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domingo, 12 de septiembre de 2010

La imperfección de la música

Existe, con cada tipo de persona, un pensamiento personal y único. Cuando estos son expuestos, corremos el riesgo de que los demás a su vez puedan hacer una valoración crítica de las ideas declaradas, partiendo inevitablemente de sus propios conocimientos, da la igual de la forma que fueran adquiridos. Lo importante es que debemos admitir y respetar que como nosotros poseemos una realidad, los otros también se ven con esa objetividad que demuestran sus concepciones.

Hemos aprendido a llevar a cabo una actitud constante de tolerancia hacia las diferentes apreciaciones de quienes se ven en la obligación de hacernos saber sus pensamientos. E incluso es de sumo interés lo que muchos de nuestros congéneres nos comentan, ya que lo interesante es siempre aprender. Incluso creemos que es una disposición muy valiente, llena de nobleza y arresto.

El problema viene dado cuando es nuestro conocimiento equivocado el que nos guía. O bien, un soporte de ideas desacertadas impropias de la disciplina en la que se enmarcar nuestro patrimonio ideológico. Para aseverar con certeza hay que ser prevenido y en muchas ocasiones que la afirmación tenga un soporte científico y de estudio. Mínimamente debe ser admitido por una colectividad con cierta base analítica y especialista.

Nos decían hace poco en los círculos musicales de Madrid, que en este País todo el mundo sabe de futbol y de música. Lo del deporte rey es algo más subjetivo y de la misma manera reprobable, ya que es tema constante de conversación por la gente que incluso en su vida jamás practicaron deporte alguno. Pero lo de la música sí que tiene ese componente subjetivo de imparcialidad que otorga a cada cual un mundo de introspección personal.

El problema está, creemos, cuando se confunden las sensaciones y las emociones – más cercanas a la parte práctica – con la realidad técnica de la composición e interpretación artística. La música se puede escuchar desde dos planos, y si cabe la posibilidad, no mezclarlos entre sí. Porque lo que para un individuo es acertado en el plano sensitivo, para otro quizás jamás se acerque. Esa es la estancia subjetiva que atañe a la música. A nivel psicológico, las afectaciones pueden ser diversas, cerrando posibles teorías reales e impersonales.

De esta forma, la confusión está servida, por la realidad en la que utilizamos nuestras valoraciones criticas. Debemos tener en cuenta que existen dos realidades, una con la opinión que nos conducen nuestras propias experiencias y otra realidad técnica y analítica donde la valoración sí que se debe de tener en cuenta. Y en este último plano, solo tienen cabida las especulaciones profesionales, las de aquellos que estudian y dedican su vida al ejercicio e instrucción del conocimiento propio de una disciplina.

Así, nos encontramos constantemente a gente que literalmente sufre por nada, destruyendo las diversas posibilidades que oferta la música por pensar si esa interpretación es correcta o no. Quizás la tendencia propia del ser humano es a ser evaluativa y llenas de dictámenes, pero esa es la primera barrera que debemos romper para poder disfrutar seriamente de cualquier obra de arte. Hay quien se jacta de mantener acaloradas discusiones sobre música, cuando su conocimiento se circunscribe a una pobre relación inconstante y diversificada.

Desde esta tribuna defendemos una postura abierta y flexible, pero desde la idea de que la música es una manifestación humana, por lo tanto realizada por un ser de categoría imperfecta. Esto nos lleva a afirmar que entonces, la música lleva un condicionante de imperfección que es parte inherente del propio lenguaje expresivo. Y que aunque hay quien constantemente busca el fallo y el error, no saben que la música vive en continuo desacierto y defecto, no permitiéndoles complacerse de las buenísimas características que ostenta.

En la historia de la música hay multitud de ejemplos para demostrar esta teoría, en la que la construcción formal difiere de la perfección, siendo incluso descubierto a posteriori. Y aun así, se ha conducido en una serie de sistemas de creación a los que nuestros oídos se han acostumbrados. Podríamos decir que es como si nos creyéramos nuestras propias mentiras, algo que además, es muy propenso en muchos congéneres.

No deberíamos ser tan efusivos al defender nuestros posibles gustos ante los demás, ya que para los ajenos a nuestra causa puede ser al contrario. Y sobre todo, si no existe base científica que nos repruebe. Disfruten ustedes de la música y no se pregunten el por qué; vivan de las enormes sensaciones que nos ofrecen y no permitan que el espíritu crítico que todos llevamos dentro, nos condicionen o nos afecten.

2 comentarios:

  1. La música tiene más que ver con quien la escucha (y su entorno, su estado anímico, etc) que con otras cosas.

    Lo que para unos es una obra maestra, para otros puede resultar insorportable, desagradable o aburrido. La verdad absoluta no existe... y si hablamos de música... muchísimo menos.

    Y que haya gente que discuta por la música... cuando es una de las cosas más maravillosas que existen...

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  2. Comentario perfecto... yo solo apostaria por eso que bien dices: la música tiene que ver con quien la escucha. Pero contemplo un segundo plano que no tiene porque ser excluyente, que es el de la teorización. Un estado subjetivo y otro objetivo que no tienen porque estar relacionados.

    Hay que disfrutar de lo bueno que nos da la música, y dejarse de tanto analisis para darnos de sabios... de sabios de nada.

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