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sábado, 21 de agosto de 2010

Paco de Lucía para la eternidad

Apareció, tal y como su gente lo esperaba, a las nueve en punto de la noche. Enfrascado en una gorra y con unos pantalones vaqueros, fumando – algún vicio tendría que tener – y abrazando a una de sus “Conde”, accedió tras un largo pasillo hasta la zona habilitada de camerinos en la soledad de un par de empleados de seguridad. En nada, acompañado por hermosa guitarra y el cigarrillo, se subió al yugo y al placebo de sus obras musicales: otro escenario más.

Pero ni para él ni para muchos de nosotros no se trataba de un escenario más. Muchos de sus primos de Castro Marin e incluso su hija mayor, su hermano Pepe y muchos viejos amigos onubenses de toda la vida estaban aguardándolo para volver a escuchar su magnánimo arte en Huelva. Además, si observamos con detenimiento algunas de sus últimas entrevistas, puede denotarse que ahora sí, que se acabó el salir de giras por todo el mundo; hoteles, aviones y comidas fuera de casa agotan a cualquiera, y más si llevas casi 50 años de tu vida haciéndolo.

Muchos rostros del mundo de la música como Ricardo Pachón o Vicente Amigo por ejemplo se dieron cita en el que va a ser, con casi total seguridad, el último concierto de Paco de Lucía en su querida Huelva. Acompañado por un elenco joven y con puntualidad británica, a las once de la noche y después de haber cenado un buen jamón de jabugo, gambas y tortilla de patatas – lo de la tortilla es expreso deseo suyo –, se alzó la inconmensurable figura del gran maestro de Algeciras en lo alto de la escena. Como siempre, de fondo unas palmeras que según él le recuerdan a las playas paradisiacas del Yucatán mexicano.

Las más de dos mil personas recibieron con un gran aplauso y a continuación, entre un silencio de admiración, comenzaron las primeras notas por rondeñas, donde mezclo falsetas de “Mi niño Curro” y de “Cueva del gato” entre otras. La vertiginosa velocidad con la que “pica” sobre las cuerdas hizo saltar a más de un aficionado, e incluso se llego a aplaudir en mitad del tema como si hubiera concluido: esto es algo que no habíamos visto en nuestra vida. Poco a poco se fueron subiendo Antonio Sánchez a la guitarra de acompañamiento, David de Jacoba y Duquende al cante, Antonio Serrano a las programaciones y armónica, el Piraña a las percusiones, Alain Pérez al bajo, y Farruco – espectacular por cierto – al baile.

Durante dos largas horas y media, que se nos hicieron cortísimas, se fueron mostrando tangos, bulerías, rumbas, alegrías, etc., en las que Paco fue mostrando infinidad de falsetas que variaba de un lugar a otro con una facilidad increíble, que lógicamente para nosotros es algo inimaginable de poder construir. Hubo quien al final comentaba lo a gusto que había estado en todo momento, llegando incluso a lanzar un “¡Viva el niño Miguel!” como respuesta a un espectador.

Sinceramente pensamos que Paco de Lucía está disfrutando de sus recitales como nunca, mucho menos concentrado en la técnica y más emotivo, más sentido en cada uno de los acordes que sus manos desgranaban. Y para finalizar, después de una atronadora ovación, el bis esperado: “Entre dos aguas”, el éxito que lleva casi cuarenta años interpretando de infinidad de maneras. Noche histórica en La Antilla; gracias a Rafa Toscano, por valiente y por haber promovido este evento que será recordado por los siglos de los siglos.

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