestra manida sociedad. La autenticidad de los objetos finales por los que se lucha con la mayor de las virtudes en materias culturales, se han conducido bajo los rendimientos que varios empresarios han buscado y dominados en las últimas décadas.
La música nos produce y causa unas de las más gratificantes sensaciones emocionales de las que podemos acceder como humanos. Y lo que hacemos en vez de ser coherentes con los designios y originales disposiciones que conlleva tan magnífico arte, es destrozarlo con todo tipo de sucias intenciones, manejándolo todo y usando sórdidas argucias para llegar hasta los propósitos deseados, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra.
En épocas en la que la cultura vive del underground y la desidia de los grupos de poder, políticos y empresariales, cuando no reporta deliciosos beneficios ni intereses afines, subyacen las verdaderas realidades y las amargas horas de soledad y búsqueda poco fructíferas. Todo ese halo de misticismo e importancia que tiempo atrás ha envuelto a todas las actividades musicales, ahora son tan sólo un cúmulo de estadísticas dinerarias. Y su facción más dura, la rentabilidad.
Ahora ya nadie echa sus redes en los mares del negocio cultural. Los que nos estamos quedando en estos difíciles trances, somos los que siempre hemos creído en un concepto de vida alejado del materialismo absurdo y hemos buscado siempre respuestas en la inagotable fuente de los libros, el arte y todas las demás manifestaciones ilustrativas. Y aunque un porcentaje de los que quedamos, todavía siguen creyendo en poder sacar tajada de alguna u otra cosa, es el momento de largarlos para siempre de nuestra forma de vida.
Es repugnante seguir escuchando a unos pocos decir “voy a montar tal o cual historia” por intentar sacar partido económico: sólo con el fin de llenar un poco más sus bolsillos. Además, te lo dicen con toda la tranquilidad del mundo, y con más cara que un rostro pálido. La música y todo lo que nos aporta a los músicos está por encima de todo eso, y no podemos consentir que sigan estando entre nosotros este tipo de usurpadores e indignos: la música debe ser en su esencia pura y cristalina en sus exposiciones como el agua.
Imagino que pocos o ninguno de estos especuladores leerán estas líneas. Pero no estaría nada mal que los demás, todos aquellos que somos conscientes de sus tejemanejes les dejáramos clara la situación para que no sigan con esa actitud tan poco sincera. Durante los años de experiencia, hemos tenido la infortuna de coincidir con algunos de estos tipejos. En ellos, además, se cumplen una serie de estereotipos a nivel psicológico y actitudinales. Son fácilmente reconocibles, con cierto escaso talento, pero con la lección bien aprendida de cómo utilizar sus cortos recursos con la mayor de las eficacias.
La música conlleva una serie de parámetros que algunos ni por asomo conocen. No somos quienes para hacer alegatos de pureza, ni defensas de nada, pero si me veo en la obligación moral de declarar y testimoniar sobre las propias sensaciones, emociones y sentimientos en los que nos envolvemos. Quizás por fortuna, quizás por casualidad, quizás por lo experimentado, hemos desarrollado una serie de ideas y fundamentaciones que nos estimulan para creer que la música es algo diferente en finalidades y propósitos.
También cabe la posibilidad de conjeturar sobre la opción de que somos nosotros los equivocados. De que la música en la actualidad, en pleno siglo XXI, es exclusivamente un negocio, que son publicaciones con intereses y beneficios bien descritos y organizados. Que todo aquello que pensamos esta fuera de lugar y tiempo, que vivimos en otra época, alejados de la realidad. Aunque sea duro, difícil de digerir e incomprensible desde nuestro concepto, debemos otorgar el beneficio de la duda a otras hipótesis y teorías.
Aun así, creemos que vamos a seguir opinando que la legitimidad de la música como concepción artística está en otro lugar que en el que por honestidad le corresponde en nuestra manida sociedad. La autenticidad de los objetos finales por los que se lucha con la mayor de las virtudes en materias culturales, se han conducido bajo los rendimientos que varios empresarios han buscado y dominados en las últimas décadas.
La música nos produce y causa unas de las más gratificantes sensaciones emocionales de las que podemos acceder como humanos. Y lo que hacemos en vez de ser coherentes con los designios y originales disposiciones que conlleva tan magnífico arte, es destrozarlo con todo tipo de sucias intenciones, manejándolo todo y usando sórdidas argucias para llegar hasta los propósitos deseados, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra.
domingo, 30 de mayo de 2010
Soplan nuevos vientos
Después de tanto tiempo luchando y trabajando por un objetivo común, el pasado viernes 28 de mayo de 2010 quedará en la historia cultural de Huelva por todo lo acontecido en el Gran Teatro onubense, y por supuesto en quienes se unieron a “Och8 Vientos” en esa noche irrepetible. Muchos de los amables lectores que siguen los designios musicales de nuestra querida sección de El Templete, ya sabrán por donde andamos y porque lo hablamos. Creo que después de toda la dureza y dificultad que hemos pasado, es de recibo compartir también todo lo bueno que nos ocurra.
Ya lo vaticinábamos el pasado lunes, que el viernes próximo no iba a ser un día cualquiera. Todo el mundo que se acerco hasta el coliseo de la calle Vázquez López, pudo compartir con nosotros todas las inquietudes, y ser los primeros en poder escuchar las propuestas musicales y lo que es una realidad: nuestro segundo disco de estudio llamado “Camino por andar”. Aunque también se pudieron escuchar temas del primer trabajo discográfico, el público asistente estuvo más entregado y receptivo en percibir las nuevas creaciones.
Creemos que es de bien nacido el ser agradecido, y no queremos dejar de acordarnos de todos los que habéis hecho realidad este día tan maravilloso. Nombrarlos a todos seria complejo porque siempre te dejas a alguien, pero dentro de los estamentos públicos y privados, cada uno de vosotros sabéis quienes sois, lo que habéis hecho por nosotros y lo mucho que se os agradece tanto dado. Es algo que llevaremos siempre en la memoria.
Ya saben ustedes, que es de nuestra entera satisfacción contar siempre las cosas desde el prisma de un músico, al fin y al cabo es lo que humildemente somos. En estas crónicas de lunes de Templete y café, nos jugamos literalmente la cara en que sepan de primera mano y desde la visión del que participa en una actividad musical, con toda la intención de que tengan la información más fidedigna, ya que a veces llega a través de otros conductos de comunicación. Por eso, queríamos hacer este artículo como quizás no se haya hecho nunca, o quizás pocas veces: desde arriba del escenario.
La calurosa tarde de finales de mayo, se hacía patente cuando subíamos por la peatonalizada calzada de la plaza del Alcalde Coto Mora, hasta la puerta lateral del teatro. Entre chismes y guitarras, el enorme pasillo blanco que conduce hasta el fondo del edificio se fue haciendo cada vez más grande, más largo y mucho más angosto mientras resonaban en el interior sonidos de cables cayendo al suelo. Al girar hacia la izquierda, las bambalinas del escenario, colgaban enormes desde lo más alto, interfiriendo en la mirada y dando una perspectiva parcial del hermoso escenario.
Al acceder, un cúmulo de sublimes luces te dan la bienvenida mientras la enormidad del patio de butacas vacio se prepara para ser testigo mudo de toda la preparación que conlleva este tipo de actos. Ese primer momento en el que se mira hacia la infinidad roja de asientos y palcos, es como si sintieras en enorme abrazo de la historia de esas paredes. De toda la música que ha sonado durante lustros de arte. Es algo grande, que sólo se entiende por los que comparten un espíritu lleno de filosofías del vivir, de la pureza de un alma o desde las ilusiones que remueven a partir de lo más profundo del ser.
Durante un buen puñado de horas, el hecho de acomodar la escena para la buena marcha del concierto, es una labor a realizar con atención y mimo: todo debe estar perfectamente dispuesto y colocado. Además, esta gala contaba con el añadido de que participaban en él varios amigos invitados, con lo que hubo que adaptar todo a nivel técnico.
El rato antes al comienzo, es un devenir constante de gente en los pasillos de camerinos corriendo de un lado para otro, algunos buscando algo, otros para preguntar o sugerir, y los que quedan buscando algún lugar para relajarse y concentrar toda la energía que se debe tener para ser honestos con la oferta musical. Se dan los últimos retoques a la organización para que este todo bien atado y evitar improvisaciones de última hora.
Por fin ha llegado el momento, y se cumplen todos los rituales. Abrazos y besos entre todos, buenos deseos y grandes situaciones de felicidad, dentro de la tensión lógica que se viven en estos contextos. Se apagan las luces del Gran Teatro, cuna de los artistas de la tierra, y se levanta un telón imaginario que da paso a que suene la música. La paciencia se va agotando, y detrás justo de las bambalinas mirando hacia el cielo, una fuerza extraña nos empuja hacia los brazos de quienes han querido vivir y sentir todo lo que hemos construido para ellos. No hay nervios, solo ganas de sentir como fluye la música… que comience el espectáculo.
Ya lo vaticinábamos el pasado lunes, que el viernes próximo no iba a ser un día cualquiera. Todo el mundo que se acerco hasta el coliseo de la calle Vázquez López, pudo compartir con nosotros todas las inquietudes, y ser los primeros en poder escuchar las propuestas musicales y lo que es una realidad: nuestro segundo disco de estudio llamado “Camino por andar”. Aunque también se pudieron escuchar temas del primer trabajo discográfico, el público asistente estuvo más entregado y receptivo en percibir las nuevas creaciones.
Creemos que es de bien nacido el ser agradecido, y no queremos dejar de acordarnos de todos los que habéis hecho realidad este día tan maravilloso. Nombrarlos a todos seria complejo porque siempre te dejas a alguien, pero dentro de los estamentos públicos y privados, cada uno de vosotros sabéis quienes sois, lo que habéis hecho por nosotros y lo mucho que se os agradece tanto dado. Es algo que llevaremos siempre en la memoria.
Ya saben ustedes, que es de nuestra entera satisfacción contar siempre las cosas desde el prisma de un músico, al fin y al cabo es lo que humildemente somos. En estas crónicas de lunes de Templete y café, nos jugamos literalmente la cara en que sepan de primera mano y desde la visión del que participa en una actividad musical, con toda la intención de que tengan la información más fidedigna, ya que a veces llega a través de otros conductos de comunicación. Por eso, queríamos hacer este artículo como quizás no se haya hecho nunca, o quizás pocas veces: desde arriba del escenario.
La calurosa tarde de finales de mayo, se hacía patente cuando subíamos por la peatonalizada calzada de la plaza del Alcalde Coto Mora, hasta la puerta lateral del teatro. Entre chismes y guitarras, el enorme pasillo blanco que conduce hasta el fondo del edificio se fue haciendo cada vez más grande, más largo y mucho más angosto mientras resonaban en el interior sonidos de cables cayendo al suelo. Al girar hacia la izquierda, las bambalinas del escenario, colgaban enormes desde lo más alto, interfiriendo en la mirada y dando una perspectiva parcial del hermoso escenario.
Al acceder, un cúmulo de sublimes luces te dan la bienvenida mientras la enormidad del patio de butacas vacio se prepara para ser testigo mudo de toda la preparación que conlleva este tipo de actos. Ese primer momento en el que se mira hacia la infinidad roja de asientos y palcos, es como si sintieras en enorme abrazo de la historia de esas paredes. De toda la música que ha sonado durante lustros de arte. Es algo grande, que sólo se entiende por los que comparten un espíritu lleno de filosofías del vivir, de la pureza de un alma o desde las ilusiones que remueven a partir de lo más profundo del ser.
Durante un buen puñado de horas, el hecho de acomodar la escena para la buena marcha del concierto, es una labor a realizar con atención y mimo: todo debe estar perfectamente dispuesto y colocado. Además, esta gala contaba con el añadido de que participaban en él varios amigos invitados, con lo que hubo que adaptar todo a nivel técnico.
El rato antes al comienzo, es un devenir constante de gente en los pasillos de camerinos corriendo de un lado para otro, algunos buscando algo, otros para preguntar o sugerir, y los que quedan buscando algún lugar para relajarse y concentrar toda la energía que se debe tener para ser honestos con la oferta musical. Se dan los últimos retoques a la organización para que este todo bien atado y evitar improvisaciones de última hora.
Por fin ha llegado el momento, y se cumplen todos los rituales. Abrazos y besos entre todos, buenos deseos y grandes situaciones de felicidad, dentro de la tensión lógica que se viven en estos contextos. Se apagan las luces del Gran Teatro, cuna de los artistas de la tierra, y se levanta un telón imaginario que da paso a que suene la música. La paciencia se va agotando, y detrás justo de las bambalinas mirando hacia el cielo, una fuerza extraña nos empuja hacia los brazos de quienes han querido vivir y sentir todo lo que hemos construido para ellos. No hay nervios, solo ganas de sentir como fluye la música… que comience el espectáculo.
domingo, 23 de mayo de 2010
Este no va a ser un viernes cualquiera
Desde que comenzamos, hace ya bastante tiempo, a describir lunes tras lunes todas las concesiones e inquietudes musicales que remueven nuestra conciencia artística en este “Templete” tan de Huelva, en este generoso medio hemos ido transcribiendo un poco de todo, argumentándolo siempre con cierto pragmatismo y constante intención de acercar a todos los amables lectores la máxima información en temática musical.
Partiendo continuamente de un punto inicial en el que creemos que podemos aportar, desde nuestra sencilla tribuna, algo más de referencia y ciertos detalles que quizás se desconozcan, se han desarrollado multitud de participaciones en muchos de los parámetros de la vida musical onubense.
Pero llegados a esta semana, crucial donde las haya para Och8 Vientos, queremos realizar un alegato sobre algo tan nuestro como es el enfoque musical del proyecto personal que nos mueve y motiva, nos da la vida y nos permite soñar e ilusionarnos.
Durante años hemos tenido la suerte de pisar tantos y tantos escenarios, hemos compartido tanta y tanta música con numerosos artistas mediáticos o no, hemos llevado nuestra humilde sensibilidad musical a tantos países y lugares – siempre comentamos con suerte y cierto privilegio que “tan sólo nos falta pisar Australia” –, que ya iba llegando la hora de enseñar y mostrar a la gente que nos ha visto crecer en el dificultoso mundo de la música, un concepto que nace de Huelva, para bien o para mal.
Es algo lógico hacerse un planteamiento de cierta importancia sobre la materia artística tal y como está el patio, pudiendo ser hasta ciertamente arriesgado. Nadie en épocas de crisis económica o de subsistencia, como ustedes preferían llamarlo, se preocupa exclusivamente de llenar su apartado espiritual y su alma, algo que la música proporciona en grandes cantidades. Las diferentes circunstancias hacen de toda expresión y búsqueda de este tipo algo en una situación muy alejada a la realidad.
Pero todo esto no excluye otra certeza: somos muchos los profesionales que hemos dejado la vida por unas convicciones, desarrollando una ardua labor de estudio en primer término, y de trabajo, esfuerzo y sacrificio en posteriores grados o apartados. Hay que hacerse a la idea que si en otros sectores de niveles profesionales ha existido durante los últimos veinte años una gran competencia, en temas artísticos y musicales también. Esto ha dado origen a un gran número de músicos, a cual más y mejor preparados, que en la actualidad sufren con gran asedio las medidas correctoras de esta dichosa inestabilidad en formato de angustiosa crisis.
Pues bien, contra viento y marea y después de cantidad de dificultades y complicaciones, Och8 Vientos – nuestro querido y al tiempo, acerbo proyecto musical – se presenta con todos los honores ante su gente, en su Gran Teatro, tablas que han visto crecer a todos los grandes músicos onubenses del siglo XX. Es una satisfacción de tan grandes magnitudes, que si ustedes supieran lo que nos remueve por dentro tanta honra y distinción, no dudarían en acompañarnos en ningún momento.
Este próximo viernes, 28 de mayo, quedará para siempre en la modesta y humilde historia de Och8 Vientos como el crepúsculo de las intenciones de un afortunado grupo de músicos onubenses, pasando a ser una autentica realidad musical con nombre y apellidos. Podremos distinguirlo como el comienzo de un ciclo que nos deparará otro elemento más del que sentirse realmente orgulloso.
A las nueve de la noche, cuando este en su máximo esplendor el mejor atardecer del mundo, ese que desde el Conquero habla sin palabras, las primeras notas comenzarán a enredar entre las columnas y paredes del coliseo de la calle Vázquez López, haciendo participes a todos los presentes de nuestra alegría e impresión expresiva.
Después de hablar y hacerles cómplices de nuestras quimeras durante cerca de seis años de vida que cumple Och8 Vientos, tan sólo nos queda lo más importante: agradecer y hacerles parte inherente de todo lo que hemos vivido y experimentado durante este periplo. Considérense un pedacito de la concepción musical de la banda; todos aquellos que en algún instante han estado cerca de nosotros en conciertos o a través de nuestros discos, todos aquellos que colaboraron de nuestras ilusiones de alguna u otra manera, y por supuesto todos aquellos – que son muchos y nombrarlos nos podría costar lo indecible – que nos han ayudado de manera tangible en innumerables aspectos, podéis sentir este día también como vuestro.
De corazón, gracias por estar, gracias por querer y gracias por sentir… cuanta pureza nos habéis enseñado y otorgado.
Partiendo continuamente de un punto inicial en el que creemos que podemos aportar, desde nuestra sencilla tribuna, algo más de referencia y ciertos detalles que quizás se desconozcan, se han desarrollado multitud de participaciones en muchos de los parámetros de la vida musical onubense.
Pero llegados a esta semana, crucial donde las haya para Och8 Vientos, queremos realizar un alegato sobre algo tan nuestro como es el enfoque musical del proyecto personal que nos mueve y motiva, nos da la vida y nos permite soñar e ilusionarnos.
Durante años hemos tenido la suerte de pisar tantos y tantos escenarios, hemos compartido tanta y tanta música con numerosos artistas mediáticos o no, hemos llevado nuestra humilde sensibilidad musical a tantos países y lugares – siempre comentamos con suerte y cierto privilegio que “tan sólo nos falta pisar Australia” –, que ya iba llegando la hora de enseñar y mostrar a la gente que nos ha visto crecer en el dificultoso mundo de la música, un concepto que nace de Huelva, para bien o para mal.
Es algo lógico hacerse un planteamiento de cierta importancia sobre la materia artística tal y como está el patio, pudiendo ser hasta ciertamente arriesgado. Nadie en épocas de crisis económica o de subsistencia, como ustedes preferían llamarlo, se preocupa exclusivamente de llenar su apartado espiritual y su alma, algo que la música proporciona en grandes cantidades. Las diferentes circunstancias hacen de toda expresión y búsqueda de este tipo algo en una situación muy alejada a la realidad.
Pero todo esto no excluye otra certeza: somos muchos los profesionales que hemos dejado la vida por unas convicciones, desarrollando una ardua labor de estudio en primer término, y de trabajo, esfuerzo y sacrificio en posteriores grados o apartados. Hay que hacerse a la idea que si en otros sectores de niveles profesionales ha existido durante los últimos veinte años una gran competencia, en temas artísticos y musicales también. Esto ha dado origen a un gran número de músicos, a cual más y mejor preparados, que en la actualidad sufren con gran asedio las medidas correctoras de esta dichosa inestabilidad en formato de angustiosa crisis.
Pues bien, contra viento y marea y después de cantidad de dificultades y complicaciones, Och8 Vientos – nuestro querido y al tiempo, acerbo proyecto musical – se presenta con todos los honores ante su gente, en su Gran Teatro, tablas que han visto crecer a todos los grandes músicos onubenses del siglo XX. Es una satisfacción de tan grandes magnitudes, que si ustedes supieran lo que nos remueve por dentro tanta honra y distinción, no dudarían en acompañarnos en ningún momento.
Este próximo viernes, 28 de mayo, quedará para siempre en la modesta y humilde historia de Och8 Vientos como el crepúsculo de las intenciones de un afortunado grupo de músicos onubenses, pasando a ser una autentica realidad musical con nombre y apellidos. Podremos distinguirlo como el comienzo de un ciclo que nos deparará otro elemento más del que sentirse realmente orgulloso.
A las nueve de la noche, cuando este en su máximo esplendor el mejor atardecer del mundo, ese que desde el Conquero habla sin palabras, las primeras notas comenzarán a enredar entre las columnas y paredes del coliseo de la calle Vázquez López, haciendo participes a todos los presentes de nuestra alegría e impresión expresiva.
Después de hablar y hacerles cómplices de nuestras quimeras durante cerca de seis años de vida que cumple Och8 Vientos, tan sólo nos queda lo más importante: agradecer y hacerles parte inherente de todo lo que hemos vivido y experimentado durante este periplo. Considérense un pedacito de la concepción musical de la banda; todos aquellos que en algún instante han estado cerca de nosotros en conciertos o a través de nuestros discos, todos aquellos que colaboraron de nuestras ilusiones de alguna u otra manera, y por supuesto todos aquellos – que son muchos y nombrarlos nos podría costar lo indecible – que nos han ayudado de manera tangible en innumerables aspectos, podéis sentir este día también como vuestro.
De corazón, gracias por estar, gracias por querer y gracias por sentir… cuanta pureza nos habéis enseñado y otorgado.
domingo, 16 de mayo de 2010
La economía estrangula a la música
No deja de ser incierto, que el futuro de las artes en una sociedad capitalista como es en la que vivimos, está en una posición de autentico peligro, e incluso de confusión. Solo se acepta su funcionalidad si es rentable, y de este modo, se hace mucho daño en los objetivos primitivos de las manifestaciones culturales más reconocidas. Todo esto creo un sistema de compra venta donde la expresión artística se enfoca en términos equivocados y sustentados por criterios inservibles para el arte en sí.
Son muchos los compositores que desde hace siglos, se han visto obligados a mantener una doble identidad: la de músico y la de empresario. De esta manera, han existido y existen numerosas formas para organizar el procedimiento de contratación y su posterior remuneración. Se ha confiado incluso, naciendo así otras actividades, en personas gestoras del propio negocio. En la actualidad son muchos los profesionales que poseen esta dedicación, siendo en la mayoría de las ocasiones, muy necesarios para crear y organizar eventos culturales.
Esto ha conllevado a la instauración y aplicación de unas estrategias de trabajo donde se ha pasado de unos objetivos más humanistas a otros puramente económicos. Algo que el individuo de a pie no tiene ni porque siquiera conocer. Ellos se dedican a disfrutar de la música en cualquiera de los estamentos y listos. No se tiene un pensamiento que vaya más allá del propio hecho de escuchar o contemplar un espectáculo.
De esto se han sacado buenos provechos y rendimientos, usando métodos diversos donde la realidad artística ha quedado ahogada por el simple hecho de conseguir suculentos dividendos. Las empresas se han apropiado del criterio de la sociedad, manejándola a su antojo y con diligencias donde la manipulación de los gustos y pensamientos de la mayoría de los ciudadanos ha sido de primer orden, con el único designio de conseguir unos números que les den ganancia. Su vía, los medios de comunicación de masa, han servido en bandeja a sus propuestas comerciales.
Lo interesante es que nuestro criterio no debería ser tan permisible con todo lo que se nos venden. Y es curioso, porque aunque es así, nos hacemos los duros conjeturando con otros planos. Pero la realidad es esta: la música como negocio está muy alejada del criterio artístico, y su intención es alienarnos ante unas pautas que posibiliten unos suculentos réditos.
Existen teorías desde los sectores más críticos de nuestra sociedad, en la que se aboga porque la realidad es, que el poder que ha adquirido la televisión es usado de manera consciente por aquellos que saben de su fuerza e influencia en la creación de ideales de todo tipo, pero en lo que a nosotros nos concierne, artísticos y musicales. Parece ser que se distingue casi como una forma sugestiva de condicionamiento clásico, actuando sobre la voluntad defendible de todo aquel que no rebate nada, permaneciendo impasible ante la tormenta de sugerencias que les acosa.
Pues bien, la tan manida crisis que nos azota en la actualidad, comenzó a llegar antes hasta los músicos que a otras comunidades. Cuando comienzan desavenencias en la actividad cultural, es porque se van agotando los recursos en primer lugar para las cuestiones menos necesarias, y desgraciadamente tenemos que llenar antes la barriga que el alma. De esta manera, en estos momentos, si la crisis general es dura y difícil de llevar, imaginen ustedes en las áreas más prescindibles.
Hace poco nos comentaba, con gran acierto, nuestro querido amigo y enorme guitarrista onubense José Luis Rodriguez, una frase con un sentido muy lógico y al mismo tiempo, doloroso. La frase, original o no, rezaba con la siguiente contundencia: “Cuando la economía empeora, la cultura se estrangula”. Y es así de real…
Debemos aceptar, como miembros de una sociedad concreta, las consecuencias y responsabilidades que nos conciernen a cada uno. Otra historia son los resultados de nuestras filosofías y reflexiones. No podemos estar de acuerdo en cómo el capital se hace tan participe de las expresiones artísticas y culturales, siendo condicionante y característica indispensable. Es más, la música y otras manifestaciones de la misma índole, no deberían ser tan dependientes de estas razones. ¿En qué hemos fallado? ¿Qué es lo que se precipitado para crear tal confusión? ¿Puede haber cultura sin dinero?
Las respuestas pueden ser muy variadas, y las hipótesis realmente interesantes; lo que está muy claro es que ese sería otro debate, y ahora mismo, para lo único que estamos es para sacar la cabeza y coger algo de aire; o ¿no creen?
Son muchos los compositores que desde hace siglos, se han visto obligados a mantener una doble identidad: la de músico y la de empresario. De esta manera, han existido y existen numerosas formas para organizar el procedimiento de contratación y su posterior remuneración. Se ha confiado incluso, naciendo así otras actividades, en personas gestoras del propio negocio. En la actualidad son muchos los profesionales que poseen esta dedicación, siendo en la mayoría de las ocasiones, muy necesarios para crear y organizar eventos culturales.
Esto ha conllevado a la instauración y aplicación de unas estrategias de trabajo donde se ha pasado de unos objetivos más humanistas a otros puramente económicos. Algo que el individuo de a pie no tiene ni porque siquiera conocer. Ellos se dedican a disfrutar de la música en cualquiera de los estamentos y listos. No se tiene un pensamiento que vaya más allá del propio hecho de escuchar o contemplar un espectáculo.
De esto se han sacado buenos provechos y rendimientos, usando métodos diversos donde la realidad artística ha quedado ahogada por el simple hecho de conseguir suculentos dividendos. Las empresas se han apropiado del criterio de la sociedad, manejándola a su antojo y con diligencias donde la manipulación de los gustos y pensamientos de la mayoría de los ciudadanos ha sido de primer orden, con el único designio de conseguir unos números que les den ganancia. Su vía, los medios de comunicación de masa, han servido en bandeja a sus propuestas comerciales.
Lo interesante es que nuestro criterio no debería ser tan permisible con todo lo que se nos venden. Y es curioso, porque aunque es así, nos hacemos los duros conjeturando con otros planos. Pero la realidad es esta: la música como negocio está muy alejada del criterio artístico, y su intención es alienarnos ante unas pautas que posibiliten unos suculentos réditos.
Existen teorías desde los sectores más críticos de nuestra sociedad, en la que se aboga porque la realidad es, que el poder que ha adquirido la televisión es usado de manera consciente por aquellos que saben de su fuerza e influencia en la creación de ideales de todo tipo, pero en lo que a nosotros nos concierne, artísticos y musicales. Parece ser que se distingue casi como una forma sugestiva de condicionamiento clásico, actuando sobre la voluntad defendible de todo aquel que no rebate nada, permaneciendo impasible ante la tormenta de sugerencias que les acosa.
Pues bien, la tan manida crisis que nos azota en la actualidad, comenzó a llegar antes hasta los músicos que a otras comunidades. Cuando comienzan desavenencias en la actividad cultural, es porque se van agotando los recursos en primer lugar para las cuestiones menos necesarias, y desgraciadamente tenemos que llenar antes la barriga que el alma. De esta manera, en estos momentos, si la crisis general es dura y difícil de llevar, imaginen ustedes en las áreas más prescindibles.
Hace poco nos comentaba, con gran acierto, nuestro querido amigo y enorme guitarrista onubense José Luis Rodriguez, una frase con un sentido muy lógico y al mismo tiempo, doloroso. La frase, original o no, rezaba con la siguiente contundencia: “Cuando la economía empeora, la cultura se estrangula”. Y es así de real…
Debemos aceptar, como miembros de una sociedad concreta, las consecuencias y responsabilidades que nos conciernen a cada uno. Otra historia son los resultados de nuestras filosofías y reflexiones. No podemos estar de acuerdo en cómo el capital se hace tan participe de las expresiones artísticas y culturales, siendo condicionante y característica indispensable. Es más, la música y otras manifestaciones de la misma índole, no deberían ser tan dependientes de estas razones. ¿En qué hemos fallado? ¿Qué es lo que se precipitado para crear tal confusión? ¿Puede haber cultura sin dinero?
Las respuestas pueden ser muy variadas, y las hipótesis realmente interesantes; lo que está muy claro es que ese sería otro debate, y ahora mismo, para lo único que estamos es para sacar la cabeza y coger algo de aire; o ¿no creen?
domingo, 9 de mayo de 2010
Buscando una explicación coherente
No tengo la costumbre de abrir o entrar en debates en aspectos artísticos, ya que se imponen como norma habitual los gustos personales basados en criterios subjetivos y propios. Si la persona tiene un espíritu abierto y conciliador, puede llegar a ser hasta ciertamente agradable departir y compartir intereses e ideas. Pero como suele ser al contrario, cierto día decidí no volver a escuchar opiniones personales porque sean las que sean, son únicas y particulares, y claro, deben ser respetadas. Lo más curioso de la historia es que luego nadie respeta las tuyas, pero bueno…
Pues bien, por enésima vez me encuentro en la tesitura variable de la opinión que los demás mortales tienen de la música. Es irremediable sufrir en propia persona, los vástagos designios de aquellos que simplemente por tener orejas, ya buscan prevalecer con sus ideas por encima de cualquiera. Y no les culpo de su actitud, porque es de recibo entender esa especie de ambición que todos debemos tener como culmen de nuestra indispensable personalidad.
Lo extraño de todo esto es la base del correcto uso de la educación, entendida desde la formación y desde la disciplina que durante años he trabajado y han afanado en mí mis profesores. Una labor de años en las que se imponen las estructuras y formas de cómo construir una estética, entendida como parte de ese gusto por lo bien hecho, ante la reciprocidad que debemos manifestar ante una obra de arte, y de nuestra respuesta como necesarios espectadores.
Mi grado de complejidad y mi confundido planteamiento nace en como constantemente se rechazan las músicas hechas desde la complejidad y que por supuesto, las que muestran un grado de competencia fuera de toda duda. Del otro lado, se seleccionan para escuchar e incluso morir por ellas – si hiciera falta –, manifestaciones musicales donde los elementos lógicos de lo correctamente expresivo y armónico, ni siquiera se roza. No entiendo cómo es posible que aficionados o simplemente gente atrevida que son incapaces de afinar sus voces o instrumentos, que estén capacitados para continuar un patrón rítmico o bien se vean en la imposibilidad de conjuntar unas simples armonías, sean más seguidos que el mismísimo Beethoven.
Tampoco hace falta extrapolarse a la antigüedad – entendiendo doscientos años como tal –, ya que algunos comentarán que es inadecuado. Esto de lo que hablamos es algo que vemos entre coetáneos. ¿Cómo es posible que se le preste más atención a determinados seres mediáticos o no, que a genios que quedan en el más absurdo de los ostracismos? ¿Cómo es posible que algunos mortales tengan más aprecio por obras musicales que suenan realmente fuera de toda estética y se desprecia a quien hace de la música un lenguaje propio del alma?
Y no, no se acepta el tópico típico de “es que expresa como nadie”, ¿es qué los que han estudiado música a nivel reglado o no, no expresan nada? Se les acusa de que su expresividad queda ahogada por su técnica; esto es algo inadmisible y doloroso a la vez. No deberíamos consentir si quiera que estos sonidos llegaran hasta nosotros. Pero al contrario, parecemos unos retrógrados o unos arrogantes si defendemos una postura crítica y valorativa ante determinadas obras musicales. Ya está bien de que se admita la capacidad musical de unos u otros artistas por todas las características que les rodean menos por las que realmente importan: su capacidad para hacer música.
Espero que este tema abra un interesante debate sin paliativos ni acusaciones personales – porque no hacen falta – y además, se movilicen las conciencias en este sentido, tanto en nuestro blog como en nuestro grupo de facebook, siendo siempre respetuoso con las ideas contrarias. Entiendo que existen muchas personas que se sientan identificas con esto; llega a ser, honestamente, un verdadero punto de reflexión en nuestras filosofías. Estoy seguro que más de uno de los amables lectores se ha llegado a plantear si el que va mal encaminado es él, o si al ser único en ese pensamiento quizás esté equivocado. Pues no debe ser así.
Estaría muy bien que llegados a este punto, los que promueven y se involucran de música en todo su ser, llegaran a la deducción de que todo lo que suena debe ser categorizado desde un prisma lo más objetivo posible, y no valorando otras cuestiones que poco tienen que ver con la música. Sobre todo porque no nos estamos haciendo ningún favor, y a los grandes músicos olvidados por diferentes argumentos, menos aun. Y por favor, que quede bien claro que todos los músicos se expresan a través del lenguaje musical y de la técnica que han adquirido a base de esfuerzo y trabajo, da igual de manera autodidacta o en un conservatorio.
Pues bien, por enésima vez me encuentro en la tesitura variable de la opinión que los demás mortales tienen de la música. Es irremediable sufrir en propia persona, los vástagos designios de aquellos que simplemente por tener orejas, ya buscan prevalecer con sus ideas por encima de cualquiera. Y no les culpo de su actitud, porque es de recibo entender esa especie de ambición que todos debemos tener como culmen de nuestra indispensable personalidad.
Lo extraño de todo esto es la base del correcto uso de la educación, entendida desde la formación y desde la disciplina que durante años he trabajado y han afanado en mí mis profesores. Una labor de años en las que se imponen las estructuras y formas de cómo construir una estética, entendida como parte de ese gusto por lo bien hecho, ante la reciprocidad que debemos manifestar ante una obra de arte, y de nuestra respuesta como necesarios espectadores.
Mi grado de complejidad y mi confundido planteamiento nace en como constantemente se rechazan las músicas hechas desde la complejidad y que por supuesto, las que muestran un grado de competencia fuera de toda duda. Del otro lado, se seleccionan para escuchar e incluso morir por ellas – si hiciera falta –, manifestaciones musicales donde los elementos lógicos de lo correctamente expresivo y armónico, ni siquiera se roza. No entiendo cómo es posible que aficionados o simplemente gente atrevida que son incapaces de afinar sus voces o instrumentos, que estén capacitados para continuar un patrón rítmico o bien se vean en la imposibilidad de conjuntar unas simples armonías, sean más seguidos que el mismísimo Beethoven.
Tampoco hace falta extrapolarse a la antigüedad – entendiendo doscientos años como tal –, ya que algunos comentarán que es inadecuado. Esto de lo que hablamos es algo que vemos entre coetáneos. ¿Cómo es posible que se le preste más atención a determinados seres mediáticos o no, que a genios que quedan en el más absurdo de los ostracismos? ¿Cómo es posible que algunos mortales tengan más aprecio por obras musicales que suenan realmente fuera de toda estética y se desprecia a quien hace de la música un lenguaje propio del alma?
Y no, no se acepta el tópico típico de “es que expresa como nadie”, ¿es qué los que han estudiado música a nivel reglado o no, no expresan nada? Se les acusa de que su expresividad queda ahogada por su técnica; esto es algo inadmisible y doloroso a la vez. No deberíamos consentir si quiera que estos sonidos llegaran hasta nosotros. Pero al contrario, parecemos unos retrógrados o unos arrogantes si defendemos una postura crítica y valorativa ante determinadas obras musicales. Ya está bien de que se admita la capacidad musical de unos u otros artistas por todas las características que les rodean menos por las que realmente importan: su capacidad para hacer música.
Espero que este tema abra un interesante debate sin paliativos ni acusaciones personales – porque no hacen falta – y además, se movilicen las conciencias en este sentido, tanto en nuestro blog como en nuestro grupo de facebook, siendo siempre respetuoso con las ideas contrarias. Entiendo que existen muchas personas que se sientan identificas con esto; llega a ser, honestamente, un verdadero punto de reflexión en nuestras filosofías. Estoy seguro que más de uno de los amables lectores se ha llegado a plantear si el que va mal encaminado es él, o si al ser único en ese pensamiento quizás esté equivocado. Pues no debe ser así.
Estaría muy bien que llegados a este punto, los que promueven y se involucran de música en todo su ser, llegaran a la deducción de que todo lo que suena debe ser categorizado desde un prisma lo más objetivo posible, y no valorando otras cuestiones que poco tienen que ver con la música. Sobre todo porque no nos estamos haciendo ningún favor, y a los grandes músicos olvidados por diferentes argumentos, menos aun. Y por favor, que quede bien claro que todos los músicos se expresan a través del lenguaje musical y de la técnica que han adquirido a base de esfuerzo y trabajo, da igual de manera autodidacta o en un conservatorio.
domingo, 2 de mayo de 2010
Pepe Roca en la Sala Atlántida
Hay momentos, lugares y circunstancias en los que parece, o por lo menos tenemos esa percepción, que la música adquiere en sí misma, algo difícilmente explicable. Nos proporciona un plus, un carácter o un elemento de disparidad que hace sentir como esa música fluye de manera similar pero diferente a la misma vez. Esto solo se puede dar, lógicamente, si has asistido al mismo concierto o has escuchado en varias ocasiones al mismo grupo de músicos.
Pues bien, el pasado sábado, en un marco de belleza litoral inconmensurable y de complicada repetición, uno de los orgullos musicales de nuestra Huelva, autor de enormes obras musicales y marca y señal del rock andaluz, nos facilitó todas las sensaciones posibles de un concierto con ese componente de particularidad que a veces se suceden. Pepe Roca como factor de abastecer emociones, y la Sala Atlántida de El Portil como perfectos anfitriones, sumaron entre ambos las ganas, las satisfacciones y otros condicionantes para otorgarnos uno de esos momentos que difícilmente se podrán perder en nuestra memoria.
De nuestro querido amigo Antonio y de su generoso grupo de colaboradores, ya hemos hablado en otras ocasiones. Entre todos ellos hacen posible que un recinto como la Sala Atlántida, en un sitio privilegiado, muy cercano y con el olor a mar impregnándolo todo, han promocionado todos los fines de semana un concierto de muy buenas disposiciones. Hace falta en Huelva mucha gente con las ganas de proporcionar lugares donde se pueda disfrutar de la buena música, y la Sala Atlántida, casi saliendo de El Portil en dirección a El Rompido, en la rotonda de El Caño de la Culata, está funcionando de muy buenas maneras. Nuestro más sincero agradecimiento público a todos aquellos que fomentan la música en directo.
Pepe Roca hizo reunir, imaginamos que casi sin querer, a numeroso grupo de oyentes y amantes de su buen hacer, de sus melodías y de sus letras. Acompañado de su Toñi García a los coros y a la pequeña percusión, de su hijo José Carlos Roca al violonchelo, y conducido por su inseparable guitarra los temas propios y versiones fueron cayendo uno tras otro. No faltaron las obras cúlmenes de una época dorada de la música andaluza, haciendo un recorrido entre los grandes éxitos de Alameda, los notables temas de Jesús de la Rosa y Triana, algunas versiones sobre temas de Pedro Guerra, y algunas canciones relativamente nuevas.
Ante un numeroso y nutrido grupo de amigos y seguidores, la incomparable voz de Pepe Roca fue acrecentando aun más su propia leyenda viva, si cabe. Los grandes artistas son con el paso del tiempo aun más enormes, en cuanto a sabiduría y pozo de sonoridad. Es un autentico privilegio y una satisfacción increíble poderlo escuchar tan cercano y sincero. Cuando comienzan las primeras notas a sonar, es tremendo poder observar las caras de los asistentes. Es constante la sensación de tener la música a flor de la piel, y observar como a más de uno le resbalan lágrimas por las mejillas. Hay pocas músicas que hagan recrear un cumulo de sensaciones con tanta facilidad, por lo menos por este lugar en el que nos movemos.
Hablar de Pepe Roca es hablar de Alameda; y para ser justos, Alameda no sólo fue Pepe Roca. La inestimable aportación de grandes músicos en toda su trayectoria musical, que fue quizás demasiado corta a nivel discográfico, pero muy intensa en cuanto a producción, reunió en torno a Alameda a los hermanos Marinelli, Manuel y Rafael a los teclados – con impresionantes arreglos impregnados de esa autentica sonoridad andaluza –, a Manuel Rosa al bajo, y a Luis Moreno a la batería. Del mismo modo, tengo conciencia de varias colaboraciones de grandes músicos que en ese momento se encontraban en su entorno y que participaron de estas producciones discográficas de finales de los setenta y durante toda la década de los ochenta.
Es el caso de Luis Cobos “Manglis”, que grabó algunas guitarras. O Enrique de Melchor, guitarrista flamenco de la tradicional escuela Sevillana de Marchena. Asimismo, nuestro querido paisano y amigo Pepe Barros hizo coros en varios temas significativos, como ejemplo de estas participaciones. Y vamos a hacer un aporte que quizás muchos de ustedes desconozcan; y es que en un tema de Alameda llegó a grabar guitarras solistas el inconmensurable Paco de Lucía, que apareció con un seudónimo en los créditos por cuestión de pertenecer a otra discográfica.
La CBS se encargo de editar los álbumes de Alameda durante la época, haciendo una apuesta por está estética musical, muy de moda durante ese tiempo, pero con una calidad de irrepetible sensibilidad.
Pues bien, el pasado sábado, en un marco de belleza litoral inconmensurable y de complicada repetición, uno de los orgullos musicales de nuestra Huelva, autor de enormes obras musicales y marca y señal del rock andaluz, nos facilitó todas las sensaciones posibles de un concierto con ese componente de particularidad que a veces se suceden. Pepe Roca como factor de abastecer emociones, y la Sala Atlántida de El Portil como perfectos anfitriones, sumaron entre ambos las ganas, las satisfacciones y otros condicionantes para otorgarnos uno de esos momentos que difícilmente se podrán perder en nuestra memoria.
De nuestro querido amigo Antonio y de su generoso grupo de colaboradores, ya hemos hablado en otras ocasiones. Entre todos ellos hacen posible que un recinto como la Sala Atlántida, en un sitio privilegiado, muy cercano y con el olor a mar impregnándolo todo, han promocionado todos los fines de semana un concierto de muy buenas disposiciones. Hace falta en Huelva mucha gente con las ganas de proporcionar lugares donde se pueda disfrutar de la buena música, y la Sala Atlántida, casi saliendo de El Portil en dirección a El Rompido, en la rotonda de El Caño de la Culata, está funcionando de muy buenas maneras. Nuestro más sincero agradecimiento público a todos aquellos que fomentan la música en directo.
Pepe Roca hizo reunir, imaginamos que casi sin querer, a numeroso grupo de oyentes y amantes de su buen hacer, de sus melodías y de sus letras. Acompañado de su Toñi García a los coros y a la pequeña percusión, de su hijo José Carlos Roca al violonchelo, y conducido por su inseparable guitarra los temas propios y versiones fueron cayendo uno tras otro. No faltaron las obras cúlmenes de una época dorada de la música andaluza, haciendo un recorrido entre los grandes éxitos de Alameda, los notables temas de Jesús de la Rosa y Triana, algunas versiones sobre temas de Pedro Guerra, y algunas canciones relativamente nuevas.
Ante un numeroso y nutrido grupo de amigos y seguidores, la incomparable voz de Pepe Roca fue acrecentando aun más su propia leyenda viva, si cabe. Los grandes artistas son con el paso del tiempo aun más enormes, en cuanto a sabiduría y pozo de sonoridad. Es un autentico privilegio y una satisfacción increíble poderlo escuchar tan cercano y sincero. Cuando comienzan las primeras notas a sonar, es tremendo poder observar las caras de los asistentes. Es constante la sensación de tener la música a flor de la piel, y observar como a más de uno le resbalan lágrimas por las mejillas. Hay pocas músicas que hagan recrear un cumulo de sensaciones con tanta facilidad, por lo menos por este lugar en el que nos movemos.
Hablar de Pepe Roca es hablar de Alameda; y para ser justos, Alameda no sólo fue Pepe Roca. La inestimable aportación de grandes músicos en toda su trayectoria musical, que fue quizás demasiado corta a nivel discográfico, pero muy intensa en cuanto a producción, reunió en torno a Alameda a los hermanos Marinelli, Manuel y Rafael a los teclados – con impresionantes arreglos impregnados de esa autentica sonoridad andaluza –, a Manuel Rosa al bajo, y a Luis Moreno a la batería. Del mismo modo, tengo conciencia de varias colaboraciones de grandes músicos que en ese momento se encontraban en su entorno y que participaron de estas producciones discográficas de finales de los setenta y durante toda la década de los ochenta.
Es el caso de Luis Cobos “Manglis”, que grabó algunas guitarras. O Enrique de Melchor, guitarrista flamenco de la tradicional escuela Sevillana de Marchena. Asimismo, nuestro querido paisano y amigo Pepe Barros hizo coros en varios temas significativos, como ejemplo de estas participaciones. Y vamos a hacer un aporte que quizás muchos de ustedes desconozcan; y es que en un tema de Alameda llegó a grabar guitarras solistas el inconmensurable Paco de Lucía, que apareció con un seudónimo en los créditos por cuestión de pertenecer a otra discográfica.
La CBS se encargo de editar los álbumes de Alameda durante la época, haciendo una apuesta por está estética musical, muy de moda durante ese tiempo, pero con una calidad de irrepetible sensibilidad.
domingo, 25 de abril de 2010
Teatro Cardenio, Ayamonte
Todavía andamos recolocando ideas y posibles satisfacciones de lo que antes de anoche tuvimos la suerte de percibir. Och8 Vientos realizó uno de los primeros conciertos de la pequeña gira de teatros que se va a prolongar durante todo el año por la geografía nacional y que tendrá su cenit con la presentación de su segundo disco de estudio “Camino por andar” ante su propio público el 28 de mayo en el Gran Teatro de Huelva. Ya hablaremos de ese día un poco más adelante, pero que sepan todos ustedes que están más que invitados a este acontecimiento que se nos antoja de lo más interesante de nuestro año musical.
Como decía, este pasado viernes 23 de abril, el Teatro Cardenio de la localidad onubense de Ayamonte tuvo la pronosticada aventura de acoger, junto con su increíble gente, un pasito más de lo que podemos dar como músicos de directo, que como bien saben todos los que conocen nuestro proyecto, es una característica que defendemos y de la que nos sentimos realmente orgullosos. Los conciertos están saliendo con una fuerza y una coherencia con la que siempre hemos querido sentirnos identificados; y lo mejor es que estamos acercándonos al público con una sensibilidad y comunicación relevante, con lo que la complacencia es más que interesante.
Es un autentico privilegio que el Ayuntamiento de Ayamonte confiara en nuestra música para su programación cultural de este trimestre. Volver a tocar en las tablas de uno de los teatros con mayor solera e historia de toda la provincia de Huelva fue, fuera de toda duda, una de las grandes experiencias vividas en los últimos doce meses. Quizás sea un poco ilógico, pero al alzar la mirada hacia su cielo estrellado, era capaz de viajar en el tiempo, a otros momentos musicales, a otros conciertos, a otras estancias en este querido teatro. Imagino que para algunos, bien por planteamiento o bien por insensibilidad, le supone esta afirmación ciertamente ocurrente o fuera de lugar; pero, personalmente, los sentimientos propios no tienen la necesidad de ser aceptados por los demás, se tienen y ya está.
La más de la veintena de temas de los que consta nuestro repertorio, fueron desgranándose uno detrás de otro, fluyendo desde el primer instante la comunicación entre las personas que se hallaban entre el patio de butacas y los palcos. Ayamonte se volcó con Och8 Vientos desde el primer instante, haciéndose todo más hacedero y realizable. Sinceramente, la gran cantidad de sensaciones que vivimos serán difícilmente borradas de nuestra memoria. La música fluía con una facilidad increíble, y lo mejor es que iba saliendo desde lo más profundo de nuestras intenciones. Nunca se asegura que el motivo de crear música sea la satisfacción de los posibles receptores, pero no podemos engañar a nadie si manifestamos que es algo que te hace ser más grande como persona y por supuesto, como músico.
El trabajo, la dedicación constante, los grandes sacrificios y el esfuerzo sin pausa para conseguir que la propia música crezca como para ser mostrada a los demás, es parte inexorable e inherente a nuestra vida diaria. Exponer a nivel musical tus creaciones musicales en un concierto no es algo que sólo se queda ahí, en el momento de la audición, si no que existe una labor que roza con las sensaciones de extenuación y a la vez de agitación personal.
Si a esto se le une cierta expectación por parte de los presentes en la sala, un espíritu sin prejuicios y las ganas de disfrutar y saborear nuevas sensaciones musicales, entre ambos se presentan credenciales para hacer algo con buenas maneras. Es por esto que cuando existen de las dos partes una correcta ejecución de roles, se crea un nexo de unión, algo que nos conectará ya para siempre.
Después de tanto luchar y pelear en este difícil mundo que es la música, este tipo de acontecimientos sirven para mucho, como una motivación exagerada y que te llena de manera provocadora para continuar. Y esto es algo con un valor incalculable, además de ser complejamente pagado a quien te lo presta, sobre todo por no saber cómo corresponder tanto lo dado.
Desde estas líneas mostrar nuestro más sincero agradecimiento a todos los que posibilitaron que Och8 Vientos estuviera en Ayamonte; y esperamos y creemos que no va a ser la última. Quizás sea arriesgado afirmar esto con rotundidad, pero las sensaciones que nos llevamos, que además fueron muchas, es de que todo aquel que asistió al concierto se fue para casa con muy buen sabor de boca. Muchas gracias por regalarnos vuestra presencia, vuestra colaboración y por estar en pie durante el bis, disfrutando al pie del escenario como si fuera un concierto al aire libre.
Como decía, este pasado viernes 23 de abril, el Teatro Cardenio de la localidad onubense de Ayamonte tuvo la pronosticada aventura de acoger, junto con su increíble gente, un pasito más de lo que podemos dar como músicos de directo, que como bien saben todos los que conocen nuestro proyecto, es una característica que defendemos y de la que nos sentimos realmente orgullosos. Los conciertos están saliendo con una fuerza y una coherencia con la que siempre hemos querido sentirnos identificados; y lo mejor es que estamos acercándonos al público con una sensibilidad y comunicación relevante, con lo que la complacencia es más que interesante.
Es un autentico privilegio que el Ayuntamiento de Ayamonte confiara en nuestra música para su programación cultural de este trimestre. Volver a tocar en las tablas de uno de los teatros con mayor solera e historia de toda la provincia de Huelva fue, fuera de toda duda, una de las grandes experiencias vividas en los últimos doce meses. Quizás sea un poco ilógico, pero al alzar la mirada hacia su cielo estrellado, era capaz de viajar en el tiempo, a otros momentos musicales, a otros conciertos, a otras estancias en este querido teatro. Imagino que para algunos, bien por planteamiento o bien por insensibilidad, le supone esta afirmación ciertamente ocurrente o fuera de lugar; pero, personalmente, los sentimientos propios no tienen la necesidad de ser aceptados por los demás, se tienen y ya está.
La más de la veintena de temas de los que consta nuestro repertorio, fueron desgranándose uno detrás de otro, fluyendo desde el primer instante la comunicación entre las personas que se hallaban entre el patio de butacas y los palcos. Ayamonte se volcó con Och8 Vientos desde el primer instante, haciéndose todo más hacedero y realizable. Sinceramente, la gran cantidad de sensaciones que vivimos serán difícilmente borradas de nuestra memoria. La música fluía con una facilidad increíble, y lo mejor es que iba saliendo desde lo más profundo de nuestras intenciones. Nunca se asegura que el motivo de crear música sea la satisfacción de los posibles receptores, pero no podemos engañar a nadie si manifestamos que es algo que te hace ser más grande como persona y por supuesto, como músico.
El trabajo, la dedicación constante, los grandes sacrificios y el esfuerzo sin pausa para conseguir que la propia música crezca como para ser mostrada a los demás, es parte inexorable e inherente a nuestra vida diaria. Exponer a nivel musical tus creaciones musicales en un concierto no es algo que sólo se queda ahí, en el momento de la audición, si no que existe una labor que roza con las sensaciones de extenuación y a la vez de agitación personal.
Si a esto se le une cierta expectación por parte de los presentes en la sala, un espíritu sin prejuicios y las ganas de disfrutar y saborear nuevas sensaciones musicales, entre ambos se presentan credenciales para hacer algo con buenas maneras. Es por esto que cuando existen de las dos partes una correcta ejecución de roles, se crea un nexo de unión, algo que nos conectará ya para siempre.
Después de tanto luchar y pelear en este difícil mundo que es la música, este tipo de acontecimientos sirven para mucho, como una motivación exagerada y que te llena de manera provocadora para continuar. Y esto es algo con un valor incalculable, además de ser complejamente pagado a quien te lo presta, sobre todo por no saber cómo corresponder tanto lo dado.
Desde estas líneas mostrar nuestro más sincero agradecimiento a todos los que posibilitaron que Och8 Vientos estuviera en Ayamonte; y esperamos y creemos que no va a ser la última. Quizás sea arriesgado afirmar esto con rotundidad, pero las sensaciones que nos llevamos, que además fueron muchas, es de que todo aquel que asistió al concierto se fue para casa con muy buen sabor de boca. Muchas gracias por regalarnos vuestra presencia, vuestra colaboración y por estar en pie durante el bis, disfrutando al pie del escenario como si fuera un concierto al aire libre.
domingo, 18 de abril de 2010
Vanesa Martín en cuarto creciente
Las noches del pasado fin de semana, viernes y sábado, se han llenado de una nueva luna que va haciendo cada vez más madura e interesante. Una nueva apuesta de los técnicos del área de Cultura del Ayuntamiento de Huelva nos ha hecho poder disfrutar de los comienzos de una nueva meteórica carrera musical en nuestro querido Gran Teatro capitalino; además, para mejoría, ella es andaluza. Y el sábado, estuvo en el Teatro Sierra de Aracena, de la localidad serrana. Así es que un perfecto doblete para quien tiene por decencia una sensibilidad provista de colores e imágenes propias.
Esta cantautora malagueña está inmersa en la gira de presentación de su segundo disco, titulado homónimamente como una de sus canciones “Trampas”. Sus argumentaciones y tramas se basan casi en su totalidad en el amor y el desamor, como parte fundamental de la propia vida. Y ciertamente, se agradece que desde su concepto y terminología acapare de tan sencilla forma unas de las cuestiones más puras que se presentan en el ser humano.
Su cálida voz se antoja propicia para sus propias composiciones. Es una autentica gozada escucharla cantar. Tuve la suerte de tocar con ella un par de veces hace algunos años en Málaga, cuando comenzaba a rodar su primer disco “Agua”, el cual no fue correctamente promocionado por la que entonces era su compañía. Y con sinceridad, ha crecido enormemente en todos los sentidos, pero sobre todo en la profesionalidad y el saber estar. Ha ganado en experiencia y sabiduría, presentándose con desparpajo y calidad humana. Creo que poco a poco está sumiéndose en un proceso de responsabilidad realmente interesante.
También es de recibo hablar en esta ocasión de la gente de Huelva, que respondieron de una manera extraordinaria. Vanesa está siendo una artista cada vez más mediática, y eso se nota en este tipo de circunstancias. No había localidades disponibles desde hacia catorce o quince días. Un rotundo éxito de taquilla y un llenazo espectacular en el centro de la cultura onubense. Francamente, fue una agradable sorpresa para todos, incluso para Vanesa, con la que luego departimos unas simpáticas palabras. Se la veía exultante de alegría y satisfacción. Todo le va sobre ruedas, y eso es algo de lo que se siente agradecida y a la vez complacida porque el trabajo de tanto tiempo va dando los resultados que han ido buscando desde hace años.
Para nuestra complacencia y honor comentar que en su equipo se encuentran varios onubenses. Manolo Hernández es el encargado de hacer sonar sus conciertos. Técnico de sonido natural de Huelva con una trayectoria realmente importante que inició en su tierra con las empresas de la zona, y que en la actualidad es motivo de pelea por parte de muchas agencias de conciertos, para poder contar con él. Es un gran profesional y como bien digo, en alta estimación por parte de los conocedores del circuito musical.
Y a la batería, José Mena. Algún día dedicaremos un artículo a su persona. Buen amigo de muchos de los grandes músicos de Huelva. Profesional incansable en su mejora técnica y trabajador innato en su extenso recorrido como músico, tocando y prestando su sentido rítmico a infinidad de artistas, entre grabaciones y conciertos. En el ámbito musical, hablar de Mena es enseguida asociarlo al bien hacer y a una personalidad reconocida a pesar de sus cortos 37 años. En la actualidad, nos comentaba en camerinos, se encuentra disfrutando de lo que hace, a caballo entre su residencia actual en Madrid y Sevilla.
Una de las mejores conclusiones que un espectador de un concierto puede llevarse y sentir para su propio goce, es la del disfrute generalizado de todos en ese espacio de tiempo. Hay ocasiones en las que se puede observar esa falta de realidad, donde se provee de poca naturalidad y de rasgos artificiales. Pues bien, hacia algún tiempo que no veía con la claridad con la que Vanesa Martin nos lo demostró el pasado viernes. Con esa desenvoltura por bandera, el público tuvo la fortuna de poder observar como cuando la música mana en pureza, desde quien parte, haciéndola con conciencia y coherencia, siendo honesto con quien los han ido a escuchar.
El valor de esto es lo que quizás debemos estimar en alta medida. Que la música fluya como una sencilla expresión de lo que es. Y Vanesa Martin tiene tantas ganas de hacer bien las cosas, que eso se transmite. Se agradece enormemente que no haya intención en el engaño, como ocurre por naturaleza en algunos personajes que bien se aprovechan de la música como vehículo para sus propios intereses. Por eso llegará lejísimos, por merecimientos propios, sin trampas, como muy bien dice ella misma.
Esta cantautora malagueña está inmersa en la gira de presentación de su segundo disco, titulado homónimamente como una de sus canciones “Trampas”. Sus argumentaciones y tramas se basan casi en su totalidad en el amor y el desamor, como parte fundamental de la propia vida. Y ciertamente, se agradece que desde su concepto y terminología acapare de tan sencilla forma unas de las cuestiones más puras que se presentan en el ser humano.
Su cálida voz se antoja propicia para sus propias composiciones. Es una autentica gozada escucharla cantar. Tuve la suerte de tocar con ella un par de veces hace algunos años en Málaga, cuando comenzaba a rodar su primer disco “Agua”, el cual no fue correctamente promocionado por la que entonces era su compañía. Y con sinceridad, ha crecido enormemente en todos los sentidos, pero sobre todo en la profesionalidad y el saber estar. Ha ganado en experiencia y sabiduría, presentándose con desparpajo y calidad humana. Creo que poco a poco está sumiéndose en un proceso de responsabilidad realmente interesante.
También es de recibo hablar en esta ocasión de la gente de Huelva, que respondieron de una manera extraordinaria. Vanesa está siendo una artista cada vez más mediática, y eso se nota en este tipo de circunstancias. No había localidades disponibles desde hacia catorce o quince días. Un rotundo éxito de taquilla y un llenazo espectacular en el centro de la cultura onubense. Francamente, fue una agradable sorpresa para todos, incluso para Vanesa, con la que luego departimos unas simpáticas palabras. Se la veía exultante de alegría y satisfacción. Todo le va sobre ruedas, y eso es algo de lo que se siente agradecida y a la vez complacida porque el trabajo de tanto tiempo va dando los resultados que han ido buscando desde hace años.
Para nuestra complacencia y honor comentar que en su equipo se encuentran varios onubenses. Manolo Hernández es el encargado de hacer sonar sus conciertos. Técnico de sonido natural de Huelva con una trayectoria realmente importante que inició en su tierra con las empresas de la zona, y que en la actualidad es motivo de pelea por parte de muchas agencias de conciertos, para poder contar con él. Es un gran profesional y como bien digo, en alta estimación por parte de los conocedores del circuito musical.
Y a la batería, José Mena. Algún día dedicaremos un artículo a su persona. Buen amigo de muchos de los grandes músicos de Huelva. Profesional incansable en su mejora técnica y trabajador innato en su extenso recorrido como músico, tocando y prestando su sentido rítmico a infinidad de artistas, entre grabaciones y conciertos. En el ámbito musical, hablar de Mena es enseguida asociarlo al bien hacer y a una personalidad reconocida a pesar de sus cortos 37 años. En la actualidad, nos comentaba en camerinos, se encuentra disfrutando de lo que hace, a caballo entre su residencia actual en Madrid y Sevilla.
Una de las mejores conclusiones que un espectador de un concierto puede llevarse y sentir para su propio goce, es la del disfrute generalizado de todos en ese espacio de tiempo. Hay ocasiones en las que se puede observar esa falta de realidad, donde se provee de poca naturalidad y de rasgos artificiales. Pues bien, hacia algún tiempo que no veía con la claridad con la que Vanesa Martin nos lo demostró el pasado viernes. Con esa desenvoltura por bandera, el público tuvo la fortuna de poder observar como cuando la música mana en pureza, desde quien parte, haciéndola con conciencia y coherencia, siendo honesto con quien los han ido a escuchar.
El valor de esto es lo que quizás debemos estimar en alta medida. Que la música fluya como una sencilla expresión de lo que es. Y Vanesa Martin tiene tantas ganas de hacer bien las cosas, que eso se transmite. Se agradece enormemente que no haya intención en el engaño, como ocurre por naturaleza en algunos personajes que bien se aprovechan de la música como vehículo para sus propios intereses. Por eso llegará lejísimos, por merecimientos propios, sin trampas, como muy bien dice ella misma.
domingo, 11 de abril de 2010
La música verdadera
Es duro a menudo, ser sinceros. Quien elije la verdad como el camino en el que dar sus pasos, se suele hacer más empedrado que cuando no es así. Da la sensación de que la mentira, el engaño y las formas simples de embaucamiento, allanan el camino y lo hacen más sencillo. Y es cierto, mintiendo y adulterando la verdad es mucho más sencillo llegar a donde te propongas. Lo difícil de esto, y lo que caracteriza a estas cuestiones, es que la traición y lo desnaturalizado se apodera del ser humano. Amén de la falta de respeto y la poca consideración con los demás, aquellos a los que les decimos cuanto los queremos pero que en el fondo es una falsa.
Pues bien, afortunadamente, el camino de la música es tan inmensamente transparente que cuando alguien tan falso y con tan poca honestidad intenta acercarse de manera oculta hasta ella, a largo plazo, siempre sale perdiendo y descubriéndose toda la verdad. Es triste ir por la vida de esta forma, pero quien selecciona esas actitudes suele mostrar a la vez falta de madurez y una cobardía increíble.
Nadie se puede abanderar con la verdad absoluta, pero la intención debe ser acercarse lo máximo a la mayor sinceridad posible, por lo menos a título personal. Conozco a muchos que logran hacer de la mentira su razón, y triunfan para todos aquellos que no saben de su historia a nivel personal, de cómo se comportan, de que realidades les mueven y del porque de sus actitudes, en las que pisan todo lo pisable, y se aprovechan de todo lo aprovechable.
¿Quién no ha hospedado en sí como experiencia propia esto que estoy contando? ¿Quién no ha reconocido en sus mismas vivencias a algunos de estos personajes en el qué la mentira y la falsedad son parte indisoluble de sus procedimientos? Es parte de la propia vida hallarse con estos seres – por llamarlos de alguna manera – en alguna ocasión, y aunque son difíciles de detectar de primeras, con el paso del tiempo terminar por caerse como un castillo de naipes. No hay vacunas ni insecticidas para este tipo de parásitos, debiendo las personas honestas, tener que optar por dos posibles opciones: pensar en positivo y no dar sabido que todas las personas son así para luego decepcionarte profundamente, o bien actuar a la defensiva y darles demasiada importancia a estos personajes de la apariencia y la farsa.
Pues bien, en el mundo del arte se suceden por cuestiones similares a las humanas, este tipo de acciones. Y por mucho que pienses que aprendes la lección, te la dan una y otra vez. Es imposible detectarlos, pero en el mundo musical hay quien saca semejante provecho y beneficio en todos los sentidos. Sus argucias son en contra de aquellos que luchamos porque las cosas sean lo más honorables posibles, con vergüenza y valentía. Estos individuos demuestran la falta coherente de estos valores, apoderándose de una cobardía y una condición que cuanto más lejos este de uno mismo, muchísimo mejor.
Es imposible o realmente trabajoso luchar contra estos maestros de la mentira. Realizan una red de araña en la que convencen con sus falsas ideas y sus cualidades zalameras a todo aquel que le presta su sana intención. Para verlos y desenmascararlos hay que trazar una estrategia fuera de nuestra práctica, ya que lo dificultoso de todo esto es estar a la baja naturaleza que estos demuestran. Dar con la realidad de sus mentiras y falacias no está al alcance de todos, porque ni a veces nos interesa, o porque sencillamente no desarrollamos ideas intelectuales que giren en torno a sus propósitos.
Sembrar vientos no puede dar otro resultado que el de recoger tempestades. La manera más frívola de atajar a esta panda de calumniadores es adjuntando conceptos y situaciones en las que nos veamos afectados de manera más seria. Y aun así, la mayoría de las veces es muy complicado poder sacar conclusiones a corto o medio plazo. Pero finalmente, todo se desvanece y con ello salen a la luz los inverosímiles engaños y todas las patrañas que han sido capaces de acumular durante tanto tiempo.
No es cuestión de desear el mal a nadie, eso de poca clase y de mala condición. Y aunque a veces se constituyan posibles actitudes negativas, hay que ser coherente con uno mismo y partir de la idea de otorgar la mínima importancia a quien hace de su vida una gran mentira. Incluso deberíamos de dar las gracias a todos los que sois de esta forma de actuar, porque es a partir del conocimiento que nos otorga nuestro intelecto, el correcto aprender de que estas no son las maneras de actuar ni con los que nos rodean, ni para con nadie. Corta vida al mentiroso, tanto en la música como en la vida real, y que el poco aire que respiras se ahogue en tus hipócrita falsedad.
Pues bien, afortunadamente, el camino de la música es tan inmensamente transparente que cuando alguien tan falso y con tan poca honestidad intenta acercarse de manera oculta hasta ella, a largo plazo, siempre sale perdiendo y descubriéndose toda la verdad. Es triste ir por la vida de esta forma, pero quien selecciona esas actitudes suele mostrar a la vez falta de madurez y una cobardía increíble.
Nadie se puede abanderar con la verdad absoluta, pero la intención debe ser acercarse lo máximo a la mayor sinceridad posible, por lo menos a título personal. Conozco a muchos que logran hacer de la mentira su razón, y triunfan para todos aquellos que no saben de su historia a nivel personal, de cómo se comportan, de que realidades les mueven y del porque de sus actitudes, en las que pisan todo lo pisable, y se aprovechan de todo lo aprovechable.
¿Quién no ha hospedado en sí como experiencia propia esto que estoy contando? ¿Quién no ha reconocido en sus mismas vivencias a algunos de estos personajes en el qué la mentira y la falsedad son parte indisoluble de sus procedimientos? Es parte de la propia vida hallarse con estos seres – por llamarlos de alguna manera – en alguna ocasión, y aunque son difíciles de detectar de primeras, con el paso del tiempo terminar por caerse como un castillo de naipes. No hay vacunas ni insecticidas para este tipo de parásitos, debiendo las personas honestas, tener que optar por dos posibles opciones: pensar en positivo y no dar sabido que todas las personas son así para luego decepcionarte profundamente, o bien actuar a la defensiva y darles demasiada importancia a estos personajes de la apariencia y la farsa.
Pues bien, en el mundo del arte se suceden por cuestiones similares a las humanas, este tipo de acciones. Y por mucho que pienses que aprendes la lección, te la dan una y otra vez. Es imposible detectarlos, pero en el mundo musical hay quien saca semejante provecho y beneficio en todos los sentidos. Sus argucias son en contra de aquellos que luchamos porque las cosas sean lo más honorables posibles, con vergüenza y valentía. Estos individuos demuestran la falta coherente de estos valores, apoderándose de una cobardía y una condición que cuanto más lejos este de uno mismo, muchísimo mejor.
Es imposible o realmente trabajoso luchar contra estos maestros de la mentira. Realizan una red de araña en la que convencen con sus falsas ideas y sus cualidades zalameras a todo aquel que le presta su sana intención. Para verlos y desenmascararlos hay que trazar una estrategia fuera de nuestra práctica, ya que lo dificultoso de todo esto es estar a la baja naturaleza que estos demuestran. Dar con la realidad de sus mentiras y falacias no está al alcance de todos, porque ni a veces nos interesa, o porque sencillamente no desarrollamos ideas intelectuales que giren en torno a sus propósitos.
Sembrar vientos no puede dar otro resultado que el de recoger tempestades. La manera más frívola de atajar a esta panda de calumniadores es adjuntando conceptos y situaciones en las que nos veamos afectados de manera más seria. Y aun así, la mayoría de las veces es muy complicado poder sacar conclusiones a corto o medio plazo. Pero finalmente, todo se desvanece y con ello salen a la luz los inverosímiles engaños y todas las patrañas que han sido capaces de acumular durante tanto tiempo.
No es cuestión de desear el mal a nadie, eso de poca clase y de mala condición. Y aunque a veces se constituyan posibles actitudes negativas, hay que ser coherente con uno mismo y partir de la idea de otorgar la mínima importancia a quien hace de su vida una gran mentira. Incluso deberíamos de dar las gracias a todos los que sois de esta forma de actuar, porque es a partir del conocimiento que nos otorga nuestro intelecto, el correcto aprender de que estas no son las maneras de actuar ni con los que nos rodean, ni para con nadie. Corta vida al mentiroso, tanto en la música como en la vida real, y que el poco aire que respiras se ahogue en tus hipócrita falsedad.
domingo, 4 de abril de 2010
Reflexiones en voz alta
A veces, cuando me dispongo a madurar sobre que escribir para cada lunes en nuestro Templete, delibero si merece la pena desarrollar una idea, de índole musical, en una sociedad y cultura como la nuestra. Y si ya pienso en mis paisanos y congéneres onubenses, es cuando la desmotivación acapara las mayorías de mis posibilidades. Sé a ciencia cierta, que las capacidades a nivel psicológico de unos y de otros varían en gran medida dependiendo de multitud de factores. Pero a veces intentamos hacernos más fuertes de lo que realmente somos, pretendiendo dar una imagen bastante diferente a lo que somos.
Ciertamente, este documento que ahora mismo me dispongo a rellenar con mis pensamientos y creencias, como cada lunes, recibe el apoyo incondicional de la mayoría de los amables lectores. Algo que es de agradecer desde la parte que nos toca; incluso me atrevo a afirmar, a riesgo de ser pedante en otra ocasión más, que es algo que me ilusiona de gran manera. Escribo para ustedes, intentando aportar una visión particular desde una cuidada formación musical y por supuesto un intento de ser objetivo siempre desde el respeto.
Pero de vez en cuando, se cruzan ante nosotros, posibles discrepantes a los que suelo prestarle la atención justa. Pero llegados a este punto, una encrucijada de caminos de los más sana posible – ya que no lo miro de otra forma – creo que colocarse en una perspectiva concreta es lo mejor que se puede hacer.
Nuestra disposición siempre es, desde lo más profundo, vacía de maldad e incluso sin intereses personales. Debemos mantener un espíritu colaborador y conciliador como lugar de partida. Pues bien, cuanto más se aplican estas consignas, mayor es el convencimiento ajeno de que no es así. Aquí podríamos emplear ese bien sabido refrán de que todo ladrón cree que los demás son de su misma condición. Es terrible como debemos de soportar, sólo por dar nuestra opinión profesional, constantes ataques que se utilizan para que algunos luego se coloquen en sus ideas.
Si tengo alguna queja, un sentir por algo que se puede considerar injusto, algo que creemos es mejorable o si vemos algo que se puede discernir como algo abusivo y afrentoso, no debemos tener la más mínima duda de que se puede denunciar. Es más, creo que es obligación para todo aquel que quiere estar en paz consigo mismo. Por supuesto desde el respeto, la coherencia y la valentía, pero con decisión y honestidad. El camino sólo se hace a base de verdades, no de calumnias ni de opiniones basadas en criterios particulares repletas de subjetividad o intereses personales.
Hay que saber cuando estamos en una tesitura concreta, si es fija o si tiene varias posibilidades: nadie es dueño de la realidad objetiva. Incluso podríamos afirmar que toda evidencia es relativa, haciendo de la verdad algo que puede poseer varias legitimidades. Lo que no debe ser admisible son teorías basadas en ponencias propias asentadas en conceptos patrimoniales individuales y particulares de cada uno. Sobre todo porque puedes estar esgrimidas desde el interés único y privado. Bueno, hay una opción para estas situaciones concretas, y es aquella en la que sí nos interesa la posición de alguien por tener importancia para nosotros a título personal.
Nadie es dueño de la verdad, y menos en materias artísticas, donde las teorías de la recepción son sobre todo dependientes de nuestros conocimientos. Incluso son muy influyentes los factores que unos u otros planteamos y originamos con respecto a todas esas sensaciones que tenemos cuando nos colocamos al frente de una obra de arte. Aarón Copland, compositor estadounidense del siglo XX, afirma con contundencia que a mayor conocimiento, mayor disfrute. En su libro “Como escuchar la Música”, hace una interesante síntesis sobre el proceso íntimo de escuchar, presentando una serie de propuestas para que entendamos que percibir auditivamente no se quede en algo insípido e insulso.
Debemos darle la importancia que tiene, si no es así, ¿para qué se han realizado y construyen tantas y tantas exposiciones musicales a lo largo y ancho de su existencia? ¿Qué sentido tiene hacer música desde la coherencia del propio alma? Mientras la mayoría de los viandantes de nuestra colectividad solamente contempla la música como un adorno o bien como aderezo a otras actividades. ¿Dónde ha caído el auténtico sentido de esta práctica? Seguimos entendiendo el hecho musical como una forma de expresión, un tipo de lenguaje que goza de tener las ricas propiedades que otras formas de comunicación ni por asomo se acercan. Mientras muchos de mis queridos semejantes únicamente la siguen usando a en un porcentaje ínfimo, nosotros la disfrutaremos lo máximo posible.
Ciertamente, este documento que ahora mismo me dispongo a rellenar con mis pensamientos y creencias, como cada lunes, recibe el apoyo incondicional de la mayoría de los amables lectores. Algo que es de agradecer desde la parte que nos toca; incluso me atrevo a afirmar, a riesgo de ser pedante en otra ocasión más, que es algo que me ilusiona de gran manera. Escribo para ustedes, intentando aportar una visión particular desde una cuidada formación musical y por supuesto un intento de ser objetivo siempre desde el respeto.
Pero de vez en cuando, se cruzan ante nosotros, posibles discrepantes a los que suelo prestarle la atención justa. Pero llegados a este punto, una encrucijada de caminos de los más sana posible – ya que no lo miro de otra forma – creo que colocarse en una perspectiva concreta es lo mejor que se puede hacer.
Nuestra disposición siempre es, desde lo más profundo, vacía de maldad e incluso sin intereses personales. Debemos mantener un espíritu colaborador y conciliador como lugar de partida. Pues bien, cuanto más se aplican estas consignas, mayor es el convencimiento ajeno de que no es así. Aquí podríamos emplear ese bien sabido refrán de que todo ladrón cree que los demás son de su misma condición. Es terrible como debemos de soportar, sólo por dar nuestra opinión profesional, constantes ataques que se utilizan para que algunos luego se coloquen en sus ideas.
Si tengo alguna queja, un sentir por algo que se puede considerar injusto, algo que creemos es mejorable o si vemos algo que se puede discernir como algo abusivo y afrentoso, no debemos tener la más mínima duda de que se puede denunciar. Es más, creo que es obligación para todo aquel que quiere estar en paz consigo mismo. Por supuesto desde el respeto, la coherencia y la valentía, pero con decisión y honestidad. El camino sólo se hace a base de verdades, no de calumnias ni de opiniones basadas en criterios particulares repletas de subjetividad o intereses personales.
Hay que saber cuando estamos en una tesitura concreta, si es fija o si tiene varias posibilidades: nadie es dueño de la realidad objetiva. Incluso podríamos afirmar que toda evidencia es relativa, haciendo de la verdad algo que puede poseer varias legitimidades. Lo que no debe ser admisible son teorías basadas en ponencias propias asentadas en conceptos patrimoniales individuales y particulares de cada uno. Sobre todo porque puedes estar esgrimidas desde el interés único y privado. Bueno, hay una opción para estas situaciones concretas, y es aquella en la que sí nos interesa la posición de alguien por tener importancia para nosotros a título personal.
Nadie es dueño de la verdad, y menos en materias artísticas, donde las teorías de la recepción son sobre todo dependientes de nuestros conocimientos. Incluso son muy influyentes los factores que unos u otros planteamos y originamos con respecto a todas esas sensaciones que tenemos cuando nos colocamos al frente de una obra de arte. Aarón Copland, compositor estadounidense del siglo XX, afirma con contundencia que a mayor conocimiento, mayor disfrute. En su libro “Como escuchar la Música”, hace una interesante síntesis sobre el proceso íntimo de escuchar, presentando una serie de propuestas para que entendamos que percibir auditivamente no se quede en algo insípido e insulso.
Debemos darle la importancia que tiene, si no es así, ¿para qué se han realizado y construyen tantas y tantas exposiciones musicales a lo largo y ancho de su existencia? ¿Qué sentido tiene hacer música desde la coherencia del propio alma? Mientras la mayoría de los viandantes de nuestra colectividad solamente contempla la música como un adorno o bien como aderezo a otras actividades. ¿Dónde ha caído el auténtico sentido de esta práctica? Seguimos entendiendo el hecho musical como una forma de expresión, un tipo de lenguaje que goza de tener las ricas propiedades que otras formas de comunicación ni por asomo se acercan. Mientras muchos de mis queridos semejantes únicamente la siguen usando a en un porcentaje ínfimo, nosotros la disfrutaremos lo máximo posible.
domingo, 28 de marzo de 2010
Música religiosa
Es vertiginoso observar desde la lejanía de los siglos, como la música pervivió durante tantísimo tiempo solo con la invocación de motivaciones religiosas o el uso para todo tipo de eventos fervorosos y doctrinales. Ahora, el porcentaje de creación e interpretación en estas aplicaciones se alejan en una media proporcional al crecimiento de las consideradas manifestaciones musicales profanas. Es por lo que en estos términos se puede asimilar un lugar de oposición entre ambas, pero promovidas desde la carencia e ideología de corte religioso, ya que todo lo profano es aquello que no es temática o tiene cierta relación con las expresiones de creencias religiosas.
No puedo considerarme un experto de estas cuestiones, pero es prácticamente imposible hacer un estudio musicológico de cualquier aspecto, técnica o dato histórico sin beber de estas músicas realizadas exclusivamente para la alabanza a Dios, acciones de gracias o eventos espirituales de gran pragmatismo social. Está claro que hablamos de música occidental y de su sistema de organización y expresión musical. Enfrascarnos o acercarnos a otros sistemas sería una autentica locura en todos sus aspectos.
La influencia de tantos y tantos progresos y desarrollos musicales a todos los niveles beben inexorablemente de lo que podemos comentar como tradición musical religiosa. Y aunque el debate de la existencia o no de que otras estéticas musicales cohabitaran en la misma época de total primacía, es algo más que aventurarse y correr el riesgo de equivocarse ante algo sin la mínima seguridad de saberlo. Lo que es indiscutible es que hasta hoy día lo que ha llegado hasta nosotros es aquella música que se cuidó con mimo para ser traspasada a otras generaciones sin la necesidad exclusiva de la tradición oral. Los sistemas de notación musical fueron perfeccionándose, salvaguardando unos pocos tratados y obras durante casi toda la edad media.
Instigados, quizás, por San Gregorio Magno, se puso fin a numerosas tradiciones musicales religiosas por casi toda Europa, aunándose todas bajo un criterio único que se estableció con la idea de uniformar toda la liturgia sacramental. Lo poco que se nos ha legado de los cantos galicano, mozárabe o ambrosiano, ha quedado como algo anecdótico e incompleto, incluso sin la certeza de su autenticidad por lo difícil de identificar algo agravado por el paso del tiempo.
A partir del siglo XI y con las primeras experiencias polifónicas, el organum y el discantus comienzan a ganar en fundamentación gracias a los maestros de la escuela de Notre Dame de Paris, Leonin y Perotin. Las formas más usadas van a ser la misa, motetes y responsorios. El posterior desarrollo de la polifonía en todos sus estamos, sin embargo, va a ser protagonizada por los maestros de la escuela flamenca de Cambray. Es desde este momento en el que podemos hablar de una música religiosa hecha con la categoría que se merece. Josquin Des Prez y Ockengen van a representar la culminación de estas obras.
Llegados a este punto de la historia, la contrarreforma ordenada por el Vaticano ante la sublevación de Lutero en Alemania, va a suponer un espaldarazo definitivo a la música religiosa. Durante el Concilio de Trento (1545 – 1563), fue designado al ilustre músico italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina, que junto con los españoles Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales y el sevillano Francisco Guerrero representaron el cenit de aquel momento histórico. Del otro lado, encontramos a toda una rama de compositores alemanes que culmina con el grandísimo Juan Sebastián Bach. A partir de estos instantes, la mayoría de los compositores van a mantener una dualidad en su repertorio creativo, entre la música profana y la religiosa. De este modo, Händel y Vivaldi en época barroca, Mozart y Beethoven durante el clasicismo, Mendelssohn, Bruckner y también Faure en el siglo XIX, compaginaron con maestría ambas tradiciones: religiosa y profana.
En la actualidad el concepto de música religiosa ha quedado totalmente relegado a la posición modesta y de composición eventual a la que se ha visto pospuesta. Incluso podemos comprobar cómo en el intento de una nueva apertura en la búsqueda de una regeneración del material sonoro, de color y tímbrico, ha evolucionado desde el plano más cercano a técnicas y formas de la música denominada profana.
De este modo, solo podemos encontrar nuevas creaciones musicales de origen religioso, en aquellos eventos específicos donde la costumbre y el hábito social lo han hecho parte inherente de la manifestación. Incluso existe cierta concomitancia con cuestiones paganas o del orden humano, dejando de lado su componente místico y estricto.
No puedo considerarme un experto de estas cuestiones, pero es prácticamente imposible hacer un estudio musicológico de cualquier aspecto, técnica o dato histórico sin beber de estas músicas realizadas exclusivamente para la alabanza a Dios, acciones de gracias o eventos espirituales de gran pragmatismo social. Está claro que hablamos de música occidental y de su sistema de organización y expresión musical. Enfrascarnos o acercarnos a otros sistemas sería una autentica locura en todos sus aspectos.
La influencia de tantos y tantos progresos y desarrollos musicales a todos los niveles beben inexorablemente de lo que podemos comentar como tradición musical religiosa. Y aunque el debate de la existencia o no de que otras estéticas musicales cohabitaran en la misma época de total primacía, es algo más que aventurarse y correr el riesgo de equivocarse ante algo sin la mínima seguridad de saberlo. Lo que es indiscutible es que hasta hoy día lo que ha llegado hasta nosotros es aquella música que se cuidó con mimo para ser traspasada a otras generaciones sin la necesidad exclusiva de la tradición oral. Los sistemas de notación musical fueron perfeccionándose, salvaguardando unos pocos tratados y obras durante casi toda la edad media.
Instigados, quizás, por San Gregorio Magno, se puso fin a numerosas tradiciones musicales religiosas por casi toda Europa, aunándose todas bajo un criterio único que se estableció con la idea de uniformar toda la liturgia sacramental. Lo poco que se nos ha legado de los cantos galicano, mozárabe o ambrosiano, ha quedado como algo anecdótico e incompleto, incluso sin la certeza de su autenticidad por lo difícil de identificar algo agravado por el paso del tiempo.
A partir del siglo XI y con las primeras experiencias polifónicas, el organum y el discantus comienzan a ganar en fundamentación gracias a los maestros de la escuela de Notre Dame de Paris, Leonin y Perotin. Las formas más usadas van a ser la misa, motetes y responsorios. El posterior desarrollo de la polifonía en todos sus estamos, sin embargo, va a ser protagonizada por los maestros de la escuela flamenca de Cambray. Es desde este momento en el que podemos hablar de una música religiosa hecha con la categoría que se merece. Josquin Des Prez y Ockengen van a representar la culminación de estas obras.
Llegados a este punto de la historia, la contrarreforma ordenada por el Vaticano ante la sublevación de Lutero en Alemania, va a suponer un espaldarazo definitivo a la música religiosa. Durante el Concilio de Trento (1545 – 1563), fue designado al ilustre músico italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina, que junto con los españoles Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales y el sevillano Francisco Guerrero representaron el cenit de aquel momento histórico. Del otro lado, encontramos a toda una rama de compositores alemanes que culmina con el grandísimo Juan Sebastián Bach. A partir de estos instantes, la mayoría de los compositores van a mantener una dualidad en su repertorio creativo, entre la música profana y la religiosa. De este modo, Händel y Vivaldi en época barroca, Mozart y Beethoven durante el clasicismo, Mendelssohn, Bruckner y también Faure en el siglo XIX, compaginaron con maestría ambas tradiciones: religiosa y profana.
En la actualidad el concepto de música religiosa ha quedado totalmente relegado a la posición modesta y de composición eventual a la que se ha visto pospuesta. Incluso podemos comprobar cómo en el intento de una nueva apertura en la búsqueda de una regeneración del material sonoro, de color y tímbrico, ha evolucionado desde el plano más cercano a técnicas y formas de la música denominada profana.
De este modo, solo podemos encontrar nuevas creaciones musicales de origen religioso, en aquellos eventos específicos donde la costumbre y el hábito social lo han hecho parte inherente de la manifestación. Incluso existe cierta concomitancia con cuestiones paganas o del orden humano, dejando de lado su componente místico y estricto.
domingo, 21 de marzo de 2010
La necesidad de cultura
Hace unos días, encontraba una interesante fuente de inspiración en las palabras sabias de los que luchan día a día por el mundo de la cultura. No es de recibo bajar nunca los brazos en este asunto, ya que como versa el dicho “el conocimiento os hará libres”. No hay verdad sin saber, no hay realidad si sólo nos basamos en cuestiones materiales y egoístas, no hay mañana sin saber que pasó ayer, y por supuesto, no hay vida sin tener juicio ni valoración crítica. Y para todo esto hay que tener los instrumentos necesarios para ello.
Partiendo de la base de que la cultura se encuentra en uno de los últimos estadios de la famosa pirámide de Maslow, en cuanto a necesidades humanas, las sociedades en las que las cuestiones primarias están cubiertas pasan a sufragar otra serie de condiciones, deben ejercer una serie de actividades para lograr satisfacer a estas. Pero en el caso de nuestra sociedad, el problema reside en el uso correcto de dicho entendimiento. La preparación y la educación que a los individuos del grupo se les oferta, en una colectividad de consumo como en la que hemos llegado a caer, en muchos casos es rechazada por poco efectiva a nivel económico.
Esto es un error de grandes magnitudes, donde lo que se llena es el bolsillo y la panza pero nada más lejano a eso. Leía hace poco a Pérez Reverte achacando esta situación al analfabetismo que sufrimos en España como mal endémico desde hace generaciones. Comentaba de manera acertada que “no duele España, sino su incultura, esa que propaga la falta de un espíritu crítico”, asegurando que “un país inculto es un país sin mecanismos de defensa”.
Es el colmo del necio el que escucha o lee estas palabras y hace oídos sordos; es la ignorancia del arrogante el que cree que sin cultura se puede existir; es el atrevimiento del que no sabe el que hace que las cuestiones realmente interesantes queden relegadas por otras de menor orden en importancia; es de estúpidos satirizar a quien da cobertura a la educación y a la cultura; es de locos creer en un mundo basado en asuntos materiales y razones económicas; y por supuesto, es de tener poca identidad el seguir la dictadura de aquellos que se identifican como líderes de la nada.
La lucha persistirá durante siglos, porque siempre existirá quien, por intereses personales, quieran hacernos ver que sus alicientes serán más productivos que los que otorga el saber, la educación y el arte. En cuantas ocasiones, diría que miles, los comentarios de una conversación agradable se han tornado en hipocresía y demagogia cuando se habla de estos parámetros. Es una osadía verdadera hacerles ver a estos tiburones de las financias y de lo tangible, como la creencia de una vida desde otro punto de vista nos podría otorgar algo más que prestigio.
Porque esta es la parte simpática del asunto: luego todos aseveramos con la cabeza cuando tratamos del tema de manera afirmativa. Pero, ¿qué es lo que hacemos al respecto? ¿Es suficiente con decir que estamos de acuerdo? Si la realidad es que nuestra vida es un cumulo de despropósitos donde la primera demanda es nuestro ombligo, y a partir de ahí, poco más. Cuando alguien abandera esta contienda por la libertad en el aprendizaje y en el acceso a la cultura de todas las almas sociales, ¿se les apoya con fuerza e real interés? La respuesta es no… rotundamente no.
El vacio y la soledad constante por parte de las comunidades profesionales que se dedican a este asunto son tremendos en estructuras y formas. No existe un apoyo sincero y no justificado. Siempre acaecen otros alicientes en segundo plano que hacen dudar de la veracidad de quien apoya estos debates. Y si hablamos de políticas en este sentido y de sus gestores puestos en esas disposiciones por sus partidos, pues apaga y vámonos.
Lo más curioso es que encima, se preguntan de la rentabilidad de la cultura como negocio. Es el acabose. Llegados a este punto todo se derrumba como un castillo de naipes. La tristeza de toda una vida de dedicación por parte de tantos y tantos luchadores de la creencia de que la cultura es la base de la socialización humana, cae de manera estrepitosa.
Pues no debemos flaquear en este asunto. La cultura es del pueblo y para el pueblo; no hay bien más rico, ni posibilidad más atractiva y útil para el ser humano que ser rico en conocimientos. Es algo sin precio, pero con un valor incalculable. Algún sabio popular me refería esto hace poco, que las cosas que no tienen precio no significa que no tengan valor, sino al contrario: son muchas las fortunas que se asientan en las riquezas que no todo el mundo puede ver, o incluso no tener.
Partiendo de la base de que la cultura se encuentra en uno de los últimos estadios de la famosa pirámide de Maslow, en cuanto a necesidades humanas, las sociedades en las que las cuestiones primarias están cubiertas pasan a sufragar otra serie de condiciones, deben ejercer una serie de actividades para lograr satisfacer a estas. Pero en el caso de nuestra sociedad, el problema reside en el uso correcto de dicho entendimiento. La preparación y la educación que a los individuos del grupo se les oferta, en una colectividad de consumo como en la que hemos llegado a caer, en muchos casos es rechazada por poco efectiva a nivel económico.
Esto es un error de grandes magnitudes, donde lo que se llena es el bolsillo y la panza pero nada más lejano a eso. Leía hace poco a Pérez Reverte achacando esta situación al analfabetismo que sufrimos en España como mal endémico desde hace generaciones. Comentaba de manera acertada que “no duele España, sino su incultura, esa que propaga la falta de un espíritu crítico”, asegurando que “un país inculto es un país sin mecanismos de defensa”.
Es el colmo del necio el que escucha o lee estas palabras y hace oídos sordos; es la ignorancia del arrogante el que cree que sin cultura se puede existir; es el atrevimiento del que no sabe el que hace que las cuestiones realmente interesantes queden relegadas por otras de menor orden en importancia; es de estúpidos satirizar a quien da cobertura a la educación y a la cultura; es de locos creer en un mundo basado en asuntos materiales y razones económicas; y por supuesto, es de tener poca identidad el seguir la dictadura de aquellos que se identifican como líderes de la nada.
La lucha persistirá durante siglos, porque siempre existirá quien, por intereses personales, quieran hacernos ver que sus alicientes serán más productivos que los que otorga el saber, la educación y el arte. En cuantas ocasiones, diría que miles, los comentarios de una conversación agradable se han tornado en hipocresía y demagogia cuando se habla de estos parámetros. Es una osadía verdadera hacerles ver a estos tiburones de las financias y de lo tangible, como la creencia de una vida desde otro punto de vista nos podría otorgar algo más que prestigio.
Porque esta es la parte simpática del asunto: luego todos aseveramos con la cabeza cuando tratamos del tema de manera afirmativa. Pero, ¿qué es lo que hacemos al respecto? ¿Es suficiente con decir que estamos de acuerdo? Si la realidad es que nuestra vida es un cumulo de despropósitos donde la primera demanda es nuestro ombligo, y a partir de ahí, poco más. Cuando alguien abandera esta contienda por la libertad en el aprendizaje y en el acceso a la cultura de todas las almas sociales, ¿se les apoya con fuerza e real interés? La respuesta es no… rotundamente no.
El vacio y la soledad constante por parte de las comunidades profesionales que se dedican a este asunto son tremendos en estructuras y formas. No existe un apoyo sincero y no justificado. Siempre acaecen otros alicientes en segundo plano que hacen dudar de la veracidad de quien apoya estos debates. Y si hablamos de políticas en este sentido y de sus gestores puestos en esas disposiciones por sus partidos, pues apaga y vámonos.
Lo más curioso es que encima, se preguntan de la rentabilidad de la cultura como negocio. Es el acabose. Llegados a este punto todo se derrumba como un castillo de naipes. La tristeza de toda una vida de dedicación por parte de tantos y tantos luchadores de la creencia de que la cultura es la base de la socialización humana, cae de manera estrepitosa.
Pues no debemos flaquear en este asunto. La cultura es del pueblo y para el pueblo; no hay bien más rico, ni posibilidad más atractiva y útil para el ser humano que ser rico en conocimientos. Es algo sin precio, pero con un valor incalculable. Algún sabio popular me refería esto hace poco, que las cosas que no tienen precio no significa que no tengan valor, sino al contrario: son muchas las fortunas que se asientan en las riquezas que no todo el mundo puede ver, o incluso no tener.
domingo, 14 de marzo de 2010
La música no es un juego
“Hoy me he levantado con ganas de guerrear”... Esto lo podrían pensar todos aquellos que viven el arte desde la barrera del espectador y no me conocen. Aviso a navegantes antes de seguir leyendo: no voy a callarme ninguno de los sentimientos que están floreciendo en mí mientras escucho uno de los tantos conciertos que se dan por nuestra extensa geografía. Pueden especular con riesgo a equivocarse, de que coloco por delante de mi razón a mis emociones. A su favor decir que intentaré por todos los medios estar cercano a la objetividad que me permiten mis años de estudio y las experiencias musicales que he tenido la suerte de ir ganando en los escenarios de medio mundo que he tenido el privilegio de pisar.
Soy de los que asume el papel inherente de la música en la actividad cotidiana; de que se pueden y se deben usar todos los recursos que el arte nos facilita como cuestión cercana al propio ejercicio de disfrute personal, a través del ocio, la propia afición o el hecho de complacerse de la música como algo cercano. Es más, defiendo desde el sentido educativo y personal, que todos debemos, si nos apetece, poder explotar tan magnífica posibilidad para expresarnos con un lenguaje único.
Pero llegados a este punto, quisiera trazar una línea lo suficientemente gruesa entre las manifestaciones a nivel popular hechas por simples aficionados y esa misma dirección pero realizada desde el conocimiento. Me reitero que no hay nadie que pueda otorgar o juzgar el poder usar la música como vehículo para alcanzar la expresión; cada palo que aguante su vela.
Y aunque hay buenas tentativas en acercarse, es realmente patético el tanteo de algunos por hacer y desarrollar ciertos tipos de espectáculos. Con la ilusión por bandera, incuestionables buenos contactos y la ignorancia del que escucha por amistad, si buscamos bien, obtenemos los resultados deseados. Algunos incluso podrían fletar un avión con sus fans más osados, los que le siguen por cariño y por su afecto. Sí, esos que siguen manteniendo la dicha de la utopía de que es posible llegar a ser número uno en los cuarenta sin la necesidad de pagar o venderse.
Pido perdón públicamente, por mi política de no permitir – lógicamente a título personal – gente que no hace las cosas como deben, y de ser intransigente. En el mundo creativo e interpretativo en materia musical, parece que todo es válido. Pues con sinceridad y cariño, rotundamente no. Me niego a escuchar a quien hace música porque así le sale de dentro. Si a alguien le sale de dentro, que por favor se formen bien antes, para que de esta manera, lo que salga tenga un sentido real, no un simple devenir de ideas a nivel personal.
Podrán enfocar, y están es su relativo derecho, toda esta disertación desde algún tipo de sensación propia e imaginativa. Pero les aseguro que no estoy personificando ni argumentándome en nada en particular. Estoy intentando referirme a un concepto general muy propenso en Huelva. Es triste tener esta impresión, pero existe en mi constante reflexión cuando veo a gente aficionada intentando estar en el lugar de los verdaderos profesionales.
El problema no existe cuando estos intentan usurpar el lugar que no les corresponde, sino de todos aquellos que luego sin la más mínima intención por hacer triunfar a la coherencia, apoyan falsas teorías lanzadas por los medios, los programas de turno o simplemente los amigos. Y no digamos de los que se colocan luego las medallas y abanderan el “yo soy la música en Huelva”.
Toda una vida dedicada a la música no puede tener la poca estima y tan corta percepción de seriedad que algunos se empeñan en desmoronar. La lucha por colocar en su merecida posición a la música como arte y como lenguaje expresivo, es frívolamente tratada por todo aquel que juega con ritmo y melodías de manera impasible. Es una falta de respeto de tremendas magnitudes la que estos señores del “hágalo usted mismo” plantean como novio de modas y suculentos billetajes.
Se entiende que todo aquel que hace música busca el beneplácito de los demás. Pero en la mayoría de las ocasiones, el sentido de lo bien hecho que se posee es proporcional al atrevimiento. Huyendo de la arrogancia que pueden dar a entender estas palabras, les aseguro que cada vez que un músico se pone a tocar delante de cualquier público, debe haber mantenido una estrecha relación con horas de trabajo y gran esfuerzo. Es por todo esto, por lo que a veces tengo la sensación de que algunos utilizan dicha teoría para reírse aun más si cabe de quien se cultiva, funciona y se entrega para conseguir algo que realmente merezca la pena.
Soy de los que asume el papel inherente de la música en la actividad cotidiana; de que se pueden y se deben usar todos los recursos que el arte nos facilita como cuestión cercana al propio ejercicio de disfrute personal, a través del ocio, la propia afición o el hecho de complacerse de la música como algo cercano. Es más, defiendo desde el sentido educativo y personal, que todos debemos, si nos apetece, poder explotar tan magnífica posibilidad para expresarnos con un lenguaje único.
Pero llegados a este punto, quisiera trazar una línea lo suficientemente gruesa entre las manifestaciones a nivel popular hechas por simples aficionados y esa misma dirección pero realizada desde el conocimiento. Me reitero que no hay nadie que pueda otorgar o juzgar el poder usar la música como vehículo para alcanzar la expresión; cada palo que aguante su vela.
Y aunque hay buenas tentativas en acercarse, es realmente patético el tanteo de algunos por hacer y desarrollar ciertos tipos de espectáculos. Con la ilusión por bandera, incuestionables buenos contactos y la ignorancia del que escucha por amistad, si buscamos bien, obtenemos los resultados deseados. Algunos incluso podrían fletar un avión con sus fans más osados, los que le siguen por cariño y por su afecto. Sí, esos que siguen manteniendo la dicha de la utopía de que es posible llegar a ser número uno en los cuarenta sin la necesidad de pagar o venderse.
Pido perdón públicamente, por mi política de no permitir – lógicamente a título personal – gente que no hace las cosas como deben, y de ser intransigente. En el mundo creativo e interpretativo en materia musical, parece que todo es válido. Pues con sinceridad y cariño, rotundamente no. Me niego a escuchar a quien hace música porque así le sale de dentro. Si a alguien le sale de dentro, que por favor se formen bien antes, para que de esta manera, lo que salga tenga un sentido real, no un simple devenir de ideas a nivel personal.
Podrán enfocar, y están es su relativo derecho, toda esta disertación desde algún tipo de sensación propia e imaginativa. Pero les aseguro que no estoy personificando ni argumentándome en nada en particular. Estoy intentando referirme a un concepto general muy propenso en Huelva. Es triste tener esta impresión, pero existe en mi constante reflexión cuando veo a gente aficionada intentando estar en el lugar de los verdaderos profesionales.
El problema no existe cuando estos intentan usurpar el lugar que no les corresponde, sino de todos aquellos que luego sin la más mínima intención por hacer triunfar a la coherencia, apoyan falsas teorías lanzadas por los medios, los programas de turno o simplemente los amigos. Y no digamos de los que se colocan luego las medallas y abanderan el “yo soy la música en Huelva”.
Toda una vida dedicada a la música no puede tener la poca estima y tan corta percepción de seriedad que algunos se empeñan en desmoronar. La lucha por colocar en su merecida posición a la música como arte y como lenguaje expresivo, es frívolamente tratada por todo aquel que juega con ritmo y melodías de manera impasible. Es una falta de respeto de tremendas magnitudes la que estos señores del “hágalo usted mismo” plantean como novio de modas y suculentos billetajes.
Se entiende que todo aquel que hace música busca el beneplácito de los demás. Pero en la mayoría de las ocasiones, el sentido de lo bien hecho que se posee es proporcional al atrevimiento. Huyendo de la arrogancia que pueden dar a entender estas palabras, les aseguro que cada vez que un músico se pone a tocar delante de cualquier público, debe haber mantenido una estrecha relación con horas de trabajo y gran esfuerzo. Es por todo esto, por lo que a veces tengo la sensación de que algunos utilizan dicha teoría para reírse aun más si cabe de quien se cultiva, funciona y se entrega para conseguir algo que realmente merezca la pena.
domingo, 7 de marzo de 2010
Inconmensurable Mayte Martín
Cuantos grandes momentos se sucedieron el pasado viernes en las tablas de nuestro querido Gran Teatro. Qué suerte es volver a sentir como su voz entra de manera desgarrada por todos los sentidos del alma. Como de fácil hace trasladarnos a épocas de reminiscencias pasadas, a otras motivaciones temporales, removiendo sensaciones y tradiciones musicales tan profundas que arrancan desde nuestra propia cultura. No se ha escuchado ni percibido en toda la historia del flamenco tanta armonía en la expresión musical más presente en todo el pueblo andaluz.
Es curioso cómo se puede beber desde la propia raíz, aunque tus vivencias estén en otro lugar. Mayte Martín nace en Barcelona en 1965. Su afán, casi obsesivo, por el flamenco, arranca desde muy joven participando en multitud de actividades en peñas y centros flamencos de Cataluña. Su carrera ha sido un difícil camino, siendo parte de la importante apertura del flamenco para artistas de su misma región, la mayoría de ellos con una herencia andaluza familiar. Como por ejemplo, el últimamente galardonado con varios premios nacionales de la música Miguel Poveda.
Llegamos un poco tarde al concierto, unos cinco minutos. Pero, sinceramente, la sorpresa que nos otorgó el público de Huelva fue de lo más gratificante. Al intentar acceder al patio de butacas, observamos cómo no quedaba ningún asiento libre. Solamente localizamos un par de butacas en la platea principal, donde encontramos un pequeño hueco para poder disfrutar de la audición. La respuesta de los espectadores onubenses a la convocatoria fue espectacular. El teatro estaba lleno. Y la mayor de las satisfacciones fue encontrar a todo tipo de personas en el evento, dejando estereotipos e idiosincrasias al margen, llegando a un acercamiento general de disfrute y disponibilidad.
Y aunque en la actualidad, el concepto sobre el flamenco es diferente – quizás más artístico – no debemos renegar del verdadero sentido que origino tan magnífica y genuina forma de comunicación. El nacimiento, origen y posterior desarrollo se perpetua en el tiempo gracias a varias cualidades especificas que se mezclan entre lo social y lo musical, pero dejando este segundo apartado como un simple vehículo para poder expresarse, omitiendo en muchos casos el cuidado que hay que prestar para hacer música. Es decir, que se valora mucho más el gesto y la acción que la capacidad musical del hecho en sí.
El flamenco es un modelo de expresión musical con unas características muy concretas, siendo participe de un concepto de música popular en todas sus particularidades. Las formas de manifestación son muy concretas y especificas, fácilmente reconocible por su uso de armonía modal y esos giros tonales tan ricos, en grandes distancias rítmicas entre intervalos de diversa altura. Estamos acostumbrados, sobre todo en nuestra zona, a clasificar la escucha de estas entonaciones flamencas desde un punto de vista más humano y menos artístico. El flamenco es más una cuestión social, como una posibilidad de lenguaje práctico entre gente de un mismo grupo común.
Pues bien, Mayte Martín es capaz de recorrer toda esa gama de sonidos y alturas con un dominio musical impresionante. Pone al servicio de esta demostración, un gusto y una estética de considerables magnitudes. Su voz pasea por un mundo de sensaciones, usando dinámicas y matices con una maestría y saber que jamás se había presentado en la extensa vida del flamenco. Incluso en sus experiencias musicales cuenta con el coqueteo que mantuvo con otras formas estilísticas como el bolero y el jazz. Es de una apreciación digna su disco con el gran pianista Tete Montoliu, obteniendo multitud de premios y otorgando un nuevo movimiento a su trayectoria.
No es un artista muy prodigada en trabajos discográficos, sino que más bien su trabajo consiste en producir espectáculos de directo. Aun así es muy recomendable, a parte del disco “Free Boleros” (1996) con Montoliu, la grabación “Querencia” (2000), donde podemos encontrar temas desde el más puro, y otros a medio camino entre el flamenco y la balada. Nos referimos al corte “Ten cuidao”, donde se pone de manifiesto una literatura digna de un enorme tema, llegando a tener en su momento, una repercusión mediática muy interesante.
Huelva volvió a vibrar con Mayte Martín, y espero que no sea la última. Es una cantaora muy apreciada por estos lares, tal y como ha quedado demostrado en sus visitas a nuestra provincia. Y aunque de vez en cuando, pongo alguno de sus discos para mi regocijo personal, lo que más me satisface es poder sentirla en sus conciertos. Menos mal que en estos tiempos de mediocridad musical, alguien es capaz de hacer remover en mi, toda afectividad y emoción.
Es curioso cómo se puede beber desde la propia raíz, aunque tus vivencias estén en otro lugar. Mayte Martín nace en Barcelona en 1965. Su afán, casi obsesivo, por el flamenco, arranca desde muy joven participando en multitud de actividades en peñas y centros flamencos de Cataluña. Su carrera ha sido un difícil camino, siendo parte de la importante apertura del flamenco para artistas de su misma región, la mayoría de ellos con una herencia andaluza familiar. Como por ejemplo, el últimamente galardonado con varios premios nacionales de la música Miguel Poveda.
Llegamos un poco tarde al concierto, unos cinco minutos. Pero, sinceramente, la sorpresa que nos otorgó el público de Huelva fue de lo más gratificante. Al intentar acceder al patio de butacas, observamos cómo no quedaba ningún asiento libre. Solamente localizamos un par de butacas en la platea principal, donde encontramos un pequeño hueco para poder disfrutar de la audición. La respuesta de los espectadores onubenses a la convocatoria fue espectacular. El teatro estaba lleno. Y la mayor de las satisfacciones fue encontrar a todo tipo de personas en el evento, dejando estereotipos e idiosincrasias al margen, llegando a un acercamiento general de disfrute y disponibilidad.
Y aunque en la actualidad, el concepto sobre el flamenco es diferente – quizás más artístico – no debemos renegar del verdadero sentido que origino tan magnífica y genuina forma de comunicación. El nacimiento, origen y posterior desarrollo se perpetua en el tiempo gracias a varias cualidades especificas que se mezclan entre lo social y lo musical, pero dejando este segundo apartado como un simple vehículo para poder expresarse, omitiendo en muchos casos el cuidado que hay que prestar para hacer música. Es decir, que se valora mucho más el gesto y la acción que la capacidad musical del hecho en sí.
El flamenco es un modelo de expresión musical con unas características muy concretas, siendo participe de un concepto de música popular en todas sus particularidades. Las formas de manifestación son muy concretas y especificas, fácilmente reconocible por su uso de armonía modal y esos giros tonales tan ricos, en grandes distancias rítmicas entre intervalos de diversa altura. Estamos acostumbrados, sobre todo en nuestra zona, a clasificar la escucha de estas entonaciones flamencas desde un punto de vista más humano y menos artístico. El flamenco es más una cuestión social, como una posibilidad de lenguaje práctico entre gente de un mismo grupo común.
Pues bien, Mayte Martín es capaz de recorrer toda esa gama de sonidos y alturas con un dominio musical impresionante. Pone al servicio de esta demostración, un gusto y una estética de considerables magnitudes. Su voz pasea por un mundo de sensaciones, usando dinámicas y matices con una maestría y saber que jamás se había presentado en la extensa vida del flamenco. Incluso en sus experiencias musicales cuenta con el coqueteo que mantuvo con otras formas estilísticas como el bolero y el jazz. Es de una apreciación digna su disco con el gran pianista Tete Montoliu, obteniendo multitud de premios y otorgando un nuevo movimiento a su trayectoria.
No es un artista muy prodigada en trabajos discográficos, sino que más bien su trabajo consiste en producir espectáculos de directo. Aun así es muy recomendable, a parte del disco “Free Boleros” (1996) con Montoliu, la grabación “Querencia” (2000), donde podemos encontrar temas desde el más puro, y otros a medio camino entre el flamenco y la balada. Nos referimos al corte “Ten cuidao”, donde se pone de manifiesto una literatura digna de un enorme tema, llegando a tener en su momento, una repercusión mediática muy interesante.
Huelva volvió a vibrar con Mayte Martín, y espero que no sea la última. Es una cantaora muy apreciada por estos lares, tal y como ha quedado demostrado en sus visitas a nuestra provincia. Y aunque de vez en cuando, pongo alguno de sus discos para mi regocijo personal, lo que más me satisface es poder sentirla en sus conciertos. Menos mal que en estos tiempos de mediocridad musical, alguien es capaz de hacer remover en mi, toda afectividad y emoción.
domingo, 28 de febrero de 2010
Un domingo cualquiera
La noche del jueves pasado era ciertamente desapacible. No estamos, por estos lares, acostumbrados a tanta agua y a tanta lluvia. Y es que llevamos una época un poco extraña y cíclica, donde pasamos los días con cierta decadencia moral y emocional debida a lo gris de las nubes. Pero con ganas de salir de la monotonía de las mismas paredes, y sabiendo que desde el área de extensión cultural de nuestra Universidad y con el apoyo de la concejalía de Cultura, las programaciones deparan más satisfacciones que disgustos, me arme de valor y tome, como se dice “carretera y manta”.
Allí me planté, en el coliseo de nuestra ciudad: el Gran Teatro de Huelva. Y aunque algunos lo ven como un lugar de inútil interés – ya hablaremos de eso en breve – si se pudiera, debería tener algún acto programado todos los días de la semana, menos uno para descansar sí acaso. Como bien digo, afortunadamente, como sucede en multitud de casos, me predispuse a escuchar una propuesta novedosa para mí y para muchos de los que nos acercamos allí.
Tengo conciencia que Radio 3 está apoyando de gran manera a este nuevo artista y a la banda que presenta en sus conciertos. Así es que, con el entusiasmo y algo de cierto escepticismo, esperé a percibir los primeros temas de Alex Ferreira en las tablas de nuestro teatro para tener una opinión lo más certera y correcta. Por dicha, desde hace bastante tiempo, procuro asistir a este tipo de eventos con la mente abierta y sin prejuicios de valor, con la única idea de intentar acercarme lo máximo posible a la realidad sonora del momento.
Lo hemos comentado en otras ocasiones, pero ya la única idea que me acompañaba y que quizás me atormentaba era la encontrarme el patio de butacas medio vacío, como así ocurrió. Si este artistazo copara los números uno de las listas de los programas de radio fórmula de este curioso país, o fuera tan mediático por sus canciones como por sus amores, estaríamos hablando de que no quedaban entradas desde hace meses.
Pero Alex Ferreira, nacido hace veintiséis años en Santo Domingo, no es un tipo guapo, alto, ni es capaz de hacer gritar a ninguna quinceañera. Eso sí, a lo que se dedica es a hacer música, y les puedo asegurar que quien compre sus trabajos discográficos o lo pueda disfrutar en un escenario, saldrán del concierto o de la sesión de escucha con la idea de haber saboreado música de verdad. Es la historia de siempre: tanto das – económicamente –, tanto vales. Un artista debe ser empresa, y si no, pues al underground. A buscarse las habichuelas…
Llegados a esta altura de la vida, después de tantísimas cosas experimentadas – y las que nos quedan –, ya cada vez nos sorprenden menos cosas. Imagino que es por el hecho de que lo aprendido tiene un valor realmente determinante, aunque no lo demos sitio dentro de nuestra propia conciencia. El hecho es que comente a varios amigos que iba a asistir al concierto de este, por ahora, desconocido para muchos fervientes admiradores del “no sale en los medios, no es bueno”, y la mayoría, con sus prejuicios a cuestas como una losa de cien kilos, llegaron a bromear.
Pues bien, como es difícil demostrarles lo que se perdieron – no así las cercas de cien personas que acudimos –, comentar que Alex Ferreira estreno su reciente trabajo discográfico para todos los presentes con un gusto exageradamente pleno. Realmente este es su primer disco de larga duración, y no creo que sea el último. Lleva por título “Un domingo cualquiera” y antecede a un par de EPs con los que se presento en su momento ante un nuevo público.
Comenzó su trayectoria musical en el centro cultural dominicano “La Casa del Teatro” de Santo Domingo, ganando algunos concursos y compaginando sus escarceos musicales con su carrera universitaria. Pero no hace muchos años, dejó sus estudios para desarrollar una de las ilusiones de su vida, que era la de viajar a España con la única idea de desarrollar su trabajo en un lugar con muchos más horizontes que en la isla caribeña en la nació y creció. Y como el que no arriesga no gana, estamos antes alguien con tantas ganas y fuerza que pronto su nombre tendrá el hueco que, desde el trabajo, consiga.
Voy a parafrasear algo que leí hace poco de él con un acierto exacto y diligente: “Sencillo, pero salpicado de detalles cuidados con esmero. Cotidiano, pero cuajado de guiños profundos y trascendentes. Manteniendo los pies en la tierra, pero de puntillas y rozando el cielo con las manos.” Y ciertamente, este seguidor de artistas tan variopintos como Dylan o Radiohead, se acerca mucho a ser uno de los nuevos referentes en la canción de autor en el exigente mercado discográfico español.
Allí me planté, en el coliseo de nuestra ciudad: el Gran Teatro de Huelva. Y aunque algunos lo ven como un lugar de inútil interés – ya hablaremos de eso en breve – si se pudiera, debería tener algún acto programado todos los días de la semana, menos uno para descansar sí acaso. Como bien digo, afortunadamente, como sucede en multitud de casos, me predispuse a escuchar una propuesta novedosa para mí y para muchos de los que nos acercamos allí.
Tengo conciencia que Radio 3 está apoyando de gran manera a este nuevo artista y a la banda que presenta en sus conciertos. Así es que, con el entusiasmo y algo de cierto escepticismo, esperé a percibir los primeros temas de Alex Ferreira en las tablas de nuestro teatro para tener una opinión lo más certera y correcta. Por dicha, desde hace bastante tiempo, procuro asistir a este tipo de eventos con la mente abierta y sin prejuicios de valor, con la única idea de intentar acercarme lo máximo posible a la realidad sonora del momento.
Lo hemos comentado en otras ocasiones, pero ya la única idea que me acompañaba y que quizás me atormentaba era la encontrarme el patio de butacas medio vacío, como así ocurrió. Si este artistazo copara los números uno de las listas de los programas de radio fórmula de este curioso país, o fuera tan mediático por sus canciones como por sus amores, estaríamos hablando de que no quedaban entradas desde hace meses.
Pero Alex Ferreira, nacido hace veintiséis años en Santo Domingo, no es un tipo guapo, alto, ni es capaz de hacer gritar a ninguna quinceañera. Eso sí, a lo que se dedica es a hacer música, y les puedo asegurar que quien compre sus trabajos discográficos o lo pueda disfrutar en un escenario, saldrán del concierto o de la sesión de escucha con la idea de haber saboreado música de verdad. Es la historia de siempre: tanto das – económicamente –, tanto vales. Un artista debe ser empresa, y si no, pues al underground. A buscarse las habichuelas…
Llegados a esta altura de la vida, después de tantísimas cosas experimentadas – y las que nos quedan –, ya cada vez nos sorprenden menos cosas. Imagino que es por el hecho de que lo aprendido tiene un valor realmente determinante, aunque no lo demos sitio dentro de nuestra propia conciencia. El hecho es que comente a varios amigos que iba a asistir al concierto de este, por ahora, desconocido para muchos fervientes admiradores del “no sale en los medios, no es bueno”, y la mayoría, con sus prejuicios a cuestas como una losa de cien kilos, llegaron a bromear.
Pues bien, como es difícil demostrarles lo que se perdieron – no así las cercas de cien personas que acudimos –, comentar que Alex Ferreira estreno su reciente trabajo discográfico para todos los presentes con un gusto exageradamente pleno. Realmente este es su primer disco de larga duración, y no creo que sea el último. Lleva por título “Un domingo cualquiera” y antecede a un par de EPs con los que se presento en su momento ante un nuevo público.
Comenzó su trayectoria musical en el centro cultural dominicano “La Casa del Teatro” de Santo Domingo, ganando algunos concursos y compaginando sus escarceos musicales con su carrera universitaria. Pero no hace muchos años, dejó sus estudios para desarrollar una de las ilusiones de su vida, que era la de viajar a España con la única idea de desarrollar su trabajo en un lugar con muchos más horizontes que en la isla caribeña en la nació y creció. Y como el que no arriesga no gana, estamos antes alguien con tantas ganas y fuerza que pronto su nombre tendrá el hueco que, desde el trabajo, consiga.
Voy a parafrasear algo que leí hace poco de él con un acierto exacto y diligente: “Sencillo, pero salpicado de detalles cuidados con esmero. Cotidiano, pero cuajado de guiños profundos y trascendentes. Manteniendo los pies en la tierra, pero de puntillas y rozando el cielo con las manos.” Y ciertamente, este seguidor de artistas tan variopintos como Dylan o Radiohead, se acerca mucho a ser uno de los nuevos referentes en la canción de autor en el exigente mercado discográfico español.
domingo, 21 de febrero de 2010
A la Coral Sta. María de la Rábida
Hace tiempo que no recordaba, cuánto tiempo dedique en mi corta trayectoria como músico, la que creo que fue mi aportación a unos de los proyectos musicales más importantes no sólo de Huelva, sino de todo el sur de España. La Coral Santa María de la Rábida no es únicamente una mera agrupación musical, yendo mucho más lejos en sus contribuciones y colaboraciones. Es un orgullo para mí, y estoy seguro que para mucho de los onubenses que pasamos por sus ensayos, haber tenido la dicha de participar de muchas inquietudes musicales compartidas.
Mi querido amigo Moncho Casado, al cual me une ciertas aficiones y otros menesteres, promovía la idea en mí de crear un texto en el que se le diera su sitio a este grupo de personas que dieron mucho por la tradición musical de Huelva, y a la andaluza por extensión. El listado de los lugares y escenarios por donde han paseado el nombre de nuestra provincia es impresionante. No me atrevo de hacer un enumerado concreto, porque son tantas las ciudades del mundo donde han cantado que seguro que aquellas más importantes las omito sin quererlo. Pero sé que Barcelona, Buenos Aires, Paris, Santo Domingo, por decir algunas al azar, han podido vibrar con sus conciertos.
Su repertorio se ha basado en multitud de factores temporales, pero quizás la sección que con mayor arraigo se interpretaba y demandada, es esa especie de fusión entre la música sinfónica y el flamenco que con muy buen acierto siempre se llevó a cabo. Grandes músicos de Huelva han pasado por sus filas, y no digamos ya a los instrumentistas que acompañaron en su momento a dicha empresa. Seguro que me dejo a alguien en el tintero a alguno, pero nombrare, por ejemplo, a José Luis Rodriguez, Jesús Cayuela, Antonio Coronel, Paco Cruzado, Arcángel, José María de Lepe, Eduardo Hernández Garrocho, etc.
Supieron desde sus comienzos aglutinar las tres formas de expresión musical, la expresión vocal, la expresión instrumental y la danza, como expresión corporal. Y grandes bailaores han puesto sus pies y sus tacones a la bella música que desde siempre interpretaron. Como solistas al baile mencionar a mí querida amiga Paqui y a mí dulce Olivia Martín, con las que compartí multitud de momentos de complicidad. Y en el grupo de danzantes, María José, David, Cinta, José Manuel, Fran, Manolo Torroba, entre otros – ya que son muchos los que bailado sus piezas.
De lo que estoy seguro del todo, es del importante e insustituible factor humano que siempre presentan este tipo de manifestaciones culturales. Las relaciones sociales entre los diferentes componentes del grupo hicieron que durante estos más de 30 largos años de música, la Coral se mantuviera viva de verdad. Grandes amigos unidos por un mismo bien común, multitud de historias personales que rodearon los ensayos, los viajes y las audiciones. Cuanto cariño y cuanta amistad se ha movido a nivel personal en mi caso, incluso me enamoré allí de una joven (y creo que ella de mí) llamada Tamara Barros, la cual ha continuado ligada al mundo de la música.
Cuantas personas han dedicado sus ratos libres en participar de la música, en disfrutar de ella y contribuir en su gran apoyo a la noble razón de continuar con la tradición musical del lugar de donde somos. Pues de esto es lo que ha vivido la Coral Santa María de la Rábida durante su larga existencia. De su gente, de su verdadera alma que son todos esos entusiastas del buen cantar y de todo lo relacionado con la música.
Me voy a atrever a dar nombres de aquellos que estuvieron siempre al lado del proyecto, durante un tiempo determinado o bien en un espacio concreto. Ya he citado a varios de sus componentes más notorios para mí, a lo que voy a incluir otros sin orden de trascendencia, como lógicamente supondrán, ya que es algo que no reviste importancia. A Eduardo Castillo, Rosa, Isabel, Nati, Joaquín, Inma, Ana, Ana María Fuentes, Carolina, Sole, Irene, Carmen, Begoña, Mari Carmen, Nicolás, etcétera, y a algunos buenos amigos de Hinojos que siempre colaboraron con su ayuda. Cuantos gratos recuerdos guardo.
Todavía recuerdo la primera vez que los vi, y después cuando José Luis Rodríguez me sugirió la posibilidad, y más tarde Soledad Téllez me comento de empezar a trabajar con ellos, no lo dude lo más mínimo. Creo que llegados a este punto, y como de bien nacidos es ser agradecidos, tengo que solicitarles permiso para corresponder con todos los apoyos y el afecto que desde el primer día me otorgaron. Y a quien me concedió tan magnífica oportunidad, le respondí con creces en seriedad, trabajo y dedicación, tal y como la Coral Santa María de la Rábida como estamento se merecía.
Mi querido amigo Moncho Casado, al cual me une ciertas aficiones y otros menesteres, promovía la idea en mí de crear un texto en el que se le diera su sitio a este grupo de personas que dieron mucho por la tradición musical de Huelva, y a la andaluza por extensión. El listado de los lugares y escenarios por donde han paseado el nombre de nuestra provincia es impresionante. No me atrevo de hacer un enumerado concreto, porque son tantas las ciudades del mundo donde han cantado que seguro que aquellas más importantes las omito sin quererlo. Pero sé que Barcelona, Buenos Aires, Paris, Santo Domingo, por decir algunas al azar, han podido vibrar con sus conciertos.
Su repertorio se ha basado en multitud de factores temporales, pero quizás la sección que con mayor arraigo se interpretaba y demandada, es esa especie de fusión entre la música sinfónica y el flamenco que con muy buen acierto siempre se llevó a cabo. Grandes músicos de Huelva han pasado por sus filas, y no digamos ya a los instrumentistas que acompañaron en su momento a dicha empresa. Seguro que me dejo a alguien en el tintero a alguno, pero nombrare, por ejemplo, a José Luis Rodriguez, Jesús Cayuela, Antonio Coronel, Paco Cruzado, Arcángel, José María de Lepe, Eduardo Hernández Garrocho, etc.
Supieron desde sus comienzos aglutinar las tres formas de expresión musical, la expresión vocal, la expresión instrumental y la danza, como expresión corporal. Y grandes bailaores han puesto sus pies y sus tacones a la bella música que desde siempre interpretaron. Como solistas al baile mencionar a mí querida amiga Paqui y a mí dulce Olivia Martín, con las que compartí multitud de momentos de complicidad. Y en el grupo de danzantes, María José, David, Cinta, José Manuel, Fran, Manolo Torroba, entre otros – ya que son muchos los que bailado sus piezas.
De lo que estoy seguro del todo, es del importante e insustituible factor humano que siempre presentan este tipo de manifestaciones culturales. Las relaciones sociales entre los diferentes componentes del grupo hicieron que durante estos más de 30 largos años de música, la Coral se mantuviera viva de verdad. Grandes amigos unidos por un mismo bien común, multitud de historias personales que rodearon los ensayos, los viajes y las audiciones. Cuanto cariño y cuanta amistad se ha movido a nivel personal en mi caso, incluso me enamoré allí de una joven (y creo que ella de mí) llamada Tamara Barros, la cual ha continuado ligada al mundo de la música.
Cuantas personas han dedicado sus ratos libres en participar de la música, en disfrutar de ella y contribuir en su gran apoyo a la noble razón de continuar con la tradición musical del lugar de donde somos. Pues de esto es lo que ha vivido la Coral Santa María de la Rábida durante su larga existencia. De su gente, de su verdadera alma que son todos esos entusiastas del buen cantar y de todo lo relacionado con la música.
Me voy a atrever a dar nombres de aquellos que estuvieron siempre al lado del proyecto, durante un tiempo determinado o bien en un espacio concreto. Ya he citado a varios de sus componentes más notorios para mí, a lo que voy a incluir otros sin orden de trascendencia, como lógicamente supondrán, ya que es algo que no reviste importancia. A Eduardo Castillo, Rosa, Isabel, Nati, Joaquín, Inma, Ana, Ana María Fuentes, Carolina, Sole, Irene, Carmen, Begoña, Mari Carmen, Nicolás, etcétera, y a algunos buenos amigos de Hinojos que siempre colaboraron con su ayuda. Cuantos gratos recuerdos guardo.
Todavía recuerdo la primera vez que los vi, y después cuando José Luis Rodríguez me sugirió la posibilidad, y más tarde Soledad Téllez me comento de empezar a trabajar con ellos, no lo dude lo más mínimo. Creo que llegados a este punto, y como de bien nacidos es ser agradecidos, tengo que solicitarles permiso para corresponder con todos los apoyos y el afecto que desde el primer día me otorgaron. Y a quien me concedió tan magnífica oportunidad, le respondí con creces en seriedad, trabajo y dedicación, tal y como la Coral Santa María de la Rábida como estamento se merecía.
sábado, 13 de febrero de 2010
Carnaval, carnaval…
Es la fiesta del color, de la algarabía y el disfraz, de dejar las penas en un cajón, de sentir la vida con la ilusión de un adolescente, de volar los papelillos y las serpentinas al aire, de las risas y las sonrisas, de la mascarada y los coloretes, y por supuesto de la libertad. Quizás todos estos elementos no son más que accesorios actuales y decorativos de una celebración anual que tiene mucha más historia de la que podamos conocer. Pero para numerosos de nosotros escuchar la palabra Carnaval es una imagen descrita, es algo cotidiano durante el mes de febrero y hasta ciertamente normal como parte del inicio de la época de la eximia cuaresma.
Las primeras manifestaciones paganas relacionadas con el Carnaval, pueden remontarse a las antiguas civilizaciones griega y romana, celebrando solemnidades en honor al Dios del vino, Baco. Incluso se puede llegar a relacionar con las fiestas egipcias en torno al buey Apis unos cientos de años antes. Lo que no se puede asegurar es que estas muestras y festividades ya se denominaran etimológicamente como Carnaval, aunque se revelen una serie de coincidencias y similitudes en sus exposiciones, o por lo menos en las que conocemos y han llegado hasta nosotros.
Pero su definición posterior siempre se ha relacionado con la cristiandad y con la etapa anterior en el inicio de la cuaresma, haciéndola parte inherente temporal anterior a los cuarenta días de la pascua. Su significado parte del adiós a la carne para toda una cuarentena, dando pie a que los días anteriores al miércoles de ceniza todos vivieran las fiestas con desenfreno y frivolidad. Por lo tanto, aunque se considera una tradición profana, es muy posible que su relación con la continuidad religiosa sea más que patente.
Los primeros datos históricos versan durante los siglos X y XI, aunque en diferentes períodos y algunas fechas se denotaron estas fiestas en cierta medida, es a partir del siglo XVIII cuando alcanzan su apogeo en el norte de Italia, en Venecia concretamente. En esta etapa, los aristócratas y la nobleza se disfrazaban con capas y máscaras, mezclándose con el pueblo en los diversos bailes y veladas de la ciudad. La relación entre las diversas expresiones carnavalescas y la música ya se daba entonces.
Y esto sí que es dificultoso: relacionar como se inició esa relación de la música con las carnestolendas del mes de los 28 días. Es lógico entender que en estas manifestaciones culturales la creación artística musical tendría un lugar de prominencia. Pero encontrar una razón en esos principios es algo que desconocemos o no está del todo claro. Además, imaginamos que tratándose de una fiesta popular, las composiciones musicales tendrían las características del corte de dicha música vulgar. Y por supuesto, dependiendo del lugar presentaría unas cualidades y particularidades concretas.
En nuestra región, Don Carnal presenta una serie de propiedades distintivas en torno a la música tal que circunscrito, en su debido momento a comienzos del siglo XX, se instauró un concurso de agrupaciones carnavalescas que hasta hoy en día se mantiene. Incluso en muchos lugares, como ocurre en Huelva capital, y algunos pueblos, es este certamen a través del que gira toda la fiesta. El conocido como Carnaval de calle tiene perdida la partida ante el estimulo sonoro de comparsas, chirigotas y murgas del teatro. Es sólo una hipótesis, pero se puede observar claramente como los aficionados a estas festividades tienen mayor tendencia hacia la motivación musical que a la de la simple fiesta.
Alrededor del carnaval se han establecido y cimentado una serie de autores y creadores de este tipo de música, casi sin conocimientos previos musicales, que han dado al Carnaval una calidad humana y social de grandes dimensiones. Sin ellos y sin tantos y tantos entusiastas que les han puesto voz y música a sus composiciones, el Carnaval de la actualidad no lo entenderíamos como lo que es hoy en día. A estos ejecutores hay que darles su sitio y agradecerles tanto y tanto lo hecho por esta funcionalidad.
Sin perderle el sentido, y sabiendo la aportación tan importante que prestan a nivel de una manifestación más de música popular, el carnaval debería apelar también por su faceta más callejera, y que volviera a renacer con un espíritu casi idéntico con el que se fundó. Son las fiestas de la alegría, de la fina ironía y de la libertad, pero pensamos que desde hace unas décadas están presentes otros intereses que se salen de algo que es tan puro y espontaneo que han relegado a estos fenómenos sociales a ser algo demasiado manejado, perdiendo su carácter social y público.
Las primeras manifestaciones paganas relacionadas con el Carnaval, pueden remontarse a las antiguas civilizaciones griega y romana, celebrando solemnidades en honor al Dios del vino, Baco. Incluso se puede llegar a relacionar con las fiestas egipcias en torno al buey Apis unos cientos de años antes. Lo que no se puede asegurar es que estas muestras y festividades ya se denominaran etimológicamente como Carnaval, aunque se revelen una serie de coincidencias y similitudes en sus exposiciones, o por lo menos en las que conocemos y han llegado hasta nosotros.
Pero su definición posterior siempre se ha relacionado con la cristiandad y con la etapa anterior en el inicio de la cuaresma, haciéndola parte inherente temporal anterior a los cuarenta días de la pascua. Su significado parte del adiós a la carne para toda una cuarentena, dando pie a que los días anteriores al miércoles de ceniza todos vivieran las fiestas con desenfreno y frivolidad. Por lo tanto, aunque se considera una tradición profana, es muy posible que su relación con la continuidad religiosa sea más que patente.
Los primeros datos históricos versan durante los siglos X y XI, aunque en diferentes períodos y algunas fechas se denotaron estas fiestas en cierta medida, es a partir del siglo XVIII cuando alcanzan su apogeo en el norte de Italia, en Venecia concretamente. En esta etapa, los aristócratas y la nobleza se disfrazaban con capas y máscaras, mezclándose con el pueblo en los diversos bailes y veladas de la ciudad. La relación entre las diversas expresiones carnavalescas y la música ya se daba entonces.
Y esto sí que es dificultoso: relacionar como se inició esa relación de la música con las carnestolendas del mes de los 28 días. Es lógico entender que en estas manifestaciones culturales la creación artística musical tendría un lugar de prominencia. Pero encontrar una razón en esos principios es algo que desconocemos o no está del todo claro. Además, imaginamos que tratándose de una fiesta popular, las composiciones musicales tendrían las características del corte de dicha música vulgar. Y por supuesto, dependiendo del lugar presentaría unas cualidades y particularidades concretas.
En nuestra región, Don Carnal presenta una serie de propiedades distintivas en torno a la música tal que circunscrito, en su debido momento a comienzos del siglo XX, se instauró un concurso de agrupaciones carnavalescas que hasta hoy en día se mantiene. Incluso en muchos lugares, como ocurre en Huelva capital, y algunos pueblos, es este certamen a través del que gira toda la fiesta. El conocido como Carnaval de calle tiene perdida la partida ante el estimulo sonoro de comparsas, chirigotas y murgas del teatro. Es sólo una hipótesis, pero se puede observar claramente como los aficionados a estas festividades tienen mayor tendencia hacia la motivación musical que a la de la simple fiesta.
Alrededor del carnaval se han establecido y cimentado una serie de autores y creadores de este tipo de música, casi sin conocimientos previos musicales, que han dado al Carnaval una calidad humana y social de grandes dimensiones. Sin ellos y sin tantos y tantos entusiastas que les han puesto voz y música a sus composiciones, el Carnaval de la actualidad no lo entenderíamos como lo que es hoy en día. A estos ejecutores hay que darles su sitio y agradecerles tanto y tanto lo hecho por esta funcionalidad.
Sin perderle el sentido, y sabiendo la aportación tan importante que prestan a nivel de una manifestación más de música popular, el carnaval debería apelar también por su faceta más callejera, y que volviera a renacer con un espíritu casi idéntico con el que se fundó. Son las fiestas de la alegría, de la fina ironía y de la libertad, pero pensamos que desde hace unas décadas están presentes otros intereses que se salen de algo que es tan puro y espontaneo que han relegado a estos fenómenos sociales a ser algo demasiado manejado, perdiendo su carácter social y público.
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