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miércoles, 25 de agosto de 2010

La enormidad de un genio

El ser humano tiene como premisa constante la crítica y la valoración ajena; es lo que a veces da lugar al deporte nacional: la envidia. Pero cuando existe algo que está por encima de opiniones personales y de estimaciones que sólo valen para uno mismo por pertenecer al mundo del desinterés general, entonces se etiqueta como intocable y sagrado. Y si para más “inri” hay quien colabora con su desagradable ignorancia y repudiado concepto cultural y musical, entonces mejor apaga y vámonos.

Pues bien, contra viento y marea, el empresario lepero Rafa Toscano se propuso como utópico objetivo que en la posiblemente última gira del más grande de los grandes guitarristas de toda la historia de la música mundial, Francisco Sánchez Gómez – el colosal Paco de Lucía – tuviéramos el honor y el enorme orgullo de poder tenerlo por estos lares antes de sus finales notas.

Nos constan los esfuerzos, el trabajo, la dedicación de meses – casi más de medio año –, y multitud de inconvenientes que se han sufrido para que ese día llegase. El apoyo institucional ha sido mínimo, quizás enfrascados en cosas “más importantes”, siendo el aporte de las administraciones bastante escaso. Incluso sabemos que hubo quien dirigió su actitud esgrimiendo la excusa de que este concierto no le interesaba a nadie. En ese momento es ideal usar la precisa frase de “la ignorancia es muy atrevida”.

La desafortunada persona que lanzó semejante atrocidad se quedó tan ancha y pancha; y sinceramente, pensamos que sería de las pocas personas que muestran ese tipo de debilidades culturales. Siendo políticamente correcto intentaré no sobrepasarme, pero si toda la clase política piensa igual, ¿en manos de quienes estamos? En fin, lo que nos hacía falta para terminar de hundir el mundo artístico y musical.

Pues a pesar de todo, nuestro valiente y generoso héroe se lanzó, manta en la cabeza, y comenzó un peregrinaje en solitario. Y aunque han existido amigos y grandes colaboradores en todo el proceso, quien ha asumido las responsabilidades para bien o para mal ha sido una sola persona. Muchos de los que hemos compartido esta acción, estábamos deseando que alguien le echara narices a esto y conseguir tan alta cota, siendo así más grande nuestra admiración hacia Rafa.

Que les quede claro a todos los que han dejado de lado, medios de comunicación de Huelva entre otros, y no han dado la importancia que este concierto merecía, que se ha tratado de un hecho histórico. Quizás les parezca poca cosa, quizás tengan otros intereses económicos, sociales o políticos, pero les aseguro que las más de dos mil personas que vivimos este acontecimiento seremos, junto con los promotores del evento, los testigos impertérritos para siempre.

Desconocemos el número total de público de Huelva que existía, imaginando que serían en una gran representación. Pero estuvimos charlando con gente de todos los lugares de España que habían venido al concierto, algunos que incluso visitaban por primera vez a Huelva. Esto tiene un condicionante turístico de gran utilidad, pero tampoco supo usarse. Todavía me pregunto cuales son las necesidades y las características para que algo así se quede en una anécdota para quienes deciden. Imagino que la música y la cultura tienen poca validez.

Otra de las cosas que nos parecieron deplorables fue el falso clasismo, metidos en pleno siglo XXI, que algunos señores – por llamarles de alguna forma educada – mostraron con sus comportamientos. Sus actitudes, al igual que sus “copas de balón” son tan demenciales, necias y patéticas como su frágil aportación. Eso sí, para exigir todo vale. Estaría bien que al igual que en el invierno, se quedaran cerca de sus comarcas habituales, esas que son tan maravillosas menos en esta época estival.

A pesar de todos los acaecimientos y vicisitudes, dar las gracias públicamente a aquellos que han puesto de manera totalmente desinteresada su granito de arena en la elaboración de tal concierto. Son parte de la historia musical y cultural de nuestra apática Huelva. Sin ellos hubiera sido más complicado llevar a cabo la labor de producción y el desarrollo del acontecimiento.

Y por supuesto al público que abarroto desde dos horas antes del concierto: ellos son los verdaderos privilegiados de todo el desvelo que Rafa Toscano y su equipo. Ha sido todo un éxito, un triunfo y una satisfacción de impensables cuantías. La fortuna es el arma de todos los que asistimos: la oportunidad de viajar, de llegar al alma de la música y del flamenco fue el mayor de los regalos jamás sentidos. ¿Cuándo volveremos a sentir algo así? Quizás, ¿nunca?

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